viernes, 26 de diciembre de 2014

La dirigencia económica


Pero no los afecte con más impuestos, porque entonces arde Troya.

La aprobación del presupuesto anual del Estado es un fenómeno donde se dan cita tres fuerzas: la fuerza política, la económica, y el gobierno. La primera es representada por los diputados y sus respectivas organizaciones, así como la fuerza social-laboral, tanto afín como antagónica. La fuerza económica, representada por las cámaras empresariales aglutinadas en el Cacif. El gobierno, como ente administrador del Estado, constituye una fuerza comandada por los políticos de turno.

El resto de la sociedad se sienta, distante, a contemplar el circo. En un relajo de dimes y diretes, el famoso presupuesto es la manzana de la discordia. Con razón o sin ella, la dirigencia política y el gobierno aprueban por mayoría calificada, el monto global y la forma como se distribuye para satisfacer las obligaciones y compromisos adquiridos. Esa es la dinámica que sumerge cada año el penúltimo mes y cuyos efectos aun perturban la algarabía del mes de diciembre.

En el año 2013, el presupuesto para funcionamiento del presente no fue aprobado, de tal manera que el gobierno funcionó con el mismo paquete. Este año, por consenso de las bancadas mayoritarias y el apoyo de otras fuerzas políticas más pequeñas, se aprobó el documento que contiene las partidas de funcionamiento de todas las actividades del país. Algunos sectores interesados han reaccionado ante tal decisión política. Entre éstos destaca la dirigencia económica con pronunciamientos públicos en rechazo de la medida.

Es posible que el presupuesto de 2015 tenga algunas malformaciones; como toda obra humana, es imperfecto. Pero el punto medular que los empresarios han criticado de manera aireada es el incremento al precio del cemento, las líneas telefónicas y las “regalías” de la actividad minera, estas últimas dadas en forma de limosna y no como un impuesto legítimo por su actividad. Y aunque no a todos afecta, aducen que generará un incremento inflacionario generalizado.

Es sabido que Guatemala es uno de los países del continente que menos carga impositiva tiene y donde el sector empresarial es más pudiente y goza de mayores beneficios fiscales. Eso lo retrata como uno de los sectores más conservadores, con una visión capitalista de principios del siglo pasado, y no insertos en la nueva concepción de la economía mundial.


Se oponen a todo; a mejorar los salarios de los trabajadores, a pagar más impuestos, a ser fiscalizados de mejor manera (más bien, se oponen a la fiscalización del estado), a mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores; incluso, muchas empresas son sumamente conservadoras en la elaboración, presentación y distribución de sus productos, bajo la holgada lógica de la hegemonía industrial. Mire usted las inmensas colas que se forman en los bancos, en los supermercados, en cualquier puesto de distribución, por tener una limitadísima cantidad de empleados para atender al público. Con lo mínimo quieren obtener el máximo. Pero no los afecte con más impuestos, porque entonces arde Troya. 

domingo, 14 de diciembre de 2014

El Chavo del 8 (II)

La calidad interpretativa no puede sustituirse.

El genio de la comedia popular mexicana se ha ido, a sus 85 años. Pero ha dejado un legado cultural de entretenimiento que trascendió generaciones enteras, no hemos escapado a la contagiosa alegría de los personajes creados en una corriente de realismo mágico, envolviendo a millones de personas en un clima de “reírnos de nuestras desgracias” en un acto moral de “qué me importa”, si mi mal no tiene remedio, me río de él. Así de duras son las condiciones sociales y económicas en que viven millones de personas en el mundo; y si algo sale mal “fue sin querer queriendo”.

Imagen de Google

Inmersos en la industria de la cultura popular y de entretenimiento, los personajes del programa televisivo “Chavo del 8”, batieron records históricos en las más de cuatro décadas de transmisión. Con un efecto sucedáneo, cada día las personas se acomodaban frente al televisor (aun lo hacen) a sumergirse en los contenidos picarescos, burlescos y la mayoría de veces chabacanos cuya actuación era una personificación de estados socioeconómicos que se viven en el mundo de las vecindades.

