viernes, 26 de octubre de 2018

¿Soros contra Trump?


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Que gigantes del gran capital se aprovechen de estas necesidades para saciar sus apetitos voraces de poder es un acto criminal.

En internet circula el rumor sobre el financiamiento que el multimillonario húngaro-estadounidense George Soros está aportando a los movimientos migratorios de la región centroamericana. Recientemente se informó sobre posibles movimientos que estarían gestándose en El Salvador.
La información fue ventilada en internet por el sitio forosperu.net, bajo el título “Multimillonario izquierdista George Soros financia caravanas de migrantes". Por cierto, al tratar de ingresar de nuevo a ese sitio no se pudo, pues este había sido bloqueado. La organización Open Society Foundations (OSF, por sus siglas en inglés) ha financiado varios proyectos en el mundo. Centroamérica no ha sido la excepción. En Guatemala, por ejemplo, esta organización ha costeado a organizaciones no gubernamentales (ONG), entre las que destacan instituciones pro derechos humanos y justicia, medios de comunicación, universidades y personalidades de la vida política nacional.
Una de las líneas que, al parecer, más le gusta financiar a Soros es la de medios de comunicación, entre ellos: Plaza Pública, Nómada y elPeriódico. Líderes sociales, como Claudia Paz y Paz, y la propia CICIG han defendido los intereses estratégicos de este magnate en el país. Según el diario digital La República, la inversión del multimillonario en Centroamérica es de alrededor de US $2,567,296; dicha cantidad solo abarcaría los años 2016-2017.
A primera vista, al parecer dicha ayuda económica viene revestida de un interés humanitario, debido a ser el mismo Soros un sobreviviente del holocausto producido por la Alemania Nazi contra el pueblo judío. Sin embargo, todo acto de mecenazgo proveniente de los multimillonarios debe verse más bien como una estrategia de estos para mover su dinero y sacarle la más alta rentabilidad. No hay almuerzo gratis, dice el refrán.
El sitio forosperu.net denunciaba que el financiamiento del multimillonario a las migraciones multitudinarias provenientes de Honduras se debía a una lucha política que mantiene con el presidente norteamericano Donald Trump. Por ello, se da la actitud amenazante del mandatario contra Honduras, Guatemala y México. Si esto fuera cierto, debe entenderse como un acto criminal de ambos actores. Tan criminal como la lógica militar que prevaleció durante los años de la Guerra Fría, librada por los Estados Unidos y la antigua Unión Soviética, respecto de ejecutar sus batallas en los países del tercer mundo, armando a ejércitos insurgentes y contrainsurgentes para librar guerras que no eran nuestras. En un acto criminal, estos bloques económico-políticos ponían las armas; los países tercermundistas ponían los muertos.
La migración de miles de hondureños puede ser que tenga un origen en el desempleo, la violencia y la inestabilidad social. Eso nadie lo discute. Pero que gigantes del gran capital se aprovechen de estas necesidades para saciar sus apetitos voraces de poder, es un acto criminal, y debe rechazarse ipso facto.

viernes, 19 de octubre de 2018

La voz del migrante

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Se dice que detrás de este movimiento hay mano peluda; que tiene que haber un cerebro que orqueste y dirija sus acciones. 

La voz del imperio ha vuelto a rugir; y tal como sucedía en aquellos tiempos de la “Pax romana”, Trump, cual César imperial, ha lanzado contra el empobrecido paisito centroamericano su enjundiosa sentencia: o controla a sus ciudadanos que amenazan con llegar en masa hacia el país donde “mana leche y miel”, o, con el garrote del dinero, le cierra toda ayuda económica.

Al parecer, es el único lenguaje que este empresario convertido en presidente, sabe hablar. Su única moneda de intercambio es el ahogamiento económico; una actitud imperial que deja fuera los más mínimos cánones diplomáticos y mucho menos, humanitarios. La ley del garrote. La paz americana, émulo de mal gusto de la estrategia de sometimiento que usaron los antiguos romanos.

