viernes, 22 de diciembre de 2017

Las dos maletas



Si queremos cosechar mañana, debemos sembrar hoy; esa es la dinámica del mundo.

Tengo dos maletas. Una es vieja, raída, desvencijada e inservible. En ella guardo mis promesas no cumplidas, mis sueños rotos, mis penas y pesares, mis alegrías pasadas, mis conquistas y mis luchas no ganadas. Es la maleta que un día habré de sepultar en lo más profundo del pasado y le diré adiós como se despiden las cosas que nos desgarran el alma. Es el equipaje que no precisa reparación, y se va, como se extinguen todas las cosas en la vida. De este equipaje conservo solo los recuerdos gratos que me ayudaron a ser un mejor ser humano. El resto es basura. 2017 es su marca.
La otra maleta es nueva, prometedora, reluciente, vacía de realizaciones, con una agenda en la que están impresas las cosas que debo realizar para alentar nuestra existencia.Esta maleta se irá llenando de cosas buenas, promesas por cumplir, sueños por realizar, sacrificios por intentar para conseguir mis metas, lágrimas que llorar para sanar mis viejas heridas, alegrías que tejer con buena voluntad de ser hoy mejor que ayer, y mañana mejor que hoy. 2018 es su etiqueta.
Al final de la jornada de 365 días, todos tenemos en la bifurcación de los caminos estas dos maletas. Podemos continuar con nuestro viejo equipaje, y prolongar la tragedia de nuestra vida, nuestros caminos torcidos, acariciando con una actitud de masoquismo nuestros fracasos y nuestro dolor a cuestas, o bien, coger la nueva valija y comenzar a acomodar en ella las prendas que nos cambien la existencia: nuevas promesas que cumplir, nuevos proyectos que ejecutar, nuevos retos que enfrentar. No olvidemos colocar en ella las recetas del amor, la tolerancia, la cooperación, el respeto, la dignidad y la alegría por vivir.
Uno de los hermosos poemas de Amado Nervo indica que: “porque veo al final de mi rudo camino/que yo fui el arquitecto de mi propio destino/ que si extraje la hiel o la miel de las cosas/fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas/cuando planté rosales/coseché siempre rosas. El poeta tiene toda la razón. Los seres humanos somos el resultado de nuestros actos. No podemos cosechar lo que no hemos sembrado. Si plantamos semillas venenosas, obtendremos al final de la cosecha, plantas y frutos venenosos. 
El esfuerzo diario, el aprovechamiento óptimo de las oportunidades que la vida nos presenta, la determinación de avanzar un escalón más en la empinada senda de nuestras realizaciones, las relaciones positivas que establezcamos con parientes, amigos y socios, son, entre otros, los factores que nos ayudarán a rellenar nuestra nueva maleta, la cual se abrirá como un tesoro el último día del 2018. Si queremos cosechar mañana, debemos sembrar hoy; esa es la dinámica del mundo.
Y cuando sintamos que no hemos avanzado, que nuestros esfuerzos han sido en vano, detengamos la marcha y veamos hacia atrás el tramo recorrido, y recarguemos nuestro espíritu para caminar el trayecto que nos falta.
A mis estimados lectores y amigos les agradezco el favor de su atención siguiendo mis columnas semanales.
Aprovecho para desearles felices fiestas de fin de año, y desearles un 2018 lleno de oportunidades para cumplir sus propósitos familiares, profesionales y sociales.

viernes, 15 de diciembre de 2017

El pretexto poético

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Lo que leemos o disfrutamos en un poema es la vinculación entre el yo interno y el externo del poeta.

La poesía es el alma de los dioses. A través de ella se expresa lo más sublime que el ser humano tiene atesorado en su interior. Si se quiere un mundo perfecto, debe cultivarse la poesía en todos los rincones del planeta.
En un poema se concentra lo esencial del ser humano, sus motivaciones, frustraciones, miedos y esperanzas; una amalgama de sentidos que no asoman al mundo exterior de manera cotidiana. Un poema es la voz interior de su autor. Habla por él, y a veces salta la barrera de la voluntad y se expresa como un potro salvaje. 
Es importante hablar del pretexto poético, entendido este como las motivaciones que tiene un autor cuando produce un poema. Detrás de este hay siempre una gran experiencia, una forma muy particular de ver la vida, una manera de gozar lo estético, un universo de imágenes mentales que pugnan por exteriorizarse. 
Un poema es la síntesis de lo que hemos vivido; nada puede expresarse que antes no haya sido interiorizado por la persona. En el mundo poético no hay nada dejado al azar, no hay nada sin sustento. Todo tiene un referente interior de donde extraemos las imágenes más sencillas, tanto como aquellas cuya complicación requiere de mucho conocimiento estético para poder descifrarlas.
Lo que leemos en un poema es la vinculación entre el yo interno y el externo del poeta. A veces ese yo interno puede estar oculto o soslayado en el texto. Existen diversas maneras de expresarse poéticamente. Podemos hacerlo lisa y llanamente, en cuyo caso, el poeta está al descubierto, sin ninguna atadura más que el natural dinamismo de su palabra. No hay figuras retóricas, no hay ambigüedad ni autorreflexión, dos componentes del discurso estético. Por lo tanto, no hay metamensajes; lo que se dice es lo que se quiso decir. La palabra brota como un manantial sin tratamiento alguno. Puede ser rústica o fina, elegante o rutinaria, pero no deja nada a la imaginación. 
Hay poemas de inusitada belleza, que no requieren un trato retórico especial. Son piezas cuyo secreto estriba en hacer uso correcto y adecuado de las palabras, como este fragmento del poema Disposiciones de Pablo Neruda: Compañeros, enterradme en Isla Negra/frente al mar que conozco, a cada área rugosa/de piedras y de olas que mis ojos perdidos/no volverán a ver. 
Existen poemas cuyo propósito es jugar con las palabras, crear estados estéticos, no se persiguen efectos de sentido, solo se juega con ellas como una ronda de sucesivos significados. Al final de cuentas, cada lector recreará el sentido de dichas piezas literarias. Estos poemas son totalmente abiertos. A veces ni siquiera el autor podría dar una explicación “racional y sensata” de su contenido.
Como efecto de sentido, o efecto de forma, todo texto poético se inicia con un universo simbólico muy propio del autor. Este universo simbólico puede estar impregnado por un profundo conocimiento de la estética, por teoría sobre la belleza, o simplemente ser la expresión de un estado de ánimo. ¿Qué tipo de poesía lee usted?