Los efectos que el programa y sus personajes causaron en los telespectadores son diversos. En el lenguaje, por ejemplo, pueden acuñarse un sinfín de términos que si bien es cierto no son aceptados por la Real Academia Española, forman parte del universo discursivo de muchos. Es que no me tienen paciencia, se me chispoteó, fue sin querer queriendo, emprésteme, mírala, eh, solo para mencionar algunos. Tampoco se escapa la estructura fonética, sintáctica y pragmática de los diálogos, por demás, bañados con la salsa del humor mexicano.

El programa el “Chavo del 8” provocó una avalancha de imitadores que a lo largo y ancho del continente americano trataron de personificar a cualquiera de sus personajes, aunque, en verdad, como lo dijera Gómez Bolaños, para producir un programa igual que el original, tendrían que volver a nacer los mismos actores, ya que la calidad interpretativa no puede sustituirse. Habrá muchos Chapulines Colorados, muchas Chilindrinas, muchos Chavos del 8, pero ninguno como los originales.

Por cierto, Guatemala fue el primer país donde se divulgaron los primeros programas producidos por el genial comediante, actor y dramaturgo, Roberto Gómez Bolaños. En las barriadas, en los hogares de clase media, a una hora en punto se suspendían las actividades cotidianas para sentarse frente al televisor a reírse con las ocurrencias de los personajes del programa más visto en Latinoamérica. Hoy día, los niños aun disfrutan de la versión en caricatura de este contagioso programa.


Aunque algunos sociólogos y psicólogos han realizado análisis negativos de esta serie, la verdad es que, al final de cuentas, fue un aliciente para aglutinar a la familia, al menos una hora al día. Adiós Chavito, nunca te olvidaremos.

lunes, 8 de diciembre de 2014

El Chavo del 8 (I)




Algunos críticos afirman que el programa provoca un efecto narcótico, inmovilizador de conciencias.

El pasado 28 de noviembre murió el actor, dramaturgo y comediante más importante de Latinoamérica durante los últimos cuarenta años. Gómez Bolaños, conocido en el ambiente artístico como “Chespirito” creó múltiples personajes que encarnaron el drama de las “vecindades”, con una dosis de humor, a veces blanco, otras, una metáfora de la vida miserable que vive la mayoría pobre de México y los países del tercer mundo.


Imagen tomada de Google

En efecto, personajes tales como el “Chavo del 8”, el “Chapulín colorado” son una parodia muy bien lograda de antivalores que promueven por ejemplo “Ricky ricón”, Superman; el primero ostentando una sustracción económica de primer nivel, y el segundo, un súper poder capaz de desviar los ejes de la Tierra. Una lectura ideológica pintaría al Chavo como la expresión más extrema de la pobreza: sin casa, sin padres, sin comida, sin segunda mudada, vilipendiado por sus compañeros de vecindad. Edna Portillo opina que el personaje del Chavo pinta un estado no solidario de parte de sus vecinos al dejarlo desprotegido, viviendo en un barril. El mexicano es precisamente lo contrario, opina ella. Es solidario y buen vecino. Quizá la metáfora habría que buscarla en la necesidad de Bolaños de crear una figura pobre, sin caer en un estado de sórdida miseria, bañada con una buena dosis de humor, desencadenara precisamente “estados de solidaridad”, a la vez que, como es muy recurrente, los latinoamericanos nos “burlamos” de nuestra propia desgracia. Y cuando esta llega, nos tomamos una píldora de “qué nos importa”.

Desde que se difundieran los primeros programas del “Chavo del 8” en los primeros años  setenta, han corrido toneladas de tinta tratando de hacer análisis de diverso tamiz ideológico respecto a los personajes que encarnan actores de primer nivel como María Antonieta de las Nieves, Carlos Villagrán, Florinda Meza, Ramón Valdés, Rubén Aguirre, Angelines Fernández y el propio Roberto Gómez, interpretando a los principales personajes: El Chavo, el Chapulín Colorado y otros de menor importancia. Algunos críticos fueron duros y tajantes al publicar que dichos programas constituyen un entretenimiento pernicioso para la población pues provocan un efecto narcótico, inmovilizador de conciencias. Sin embargo, esas críticas más bien fortalecieron el rating de los programas.