Pero la columna de más de seis mil hondureños es la fotografía más elocuente del profundo clima de desesperación que sufren los países del tercer mundo, especialmente aquellos que se ubican en Latinoamérica. Hoy es Honduras quien se levanta y se atreve a desafiar la cuantiosa organización militar, el anti latinoamericanismo de quienes hoy ocupan la Casa Blanca, bajo la mirada consentidora o amodorrada de otras naciones del mundo.

En la columna hondureña viajan niños, jóvenes, adultos y ancianos, en condiciones paupérrimas. Se dice que detrás de este movimiento hay mano peluda; que tiene que haber un cerebro que orqueste y dirija sus acciones. Y en su encuadramiento de pobre análisis político quisieran revivir el fantasma del comunismo para, con un afán facilista, endilgarles la culpa. Pero resulta que hoy no existe ni comunismo, ni socialismo, ni nada que se le parezca para tener un chivo expiatorio.

Sencilla y llanamente, es el hambre provocada por las alarmantes tasas de desempleo que el feroz sistema económico impulsado por los mismos gringos y sus adláteres institucionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, han impuesto en las naciones menos privilegiadas: el neoliberalismo. Esta desgracia humana no sólo ha provocado desempleo sino las secuelas naturales de no tener satisfechas las más ingentes necesidades y una espiral de violencia incontrolable, masa de personas que asumen conductas delincuenciales, lumperización de la clase trabajadora, empobrecimiento de la clase media; y como un efecto contrario: un feroz enriquecimiento del empresariado en general.

Con este cuadro dantesco, la columna de seis mil ciudadanos hondureños será apenas el inicio de todo un movimiento continental que se organice para reclamar mejores condiciones laborales, trato justo para el mercado de sus productos, políticas transnacionales de desarrollo integral de las masas más necesitadas que provoquen un verdadero derrame del modelo neoliberal, si es que algo bueno tiene este engendro del mal. Por de pronto, la voz del migrante se ha hecho sentir, y su rugido ha sido tan fuerte, que ha molestado los oídos del ogro del hegemón del Norte.

viernes, 12 de octubre de 2018

El resbalón de la doña

Thelma Aldana junto al hijo de Mario Sandoval Alarcón, líder del MLN
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Parece ser que la mujer de hierro que ayudaron a construir, está calentando el horno donde se derretirá su imagen.

Hace pocos días, doña Thelma Aldana anunciaba por lo largo y ancho de las redes sociales su entusiasmo por amarrar los dos extremos de la política guatemalteca, sin percatarse de que ambos podrían formar un fuerte nudo, capaz de asfixiarla en las próximas elecciones. La reunión con el partido URNG y el Movimiento de Liberación Nacional resucita el fantasma de la violencia organizada en Guatemala.
En aquel lejano 1954, cuando Carlos Castillo Armas diera el garrotazo a la democracia guatemalteca mediante el golpe de Estado apoyado por los Estados Unidos de América, surge también, de manera articulada, el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), más conocido como “el partido de la violencia organizada”.
Bajo la tutela de este y del Partido Institucional Democrático (PID), brotaron los comandos terroristas que sembraron el luto en miles de familias guatemaltecas. Nadie puede ignorar los millares de asesinatos, secuestros y torturas que produjeron un rasgamiento en el tejido social, cuyas consecuencias aún laceran la conciencia nacional.
Pero, al parecer, a doña Thelma se le ha olvidado este pasaje oscuro y violento cuyos actores clave estuvieron bajo la protección del MLN. Entusiasmada por ampliar su base de votantes, no ha tomado en cuenta que el que mucho abarca, poco aprieta. Y sale de compras con ellos. Una fotografía donde aparece en la casa del retoño de uno de los más emblemáticos verdugos del país la retrata de cuerpo entero, y no puede aducir que se trata de un truco de Photoshop.
Ante tal desacierto me pregunto qué opinarán aquellos “cerebros” que le tejieron una imagen de honestidad, castidad e intachabilidad. Parece ser que la mujer de hierro que ayudaron a construir está calentando el horno donde se derretirá su imagen.
No cabe duda de que en esta etapa de su vida política se siente la ausencia de Todd Robinson, Iván Velásquez y el equipo de comunicación que la acompañó durante su paso por el Ministerio Público, puesto en el cual, con una acertada asesoría estratégica y técnica, supieron labrarle una imagen como la “Mujer maravilla de la justicia guatemalteca”. Tuvo buenos asesores en comunicación, hay que reconocerlo.
Pero la arena política electoral es otra cosa. Y si ella cree que con esta alianza diabólica gana votos, se equivoca. Al menos, el mío, no lo tiene, porque no se puede olvidar el duelo sembrado en miles de guatemaltecos. Si a ella se le ha olvidado esta página de terror, sangre y lágrimas, a nosotros simplemente nos aterroriza que se resucite el fantasma de este flagelo: la violencia institucional. Y el solo hecho de declarar, y demostrar mediante fotografías, que se tuvo contacto con este engendro del mal, hace pensar que no es una candidata de fiar.
Al menos, para quienes tenemos memoria histórica, el viejo truco de la “Mujer maravilla” no nos deslumbra. Y menos, si es un proyecto político orquestado desde los oscuros recintos de los rosalila, como los llama Mario Roberto Morales. Mi voto, no.

