viernes, 27 de julio de 2018

La poesía es sagrada



Escribir poesía no es precisamente hacer fotografías de ambientes, objetos o emociones.

La pequeña Génesis le preguntó a su mamá, la poeta Brenda Solís, si los poetas ya se habían marchado, aquella vez que nos reunimos en su casa los integrantes del grupo Zanates y Clarineros. Y agregó: no quise hacer bulla porque los poetas son sagrados. Por qué dices eso, repuso la madre. Porque la poesía es sagrada, respondió la niña.
¡Qué razón tiene la pequeña Génesis! Una de las más grandes características de los humanos es nuestra creatividad. Y la más alta manifestación de la creatividad es el arte, y en particular, la poesía. Por cierto, la poesía no es un arte masivo, es una experiencia estética que le gusta a un escasísimo grupo de individuos; y quizá cada día sea más reducido el número de seguidores, tanto creadores como consumidores.

Qué aburrido es leer poesía, decía una señora que estaba prendida frente al televisor, viendo su novela favorita; lo mismo opinan aquellos que ven futbol hasta en la sopa. De ahí que la gran enemiga de este arte sea la comunicación de masas con sus múltiples recetas destinadas a freírnos el cerebro. Anterior al surgimiento y consolidación de los medios de comunicación, la poesía era una manera de establecer relaciones significativas entre los seres humanos. Había cafés literarios, grupos de lectura, certámenes de diversa magnitud, talleres creativos, concursos de declamación, y toda una gama de posibilidades.
Hoy, poco a poco esas actividades han ido perdiendo importancia, al grado de que la práctica de la declamación es casi nula en el sistema educativo. Los maestros ya no estimulan esta capacidad en sus estudiantes; a los poetas se les ve, generalmente, como bichos raros. A ello se agrega que no existe preparación suficiente para leer connotativamente; es decir, interpretar el lenguaje simbólico que casi siempre encierra un poema. El sistema educativo está formando para enseñar a acatar órdenes, datos, recetas variadas para solucionar problemas.

Pero la poesía es más que eso. En cada palabra, en cada verso, en cada estrofa que conforma un poema, hay pistas que es necesario descubrir para entender el significado del mensaje. De ahí que escribir poesía no es precisamente hacer fotografías de ambientes, objetos o emociones, sino jugar con las palabras para producir efectos estéticos.
Esta semana, el poeta Matheus Kar y yo participamos en cuatro recitales de poesía en Puerto Barrios, Izabal, acto donde el joven bardo recibió un merecido homenaje por parte de la Dirección Departamental de Educación y la Asociación de Colegios Privados de aquella región. Nos llenó de emoción la significativa participación de estudiantes de nivel medio, quienes, junto a claustros de profesores, presenciaron dicha actividad con mucho interés. Creo que, frente a esta grata experiencia, podría suceder que no es que haya desaparecido el interés por la poesía; quizá se deba solo a que no existe el suficiente impulso para sembrar esta semilla en las actuales generaciones.

viernes, 20 de julio de 2018

Visión turística del indígena


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Los miles de intelectuales mayas no figuran en esta estrategia de visibilización.

Durante la inauguración de la Feria Internacional del Libro -Filgua 2018- se presentó un espectáculo de trajes típicos indígenas. Quizá todo habría pasado desapercibido si no hubiera sido porque quienes los portaban no eran indígenas, sino modelos con características ladinas.

Algunos grupos indígenas protestaron por ello, por considerar que se atenta contra sus tradiciones y costumbres, al dar al traje indígena un uso meramente turístico y no como una expresión de la cultura de los diferentes pueblos de origen maya.

Quienes entienden esta problemática argumentan que exhibir los trajes indígenas como meros elementos decorativos y folcloristas constituye un acto de racismo y discriminación, en donde se esconde la presencia indígena, no obstante que los pueblos originarios de América aún conforman el 41% de la población total de Guatemala. En otras ocasiones se ha presentado al indígena ante la comunidad internacional solo como un objeto turístico y no como un ciudadano con el pleno goce de todos sus derechos constitucionales.