Otros analistas, en cambio, sostuvieron que se trata de una dosis de humor blanco que contribuye a la unidad familiar pues reúne cada día, a cierta hora, a niños y adultos en derredor del televisor. De cualquier manera, a diferencia del Internet, la televisión ha sido el aparato que más poder de convocatoria familiar ha tenido desde sus inicios, allá por los años treinta.

Los últimos datos periodísticos reportan que el programa del Chavo del 8 ha generado 1.7 mil millones de dólares durante los más de 40 años de difusión. Una cantidad nada despreciable si tomamos en cuenta que el pobre niño de la vecindad rara vez tuvo dinero para comprarse una torta.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Racismo o doble moral

Publicado en el Diario de Centro América el 28 de noviembre de 2014



El paradigma racista que de manera subterránea subyace en la mayoría de ciudadanos.

Hace poco, Martín Banús, columnista del diario La Hora, publicó un artículo sobre el indígena, cargado de epítetos negativos y con una carga claramente racista. Banús logró su objetivo: que algún sector de la sociedad reaccionara y le dijera hasta de lo que se va a morir. El columnista puso el dedo en la llaga que lleva cinco centurias sin que asome una cura efectiva para sellarla de una vez por todas.
El discurso del columnista del diario La Hora es ni más ni menos que el paradigma racista que de manera subterránea subyace en la mayoría de ciudadanos, calcados en una sociedad conservadora, poco propensa al debate de altura, con un crítico interno que le encara a cada rato los "buenos modales" que debe observar al relacionarse en sociedad, pero que en la intimidad despliega con locura sus prejuicios y hace alarde de ellos.
"Los trapos sucios se lavan en casa", nos dicen, para esconder aquellas opiniones valorativas sobre la mujer, los indígenas, los pobres, los garífunas. Porque vaya usted a saber que así como existen prejuicios racistas, también los hay sexistas, clasistas. La gama es extensa.
A la niñez se le enseña una doble moral, la privada y la pública. "Ni se te ocurra decir eso en público porque te meten preso", escuché decir a un ladino que compraba frutas en el Mercado Central acompañado de su pequeño hijo, quien le preguntaba  a su padre "¿Y los indios se bañan? En la candidez del niño aún no cabía el rebuscado discurso de la doble moral.
¿Acaso en la esfera privada no se cuentan chistes sobre indígenas, garífunas, chinos, y hasta de "huitecos"? La doble moral se impone siempre, sonreímos de manera simulada, aunque por dentro sintamos una catarata de carcajadas. El yugo de la cultura dominante siempre se impone; y las víctimas de chistes sangrones son generalmente personas de escaso desarrollo económico, cultural y educativo. La sentencia lleva doble pena cuando se trata de grupos sociales sobre cuya cabeza ha caído todo el peso de la discriminación.
Escuché decir una vez en el discurso de un político que fue presidente de Guatemala "a nuestros indígenas debemos conservarlos y respetarlos", un eufemismo que conlleva un criterio racista y patriarcal.
El término "nuestros" encierra un concepto de pertenencia, como si se tratara de un objeto. Ese mismo político, en ejercicio de la presidencia le dijo a un grupo de garífunas de Livingston que había pedido audiencia: "Pasen adelante mis negritos".
Ejemplos de racismo, abundan. En un juego de argumentos previos Banús quiso poner en el tapete de la discusión la situación precaria en que vive la mayoría indígena de Guatemala. En dos columnas posteriores aclararía su intención.

Aunque para entonces, algunas voces que se acuestan santas y se levantas demoniacas gritaban a voz en cuello el discurso reivindicador que quizá el articulista quiso provocar a propósito. No lo conozco para preguntárselo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

¿Discapacitados?

Publicado en el Diario de Centro América el 21 de noviembre de 2014


Algunas personas son discapacitadas, porque poseen debilidad emocional y pobreza de valores.