viernes, 8 de diciembre de 2017

El primer quiebre

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El gran Pitágoras dijo hace más de 2,500 años: “Educad al niño y no será necesario castigar al hombre”.

La vida me ha llevado por diferentes caminos. He aprendido a recorrerlos como una oportunidad de aprendizaje. Cuando tenía 11 años, por iniciativa propia, fui a una sastrería con el propósito de aprender a confeccionar pantalones. A los tres meses hice mi primera prenda, no sin antes, por supuesto, echar a perder un corte de gabardina. Me sentí muy orgulloso de vestir el producto de mis manos.
Durante ese tiempo incorporé en mi cerebro una lección que jamás olvidaría. Mi maestro sastre me enseñó a planchar un pantalón recién confeccionado. Debés tener mucho cuidado porque el primer quiebre es decisivo, me dijo. Y agregó: si hacés torcido el primer quiebre habrás echado a perder la prenda, porque sobre esta línea lo seguirás planchando hasta que se termine.
Muchos años más tarde comprendí que aquella lección podría adaptarse a nuestra misma existencia. En efecto, los primeros quiebres de nuestra vida son aquellos años de programación durante los cuales marcamos el rumbo de lo que seremos en el futuro. Cuando enfrentamos algún signo de nuestra personalidad que no encaja con la voluntad, debemos hurgar en nuestro pasado y detectar qué hicimos mal, pues al fin del día, no somos más que la suma de nuestros actos pretéritos.
A veces nos quejamos de que nuestros hijos u otros seres queridos no encuentran el camino correcto, pero no hacemos cuentas que son el resultado de aquellos primeros quiebres que serían el sello indeleble de su personalidad. Son el resultado de nuestro descuido, y en el caso positivo, el efecto de nuestros cuidados.
Cotidianamente observamos el caso de progenitores que lloran por la conducta delictiva de sus hijos, y se declaran impotentes para corregir aquellos errores que, siendo adolescentes o adultos jóvenes, cometen sus retoños. Y, aunque nadie nos enseña a ser padres, un buen consejo es hacer en el niño el primer quiebre indeleble en su personalidad. Esta primera huella está conformada por valores, principios y conductas apropiadas, amasados con una pócima de cariño y buen ejemplo. No basta, por supuesto, con dar órdenes a nuestros hijos sobre la manera de cómo deben comportarse, si nosotros hacemos lo contrario. El ejemplo es vital para el aprendizaje.
Ortega y Gasset decía: “El hombre es él y sus circunstancias”; en cierta forma, así es. Sin embargo, si estamos dotados de aquella huella indeleble que nos marcaron nuestros padres, por muy adversas que sean las condiciones, siempre encontraremos el norte que nos guíe en nuestro correcto actuar.
El gran Pitágoras dijo hace más de 2 mil 500 años: “Educad al niño y no será necesario castigar al hombre”. Esta sentencia encierra toda la sabiduría del mundo. Y por muy doloroso que parezca, los primeros años son el cimiento de lo que serán en el futuro. Si oro inculcamos como virtud, oro presentarán de adultos. Si les incubamos cobre, este saldrá a relucir tarde o temprano. Es así de simple.

viernes, 1 de diciembre de 2017

DOÑA HILDA CABRERA

Publicado en el Diario de Centro América, viernes 1 de diciembre



Siempre agradecí este gesto de dulzura de la mujer extraordinaria que dio al mundo dos ciudadanos de gran talla.

