viernes, 27 de febrero de 2015

Arjona, el Grande

Publicado en Diario de Centro América el 27 de febrero de 2015



Se me llenó el corazón de enorme alegría y dije para mis adentros: ese es Arjona, el Grande.


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Conocí a Ricardo Arjona allá por el año 1985. Yo iniciaba mi primer periodo como director de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Él cursaba el segundo año de la carrera de Publicista Profesional. Aquella tarde sería memorable y no la olvidaría jamás. A mi oficina llegó un grupo de estudiantes que exigían el cambio de un docente. Cuando les pregunté la razón, me indicaron que había ofendido a Arjona, más o menos con esta frase: “Arjona, usted mejor dedíquese al canto”.
Al escuchar la versión del catedrático me confirmó que sí le había dado aquella recomendación, sin ánimo de ofender. Pues verá, le dije, el es cantante y le ofendió su comentario. Como consecuencia de aquella circunstancia, le solicité al docente que declinara su clase y en consecuencia, asumí la asignatura hasta el final de semestre. Arjona fue mi alumno, por azar del destino.
A la sazón yo también dirigía un colegio de educación media en la capital. Un día de tantos, la junta directiva de ese centro educativo organizó una presentación artística con Ricardo Arjona. La forma cómo lo contactaron ya no la recuerdo. Lo que sí quedó grabado en mi mente fue el comentario de los estudiantes al día siguiente de la velada. ¿Cómo les fue?, les dije. Con un expresivo gesto uno de los alumnos me dijo: “Solo estuvimos los de la junta directiva, Arjona y su representante, pero pasamos una noche inolvidable”. Ricardo cantó con su guitarra hasta más no poder. “Arjona llegará lejos”, les dije, “porque es un artista responsable”. Cualquier cantante habría declinado al ver que no tuvo público masivo.
Luego de algún tiempo, caminaba yo por la novena calle de la zona 1, cuando, de repente, un auto BMW, modelo viejito, se detuvo delante de mí. El joven que descendió era nada menos que Ricardo Arjona y con un exquisito acento de humildad me extendió su mano y me dijo: “Director, qué gusto saludarlo”. Conversamos por breves minutos sobre su vida artística. “Allí, haciendo la lucha”, me dijo. “Usted llegará muy lejos porque es un gran ser humano”, le respondí. Me agradeció las palabras y con un nuevo apretón de manos se despidió y se subió a su carro.
No volví a saber de Arjona hasta después de algunos años que sus compañeros me dijeron que se había marchado a México. Algún tiempo después, las radios inundaban con sus primeras canciones: “Verbo, no sustantivo”, “Señora de las cuatro décadas”, “Si el Norte fuera el Sur”, y tantas otras que desfilan por mi memoria.
Esta semana, el pasado lunes, cuando degusté el concierto de nuestro compatriota, ofrecido en Viña del Mar, Chile, en ese “monstruo” de al menos miles de fanáticos aplaudiendo hasta desfallecer, se me llenó el corazón de enorme alegría y dije para mis adentros: ese es Arjona, el Grande.

lunes, 23 de febrero de 2015

Promoción INVO 73

Publicado en el Diario de Centro América, el 20 de febrero de 2015


Todos tuvimos uniforme de gala y una calle adoquinada con nuestras propias manos…

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Hace algunos días se realizó la reunión de los egresados del Instituto Normal para Varones de Oriente –INVO-, Promoción Centenario 1973. Como soldados que regresan de una guerra, diezmados y avejentados, asistimos la cuarta parte de toda la gloriosa promoción.

El mensaje encubierto fue “aquí estamos, después de 42 años que cumpliremos en octubre, cuando nos separamos y tomamos diferentes caminos”. A algunos, la vida nos ha golpeado más duro que a otros, vi compañeros que parecen cuarentones, cuando ya rasgan los sesenta. Me llamó particularmente la atención “el Cuchi, Cuchi” que ya tiene siete décadas pero parece una de esas locomotoras del ferrocarril de los años cuarenta: fuerte, impasible, retador de años.

La vida nos llevó por diferentes caminos, pero nos une la nostalgia de los días que compartimos en aquellos años de juventud, rebeldes, indomables, soñadores; una generación destinada a dar su aporte al desarrollo nacional desde cualquier ángulo que la vida nos deparó. Algunos, maestros, otros ingenieros, abogados, empresarios, agrónomos, políticos, ministros, diputados, alcaldes…

No sé cuántos compañeros se han retirado al descanso eterno, sólo sé que nos hicieron falta en la pasada reunión. Nos hubiera gustado saludarlos a todos, lamentablemente algunos viven en el extranjero y otros no pudieron asistir por diversos motivos; quizá algunos, porque no les dio la gana o no se enteraron de la reunión. De todos modos, en nuestras anécdotas que compartimos a micrófono abierto, los recordamos a todos. Éramos 88 los egresados; llegamos 22.