Hace poco asistí como disertante en el foro organizado por el Consejo Nacional para la Atención de las Personas con Discapacidad –CONADI-. En dicho evento se analizó el rol de los medios de comunicación en la promoción de los derechos de las personas con discapacidad. Esta actividad se realizó en el contexto del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, a conmemorarse el próximo 3 de diciembre.

En dicho foro se abordó el tema del enfoque que algunos medios de comunicación le dan a la condición de discapacidad, para referirse a aquellas personas que poseen algún nivel de impedimento, ya sea físico o mental, congénito o provocado por enfermedad o accidente.

Al respecto, al abordar el tema de la discapacidad, existen al menos tres enfoques que producen en el imaginario colectivo un acondicionamiento de situaciones cognitivas mediadas por estereotipos sociales: el enfoque tradicional, el enfoque médico y el enfoque de derechos humanos.

Del enfoque tradicional podemos decir que la sociedad en general, y algunos medios en particular, se refieren a las personas con discapacidad con términos peyorativos tales como: lisiado, impedido, tullido, paralítico, incapacitado, etc. De acuerdo al enfoque médico o biológico, la persona con discapacidad es un enfermo o paciente/ no puede valerse por sí mismo/necesita ayuda.  Es un problema de salud. El enfoque de derechos humanos destaca que las personas con discapacidad son personas diversas, con dignidad intrínseca, con derechos y obligaciones ciudadanas.

Es muy común, y lo repiten las mismas personas que sufren discapacidad, que se le llame a alguien “discapacitado”, como si dicha persona estuviera en total nivel de disfuncionamiento personal; en otras palabras, como si se tratara de alguien inservible, elevado a la categoría de objeto. Claro que algunas personas son discapacitadas, porque poseen debilidad emocional y pobreza de valores, aunque no tengan impedimentos físicos o intelectuales.

En la ley de Atención de las personas con discapacidad, Capítulo VIII, artículo 60 se establece que el CONADI “Procurará a través de la Asociación de Publicistas de Guatemala, Dirección General de Radiodifusión y Televisión Nacional y Dirección de Espectáculos Públicos, para que las agencias de publicidad y los medios de comunicación, no hagan uso indebido de la imagen de las personas con discapacidad”.

Es urgente visibilizar el tema de la discapacidad en los medios de comunicación pero no desde la óptica tradicional o médica, sino desde los derechos humanos. Las personas con discapacidad también construimos ciudadanía a través del pleno ejercicio de nuestros derechos y deberes. 

El lenguaje es portador de sentido. Se debe generar un glosario de sinónimos que no demeriten la dignidad de las personas con discapacidad. En otras palabras, aparecer en los medios pero no con epítetos negativos ni mucho menos eufemismos. Dejar de ser reproductores de estereotipos para ser constructores de ciudadanía.

La izquierda cultural

Publicado en el Diario de Centro América el 14 de noviembre de 2014

Desde aquel verso rebelde de Otto René Catillo “Vámonos Patria, a caminar, yo te acompaño”.

El movimiento de izquierda en Guatemala durante los 36 años que duró el conflicto armado no solo fue de los alzados en armas. Estos fueron quizá, la punta del iceberg, y no necesariamente avalados por todos los ciudadanos con pensamiento revolucionario. 

Los frentes revolucionarios, aglutinados en un concepto de izquierda, formaron una fuerza cultural en muchos aspectos de la comunicación. Desde aquel verso rebelde de Otto René Catillo “Vámonos Patria, a caminar, yo te acompaño” que abanderó la producción literaria de los poetas jóvenes de la época, hasta la manifestación estética de los pintores, dramaturgos, cantantes, músicos, diseñadores gráficos, muralistas, escultores, filósofos, educadores, evangelistas que pregonaban las buenas nuevas con un discurso socialmente comprometido, el movimiento cultural de izquierda se ramificaba cada vez que el sistema opresor disponía cortarle alguna valiosa y revolucionaria vida.

