viernes, 27 de enero de 2017

¿PELIGRO DE FUGA?

Publicado en el Diario de Centro América el 27 de enero


Conozco a los hermanos Morales, Jimmy y Sammy, desde finales de los ochenta. Luego tuve la alegría de ser su profesor en la maestría en Dirección de Medios de Comunicación en la Universidad Panamericana, allá por el año 2 mil. Digo que fue alegría porque me daba gusto ver cómo se les acercaba la muchachada a pedirles autógrafos. Ellos, siempre alegres, risueños y atentos agradaban a sus fans con las respectivas firmas de un libro, un cuaderno o simplemente, una servilleta de la cafetería. Como estudiantes eran muy buenos y como personas, muy respetuosos y atentos.

El año pasado, durante el primer trimestre, tuve la oportunidad de ser profesor de José Manuel, hijo del hoy presidente Morales. Recuerdo que le comenté que su padre y tío, como estudiantes me habían dejado una buena impresión. Le dije que esperaba lo mismo de él. El tiempo se encargó de demostrarme que seguía el camino de su padre: un muchacho respetuoso, humilde, esforzado, no obstante, el cúmulo de trabajo que, según él, tenía, derivado de sus obligaciones como hijo del mandatario más sus atribuciones en la empresa de comunicación familiar en la que laboraba.

Dicen que no es bueno meter las manos al fuego por ninguna persona. Y quizá haya mucha razón en este consejo de ancianos. Por lo tanto, no puedo dar fe de lo que ocurría con los Morales fuera de las aulas universitarias. Tampoco soy juez ni nada que se le parezca para juzgarlos. A través de sus películas sabía de su éxito como artistas de la comicidad y la industria audiovisual.

Cuando saltó a la opinión pública el caso de supuesta corrupción, en el cual se mencionaba el nombre de Sammy y José Manuel, recuerdo que ellos acudieron al Ministerio Público a dar su declaración, no obstante que aún no se les había citado. En ese momento, el propio presidente Morales dio una declaración en la cual informaba sobre el infortunio y aseguraba que sería respetuoso del debido proceso. Creo que se ha mantenido al margen de interferir en el sistema de justicia.

Pero sucede que, en días pasados, con un despliegue de fuerza policial fueron conducidos a los tribunales tío y sobrino, implicados en este problema. Los medios de comunicación, como sucede siempre, vieron en este hecho, la oportunidad para convertir en mercancía barata, la noticia.

Pero lo más lamentable es que la jueza encargada del caso, les dictó orden de prisión preventiva. A pesar de no ser abogado, sé que este recurso legal se aplica a aquellos individuos de los cuales se sospecha que podrían fugarse. En el caso de Sammy y José Manuel ¿se habrían fugado teniendo como familiar cercano al propio presidente de la República?


Repito, no juzgo si son culpables o inocentes de los delitos que se les imputa. Simplemente considero que hubo exceso de poder al aplicarles una medida que bien pudo ser sustituida por prisión domiciliar en tanto aclaran su situación legal. Quizá en el actuar de la jueza hubo temor a lo que diga la prensa, el MP o la Cicig misma, no obstante que el comisionado Iván Velásquez declaró que los hoy señalados no se beneficiaron económicamente del caso.

sábado, 21 de enero de 2017

Cultura de hordas

Publicado en el Diario de Centro América el 20 de enero

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En una muy bien montada estrategia violenta, los antisociales siembran el terror generalizado.

En su acepción más pura, la horda constituyó, en la antigua civilización humana, un grupo nómada cuyo propósito era conseguir alimento para sus miembros. La horda no tenía un lugar de asiento y vagaba de un lado a otro. Esta organización primitiva dio paso a las tribus y los clanes.

En su estructura social, las hordas no respetaban roles sociales, vivían de manera semisalvaje y sus miembros obedecían únicamente a un líder cuyo poder radicaba en la fuerza física. La violencia era un factor al que constantemente se recurría para someter a sus miembros.

