viernes, 26 de diciembre de 2014

La dirigencia económica


Pero no los afecte con más impuestos, porque entonces arde Troya.

La aprobación del presupuesto anual del Estado es un fenómeno donde se dan cita tres fuerzas: la fuerza política, la económica, y el gobierno. La primera es representada por los diputados y sus respectivas organizaciones, así como la fuerza social-laboral, tanto afín como antagónica. La fuerza económica, representada por las cámaras empresariales aglutinadas en el Cacif. El gobierno, como ente administrador del Estado, constituye una fuerza comandada por los políticos de turno.

El resto de la sociedad se sienta, distante, a contemplar el circo. En un relajo de dimes y diretes, el famoso presupuesto es la manzana de la discordia. Con razón o sin ella, la dirigencia política y el gobierno aprueban por mayoría calificada, el monto global y la forma como se distribuye para satisfacer las obligaciones y compromisos adquiridos. Esa es la dinámica que sumerge cada año el penúltimo mes y cuyos efectos aun perturban la algarabía del mes de diciembre.

En el año 2013, el presupuesto para funcionamiento del presente no fue aprobado, de tal manera que el gobierno funcionó con el mismo paquete. Este año, por consenso de las bancadas mayoritarias y el apoyo de otras fuerzas políticas más pequeñas, se aprobó el documento que contiene las partidas de funcionamiento de todas las actividades del país. Algunos sectores interesados han reaccionado ante tal decisión política. Entre éstos destaca la dirigencia económica con pronunciamientos públicos en rechazo de la medida.

Es posible que el presupuesto de 2015 tenga algunas malformaciones; como toda obra humana, es imperfecto. Pero el punto medular que los empresarios han criticado de manera aireada es el incremento al precio del cemento, las líneas telefónicas y las “regalías” de la actividad minera, estas últimas dadas en forma de limosna y no como un impuesto legítimo por su actividad. Y aunque no a todos afecta, aducen que generará un incremento inflacionario generalizado.

Es sabido que Guatemala es uno de los países del continente que menos carga impositiva tiene y donde el sector empresarial es más pudiente y goza de mayores beneficios fiscales. Eso lo retrata como uno de los sectores más conservadores, con una visión capitalista de principios del siglo pasado, y no insertos en la nueva concepción de la economía mundial.


Se oponen a todo; a mejorar los salarios de los trabajadores, a pagar más impuestos, a ser fiscalizados de mejor manera (más bien, se oponen a la fiscalización del estado), a mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores; incluso, muchas empresas son sumamente conservadoras en la elaboración, presentación y distribución de sus productos, bajo la holgada lógica de la hegemonía industrial. Mire usted las inmensas colas que se forman en los bancos, en los supermercados, en cualquier puesto de distribución, por tener una limitadísima cantidad de empleados para atender al público. Con lo mínimo quieren obtener el máximo. Pero no los afecte con más impuestos, porque entonces arde Troya. 

domingo, 14 de diciembre de 2014

El Chavo del 8 (II)

La calidad interpretativa no puede sustituirse.

El genio de la comedia popular mexicana se ha ido, a sus 85 años. Pero ha dejado un legado cultural de entretenimiento que trascendió generaciones enteras, no hemos escapado a la contagiosa alegría de los personajes creados en una corriente de realismo mágico, envolviendo a millones de personas en un clima de “reírnos de nuestras desgracias” en un acto moral de “qué me importa”, si mi mal no tiene remedio, me río de él. Así de duras son las condiciones sociales y económicas en que viven millones de personas en el mundo; y si algo sale mal “fue sin querer queriendo”.

Imagen de Google

Inmersos en la industria de la cultura popular y de entretenimiento, los personajes del programa televisivo “Chavo del 8”, batieron records históricos en las más de cuatro décadas de transmisión. Con un efecto sucedáneo, cada día las personas se acomodaban frente al televisor (aun lo hacen) a sumergirse en los contenidos picarescos, burlescos y la mayoría de veces chabacanos cuya actuación era una personificación de estados socioeconómicos que se viven en el mundo de las vecindades.

Los efectos que el programa y sus personajes causaron en los telespectadores son diversos. En el lenguaje, por ejemplo, pueden acuñarse un sinfín de términos que si bien es cierto no son aceptados por la Real Academia Española, forman parte del universo discursivo de muchos. Es que no me tienen paciencia, se me chispoteó, fue sin querer queriendo, emprésteme, mírala, eh, solo para mencionar algunos. Tampoco se escapa la estructura fonética, sintáctica y pragmática de los diálogos, por demás, bañados con la salsa del humor mexicano.