A la promoción del 73 se nos llamó la “promoción de la rebeldía” ya que en 1973 realizamos una huelga para exigir la renuncia del entonces director, aduciendo que no estaba preocupado por celebrar el centenario de nuestro glorioso INVO. Hicimos tanto escándalo que nos mandó llamar a los líderes del movimiento el mismísimo general Carlos Arana y nos dijo sin ningún miramiento: “miren patojos, así comienzan los bochinches y así se mueren los dirigentes, qué jodidos es lo que les pasa, agradezcan que mi esposa es chiquimulteca”. 

Para no abundar en palabras, el general Arana le ordenó al entonces ministro de Educación, Alejandro Maldonado Aguirre, que resolviera nuestro problema. Al despedirse nos dio la mano a los jóvenes que asistimos y nos dijo: “A qué se comprometen si les resuelvo el problema”, nosotros le dijimos “denos adoquín y nosotros adoquinamos la calle entre el INVO y el INSO”. El general sonrió y respondió: “son jodidos y rebeldes, pero cabrones. Les voy a mandar maquinaria pero si no cumplen con su palabra, los meto unos días al calabozo”. Y aprovechando la confianza, general, le solicitamos tela para uniforme de gala, le solicité, como presidente de la Asociación de Estudiantes del instituto. Le diré a Álida (su esposa) que coordine este donativo, respondió de muy buen humor el presidente.


Ese año 1973, todos tuvimos uniforme de gala y una calle adoquinada con nuestras propias manos…

domingo, 15 de febrero de 2015

La revictimización

Publicado en el Diario de Centro América, el 13 de febrero de 2015



"Mire usté, hoy es sábado, no se atiende, venga el lunes". ¿Desde cuándo la justicia tiene días hábiles para atender a las víctimas?


Hace un año el joven creó su “changarro”, como él lo llamaba. Una tiendita de artículos de consumo diario. Como diligente hormiga, 2 o 3 veces por semana, compraba los artículos que le hacían falta, producto de las ventas diarias. Esta acción la realizaba siempre por la noche, después de despedir al último cliente. No podía quejarse; en pocos meses aquel lugar que un día dudó que llegara a ser punto de negocio, se había convertido poco a poco, en una tienda solicitada por vecinos y transeúntes.
Poco le importaba al muchacho invertir alrededor de 18 horas diarias para ver florecer el fruto de su esfuerzo tenaz, decidido y esperanzador. Hasta que poco antes de Año Nuevo, su alegría se vio truncada por un asalto cometido por tres individuos. Lo encerraron en el baño, mientras estos saqueaban alguna mercadería, equipo de sonido y bastante dinero en efectivo, producto de la venta realizada durante la semana.
Una semana después otros sujetos (quizá de la misma banda de malhechores) se presentaron al negocio y entre palabras de grueso calibre le entregaron un teléfono móvil con la orden que contestara la llamada. Al otro lado de la línea se escuchó la voz áspera y mandona de otro sujeto. “Tenés que entregarle a los carnales Q500 de entrada y semanalmente Q300”, le ordenó. “Si no lo hacés, ya sabés lo que te pasará”, le dijo, en tono amenazante.
El joven emprendedor sopesó este hecho, y después de una deliberación familiar, decidió cerrar el negocio. Las llamadas de los extorsionistas siguieron por varios días, con insultos incluidos.
El agredido decidió poner la denuncia ante las autoridades. Esto fue otro calvario que tuvo que vivir. En la municipalidad respectiva le indicaron que no podían mostrarle las cámaras de vigilancia sin orden respectiva. Buscó una sede del Ministerio Público y allí le dijeron que primero tenía que poner la denuncia en la estación de Policía más cercana. Allí le tomaron los datos, no sin antes advertirle que debía poner la denuncia en el MP. Sin pretenderlo, se vio envuelto en un embrollo que no tiene sentido.
Quedó así el asunto. Sin negocio, sin justicia, sin futuro seguro. Después de varias semanas llega una citación del Ministerio Público donde le exige que se apersone a presentar la denuncia ante apercibimiento que de no hacerlo, será conducido por la autoridad competente, ¿qué tal? Tras de corneado, apaleado.
Con paciencia franciscana, el muchacho se presentó en la sede del MP que señalaba la citación. Era día sábado, cuando llegó lo recibió una persona, se supone que era el guardián, quien al escuchar el objetivo de su visita le explicó: “Mire usté, hoy es sábado, no se atiende, venga el lunes”. ¿Desde cuándo la justicia tiene días hábiles para atender a las víctimas? Es esto o no, una revictimización. Júzguelo usted.

viernes, 6 de febrero de 2015

Sociología de la basura

Publicado en el Diario de Centro América, el 6 de febrero de 2015

La basura nos define, social y económicamente. ¿Quiere usted saber cómo vive una familia?