Al parecer, la sociedad guatemalteca está viviendo un efecto recesivo de aquellas formas de vida. Y aunque hoy se presume que están concentrados en zonas rojas, estos grupos marginales, llamados maras, en alusión al término “marabunta”, son individuos que se rigen por reglas propias de la cultura violenta. Mediante fechorías y extorsiones, atesoran grandes cantidades de dinero que utilizan no solo para vivir, sino para atascarse de droga y comprar armas que luego usarán contra la ciudadanía honrada.

Por supuesto, el fenómeno de las maras no es exclusivo de Guatemala. Más bien, es un problema importado que tuvo su inicio en los primeros años de la década de los ochenta. Algunos sostienen que es un efecto marginal de las migraciones de mexicanos, hondureños, salvadores y guatemaltecos hacia los Estados Unidos. Aunque se originó en los Ángeles, El Salvador, por ejemplo, ha sido la cuna de la mara Salvatrucha, con lo cual, nuestro vecino país no solo ha exportado pupusas de queso y chicharrón sino también estos raros especímenes.

Otro grupo delincuencial, la Mara 18, también inició sus operaciones en Los Ángeles. Comparten junto a la Salvatrucha un perfil de violencia, drogadicción, sedentarismo y asociación para el crimen. Sus cuerpos tatuados testimonian un mapa de su historia de vida, generalmente impregnado de muerte a los miembros de los bandos opuestos o castigos cometidos por amores no correspondidos.

No pasaría de ser un fenómeno cultural de los grupos antisociales cuyos códigos de relación se revelan en contra de las normas ciudadanas establecidas si no fuera porque su influencia nociva ha permeado el tejido social y hoy por hoy, atentan contra la seguridad del guatemalteco y su derecho al trabajo, a la distracción y una vida digna.


A diario se vive el efecto de estas hordas salvajes de nuevo cuño. Muertes, descuartizamientos, extorsiones, actos intimidatorios en los barrios marginales, mercados cantonales, paradas de buses, son solo algunas de sus fechorías. En una muy bien montada estrategia violenta, los antisociales siembran el terror generalizado. Basta ver su rostro y cuerpo tatuados para intimidar a la ciudadanía. Creo que han conseguido su propósito: crear pánico colectivo, sin que exista una acción orquestada y contundente desde el Estado para enfrentarlos. Capturar a varios de ellos en realidad no tiene mayor impacto. El problema continúa y se estrella en nuestro rostro.

viernes, 13 de enero de 2017

SACA TU ÁLBUM

Publicado en el Diario de Centro América el 13 de enero


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En la vida hay días buenos y días malos. A veces la adversidad se encarga de restregarnos en la cara los momentos de felicidad y siembra en nuestro ánimo la angustia, el desánimo y la congoja. Pareciera ser que una montaña inmensa sepultara nuestro deseo de vivir y queremos renunciar a todo.

En casos extremos este panorama desolador ha llevado a algunas personas a tomar la fatal decisión de quitarse la vida, y con ello, a privar a sus seres queridos de contemplar junto a ellas los amaneceres siempre llenos de esperanza. La muerte es, por supuesto, el punto donde se bifurcan los caminos, el antes y el después, aunque de esto último ya no sean sensibles quienes han traspasado ese umbral.

La vida nunca será un lecho de rosas, eso lo sabemos. La vida siempre planteará retos y destinos no esperados. Nadie sabe a ciencia cierta cómo vivirá al día siguiente de irse a la cama. Pero si hay paz en el alma, satisfacción por el camino recorrido, la actitud para enfrentar cualquier obstáculo será siempre positiva. Los expertos en charlas motivacionales recomiendan siempre una actitud positiva frente a la diferente problemática que se nos plantea. En el fondo, quizá no sean los problemas en sí mismos los que nos afecten sino la actitud con la que se asumen.

Recuerdo aquella anécdota de un individuo que iba a lanzarse al puente del Incienso, una tarde de verano, agobiado por sus problemas económicos. De pronto palpó que en su bolsillo había guardado un banano. Con maniobra pausada peló la fruta y lanzó la cáscara hacia atrás. Al momento de dar la primera mordida se percató que una persona iba detrás suyo recogió la cáscara para comérsela. En ese instante el potencial suicida se percató que a pesar de su difícil situación había otros que estaban en peores condiciones que él. Acto seguido compartió la mitad de su banano y descartó la idea del suicidio.