El programa el “Chavo del 8” provocó una avalancha de imitadores que a lo largo y ancho del continente americano trataron de personificar a cualquiera de sus personajes, aunque, en verdad, como lo dijera Gómez Bolaños, para producir un programa igual que el original, tendrían que volver a nacer los mismos actores, ya que la calidad interpretativa no puede sustituirse. Habrá muchos Chapulines Colorados, muchas Chilindrinas, muchos Chavos del 8, pero ninguno como los originales.

Por cierto, Guatemala fue el primer país donde se divulgaron los primeros programas producidos por el genial comediante, actor y dramaturgo, Roberto Gómez Bolaños. En las barriadas, en los hogares de clase media, a una hora en punto se suspendían las actividades cotidianas para sentarse frente al televisor a reírse con las ocurrencias de los personajes del programa más visto en Latinoamérica. Hoy día, los niños aun disfrutan de la versión en caricatura de este contagioso programa.


Aunque algunos sociólogos y psicólogos han realizado análisis negativos de esta serie, la verdad es que, al final de cuentas, fue un aliciente para aglutinar a la familia, al menos una hora al día. Adiós Chavito, nunca te olvidaremos.

lunes, 8 de diciembre de 2014

El Chavo del 8 (I)




Algunos críticos afirman que el programa provoca un efecto narcótico, inmovilizador de conciencias.

El pasado 28 de noviembre murió el actor, dramaturgo y comediante más importante de Latinoamérica durante los últimos cuarenta años. Gómez Bolaños, conocido en el ambiente artístico como “Chespirito” creó múltiples personajes que encarnaron el drama de las “vecindades”, con una dosis de humor, a veces blanco, otras, una metáfora de la vida miserable que vive la mayoría pobre de México y los países del tercer mundo.


Imagen tomada de Google

En efecto, personajes tales como el “Chavo del 8”, el “Chapulín colorado” son una parodia muy bien lograda de antivalores que promueven por ejemplo “Ricky ricón”, Superman; el primero ostentando una sustracción económica de primer nivel, y el segundo, un súper poder capaz de desviar los ejes de la Tierra. Una lectura ideológica pintaría al Chavo como la expresión más extrema de la pobreza: sin casa, sin padres, sin comida, sin segunda mudada, vilipendiado por sus compañeros de vecindad. Edna Portillo opina que el personaje del Chavo pinta un estado no solidario de parte de sus vecinos al dejarlo desprotegido, viviendo en un barril. El mexicano es precisamente lo contrario, opina ella. Es solidario y buen vecino. Quizá la metáfora habría que buscarla en la necesidad de Bolaños de crear una figura pobre, sin caer en un estado de sórdida miseria, bañada con una buena dosis de humor, desencadenara precisamente “estados de solidaridad”, a la vez que, como es muy recurrente, los latinoamericanos nos “burlamos” de nuestra propia desgracia. Y cuando esta llega, nos tomamos una píldora de “qué nos importa”.

Desde que se difundieran los primeros programas del “Chavo del 8” en los primeros años  setenta, han corrido toneladas de tinta tratando de hacer análisis de diverso tamiz ideológico respecto a los personajes que encarnan actores de primer nivel como María Antonieta de las Nieves, Carlos Villagrán, Florinda Meza, Ramón Valdés, Rubén Aguirre, Angelines Fernández y el propio Roberto Gómez, interpretando a los principales personajes: El Chavo, el Chapulín Colorado y otros de menor importancia. Algunos críticos fueron duros y tajantes al publicar que dichos programas constituyen un entretenimiento pernicioso para la población pues provocan un efecto narcótico, inmovilizador de conciencias. Sin embargo, esas críticas más bien fortalecieron el rating de los programas.

Otros analistas, en cambio, sostuvieron que se trata de una dosis de humor blanco que contribuye a la unidad familiar pues reúne cada día, a cierta hora, a niños y adultos en derredor del televisor. De cualquier manera, a diferencia del Internet, la televisión ha sido el aparato que más poder de convocatoria familiar ha tenido desde sus inicios, allá por los años treinta.

Los últimos datos periodísticos reportan que el programa del Chavo del 8 ha generado 1.7 mil millones de dólares durante los más de 40 años de difusión. Una cantidad nada despreciable si tomamos en cuenta que el pobre niño de la vecindad rara vez tuvo dinero para comprarse una torta.

Los olores que nos nombran

Esta gama de olores conforma, en su conjunto, el bagaje cultural que es capaz de identificarnos en nuestra individualidad. Cuando era...