viernes, 28 de febrero de 2014

Su majestad, la publicidad

Es una barricada donde no pasa nada que no tenga su bendición.


Según el sitio web Central-America Data, el gasto anual sobrepasa los $900 millones al año: 70 por ciento  en televisión, 15 por ciento en medios escritos, 2 por ciento en radio, y el resto en otros medios que incluyen Internet. En tiempos de campaña electoral este monto tiende a subir considerablemente.
En ese mismo sitio se citan las declaraciones de Rodrigo Cordón, presidente de la Asociación de Anunciantes de Guatemala en el sentido que “el consumidor va a tener más y mejores productos, jugamos un papel importante para los medios de comunicación. Las empresas que pagamos la publicidad hacemos que los medios subsistan, sin nosotros sería difícil que sigan funcionando como lo hacen”. 
Las reveladoras palabras de Cordón ponen de manifiesto una verdad que se ha venido repitiendo una y otra vez: la publicidad es la dueña y señora de la agenda que los medios de comunicación impulsan para influir en la opinión pública. Nada se mueve si no están en sintonía con los intereses de las empresas que pautan en los medios. En otras palabras, el que paga, manda.


Hablamos, claro está, de los grandes medios: la prensa masiva, la televisión y la radio. Los micromedios (revistas locales, periódicos mensuales u ocasionales, las radios comunitarias, etcétera), ni siquiera figuran significativamente en la pauta publicitaria de las grandes empresas. Los anuncios que llegan a sus páginas o emisiones entran por la vía de “colaboración altruista” de algún relacionista que se conduele de su situación, o bien, por lazos de amistad entre este y el dueño del micromedio.

Existe un alto grado de especialización en el manejo de la pauta publicitaria: fórmulas de asignación de pauta, según el tiraje o el índice de penetración de los medios, porcentajes de ganancia, estrategias de pauta y otra serie de argucias técnicas que la hacen imprescindible para los medios masivos. Sin esta inyección permanente de recursos financieros, sencillamente su vida sería de corto aliento. Muchos medios han sucumbido por asfixia publicitaria, o bien, han sido condicionados a impulsar agendas informativas que interesan a las grandes compañías.
¿Ha leído usted alguna noticia que ponga en riesgo el prestigio de una compañía? ¿Sabe por qué no? Existe en Guatemala como en cualquier país del mundo una especie de club privado donde se conectan los intereses de las compañías y grandes empresas. Esta entidad vela porque no se vulneren los intereses empresariales con publicaciones periodísticas aunque estas develen problemas que pueden afectar la salud, la seguridad, el medio ambiente o simplemente, el ornato de las ciudades. Esta entidad conforma una especie de barricada donde no pasa nada que no tenga su bendición.

viernes, 21 de febrero de 2014

Trabajadores de la información

En río revuelto, ganancia de pescadores.


Los medios de comunicación, como cualquier industria, cuentan con un equipo humano que los hace funcionar y obtener los niveles de rentabilidad que el sistema les permite.
Este equipo está conformado por trabajadores de diversa índole y formación, desde personal administrativo y de mantenimiento, hasta las personas que hacen posible que el ciudadano tenga la información del acontecer nacional e internacional.
En esta variada y extensa gama de trabajadores de los medios están los periodistas. Un periodista es quien tiene la vocación y formación necesaria para el ejercicio de recoger, valorar, procesar y difundir la información que sucede a toda hora y todos los días del año. La estructura de un medio contempla varios niveles de trabajo informativo, desde el directorio del medio, hasta los reporteros, o periodistas de calle como también se les conoce. 