viernes, 5 de octubre de 2018

Naufrabundos

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Hagamos que el Estado y todas sus instituciones fijen la mirada en este doloroso fenómeno social y económico.

En su obra Asubha, Matheus Kar acuña el término naufrabundo, quizá para referirse a aquella persona que, despojada de un hogar, vaga durante el día por las calles citadinas; por la noche, dormita en cualquier acera, bajo la actitud indolente de los peatones que lo miran de reojo.
Los naufrabundos son esos seres humanos desclasados que no pueden ser calificados ni siquiera como lumpen porque viven en un mundo cernido de anonimato. Algunos, incluso, los llaman escoria, como si ser marginal fuese sinónimo de ser vil, sin ninguna consideración. Nos llevaríamos una sorpresa si por un momento hablásemos con algunos de ellos. Para muestra, esta anécdota:
Eran como las diez de la noche. A pesar de estar en temporada de invierno, no había llovido. Sobre la quinta avenida y octava calle de la zona uno dormitaban varios hombres y mujeres de diferentes edades. Paré mi carro cerca de la esquina; al rato se me acercó un hombre de unos sesenta años. Me pidió dinero, y, antes de darle una módica ayuda, le hice algunas preguntas sobre su vida. Por qué dormía allí. Si tenía familia. Si había estudiado. Cosas por el estilo.
Aquel hombre, cuya barba daba cuenta de un descuido personal de varios meses, me dijo que tenía esposa y tres hijos. Se había graduado de abogado en la Universidad de San Carlos hacía muchos años. Las drogas y el alcohol habían destruido su vida, al punto de que su propia familia lo había expulsado del seno del hogar. Le pregunté si había buscado ayuda en alguna institución. He probado de todo, me dijo, y aquí estoy, con esta gente que me entiende porque padece de lo mismo que yo.
Vivir en la calle, y de la calle, me dijo, es duro, pero es lo único que tenemos. Pedimos limosna para vivir. Algunos roban, yo no robo porque me darían alcance y me golpearían, me confesó, resignadamente.
Con mis escasos conocimientos sobre derecho, le hice algunas preguntas para comprobar si de verdad había estudiado leyes. Todas me las respondió sin ninguna nube de duda.
Como este hombre hay cientos recorriendo las calles de las ciudades. Algunos, los más jóvenes, tienen una historia dolorosa. Generalmente fueron expulsados de sus hogares por motivos económicos, problemas familiares, o simplemente por ser hijos de padres alcohólicos o drogadictos. Un círculo vicioso que el Estado, indolente como es, no se afana en romper.
Matheus Kar lleva a su poesía esta descarnada realidad que viven muchos guatemaltecos: Yo escondí la ciudad en un parque donde los niños fuman ahora,/donde los naufrabundos hacen su cama,/donde el mañana es rehén de la memoria.
Ya lo dijo el poeta. Ahora nos corresponde actuar a todos, fijemos la mirada en este doloroso fenómeno social y económico.
Gritemos a viva voz que a este feroz neoliberalismo poco le importa la persona humana con tal de acumular riqueza sobre riqueza, pisando la dignidad de todo aquel que se interponga en su camino. Reencaucemos el rumbo y construyamos futuro.

Poesía Carlos Interiano