La conocí hace diez años. Era una mañana fría de diciembre. Edna Portillo me había invitado a desayunar en su casa. Ella apareció en el portal que comunica las dos viviendas. Carlos, –ella es mi mamá-, me indicó mi amiga. –Mucho gusto, señora-, le dije.  Usted es Carlos Interiano-, repuso doña Hildita, al tiempo que me escrutaba con su mirada profunda. Sentí que mi ser quedaba al desnudo ante el “escaneo” de aquella alma grande.
Con el correr de los años, en sus labios mi nombre adquirió matices de diminutivo: Carlitos Interiano, dicen que me llamaba cuando se refería a mí. Siempre agradecí este gesto de dulzura de la mujer extraordinaria, que dio al mundo dos ciudadanos de gran talla: Edna, maestra de muchas generaciones y experta en literatura; Alfonso, maestro y político, curtido en la urdimbre del poder, luchando a brazo partido por dar sentido social a su gobierno, aun en contra de los poderosos que por décadas han gozado de privilegios, en detrimento de los grandes intereses nacionales.
Doña Hilda Cabrera de Portillo, lectora consumada y de amplia cultura, una mujer de pensamiento revolucionario, reconocida a nivel latinoamericano, sin lugar a duda, modeló en sus hijos ese amor por los más necesitados y les heredó la vocación de “ser para los demás”, como un canon de íntima realización. Durante el tiempo que los he conocido, esta es una característica que los define.
Ser esposa de un perseguido político no fue nada fácil para doña Hilda. Don Alfonso, su esposo, tuvo que marchar al exilio por sus ideales revolucionarios, en tanto, ella se quedaba a cargo de los dos hijos. Ser padre y madre, es sin duda, el papel más difícil que una mujer debe enfrentar, al tiempo que trabajar como maestra para sostener el hogar. Sin embargo, su alegría y amor a la vida fueron sus principales secretos para sacar adelante aquella tarea, la más hermosa de todas: dar frutos valiosos a la patria.
Evidentemente, no tuvo una vida fácil. No conozco su niñez, aunque sí algunos retazos de su vida como esposa y madre. En este último rol soportó con valentía espartana, la maliciosa persecución política que sufrió su hijo, por el hecho de enfrentarse como un David ante el Goliat del poder económico que ve a Guatemala como su finca.
Alfonso Portillo, siendo presidente, una vez declaró que no tenía pedigrí; sin embargo, creo que no hay mejor linaje que ser hijo de una mujer extraordinaria, cuya dignidad y tesón se sobrepuso ante todas las vicisitudes que tuvo que enfrentar. Ciertamente su naturaleza fuerte fue el mejor crisol donde se templó el carácter de sus hijos.
Después de noventa años de lucha, en la aurora del lunes 27 de noviembre, doña Hildita dispuso recoger sus sueños y cerrar sus ojos para emprender el viaje hacia la eternidad. El espacio sideral es el hogar de las almas grandes, como la suya.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Terapia desocupacional


En la era industrial y en nuestra época actual, la actividad productiva se ha transformado en algo así como un culto al trabajo.

En el campo de las relaciones laborales existe innumerable literatura sobre la terapia ocupacional. Incluso, la Organización Mundial de la Salud también se ha ocupado de este asunto. No es nada nuevo, por supuesto, los egipcios, hace miles de años, se preocupaban por atender a las personas que sufrían de alguna disfunción emocional, inculcándoles tareas productivas.

Quizá el ser humano siempre se ha preocupado por la productividad. En la sociedad esclavista, por ejemplo, tal ejercicio venía sincronizado con la conculcación de las libertades ciudadanas: o se trabajaba, o se trabajaba. No había lugar para tristezas ni melancolías; estas eran solucionadas a pura reata.

Con el paulatino cese del esclavismo y el surgimiento del proletariado como clase productiva, se incorporó el estipendio por trabajos realizados. A veces este termina siendo un incentivo perverso, dado que la clase patronal se queda con la mayor parte del fruto del trabajo y la producción, bajo el pretexto de ser quien posee el capital y la propiedad de los medios productivos.

En la era industrial y en nuestra época actual, la actividad productiva se ha transformado en algo así como un culto al trabajo. Existe una sobre explotación de la capacidad productiva del ser humano; se ha deshumanizado el trabajo como actividad que está destinada a ser una acción de realización ocupacional y medio de vida. Se ha caído en el trabajolismo. Trabajólico es aquella persona cuyo único afán es trabajar por trabajar.

De esto existe poca literatura. No interesa a lo lógica mercantil de nuestros días. Sin embargo, aquellas personas con esta característica deben ser tratadas con técnicas especiales que les ayuden a reenfocarse en su objetivo de vida, cuya razón no es solo trabajar sino usar esta faena como medio para ser felices.

Propongo, pues, encontrar las herramientas que nos ayuden a desarrollar una terapia desocupacional, que nos ayude a equilibrar el mundo laboral con el entorno emocional y nos permita ver la vida en un horizonte de mayor satisfacción. Centrar solo el interés en el trabajo genera estrés y enfría nuestras relaciones familiares y sociales, aunque puedan llenarse los bolsillos de dinero, nuestras arcas de la afectividad y la dicha permanecen vacías.


¿Es usted trabajólico? ¡Deténgase por un momento! ¡No haga nada! Cierre los ojos, respire profundamente y trate de enfocarse en una imagen que le proporciona enorme placer: puede ser una anécdota, un pasaje familiar, una cita amorosa, un poema, una canción, un viaje feliz. 

No importa lo que sea. ¡Goce ese momento, relájese, y por un instante al menos, sea feliz! Al respecto de la felicidad, el gran Pepe Mujica dijo: Si no puedes ser feliz con pocas cosas, no vas a ser feliz con muchas cosas. He aquí el dilema.

viernes, 17 de noviembre de 2017

CARITA PINTADA


Cuando paran los carros, obligados por la luz roja del semáforo, la niña extiende la mano para pedir limosna.

