viernes, 25 de noviembre de 2016

ÉTICA EMPRESARIAL

Publicado en el Diario de Centro América el 25 de noviembre
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Un altísimo porcentaje de la gráfica del empleo está en manos de la iniciativa privada, vía las empresas productivas y de servicios.

No estoy en contra de la actividad empresarial, cuyo objetivo fundamental es generar ganancia por sus operaciones. En un mundo fundamentalmente capitalista la lógica empresarial es uno de los ejes transversales que guían la dinámica humana. La empresa genera empleo y produce los satisfactores básicos de los ciudadanos: comida, bebida, vestuario, medicina, seguridad, pasatiempo, recreación, vivienda, entre otros.

Los empresarios son la contraparte del gobierno, a partir de quienes se sostiene la vida productiva del país. Estos generan fuentes de empleo para millones de guatemaltecos por la vía del capital privado. El gobierno, por su parte, es el responsable de administrar la cosa pública y garantizar el buen mantenimiento de los servicios básicos, especialmente salud, educación, infraestructura y desarrollo social. No es, dentro de la lógica capitalista, un generador de empleo, aunque para garantizar sus funciones administrativas tenga que recurrir a crear plazas en los distintos renglones que establece la normativa nacional.

Sin embargo, un altísimo porcentaje de la gráfica del empleo está en manos de la iniciativa privada, vía las empresas productivas y de servicios. Nadie discute que si un día, por cualquier motivo, los empresarios decidieran paralizar su maquinaria productiva, la vida económica del país se vendría abajo. Con un día de huelga empresarial se perderían miles de millones de ingresos fiscales y ni imaginarnos lo que provocaría, por ejemplo, la no fabricación de pan, tortillas, embutidos, y un sinfín de alimentos. Cuando los carniceros deciden paralizar la venta de su producto, todo mundo tiembla ante el solo hecho de no consumir carne.

Ahora bien, reconociendo que el empresariado es una pieza importantísima en el ajedrez de la vida nacional, es también importante señalar que toda actividad productiva debe ceñirse por cánones éticos. Como toda actividad humana la actividad empresarial no debe lesionar los intereses ciudadanos, y mucho menos, los intereses de los trabajadores, sin cuyo concurso no sería posible la producción.

Esta ética empresarial se resume en los siguientes aspectos: reconocimiento de las prestaciones de ley, estímulo dinerario por productividad, respeto por los plenos derechos laborales garantizados en las leyes nacionales y en los tratados internacionales, distribución entre los trabajadores de la plusvalía productiva, entendida esta como aquella utilidad adicional que tiene la empresa después de descontar su margen de ganancia.


Existen muchos casos en los cuales las empresas someten a los empleados a excesivos horarios laborales, en condiciones infrahumanas, realizando descuentos en sus salarios o bien, manejando dobles contabilidades con el propósito de no reconocer salarios dignos o bien, para evadir el pago de impuestos al fisco. Obviamente el propósito de tales “economías” es engrosar los bolsillos de los propietarios o altos funcionarios de las empresas. Esto, a todas luces es antiético e inmoral. 

viernes, 18 de noviembre de 2016

NI TRABAJAN, NI ESTUDIAN

Publicado en el Diario de Centro América el 18 de noviembre


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No es fácil levantar un país cuya base social ha sido golpeada por fenómenos naturales y en medio de un clima de violencia extrema.

En Guatemala, ser joven tiene sus inconvenientes. No es tan fácil sobrevivir en un mundo donde escasean las oportunidades de realizarse como persona, tanto en lo laboral como en otros ámbitos de la vida. Quienes llegan a la mayoría de edad de pronto se encuentran en la encrucijada entre estudiar, trabajar o ambas cosas a la vez. Sin embargo, para un millón de jóvenes comprendidos entre los 18 y 30 años no se produce ninguna de las 3 opciones.

Por su situación de no trabajar ni estudiar se les llama NINIS, es decir, ni trabajan, ni estudian. Dicho concepto se comenzó a usar en Guatemala en el 2009, sin embargo, el fenómeno no es nuevo. Es sin duda, el resultado de desacertadas políticas de desarrollo, o la ausencia de estas, que garanticen una vida plena para todos los ciudadanos, especialmente la niñez y juventud. A esto se debe agregar dos hechos trascendentales en la vida nacional. Por un lado, el largo periodo de violencia que provocó el conflicto armado, el cual destruyó los vasos comunicantes entre la sociedad, y por supuesto, las oportunidades de inversión, tanto por capitales nacionales como extranjeros.