Siempre habrá una tabla de salvación. ¿Crees que todo ha sido difícil y gris en tu vida? Saca tu álbum, desempólvalo y recorre una a una las fotografías que guardas. ¿No es cierto que en la mayoría apareces con una sonrisa, o por lo menos, espabilado? Las fotos no mienten. Rara vez registras un hecho doloroso, y cuando lo haces, hay una circunstancia de peso para ello. Un álbum fotográfico es quizá el mejor testimonio de tus horas felices, placenteras, armoniosas, rodeado de amigos, familia, compañeros de trabajo, casi siempre en contextos agradables.


¿Tienes motivo real para estar pesimista o estás inventando una excusa para no ser feliz? Existen personas que hacen esfuerzos supremos para evitar transitar por los caminos de la felicidad y encuentran verdadero placer, enfermizo por cierto, en hacerse daño, y como consecuencia, provocar daño a sus seres queridos. ¡Saca tu álbum! Haz un inventario de cuántas personas has registrado con una sonrisa, a cuántas personas has abrazado, y quizá entonces encuentres un motivo para reinventarte. Y como dice aquel poema: esfuérzate por ser feliz.

sábado, 7 de enero de 2017

LA GRAN DIFERENCIA

Publicado en el Diario de Centro América el 6 de enero 2017

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Una persona puede tener mucho dinero pero si este ha sido adquirido de manera anómala, su valor como individuo es cero o menos cero.

En el campo de la competitividad empresarial e incluso en el aspecto individual, estamos sujetos a dos tipos de ventajas: las comparativas y las competitivas. Las ventajas comparativas son aquellas características que hacen posible que un producto sea preferido; sin embargo, al ser imitadas por otro productor, dejan de serlo. En el caso de las empresas que se dedican a producir tecnología, por ejemplo, lanzan al mercado productos cuyas características son imitadas al poco tiempo por la competencia, causando una pérdida de competitividad en las anteriores.

En cuanto a las ventajas competitivas son aquellas características duraderas en el tiempo que hacen que una empresa o producto sea preferido. Estas ventajas tienen que ver con características muy específicas que provocan fidelidad por parte de los clientes. Tales características pueden ser valores morales, éticos, estilo personal de administrar o servicio al cliente, entre otras.

En el ámbito personal las ventajas comparativas pueden tipificarse como aquellos rasgos físicos, económicos, circunstanciales y de otra índole que posee una persona pero que son pasajeros o fácilmente superables por otras. La edad, el peso, la talla, el nivel educativo, la situación socioeconómica o política son muestra de ello.

Las ventajas competitivas individuales son aquellos rasgos morales, profesionales, éticos o conductuales que hacen única a una persona, conformando el sello de su personalidad. Por ejemplo, entre dos profesores de matemáticas la ventaja competitiva de uno puede ser su estilo de enseñar la materia, la calidad de relaciones que guarda con sus estudiantes, su responsabilidad, puntualidad. En el otro profesor estas características pueden ser antivalores.

Estas ventajas, tanto comparativas como competitivas están relacionadas con el concepto de valor. Este último es el componente que da legitimidad y fortaleza tanto a una institución como a una persona. El valor no siempre está asociado al dinero, pero sí está asociado a características éticas, morales y de responsabilidad institucional o individual.

Así, una persona puede tener mucho dinero pero si este ha sido adquirido de manera anómala, su valor como individuo es cero o menos cero. En cambio, una persona puede tener muy pocos recursos económicos pero si es honrada, su valor es cien. En el primer caso, podría tener una ventaja comparativa que podría cesar en cualquier momento. En el segundo caso, la persona muestra una ventaja competitiva de primer orden.


Estos fenómenos se ven a menudo en el mundo político o en aquellos grupos cuya riqueza es de dudosa procedencia. Seguramente habrá observado usted a políticos que de la noche a la mañana aparecen con mucho dinero, poder e influencia; sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos pierden su patrimonio, tanto económico como aquellos valores que podrían ser heredados a su familia: la honradez, la ética, el honor y el prestigio. Ciertamente bienes intangibles pero que constituyen ventajas competitivas.

Poesía Carlos Interiano