En el semáforo de la intersección entre la calzada La Paz y la que conduce al Muñecón de la zona 5 algunos niños y adolescentes desempeñan diversas labores: limpian vidrios de los carros, venden chucherías, realizan maromas cargando a otros niños sobre sus hombros. Todo por ganarse unos centavos.
Entre estos sobresale una pequeña de unos seis años de edad, con el rostro totalmente pintado, simulando un payasito. Cuando paran los carros, obligados por la luz roja del semáforo, la niña extiende la mano para pedir limosna. Algunos conductores le alcanzan una moneda, sin imaginar siquiera que, aunque es un gesto de sensibilidad social, este acto refuerza el círculo de la pobreza extrema.
La escena descrita, por supuesto, no es solo en ese lugar. En cualquier esquina de las arterias de la ciudad capital y de otras ciudades del interior del país se observa el mismo fenómeno. Cientos de niños cuyo destino debiera ser la escuela, el parque de diversiones, o simplemente, el calor seguro de un hogar, deambulan por las calles, a veces estimulados por sus propios padres o bien, por personas adultas a quienes estos los dan en alquiler para labores de mendicidad.
Duele el alma ver estos espectáculos porque sabemos que el futuro de Guatemala está en serio riesgo; estamos enajenando lo más sagrado que tiene la sociedad: su niñez. En tanto se gastan millones de quetzales en actividades banales, cuyo fin único es visibilizar la imagen de empresas, instituciones y líderes de diversa índole. Echamos a la basura millones de quetzales en publicidad barata, en vez de alcanzar acuerdos sociales para dotar a los infantes y adolescentes de un futuro seguro.
¿Qué podrá exigirse a futuro a estos niños cuando sean adultos? ¿Para qué puestos de trabajo estarán capacitados si no han tenido las herramientas educativas y la seguridad nutricional y emocional para desarrollar plenamente su personalidad?
La vida de los niños y niñas en situación de riesgo es un drama nacional; no tiene otro calificativo. En mucho, el clima de violencia e inseguridad ciudadana que hoy vive el país es el resultado de haber cerrado los ojos a la realidad de estas criaturas, quienes, en su adultez, arrastran el lastre de privaciones, aniquilamiento económico y social al cual se vieron sometidos.
Como aquella pequeña niña de carita pintada, la realidad que vive la niñez pobre de Guatemala sufre el maquillaje de acciones altruistas, pero poco eficientes de instituciones y grupos que dicen ser sus defensores.
No le demos tantas vueltas al asunto. O volcamos todo nuestro esfuerzo a garantizar un estado de seguridad para la niñez y adolescencia marginada, o continuaremos con el círculo de la violencia e inseguridad que tanto preocupa a la clase media, pero que poco hace por participar en abordar y resolver esta problemática. Actuemos hoy. Mañana quizá sea muy tarde. A los poderosos no les preocupa este asunto porque ellos son protegidos por sus guaruras personales.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Armados hasta los dientes

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Patrones culturales devenidos de un modelo político cuya hegemonía se ha centrado en una carrera armamentista.

En CNN, medio de comunicación norteamericano, se difundió la noticia de que en los Estados Unidos existen 270 millones de armas en manos de la ciudadanía. Esta noticia se difunde en el contexto de la masacre en una iglesia de Texas, el pasado domingo 5 de noviembre.
Esta noticia pone de manifiesto dos problemas que merecen un estudio profundo. Por un lado, la excesiva obsesión de la ciudadanía norteamericana por poseer armas, las cuales las venden, por cierto, como vender chicles en las esquinas. Si consideramos que la población total de ese país es aproximadamente de 320 millones, es fácil suponer que cada persona adulta tiene por lo menos un arma. Por otro lado, el crecimiento de patologías mentales relacionadas con los altos niveles de deterioro psíquico de los jóvenes y, en muchos casos, de personas que sobrepasan los cuarenta años. 
El presidente Donald Trump declaró respecto a este hecho de violencia, que no se debe a la posesión de armas, sino a problemas mentales del atacante. ¿A qué se debe este proceso de descomposición psíquica y social de los ciudadanos? Las causas son múltiples. Aquí algunas de ellas: los patrones de crianza de los hijos están regidos por una libertad excesiva, al extremo que no es permitido ni siquiera el regaño; esto trae como consecuencia, un malentendido proceso de formación de valores, proclives a la inobservancia de normas éticas y de convivencia social. Todos sabemos que un clima de libertinaje no puede sino producir descomposición social.
También es importante señalar el deterioro del tejido familiar. Ambos padres trabajan extenuantes jornadas en una sociedad cuyo criterio de felicidad se basa solo en el espejismo que produce la posesión de bienes materiales, deja desprotegidos a los hijos de la seguridad emocional y espiritual que se requiere para que ellos crezcan en un clima de estabilidad psicológica y social. Ver a los hijos como meros objetos decorativos del hogar producirá, a futuro, seres insensibles y carentes de capacidad para apreciar y valorar la vida. Y como reza el refrán popular, árbol que crece torcido, nunca su rama endereza. 
Hay, por otro lado, patrones culturales devenidos de un modelo político, cuya hegemonía se ha centrado en una carrera armamentista. A falta de cubrir el mercado externo por el cese de la guerra fría, los fabricantes de armas han puesto los ojos en comercializar sus objetos de muerte en el mercado interno. Con un buen nivel de éxito han logrado que se mantenga la pretendida libertad de portación de armas como mecanismo disuasivo de violencia, sin imaginar que están cavando su propia tumba.
En fin, allá ellos. Nosotros, en Guatemala, ejerzamos un efectivo control de tenencia de armas, cuya facultad de poseerlas debe ser exclusivamente de las fuerzas policiales. Suficiente se sufrió ya con los 36 años del conflicto armado y los años sucesivos.

viernes, 3 de noviembre de 2017

El Sancarlista U

Publicado en el Diario de Centro América el 3 de noviembre de 2017



No puedo menos que llenarme de orgullo y satisfacción por este salto cualitativo que ha dado la Escuela de Ciencias de la Comunicación.