Quién no recuerda, por ejemplo, aquella canción que prohibieron en algunas radios “Casas de cartón”, o aquellos actores de teatro de calle; o el grupo “Nalga y Pantorrilla” de Ciencias Económicas de la USAC; o los murales pintados en las paredes de la facultad de Ciencias Jurídicas: “Estudiante: sospecho que te vas a graduar de explotador”; o aquella miss Guatemala, Rogelia Cruz, asesinada por el hecho de ser estudiante universitaria (una bella flor, cortada con el puñal del rocío de la noche); o aquellos obreros que producían sus propias pancartas, sus mosquitos, sus volantes, sus mantas de denuncia; o aquellas veladas universitarias donde se le decía al régimen de turno “hasta de lo que se iba a morir”. ¿Recuerda usted aquella revista cuyo título sugestivo era “Entre broma y broma”; o el “No nos tientes” huelguero; o el desfile bufo que se convertía cada año en un banquete de denuncia social y política.

Y qué no decir, del discurso político de aquella época: Fito Mijangos López, Alberto Fuentes Mohr, Manuel Colom Argueta, Oliverio Castañeda de León, el más joven de los titanes de la oratoria política e ideológica en cuyos argumentos desfilaron las ideas de Federico Engels, Carlos Marx, Fidel Castro y tantos talentos de izquierda que ha parido la Tierra. 

Y por supuesto, un frente cultural también lo constituyó la moda, con un poco de ascendencia hippie. El discurso del vestuario y los efectos personales eran congruentes con el discurso ideológico. 

En las postrimerías del conflicto armado publiqué este poema titulado LA SEÑAL (1994): En la vida verás/silenciarse los fusiles/firmarse acuerdos/adjudicarse triunfos/declaraciones fastuosas/viajes de cinco estrellas/fingidas sonrisas/traicioneros abrazos/pero en el fondo/compañero/nunca te responderán/dónde está tu hermano/ni tus padres/ni tus hijos/hasta que tú/-dispuestas las uñas-/escarbes las raíces escondidas/de la historia/y señales/con nombres y apellidos/para que nunca más/tus sueños/desvanezcan.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Piel de culebra

Publicado en el Diario de Centro América el 7 de noviembre de 2014


Al fin y al cabo, la piel no tiene ideología, ni principios éticos, ni colores definidos. Es un tejido muerto que puede dejarse en el camino.

Algunos políticos tienen piel de culebra. Cual culebras se arrastran y a su paso, de vez en cuando, van cambiando la piel sin inmutarse siquiera; a diferencia de las culebras, algunos políticos visten diferentes colores: amarillo, verde, azul, naranja, morado, rojo. Existen políticos variopintos, aquellos que quieren quedar bien con Dios y con el diablo. Otros, se levantan azules y anochecen naranjas, o verdes, o rojos, según sea la circunstancia.
Algunos se dicen orgullosamente políticos de carrera, es decir, quienes nunca han trabajado en un empleo remunerado o en el emprendedurismo empresarial; otros fueron empleados públicos o privados, pero ya lo olvidaron; es más rentable vivir de la política. Un amigo mío repite a menudo: me tengo que ir, alguien tiene que trabajar; no todos podemos vivir de la política.

Y es que en la política se consiguen buenos ingresos (legítimos algunos, ilegítimos otros), se roza con el jet set, se degustan buenas bebidas espirituosas sin costo personal alguno, se saborean buenas viandas, algunas cargadas al presupuesto general de gastos de la Nación, otras financiadas con recursos de dudosa procedencia. Además se visten casimires y sedas de altísimo costo que un mortal cualquiera no alcanzaría a comprar ni con el sueldo de un año entero. La política da para vivir en lujosas mansiones, olvidándose de pagar la renta, se duerme en camas alucinantes y se hace el aseo personal en sitios de elegancia extrema.

Este nivel de vida que se dispensa para un político es quizá una de las causas más relevantes de su permanente cambio de piel; al fin y al cabo, la piel no tiene ideología, ni principios éticos, ni colores definidos. Es un tejido muerto que puede dejarse en el camino sin que afecte el modus vivendi de sus dueños.