Estos últimos, los periodistas de calle, son las personas que a diario tienen que enfrentar los diferentes problemas que genera su actividad que, como cualquier otro trabajo de alto riesgo, requiere de la protección legal, institucional y social en cualquier país del mundo. En Guatemala, ser periodista siempre ha sido una profesión del alto riesgo. Antes, la gente de prensa estaba sometida a la presión del conflicto armado interno.
Hoy han surgido otros actores que, a diferencia de los polos antagónicos de la guerra, no tienen un objetivo específico para asestar golpes, sino constituyen una espiral de violencia generalizada que dificulta la labor periodística.
Instituciones nacionales y extranjeras que están involucradas en la actividad de velar por la libre emisión del pensamiento, que más bien debiera leerse como libertad de ejercicio de la profesión de informar, dan cuenta de actos intimidatorios en contra de periodistas. Exactamente no se conoce la causa ni actor específico que ha provocado la muerte de periodistas, cuyos casos aún se encuentran en fase de investigación por parte de las autoridades correspondientes. 
Sin embargo, se intuye que son sectores intolerantes que reprimen con violencia la inconformidad que les causa un enfoque noticioso. Es verdad que las empresas informativas no pierden con estos sucesos, sino más bien resultan fortalecidas porque se victimizan en su calidad de paladines de la democracia y de la libertad de información. 
Esta victimización les sirve para catalizar el apoyo de instituciones y organismos nacionales e internacionales que se dedican a la protección del periodista, aun cuando lo menos visible sean las víctimas en lo particular y sus apesarados familiares. En río revuelto, ganancia de pescadores.

viernes, 14 de febrero de 2014

La espiral del silencio

Publicado en el Diario de Centro América el 14 de febrero de 2014

Quien no apoye sus argumentos está condenado a quedar fuera de la jugada.


Como espiral del silencio se conoce un fenómeno social que conforma una complicada red de relaciones que se establece a partir de que grupos humanos se ven presionados, legal o socialmente, para apoyar o afianzar una opinión dominante.

En la época de la Inquisición, por ejemplo, este fenómeno se reflejaba en que la mayoría apoyaba la decisión del santo tribunal de condenar a una persona, sin analizar su culpabilidad o inocencia. El resto de la masa, el vulgo, apoyaba esta decisión. Muchos fueron perseguidos, torturados y asesinados en nombre de la religión.

¿Recuerda usted cuando se enviaba a la hoguera a las mujeres acusadas de brujas, o cuando se acusaba a alguien de herejía? En las plazas se aglutinaba la gente para presenciar el castigo. Son algunos ejemplos de cómo la espiral del silencio se manifiesta.

A partir del surgimiento y fortalecimiento de los medios de comunicación masiva, la espiral del silencio se trasladó a sus centros de información. En este campo abundan los ejemplos. Investidos de un poder casi omnímodo, abanderan campañas de prestigio o desprestigio (según sean sus intereses) a favor o en contra de alguien. Transmiten una serie de mensajes, a los cuales el lector debe adherirse y adoptarlos como una verdad única. Con una habilidad de buen componedor, van entretejiendo voces que apoyan su versión, hasta convertirla en una corriente de opinión incuestionable. Quien no apoye sus argumentos, simplemente está condenado a quedar fuera de la jugada o bien, ser atacado por su voz disidente.

No son pocos los personajes que deciden decir “sí señor” ante las directrices de los medios, enjuiciando tal o cual asunto. Esto es muy visible en aquellos tomadores de opinión que cotidianamente se publican, cuyas opiniones apuntalan la corriente de opinión que empujan las empresas informativas. De hecho existen personajes cuya voz es recurrente y encaja perfectamente en la perspectiva del medio.

La espiral del silencio se convierte en una estrategia para debilitar las voces disidentes, contrarias, y fortalecer aquellas que convienen a los intereses del medio.  A veces, para no parecer muy obvios recurren a la ya gastada estrategia de decir “se trató de obtener su declaración pero no respondió su teléfono”. 

¿Hay quienes se rebelan contra la espiral del silencio que imponen los medios? Claro que existen, aunque estos están condenados a no aparecer en los medios por decisión de la alta jerarquía, sus dueños o sus representantes. Algunas voces se han alzado en contrario, como aquel expresidente que acuñó su famosa frase: “A la prensa se le pega o se le paga”.

viernes, 7 de febrero de 2014

¿Libertad de prensa o de empresa?

Es libre la emisión del pensamiento sin licencia ni censura previa.


A partir de la primera gran Revolución Industrial de fines del siglo XVIII, la sociedad mundial ha estado cada vez más inmersa en una gama de relaciones productivas que demandan, por un lado, mejores satisfactores humanos; y, por otro, mayor complejidad en los procesos de producción y distribución de los bienes y servicios.

Esta complejidad humana se ve reflejada también en los procesos de comunicación que se utilizan para llevar el mensaje a grandes colectividades que necesitan estar informadas de lo que acontece a su alrededor. En este sentido, la información que reciben se transforma en un bien de vital importancia, sin el cual sería muy precaria la vida en sociedad.