En muchos afiches, videos e incluso películas filmadas por la generación “progre” los indígenas se presentan sólo en actividades domésticas, si son mujeres, y agrícolas o artesanales, si son hombres, cumpliendo el papel de promotores pasivos de la actividad cultural. Pero cuando se trata de impulsar la industria turística en el mercado internacional, los sujetos indígenas se sustituyen por personajes con rasgos anglosajones, luciendo coloridos trajes que distinguen a los pueblos mayas.

Las facciones físicas de los descendientes mayas no constituyen el criterio estético del mundo anglosajón, con su alta estatura, su piel blanca, cabellos relucientes y sus ojos claros. El indígena pose características totalmente contrarias, y aunque vistan trajes de los más vistosos del mundo, aparecen en los promocionales que se van al extranjero solo como sujetos de trabajos artesanales, domésticos o de subordinación patronal. Los miles de intelectuales mayas no figuran en esta estrategia de visibilización.

¿Es esta una estrategia consciente por parte de los impulsores del turismo? Quizá no. Lo que, ni duda cabe, es que constituye el reflejo de los 500 años de subordinación de una cultura cuyo esplendor está entre las más importantes del mundo, a una partida de aventureros venidos de ultramar, quienes, a fuerza de hierro y sangre, impusieron sus propias normas y con ellas, sus criterios estéticos.

No debe culparse a las chicas y chicos ladinos que, en un afán de quedar bien con el sistema, portan los trajes que no los representan, ni cultural, ni ideológicamente; pero sí debe llamarse a la reflexión a quienes promueven estos espectáculos para que tomen en cuenta que con los patrones culturales no se juega; y menos con quienes durante medio milenio han sentido el rigor de la esclavitud y el sometimiento. La protesta de los pueblos indígenas ante tal desaguisado no solo fue oportuna, sino plenamente justificada.

viernes, 13 de julio de 2018

La población indígena

Título original: Codeca

Ayer realizaron un homenaje en memoria de los líderes indígenas asesinados frente al Ministerio de Gobernación. (Foto Prensa Libre: Twitter)
Fuente: Imagen de Prensa Libre

Siete líderes han sido asesinados hasta la fecha; no se sabe a ciencia cierta, aunque se intuye, por qué manos criminales.

El sistema socio político de exclusión que prevalece en Guatemala desde los años de la intromisión violenta de los españoles en América nos ha predispuesto a anteponer la lente del prejuicio, a procesos de reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas y ladinos pobres. A los 300 años de la Colonia se suman los 200 de vida “independiente”, en donde las relaciones de poder han sido siempre desiguales, entre una mayoría que no tiene nada y una minoría que lo tiene todo.

Esta dinámica de poder ha generado un andamiaje económico, jurídico e ideológico que cohesiona el sistema de explotación y exclusión económica, social y política contra la mayoría de guatemaltecos. Entre estos se encuentra la población indígena que, a duro golpe, aun representa un considerable 41 por ciento. Su sangre se ha mezclado con otras expresiones étnicas, generando el mestizaje. Este comenzó a producirse desde los primeros días de 1524, cuando los gachupines tomaban a las mujeres como parte de su botín de guerra. Actualmente, un alto porcentaje de la población guatemalteca es mestiza.

De estos mestizos una considerable cantidad ha buscado su propia cohesión social y se autodenomina ladina; es decir, un criterio de identificación para no ser ni maya, ni mestizo ni negro, ni garífuna, ni español. Por cierto, el diccionario de la Lengua Española la define como astuta y sagaz.

En su mayoría, el aparato administrativo del estado ha sido cooptado por ladinos, quienes han hecho alianzas estratégicas con la élite económica del país:  hacendados, industriales, financieros y comerciantes que han consolidado un grupo orgánico en pensamiento y acción, legitimado por un aparato jurídico, político e ideológico que lo cohesiona. En 1871 se crea el ejército que ha constituido el brazo armado, garante de mantener el estatus quo. Durante muchos periodos de la historia, junto a otras fuerzas represivas del estado ha velado por la seguridad de quienes son los tatascanes del país.

En este contexto de lucha desigual, el Comité de Desarrollo Campesino, más conocido como Codeca, fundado en 1992, es un verdadero David en una lucha desigual contra Goliat, en su legítimo afán por conquistar su dignidad y derecho a labrar la tierra como su medio de subsistencia. Sus acciones han sido criminalizadas y puestos en el contexto de los medios de comunicación como vulgares delincuentes. No debe olvidarse que esta misma estrategia se siguió contra los grupos de lucha armada que pelearon por la dignidad del país durante 36 largos y cansados años.