Esta semana fue inaugurado El Sancarlista U, diario digital y agencia de noticias de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, Universidad de San Carlos de Guatemala. En el marco de una agitada agenda informativa y espacios de opinión, el nuevo medio culmina su fase de preparación y entrenamiento de su planta de comunicadores, quienes han puesto muy en alto el nombre de la Tricentenaria con su profesionalismo y sentido ético.
ElSancarlistaU, cuyas siglas son ESU, es un proyecto de práctica periodística de la ECC, que nace en el 2015 y sufre un proceso de planificación y desarrollo en dos de sus principales funciones: ser un medio de comunicación digital, acorde a las exigencias del nuevo periodismo, y también funcionar como agencia de noticias. Considero que ambos propósitos los ha cumplido a cabalidad.
Estuve presente en la inauguración, y durante la presentación, envuelta en los recursos tecnológicos de última generación, vinieron a mi memoria mis años de estudiante, en los cuales la práctica periodística se ejercía, si mucho, por medio de periódicos murales. Al final del ciclo se imprimía un modesto ejemplar de ocho páginas tamaño tabloide, el cual recogía algunos trabajos estudiantiles que, como se comprenderá, habían perdido vigencia cuando por fin el medio miraba la luz del día. También recuerdo que nuestro querido profesor de fotografía, el famoso Mauro Calanchina, fotógrafo de grandes ligas, no tenía más remedio que explicarnos el funcionamiento de la máquina fotográfica con dibujitos sobre el pizarrón. Por esa época yo me había comprado, con mil sacrificios, una cámara Minolta con lente fijo. Con ella di mis primeros pasos en este fantástico mundo de la imagen. Eran los años setenta, y la ECC recién se había independizado de la Facultad de Humanidades y entraba en una era de mucha discusión teórica en el campo de la comunicación, sin embargo, tenía serios problemas en el ejercicio práctico.
Cuando veo el formato dinámico, sobrio y bien documentado del nuevo órgano de práctica estudiantil, no puedo menos que llenarme de orgullo y satisfacción por este salto cualitativo que ha dado la Escuela de Ciencias de la Comunicación, de quien siempre se dijo que preparaba teóricos, pero quedaba a deber mucho en el ejercicio práctico. Creo que este dilema está siendo resuelto favorablemente. Quien dude de la veracidad de esta apreciación mía, lo invito a ver el nuevo medio. Pueden encontrarlo en Facebook, Twitter, Instagram o bien en su propia plataforma https://elsancarlistau.com/. ¿Qué tal?
Felicitaciones a las autoridades de la ECC por este esfuerzo cualitativo en mejorar la calidad educativa, al cuerpo de profesionales que integran el equipo directivo del ESU y, por supuesto, a todo el estudiantado que día a día ejerce su labor periodística con la mística y la vocación de un verdadero universitario de la tricentenaria Usac.

viernes, 27 de octubre de 2017

OLIVERIO CASTAÑEDA

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Él, colocado en la bifurcación de los caminos que separan la cobardía de la inmortalidad, decidió por lo segundo.

Dos semanas antes del 20 de octubre de 1978, Oliverio Castañeda de León había llegado a la Escuela de Ciencias de la Comunicación para conversar con nosotros, miembros del comité ejecutivo de la Asociación de Estudiantes de la ECC. Lo recibimos en uno de los salones de clase y charlamos por un largo rato. Su característica sonrisa y modales de caballero se manifestaron durante el encuentro. Ambos pertenecíamos al grupo estudiantil FRENTE, y, por lo tanto, había un cordón umbilical que nos unía.
El 19 de octubre de aquel fatídico año, se había montado un entramado de comunicación para apercibirnos de no participar en la marcha del 20 de octubre. A mí me llamó una voz anónima. No asistí a la marcha, no obstante, que le había prometido a Oliverio que lo haría.
Oliverio, junto a otros compañeros dirigentes había sido amenazado de muerte por el Ejército Secreto Anticomunista –ESA–. Sin embargo, él, colocado en la bifurcación de los caminos que separan la cobardía de la inmortalidad, decidió por lo segundo. Sus escasos 23 años fueron la espoleta que detonó aquella decisión. Pasado el mediodía, se dejó escuchar su vibrante discurso como el último de los oradores. 
Minutos después, el joven revolucionario se convirtió en una esperanza rota para nuestro país, aunque la memoria colectiva ganó un héroe más que se coloca en el pináculo de la inmortalidad junto a los grandes: Alberto Fuentes, Adolfo Mijangos, Mario López Larrave, Manuel Colom y otra pléyade de combatientes por la democracia. 
La noticia de la muerte de Oliverio se propagó como reguero de pólvora por todo el sector estudiantil, sectores populares y sindicales, y, por supuesto, en todo el contexto universitario. Las órdenes de los verdugos de la patria, había sido cumplida. Las balas asesinas dieron muerte a un cuerpo para dar vida a un héroe: “Oliverio no está aquí, Oliverio dónde está. Oliverio está en las calles, reclamando libertad”. Esta fue una de las frases que se convirtieron en estrategias de agitación en los años sucesivos. 
Aquella tarde del 20 de octubre, afectado por la noticia, escribí este poema que publicaría en hojas mimeografiadas con el pseudónimo de Mauricio Ibarra Ximénez: Era apenas/ un bellón/en el jardín de la esperanza/¡Y lo cortaron de tajo!/Era un camino recto/en cuya senda se esparcían/ vientos de libertad/¡Mientras haya pueblo/habrá revolución!/Era el eco de la historia/persiguiendo las huellas/de la vida/y traspasó los umbrales de la muerte/ para construir la vida/Era la síntesis de la esperanza/Los elegidos por la historia/de los pueblos/nunca mueren/ ¡Oliverio hecho presente!/¡Oliverio hecho futuro!
Han transcurrido 39 años de aquel abominable acto terrorista, y aún la voz de aquel joven dirigente resuena en nuestros tímpanos. Las jóvenes generaciones tienen el deber de dar continuidad a su proyecto de justicia social; y los viejos de hoy, la ineludible tarea de invocar su nombre, allí donde haya injusticia y se requiera un grito de libertad.

viernes, 13 de octubre de 2017

DE REMESAS Y TURISMO

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Este año, al mes de septiembre el Banco de Guatemala reporta por ingresos de remesas, 6,097,334 millones de dólares.