Otro hecho de suma importancia fue el terremoto de 1976 que dejó más de 23 mil muertos y una infraestructura literalmente en escombros. No es fácil levantar un país cuya base social ha sido golpeada por fenómenos naturales y en medio de un clima de violencia extrema, propiciada desde las estructuras mismas del poder público.

Estos y otros fenómenos socioeconómicos y políticos, tales como la pobreza y pobreza extrema, un sistema educativo diseñado para fracasar y no para preparar ciudadanos competentes, el escaso desarrollo económico del país, así como una visión del empresariado demasiado conservadora, amén de un prolongado y sostenido proceso de ruptura de las relaciones familiares, han provocado que hoy día esta masa que conforma la población económicamente activa, no tenga un empleo que le permita satisfacer sus necesidades básicas.

¿Si no trabajan, por qué no estudian? La pregunta tiene varias respuestas. Por un lado, el sistema educativo superior ha creado sus propios mecanismos que impiden el libre ingreso a quienes desean continuar sus estudios. Exámenes diseñados para hacer fracasar, quizá como una manera de filtrar a los potenciales estudiantes. Se debe reconocer que existe solo una universidad estatal virtualmente colapsada que no ha encontrado solución práctica al hacinamiento estudiantil. Esto ha generado una nueva categoría sociológica: Los SIN SIN, es decir, sin oportunidad para ingresar a la Usac y sin pisto para estudiar en una universidad privada, donde por cierto, cada vez son más altas las cuotas.


No debe extrañarnos que existan grupos de jóvenes que ante la falta de oportunidades dediquen su tiempo a holgar y a realizar actividades que les sirven de desfogue emocional y social, con la certeza que, de todos modos, sus padres asumirán los costos de su vida. Mientras tanto, observamos pasivamente cómo el país echa a perder lo mejor de su capital: su juventud.

viernes, 11 de noviembre de 2016

TRUMPudo

Publicado en el Diario de Centro América el 11 de noviembre


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Trump capitalizó exitosamente estos antivalores y le produjeron resultados favorables hacia su triunfo. Los votantes, contra todo pronóstico, en forma silenciosa emitieron su voto a favor.

Tal como había anotado en mi columna anterior, en política no hay nada escrito. Las pasadas elecciones en los Estados Unidos dan cuenta de ello. En una síntesis lapidaria podría decirse que Hilary Clinton ganó las encuestas de opinión y Donald Trump, la presidencia.

Los más agudos analistas de este proceso se devanan los sesos tratando de entender qué fue lo que sucedió que hizo que el candidato republicano se hiciera con la silla más importante en el mundo. Al margen de lo que pueda pensarse y cuyos argumentos sin duda tendrán mucho de razón, anotaré algunas ideas que me parecen importantes.

A nivel organizacional, tanto el partido demócrata como el republicano son verdaderas máquinas electorales, con equipos profundamente especializados en perseguir el voto hasta debajo de las piedras. Por tanto, no debe menospreciarse el poder de convocatoria de los partidos políticos. Aunque el candidato se haya peleado con algunos de los líderes republicanos, la estructura estaba funcionando a cabalidad, debidamente aceitada.

El discurso de Trump, a pesar de no tener experiencia política, sí tiene un amplio recorrido en el mundo empresarial, y esa imagen de hombre exitoso encarna los más arraigados valores del sueño americano. Es por tanto, un referente a seguir por millones de ciudadanos que anhelan amasar fortuna.

El discurso simple, franco y directo, sin retórica encubierta, señalando los errores de la actual administración y las debilidades de Hilary Clinton, así como los desaciertos del sistema político norteamericano actual, sin duda, caló profundo. A Clinton se le criticó por su actuar como secretaria de Estado y el manejo de la política exterior, además del sonado caso de los correos difundidos a través de su cuenta personal, caso en el que incluso el FBI ha iniciado una investigación.