Denominamos basura a los desperdicios de comida, materiales, papeles, trapos viejos, cosas rotas, juguetes en mal estado, y todo aquello que debemos considerar inservible para nuestro modo de vida. En las grandes ciudades, la basura constituye una industria, cumple un ciclo de producción y renovación de materiales aparentemente inservibles en otros elaborados para insertarse en nuevos ciclos de vida.
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La basura nos define, social y económicamente. ¿Quiere usted saber cómo vive una familia? Revise las bolsas de basura que continuamente sacan a la calle o depositan en recipientes residenciales. Allí encontrará la evidencia de sus hábitos de higiene, consumo de alimentos, predilecciones sociales, etcétera. Una bolsa de basura marca el nivel de vida de una familia.
Por ejemplo, en una familia de clase acomodada, seguramente encontraremos facturas sobre compras lujosas, dado que ni siquiera usan estos documentos para hacer declaraciones al fisco; también encontraremos tiquetes de avión, envoltorios de productos de superior calidad, el más finísimo papel toilet, frascos de perfume a medio usar, ropa de medio uso, juguetes seminuevos, relojes descompuestos, entre otros. Cada casa tiene su respectivo depósito de basura donde es extraída por camiones limpios y bien cuidados. En una  bolsa de basura de clase media, lo más seguro es que encontremos envoltorios de hamburguesas, pedazos de pizza, restos de pollo frito, algunas verduras podridas, frutas descompuestas, frascos de yogurt, zapatos gastados, papel higiénico suave, utensilios de cocina bastante usados, latas de cerveza y botellas de aguas gaseosas, para mencionar algunos ejemplos. Todo, depositado en bolsas provenientes de supermercados de moda. La basura se deposita en lugares comunes seleccionados por los miembros de la comunidad: toneles u otro depósito especial. Los recoge un camión que cobra mensualmente por sus servicios.
En una bolsa de basura de clase pobre, pueden encontrarse algunos restos de hojas de verduras viejas, bolsas de frijoles y otros alimentos que compran en el mercado más cercano o en la tienda de barrio. Casi no se encuentran restos de comida, ni frutas, ni verduras, solo un montón de trozos de papel periódico usados para el sanitario o papel higiénico de ínfima calidad. Los pobres depositan la basura donde puedan, a veces de manera subrepticia, en la calle o lugares solitarios. Cuando bien les va, el camión municipal de extracción de basura recoge su encomienda de vez en cuando.
Me han contado que la basura más apetecida es aquella que se extrae de lujosas residencias. Allí puede hallarse una generosa cantidad de objetos que aún pueden ser utilizados y sacarles unos años más de vida. En la basura de clase media, con suerte se encuentran algunos objetos de valor. En la basura de la clase pobre lo único que se encuentra es el espejo de su precaria subsistencia. ¿Usted, qué basura desecha?

domingo, 1 de febrero de 2015

La era de la generación Z

Publicado en el Diario de Centro América el 31 de enero de 2015


Existe una considerable masa de ciudadanos que subsiste con menos de un dólar diario.

 
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Dele usted su teléfono a un niño de 3 o 4 años y verá lo que hace con su aparato. Como si se tratara de un viejo conocido comenzará a operarlo y tan pronto como tenga acceso a Internet navegará en la red. No es exagerado lo que digo, si consideramos que hace 50 años, un niño de la misma edad apenas era capaz de reconocer algunos colores, pocas formas geométricas y memorizar el primer nombre de su mamá y su papá.

Hoy día, esa cuantiosa cantidad de información que posee el cerebro de un menor de 5 años es el resultado de una acumulación de experiencias y conocimiento que han generado las tecnologías de la información y comunicación –TIC-. Los niños menores de 15 años manifiestan en este mundo una mayor independencia para gestionar información valiéndose de las diversas herramientas que provee la virtualidad. Los nacidos en el presente siglo son personas con mayores posibilidades de interactuar con el mundo exterior, establecer relaciones a través de las redes sociales con una pasmosa agilidad concentrada en sus dos pulgares. A esta masa de inquietos ciudadanos se les conoce como generación Z, heredera de las habilidades de la generación Y pero agigantada exponencialmente.

Pobres de nosotros, aquellos nacidos en la generación de los baby boomers cuyo horizonte terminaba a la altura de nuestra nariz. Hoy la generación Z es una avasalladora fuerza que se abre camino a brazo partido (perdón, a dedo partido) y se conecta con el mundo, sin pensar a cuántos miles de kilómetros, se encuentre su otro par. ¡Y las cosas que aún faltan por descubrir e inventar!

Respecto a esta nueva realidad que plantea el mundo me pregunto: ¿cómo abordar este gran desafío en materia educativa en el contexto guatemalteco? Dichosos los niños cuyos padres tienen los recursos económicos necesarios para responder a las necesidades de sus pequeños hijos nacidos en la generación Z. Pero cómo abordar desde el Estado esta realidad cuando existe una considerable masa de ciudadanos que subsiste con menos de un dólar diario.


Este enorme rezago en cubrir las necesidades básicas, no digamos necesidades de alto nivel como puede ser la telefonía y el extenso mundo virtual, hace aun más visible las asimetrías sociales que padece Guatemala. A la par de un niño que ha venido a este mundo con el pan bajo el brazo y con un soporte de oportunidades, cuyo cerebro está suficientemente alimentado y entrenado para hacer frente a los retos en materia de alta tecnología y conocimiento científico suficiente para transformar su entorno, existen 3 niños que, si bien les va, hacen un tiempo de comida al día. Del calzado, vestuario, medicinas, diversión, colegio, computadora, tablet, teléfono, etc., mejor ni hablemos.

Poesía Carlos Interiano