Debo admitir que mi única experiencia en turismo fue un reportaje que realicé sobre Antigua Guatemala, siendo estudiante de comunicación. Dicho trabajo me valió una beca para estudiar periodismo turístico en Medellín, Colombia. Era aquel lejano 1977. Como resultado de dicha aventura académica conocí a la hermosísima María Elena, con quien entablamos una relación de cartas durante algún tiempo, hasta que la guadaña de la distancia cercenó aquella ilusión.
Han pasado muchos años. El turismo es hoy un rubro muy importante en la generación de divisas. Ocupa el segundo lugar. El primero son las remesas: esos ingresos que reciben miles de guatemaltecos de parte de sus familiares que, a fuerza de angustia, cansancio, sudor y lágrimas, inciden en la economía, dando su significativo concurso a las grandes cuentas nacionales, y por supuesto, llevando el pan a la mesa de los más necesitados. Este año, al mes de septiembre el Banco de Guatemala reporta, por ingresos de remesas, 6,097,334 millones de dólares. Nada menos que el 58 por ciento del presupuesto nacional del 2017. Si algún día nuestros paisanos en el extranjero se declararan de brazos caídos y no enviaran la sagrada remesa, Guatemala se convertiría en el país más pobre de la Tierra. ¡Y pensar que muchos de nuestros hermanos que han emigrado apenas saben leer y escribir, sin embargo, tienen una voluntad de hierro y un sentido de solidaridad, que bien debieran emular los grandes potentados y muchos aprovechados que hacen del tesoro nacional su caja chica! En cuanto al turismo, el Banco de Guatemala reportó a diciembre de 2016, 958.8 millones de dólares, aproximadamente 7,191 millones de quetzales. Durante ese mismo año, en cambio, las remesas familiares alcanzaron la cantidad de 7,159,967.6 millones de dólares ¡7 veces más que el turismo!
Como decía al inicio de esta columna, no sé mucho de turismo. Sin embargo, el sentido común me indica que el país tiene muchos rubros de atracción. En primer lugar, un patrimonio cultural envidiable, por cierto, muy descuidado; una variedad climática, fauna y flora diversa que, a pesar del deterioro medioambiental y los altos índices de contaminación, aún se exhibe exótica. También posee prácticas culturales ancestrales: ceremoniales, telares, comida, idiomas, en fin, un sinnúmero de cualidades que el extranjero podría buscar.
Hace falta, por supuesto, mejorar la infraestructura del país, especialmente las vías de comunicación, la conservación del patrimonio cultural, el desarrollo y mejoramiento de la hotelería y centros turísticos de diversa índole. Y, por supuesto, una agresiva estrategia para vender a Guatemala en el extranjero y provocar que el turista ponga sus ojos en nuestro país como un lugar de descanso, recreación y enriquecimiento cultural. Del turismo interno mejor ni hablemos. Apenas tenemos para comer y muy pocos recursos para pasear.

sábado, 7 de octubre de 2017

COCHINO DINERO

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Los expertos le llaman Crematomanía a esta enfermedad mental. Nosotros le llamamos simplemente, chuchada.

Cambiar una manzana por una pera, o una zanahoria por una cebolla quizá no tenga ninguna consecuencia más que satisfacer una necesidad de consumo. El sistema de trueque fue usado por centurias en todo el mundo. Todas las sociedades han basado su economía en procesos de intercambio de bienes y servicios. A medida que los grupos humanos fueron haciendo más complejas sus relaciones de producción, distribución y consumo, fueron surgiendo también, mecanismos que les permitieron hacer más ágiles y eficientes estos procesos.
Uno de estos mecanismos, quizá el más importante, es el dinero. Los romanos le llamaban denarius. Para los entendidos en la materia, el dinero posee algunas características importantes: es un medio de intercambio, fácil de almacenar y transportar; es una unidad contable, que permite medir y comparar el valor de productos y servicios que son muy distintos entre sí; posibilita el ahorro y la inversión.
Como instrumento que permite el intercambio, el dinero ha pasado por diversos procesos de materialización. Los mayas, por ejemplo, usaban el cacao como dinero. Otras civilizaciones usaron conchas de mar; y así, cada grupo humano que ha poblado la Tierra ha inventado diversas maneras de transformarlo en instrumento de valor.
En Guatemala, durante las centurias pasadas cada hacendado acuñaba su propio dinero. Esto significaba que elaboraban monedas cuyo valor de intercambio solo era posible entre el patrono y los habitantes de la hacienda. Fuera de esta, no tenía ninguna validez. Algo así sucede con algunos países cuya moneda no es aceptada en otros, por no tener tratados monetarios ni mercantiles. Sin que desapareciera el dinero acuñado en monedas de metal, cada país fue imprimiendo dinero en papel. Se aplicaron los criterios más ingeniosos para producirlo. Algunos billetes son verdaderas obras de arte.
Actualmente se habla de dinero electrónico. Bitcoin le llaman y está generalizándose para realizar las grandes transacciones en el ámbito mundial. Aseguran que es la más segura de las monedas, imposibles de falsificar.
La posesión de dinero, sin embargo, ha generado problemas psicológicos en algunas personas, quienes, de manera compulsiva, se dan a la tarea de acumularlo en cantidades inimaginables. Los expertos le llaman Crematomanía a esta enfermedad mental. Nosotros le llamamos simplemente, chuchada.
Los crematómanos hacen cualquier cosa por acumular riqueza. Practican la transa para conseguir sus objetivos. Extorsionan, roban, engañan, usurpan, timan, despojan. Algunos usan la política como vehículo de sus fechorías. ¿Casos? Piense usted en algunos, no le será difícil detectarlos.
Son individuos insaciables en cuanto a acumular dinero se refiere. Y por esa sed, se convierten en presas de su propia fortuna y terminan siendo personas mezquinas, avaras, socialmente insensibles. ¡Qué asco, cochino dinero!

viernes, 29 de septiembre de 2017

LA CALIDAD EDUCATIVA SUPERIOR


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Salvo honrosas excepciones, no existen estos institutos que formen la masa científica, técnica y crítica del país.