Cuando un partido político ha sucumbido ante el carnaval de placeres y deseos satisfechos, los políticos "zafan bulto" y se brincan al terreno del vecino. Allí hay ganado cuya leche les espera casi siempre, calientita y a borbotones. La cosa es estar siempre pegado a la teta de la vaca y no soltarla siquiera para respirar. El que parpadea, pierde, se dice en el caló político.

¿Ha presenciado usted el abrazo de dos políticos? ¿Ha notado cómo resuenan las palmadas en la espalda del otro, mientras le guiñan el ojo a un tercero? Recuerdo aquella fábula en la cual un sapo salva a un escorpión del peligro de caer al agua. El sapo le advierte al animal ponzoñoso:"No me vayas a picar". El asustadizo bicho le responde que no tenga pena. Sin embargo, en cuanto estuvo a salvo, antes de bajarse le insertó su afilado aguijón. "Lo siento mucho", - se disculpó, "picar es mi naturaleza, está en mis genes". Más allá de cualquier circunstancia adversa, los políticos buscan "estar siempre en la jugada", como suelen repetir cada vez que se les saluda.

viernes, 31 de octubre de 2014

El Topo ha muerto

Publicado en el Diario de Centro América el 31 de octubre de 2014

image_jotac.php
Eran tiempos difíciles, en los cuales era fácil radicalizarse.
Conocí a Elías Barahona allá por los años 70 en la antigua Escuela Centroamericana de Periodismo (ECAP), hoy Escuela de Ciencias de la Comunicación, Universidad de San Carlos (Usac). Eran tiempos difíciles, en los cuales era fácil radicalizarse. Yo iniciaba mis estudios de periodismo; él era director interino de la Escuela.
En el fragor del proceso de transformación que sufrió la antigua ECAP, Elías conformó un grupo de estudiantes y profesores para participar en política universitaria. Mis compañeros de promoción y yo formamos parte de ese grupo. En ese entonces había un equipo conformado por docentes y estudiantes que propugnaban por la lucha armada como vía para transformar revolucionariamente al país. “Don Lía”, como le llamé desde que comencé a tratarlo como amigo, nos hablaba pausada y reflexivamente sobre la razón del movimiento estudiantil universitario. Nos inspiraba confianza aquel joven periodista y profesor universitario.

Durante aquellos años violentos y estando en el poder el general Romeo Lucas García, “Don Lía” se desempeñaba como relacionista público del ministro de Gobernación, Donaldo Álvarez. Nos conmocionó su intempestiva conferencia en la que denunció las atrocidades del régimen y su exilio que duraría largos años. Alguna vez me lo encontré en Nicaragua, en donde le di un sincero abrazo de amigo. “Hace ratos que te había visto”, me dijo. ¿Y por qué no me hablaste?, le respondí. Y con esa paz interior que siempre le caracterizaba me respondió: “No quería comprometerte, por aquí hay muchos orejas del régimen”.

Pasados muchos años de exilio, Elías Barahona, el Topo, regresó a Guatemala. Me lo encontré por casualidad en la rectoría de la Usac. Durante ese tiempo yo dirigía la Escuela de Ciencias de la Comunicación y lo invité a regresar a ella como profesor. Desde esos años, “Don Lía” fue docente en esa casa de estudios hasta su reciente retiro de la institución.  Lo vi siempre acompañado de su pequeña hija, quien siempre lo acompañaba porque no tenía con quién dejarla en casa. Esa actitud suya no me causaba molestia sino todo lo contrario, me sirvió para dimensionar su alta calidad paterna.

Por ironía de la vida, fui profesor de “Don Lía” en la licenciatura en Periodismo y en la maestría en Comunicación para el Desarrollo. Brillante estudiante, comprometido con la academia y fundamentalmente con la ciencia.

La última vez que lo vi fue en la 6a. avenida de la zona 1, andaba con dificultad, apoyado en su bastón. Conversamos un rato, durante el cual me dijo que le gustaría que fuese su asesor de tesis de doctorado. Tenía pensum cerrado en dos doctorados, uno con la Usac y otro con una universidad española. Le manifesté mi alegría por esos éxitos académicos. 
No fui a la velación ni a su entierro. Quise ir, pero no fui. Supongo que no quería asistir a un funeral donde él sería apenas un puñado de cenizas y quise quedarme con nuestra última conversación donde ofrecí asesorar su tesis. La oferta sigue en pie, aunque tengamos que esperar a que yo también traspase las fronteras de la vida.

viernes, 24 de octubre de 2014

¿Reorganización de la izquierda?