El candidato ganador supo conectar su discurso con las actitudes de vida del norteamericano promedio: machismo exacerbado que no tolerarían que una mujer fuese su presidenta, xenofobia exorbitante, especialmente hacia los grupos inmigrantes de diferente nacionalidad, entre ellos, musulmanes y latinos, estos últimos amenazados con construirles un muro de contención en la frontera con México, autoritarismo excesivo evidenciado en la promesa de anular las políticas sociales aplicadas en la administración Obama, y un largo etcétera de antivalores que conforman la doble moral.

Trump capitalizó exitosamente estos antivalores y le produjeron resultados favorables hacia su triunfo. Los votantes, contra todo pronóstico, en forma silenciosa emitieron su voto a favor. Finalmente, el sistema de elección por cuerpos electorales, aunque se dice que es el más adecuado, pudo incidir en que finalmente se haya hecho con la silla presidencial.


En el plano internacional, el candidato triunfador tendrá que realizar enormes esfuerzos diplomáticos para cambiar la imagen gorilesca que le han producido miles de memes, sátiras y críticas que lo hacen ver como el abominable hombre de las nieves, capaz de espantar el sueño a más de un niño malportado.

viernes, 4 de noviembre de 2016

In God we trust

Publicado en el Diario de Centro América el 4 de noviembre

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Aunque algunas encuestas dan por ganadora a Clinton con un margen holgado de 9 puntos a su favor, nadie conoce a profundidad lo que encierra el corazón del norteamericano medio.


El próximo martes 8 de noviembre la vida norteamericana y, por qué no decirlo, la vida del mundo, estará iniciando una nueva ronda en su destino. Se efectuarán las elecciones presidenciales, precedidas de recias batallas campales entre los dos principales contendientes: la exsecretaria de estado Hillary Clinton y el magnate Donald Trump.

Las recientes encuestas adjudican el triunfo a Clinton, mujer fogueada en la política y cuyo protagonismo amortiguó las duras críticas que se le hicieran a su esposo, el entonces presidente Bill Clinton por aquel famoso escándalo con la exbecaria Lewinsky. Algunos, en una pócima de humor chapín lo bautizaron como “el caso Lenwisky”.

Por su parte, Trump, un hombre super experimentado en los negocios cuya fortuna rebasan los números de la imaginación, se presenta con una franca desventaja en el ruedo político. Su línea estratégica estuvo basada en recuperar la visión tradicionalista del norteamericano conservador que ve el comunismo hasta en el corazón de las sandías. Atacó sin misericordia a los migrantes, quienes acumularon una buena dosis de antipatía hacia el candidato y ha sido una de sus principales debilidades en esta contienda.

De los debates presidenciales no se puede decir mucho. Ambos candidatos tuvieron sus altas y bajas. Clinton, fuertemente criticada por su oponente por el caso de los famosos correos transmitidos en su cuenta personal, al punto que el propio FBI ha iniciado una investigación al respecto. Trump, por su parte, atrajo la mirada de altas personalidades de la economía, el arte, la política y los medios de comunicación más poderosos del país del norte por sus ataques sistemáticos al estilo de gobierno de Barak Obama, el tema de migrantes y la vida privada de la ex primera dama de los Estados Unidos.

Una cosa es segura. En política no hay nada escrito. Siempre puede darse un factor sorpresa. Y aunque algunas encuestas dan por ganadora a Clinton con un margen holgado de 9 puntos a su favor, nadie conoce a profundidad lo que encierra el corazón del norteamericano medio, aquel que propugna por la conservación de sus valores tradicionales, quien fue el público preferido a conquistar por Trump.


Sea como fuere, de lo que sí estamos seguros es que las grandes políticas a mediano y largo plazo en materia de seguridad exterior, economía y política no sufrirán grandes cambios, debido a que como sociedad, la norteamericana mantiene el pragmatismo como ruta de vida; y cuando se trata de defender sus propios intereses, tirios y troyanos se ponen de acuerdo. De cualquier manera, seguiremos leyendo en la moneda del país más poderoso de la tierra, aquel lema aprobado por el Congreso y cuya resolución fuera firmada por el presidente Eisenhower  el 30 de julio de 1956: In God we trust.

Los olores que nos nombran

Esta gama de olores conforma, en su conjunto, el bagaje cultural que es capaz de identificarnos en nuestra individualidad. Cuando era...