Siete líderes de Codeca han sido asesinados hasta la fecha; no se sabe a ciencia cierta, aunque se intuye, por qué manos criminales. No se sabe cuántos más sucumbirán en esta batalla desigual, ante la cual, la población en general, obnubilada por el manto de la desinformación periodística, no logra ver en la obscuridad, con los ojos de la conciencia, lo justo de sus demandas. Algún día se hará la luz y esta cegará a los incrédulos. Quien tenga ojos, que mire.

viernes, 6 de julio de 2018

El efecto electoral mexicano



Algunos grupos rosa lila como los llaman Mario Roberto Morales y Matheus Kar, están haciendo cuentas de gran capitán.

El pasado 1 de julio, los mexicanos decidieron darle un nuevo rumbo a su país, eligiendo a Andrés Manuel López Obrador como su presidente. Pese a los vaticinios de fraude que algunos denunciaban, esta vez (la tercera, por cierto), AMLO se hizo con el poder y asumirá la responsabilidad de dirigir los destinos de uno de los países más poblados de América Latina.

Esta elección de verdad es histórica para los mexicanos ya que marca un viraje hacia la izquierda en la conducción del gobierno, lo cual abre rutas de esperanza para que, según las palabras del presidente electo, se aborden los problemas estructurales que han afectado a la mayoría pobre de aquel país. No sé si de verdad el nuevo gobierno aplicará la concepción de izquierda en la conducción de la cosa pública, porque, como dice el refrán popular, no es lo mismo verla venir que platicar con ella. Pero si esta ideología se aplica, en México cambiarían muchas cosas, marcadas por un creciente neoliberalismo que hace más pobres a los pobres y más ricos a los ricos.

De cualquier manera, estas elecciones abren un parteaguas en la historia de México en materia de cultura ciudadana. Las dos fuerzas políticas –el PRI y el PAN- que han hecho gobierno quedaron muy rezagadas en el espectro electoral. Será el nuevo presidente y su equipo de trabajo los responsables de ejecutar en el vecino país un pliego de reformas que resuelvan las dolorosas asimetrías entre quienes tienen mucho y quienes nada tienen, resultado de imponer el modelo del feroz y deshumanizante neoliberalismo, avalado por la rancia oligarquía.

En Guatemala, el giro electoral mexicano ha provocado ya las primeras reacciones. Algunos grupos rosa lila como los llaman Mario Roberto Morales y Matheus Kar, están haciendo cuentas de gran capitán, creyendo que, por ósmosis, aquellos cambios les allanarán el camino a triunfos electorales. Nada más alejado de la verdad, pues cada pueblo vive su propia dinámica, si no, ya estaríamos gobernados por la izquierda combatiente, tal como sucedió en El Salvador.

En el amplio espectro del desarrollo político y social, aquellas elecciones sí podrían producir algunos cambios en organizaciones de base, digamos, por caso, sindicatos (hoy de capa caída) y organizaciones campesinas. Con la victoria de AMLO se fortalece el Comité de Desarrollo Campesino –CODECA-, no para ganar, pero sí para posicionarse, ha indicado Matheus Kar en una breve charla. Por cierto, en un reciente conversatorio se abordó la participación de CODECA como una alternativa política y cultural al capitalismo.  

Los contactos y alianzas estratégicas que los líderes de esta organización, creada en 1992, puedan establecer con la dirigencia social del nuevo gobierno mexicano sí podrían incidir en un viraje de la política guatemalteca hacia el fortalecimiento de un movimiento de masas que, sin la contaminación dionisíaca ni cacifera, encuentre su propio derrotero como motor del cambio social.

miércoles, 4 de julio de 2018

Ave migrante


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Aquel cálido día del mes de abril entró en mi casa. Traía el ímpetu de un ave migratoria: directa, contundente y llena de ternura. Escogió el resquicio más profundo de mi alma y se posó, plácida, como si por siempre hubiese estado allí. El enjambre de estrellas que anida en sus ojos es lámpara en las horas mortecinas de mi tarde.


Ahora somos dos, compartiendo una quimera. No sé hasta dónde. No sé hasta cuándo.

Poesía Carlos Interiano