Cuando era un joven maestro, con grandes sueños, aunque con un océano de inexperiencia, el Ministerio de Educación nos sometió a la tortuosa labor de planificar la docencia utilizando el modelo de Bloom, aquellos famosos objetivos operacionales: cognoscitivos, afectivos y psicomotrices. En el ámbito de la educación las modas se imponen. Hasta hace poco se hablaba de eficiencia y eficacia en el proceso educativo. Hoy todo mundo habla de competencias.
En el nivel universitario, por ejemplo, las autoridades pregonan que se debe asegurar la calidad educativa. Responden a las disposiciones que los educadores de escritorio han impulsado a través de la Unesco y otras instituciones internacionales que justifican sus jugosos salarios quebrándole los sesos a los profesores que a diario se rifan el físico en las aulas.
No estoy en contra de buscar la mejor calidad que sea posible. Sin embargo, a decir verdad, esta ansiada panacea está muy lejos de ser alcanzada en algunas universidades. Hemos detectado, por ejemplo, que, para planificar por competencias, se está recurriendo al viejo modelo de Bloom, impuesto desde la alta jerarquía, como si estuvieran inventando el agua azucarada. Perdonen, este experimento lo rechazamos los profesores que teníamos los pies en las aulas en aquellos años 70. Simplemente no funcionó.
¿Cómo alcanzar la calidad educativa a nivel superior? Hay tres premisas fundamentales: la primera, no castrar la imaginación de los estudiantes, sino más bien, provocar su natural sentido de búsqueda de información, que les permita responder a preguntas más que proporcionarles respuestas. Ello supone que tengan un cuerpo docente formado técnicamente. Actualmente, salvo pocas excepciones, los docentes universitarios son profesionales ocasionales, improvisados, apagafuegos. No existe la carrera docente. Trabajan por hora, como cualquier obrero.
La segunda premisa es que las universidades deben constituirse en centros de investigación y no ser simplemente recicladores de conocimiento. Algunas no tienen estos institutos que formen la masa científica, técnica y crítica del país. Una universidad sin estos centros no es universidad.
Así de simple. En el proceso de producción de tesis, por ejemplo, se dedica más atención en lo periférico, redacción y ortografía, y se descuida lo fundamental: la metodología para recolectar, procesar y producir el nuevo conocimiento.
La tercera premisa se basa en que las universidades deben transformarse en entidades de servicio a la comunidad. La gran dolencia de algunas es que la práctica estudiantil brilla por su ausencia. Si a esto agregamos que las privadas están exentas del pago de impuestos, es exigible que devuelvan a la sociedad su aporte en especie: técnica y científica. No enfrentar estas tres premisas es como querer manejar un Lamborghini a 200 kilómetros de velocidad en un camino de terracería.

sábado, 23 de septiembre de 2017

DON JULIO SANTOS

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En mi mente quedó grabada aquella imagen del caballero que sabía cumplir su palabra.
Era una tarde del mes de abril de 1975. Nos encontrábamos en la Escuela Centroamericana de Periodismo ECAP. De pronto, mi compañero Serapio Donis se me acercó y me dijo: “A aquel señor que viene allá no hay que hablarle porque dicen que es de derecha”. Al tiempo que decía esto los dos dirigimos la mirada hacia el personaje. Él advirtió nuestra conversación y amablemente se nos acercó a saludarnos. Buenas tardes, caballeros, mi nombre es Julio Santos. Soy profesor de la ECAP.
Un frío inusitado recorrió mi cuerpo, y advirtiendo mi turbación, preguntó mi nombre. Carlos Interiano, le respondí, un poco tímido. Yo soy Serapio Donis, se adelantó a decirle mi compañero. Mucho gusto, nos respondió.
Al finalizar la jornada nos dijo: “Los invito a un café”. En el transcurso de la charla le hice aquella pregunta impertinente: ¿Qué significa ser de derecha? Él soltó una carcajada y con aquel humor un poco negro que en adelante descubriría, me dijo: “Habría que preguntarles a los muchachos que me han puesto ese adjetivo solo porque tengo un Mercedes”.
Los encuentros con el licenciado Santos fueron múltiples. Entablamos una buena amistad. Aquel hombre a quien el movimiento de transformación de la antigua ECAP señalara de reaccionario, resultó ser, a mi juicio, todo un caballero, respetuoso y excelente profesional.
Son muchas sus lecciones de vida que recibí. Una vez llegué a la USAC, y al verme, me dijo: “¿Qué tiene?” Problemas, le respondí. Me contestó: “si sus problemas tienen solución, arréglelos, si no la tienen, olvídese de ellos”. Le voy a contar un chiste, agregó. Y con aquel fino humor, me soltó un relato que, de verdad, me hizo revalorar la vida.
Dirigió la Escuela en un período muy difícil para la USAC (1981-1984). Se vivía una crisis política. El movimiento estudiantil estaba en pie de guerra contra el director. En el 83 se habían creado las carreras de Publicidad, Locución y Fotografía y eso había causado malestar. Esto provocó que él ya no participara como candidato a director, y, en consecuencia, convenimos en que yo lo haría.
Recuerdo que, recién había tomado posesión como director, cuando lo visité en su despacho, y después de saludarlo, le indiqué que quería dar clases en la ECC. “Primero, gradúese”, me respondió. Lo sentí un poco cortante y le contesté: “Hay docentes que no son graduados”. Él me increpó: “Si le doy clases sin haberse graduado, no lo hará nunca”. ¿Quiere eso? Entendí la lección. En julio de aquel viernes de 1981 me había graduado.
En ese momento, se levantó y se dirigió a doña Lucky Mayén, indicándole: “Madame, vamos a hacerle un contrato al licenciado Interiano”. El lunes siguiente comencé mi labor docente en mi querida Escuela de Ciencias de la Comunicación. En mi mente quedó grabada aquella imagen del caballero que sabía cumplir su palabra.
Gracias licenciado Santos, buen viaje a la eternidad.