Y tal como sucedió en otros ámbitos de la producción, la cada vez creciente sociedad industrial fue incorporando una serie de reglas que le han permitido su continuo desarrollo hasta los niveles que hoy tenemos en el ámbito mundial. 

Leyes, acuerdos, tratados y convenios, son algunas herramientas que en todo el orbe garantizan que puedan establecerse relaciones de sostenibilidad en todos los aspectos de la vida. Bajo esta lógica mercantil, la prensa ha montado una plataforma mundial integrada por un andamiaje jurídico, político y económico, cuya cabeza visible son las innumerables instituciones nacionales y mundiales que se dedican a “defender” los intereses de los medios de comunicación, a tal grado que su poder ha alcanzado las más altas esferas de organismos internacionales, como la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), entre otras.

Todas estas instituciones han orquestado un solo discurso que legitima los intereses económicos y políticos de la gran prensa. Han elevado a la categoría de derecho inalienable, la potestad de informar, principio sin el cual, sostienen, no sería posible la vida democrática. 
Ahora bien, dicho principio tiene también una extensión que queda oculta en cualquier declaración de prensa: el derecho de informar pero también de ser informado con veracidad, ética, objetividad y responsabilidad social. Esta es precisamente la necesidad social que algunos medios de comunicación eluden, bajo el pretexto, en Guatemala que “es libre la emisión del pensamiento sin licencia ni censura previa”.

De tal manera que esta libertad de prensa, garantizada en la mayoría de constituciones de los países democráticos, es más bien, manejada como libertad de empresa, en cuyo caso, se enmascara un principio de alcance universal -el derecho de informar y ser informado- por el afán de convertir a la información en un mero producto mercantil.

domingo, 2 de febrero de 2014

Medios e industria de la información

El derecho a informar se traduce en el derecho a  vender información.

Las características de la producción de bienes y servicios en la historia humana hasta entrada la Edad Media, fue la manufactura. La elaboración y venta de objetos se hacía de manera manual. En este sentido, cada objeto conservaba una personalidad y características muy particulares, aunque los procesos de producción y distribución eran muy lentos y limitados.

Una de las grandes características de la llamada primera revolución industrial de fines del siglo XVIII la constituye la producción en serie, con patrones de producción que reflejaban las características de un modelo a partir del cual se elaboraban. Este salto en la producción provocó una mayor cobertura en la distribución de bienes y servicios a la cada vez más explosiva civilización humana.

La prensa escrita (aun no se inventaba la radio, la televisión y el Internet) experimentó el paso de la producción manufacturera a la producción industrial. En este nuevo modelo de producción, distribución y consumo, los medios masivos han encontrado la fórmula perfecta para insertarse en el mercado del consumo.

Adoptando las reglas básicas de la producción industrial, los medios (aquí ya incluimos a los cuatro medios actuales) presentan algunas características que los convierte en la la pudiente industria de la información.  Entre algunas de estas leyes industriales están: uso de la información como producto mercantil sujeto a la oferta y la demanda, la ley de libre competencia. En esta ley la industria de la información ha montado su aparato ideológico para defender su derecho a informar que se traduce ni más ni menos que en el derecho a vender información.

Otra de las leyes adaptadas por la industria de la información es buscar la más alta rentabilidad al más bajo costo. En esta lógica, los medios (salvo raras excepciones) contratan mano de obra barata cuyos salarios no impacten el resultado final de sus operaciones mercantiles.

El ciclo de vida de un producto es también una de las leyes aplicadas por la industria de la información. Esta característica ha llevado a elaborar un andamiaje de supuestos técnicos respecto a la inmediatez, la precisión y claridad de la noticia. Una de las fórmulas preferidas que se enseñan incluso en las universidades, como caja de resonancia de esta visión industrial es la llamada pirámide invertida. De eta cuenta, la noticia que se generó ayer, hoy se ha convertido en una pieza de museo informativo. Y salvo que se trate de una noticia con un perfil político a la cual el medio pueda sacarle mayor rentabilidad, pasará a ser parte del osario informativo. Un objeto inservible con nulo valor industrial.

Poesía Carlos Interiano