jueves, 21 de septiembre de 2017

EN LA PLAZA





A Lenina García
Voz mujer. Nueva aurora en el movimiento
estudiantil universitario

En la plaza se anulan las edades
Se eliminan los estratos sociales
Se mezcla el color de la piel
La ideología se transforma en un solo grito
de justicia
Y el grito se transforma en canto
de esperanza

En la plaza se comparte la denuncia
Y se anuncian nuevos amaneceres

La plaza es el punto equidistante
donde se construye matria. Guatemala
mujer, nutricia y lucha
Y se destruyen viejos mitos patrioteros
Y se alza la voz en legítima de defensa
de nuestros sueños

En la Plaza se recupera la dignidad 
de ser guatemaltecos

domingo, 10 de septiembre de 2017

LOS NIÑOS TENÍAN FRÍO

Poema para reflexionar en domingo
Poemario inédito "Las horas desnudas", Carlos Interiano

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Imagen de Google

Entró la noche en las calles
serpientes, cubos de hielo
La mirada indiferente
de parroquianos y extraños
Entre sorbos de silencio
se fueron muriendo los hilos
de luz, y las tinieblas
se apoderaron del cielo.

En la esquina cual enjambres
de abejas abandonadas
dormitaban unos niños
desamparados y solos
sin una mano paterna
sin los cuidados de madre
Solos ¡Tan solos ellos!

¿Algún lucero que alumbre
la incertidumbre del sino?
¡Quién sabe! Solo la lengua
gigante de la noche los contemplaba
-Gorriones abandonados
sin nido. Nadie posaba la mirada
sobre esos cuerpos dolidos-

Agazapados pernoctaban
en la calle solitaria
Sin presente, sin futuro
Los niños estaban solos
sin protección ni mendrugo
¡Los niños tenían frío!
¡Los niños morían lento!

Y yo, moría con ellos.

viernes, 8 de septiembre de 2017

EL BRAZO SOCIAL II

Mucho se ha dicho que a la gente no se le dé pescado, sino hay que enseñarle a pescar. Estoy de acuerdo.
Hace muchos años conocí al dueño de una panadería. Su negocio era próspero y empleaba a 20 trabajadores distribuidos en dos turnos. Yo miraba que las personas del mostrador atendían con mucha gentileza a quienes llegaban a comprar el pan. Los fabricantes del producto, aunque andaban cenizos con la harina que amasaban, tenían un rostro alegre.
Inquieto por la actitud positiva de los empleados le pregunté cuál sería el motivo de esta. El dueño me respondió de una forma muy sencilla: los trato bien, no los exploto, todos los trabajadores llevan a su casa diariamente, una bolsa llena de producto para su familia. Son gente pobre que ven como una bendición tener un pan que darles a sus hijos.
También hace muchos años los medios de comunicación publicaron una noticia en la que informaban que una famosa granja avícola sacrificaría 25 mil pollitos, ahogándolos en toneles con agua. La razón: sobreabundancia en la producción avícola y el control de precios en la carne del pollo. Pregunto, ¿no habría sido más humano y solidario regalar esos animalitos a personas pobres para que los criaran y tuvieran una fuente de alimento?

Me he enterado, por boca de los propios trabajadores, que, en algunos restaurantes de comida rápida, las porciones que no se venden las tiran a la basura. Y los empleados tienen prohibido llevar esos alimentos a su casa. Pregunto, ¿por qué tirarlos?, ¿por qué no distribuir ese excedente entre los empleados, o por lo menos, donarlos a hospitales, orfanatos, asilos de ancianos? Una persona supuestamente versada en el tema me explicaba que si las empresas permiten a sus obreros llevarse los excedentes podría provocar que elaboren producto demás, y justificar así, la sobreproducción. No sé si tengan razón, o solo se trate de un argumento falaz.
Es urgente que se cree una ley denominada Brazo Social Empresarial, mediante la cual toda empresa que obtenga ingresos auditados por encima de los montos aceptables de ganancia genere su programa de ayuda a sus trabajadores, aplicando mecanismos de verificación que comprueben que no están maquillando sus informes contables.
Mediante el programa de Brazo Social Empresarial las propias empresas manejarían sus recursos destinados a producir competencias de productividad de sus empleados, familiares u otras personas de escasos recursos, abarcando áreas de producción de interés empresarial.
Las empresas buscarían crear competencias para la vida con oficios de alto rendimiento económico, contrario a la fábrica de profesiones de nivel medio que ofrece el sistema educativo actual.

Mucho se ha dicho que a la gente no se le dé pescado, sino hay que enseñarle a pescar. Estoy de acuerdo; pero se deben producir cambios significativos para que el efecto de rebalse de estas estrategias alcance a quienes no tienen comida, no tienen vivienda, no tienen salud, ni educación; y, por lo tanto, no tienen un futuro promisorio.

Los olores que nos nombran

Esta gama de olores conforma, en su conjunto, el bagaje cultural que es capaz de identificarnos en nuestra individualidad. Cuando era...