Publicado en el Diario de Centro América el 24 de octubre de 2014
De todos los problemas que aquejan al país se suele mencionar sus efectos, mas no sus causas.
Hace algunas semanas se llevó a cabo un acontecimiento que, según algunos políticos y analistas sociales, es un punto de partida para “reorganizar la izquierda en Guatemala”. El entrecomillado tiene la intención de poner en duda si alguna vez la izquierda ha estado organizada en nuestro país. Si por izquierda entendemos aquella fuerza ciudadana capaz de impulsar cambios políticos, económicos, sociales y culturales con una visión diferente a los que impulsarían los sectores conservadores (de derecha).
Se dice hoy día que hablar de izquierda y derecha es volver a una visión rebasada de interpretar la sociedad y los cambios que experimenta. En términos pragmáticos a lo mejor tengan razón en virtud que el mundo contemporáneo ha sido atravesado por una suerte de pensamiento uniforme a partir de los esquemas transnacionales que impactan en todos los mundos de la vida ciudadana: el productivo, el simbólico, el cultural, el científico y especialmente el tecnológico.

Las universidades, como centros de formación de recursos humanos de alto nivel, se niegan hoy a producir debate académico en relación con el pensamiento de izquierda y derecha. Los llamados “tanques de pensamiento” se han decantado por una manera muy estandarizada de entender las intrincadas relaciones que conforman el tejido social y sus dinámicas de producción, intercambio y consumo de bienes y servicios. De todos los problemas que aquejan al país se suele mencionar sus efectos, mas no sus causas.

En el último tramo del conflicto armado guatemalteco se produjo la articulación de los movimientos de izquierda armada en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). Sin embargo, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que dicha unificación fue más pragmática que doctrinaria, toda vez que sus combatientes y simpatizantes en cada grupo continuaron pensando, sintiendo y actuando desde el reducido espectro de su propia organización y no en función de la organización suprema.

Fuera de esta articulación quedaron sectores que no se vieron representados en la URNG pero cuyo pensamiento reclamaba cambios por la vía política y la educación. Quizá estos sectores nunca formaron parte de las fuerzas insurgentes porque su perfil de lucha no era la vía armada. En este sentido, la izquierda es más que las fuerzas aglutinadas en las antiguas organizaciones guerrilleras.

Esta izquierda, como una manera de entender el mundo y practicar las relaciones sociales en todos los ámbitos, me temo que nunca ha estado organizada. Quizá alguna vez pueda estarlo en un movimiento político que aglutine el sentir, pensar y actuar distintos a las organizaciones políticas que cada vez se desprestigian más. 

Esta izquierda contribuiría a un cambio de paradigma en la forma de hacer política en Guatemala. Por el momento habrá que esperar que una alborada sobrepase el silencio de la noche.

viernes, 17 de octubre de 2014

Las políticas culturales

Publicado en el Diario de Centro América, el 17 de octubre de 2014


Pintura del maestro Roberto Cabrera, copiada de Google



Agitar la vida cultural del país para construir una sociedad con democracia y participación que alcance la paz.
El Ministerio de Cultura y Deportes se crea durante el gobierno de Vinicio Cerezo Arévalo mediante el Decreto Ley 25-86. La nueva institución que sustituiría a la Dirección General de Cultura y Bellas Artes tendría bajo su cargo la formulación, ejecución y administración descentralizada de la política cultural y artística de la nación guatemalteca. También se le asignaba la función de preservar y mantener el patrimonio cultural y la difusión de valores culturales y cívicos de la Nación, así como impulsar la recreación y el deporte no federado y no escolar. Toda una hazaña para un ministerio que nunca ha tenido los recursos financieros necesarios para cumplir con tamaña función.

Durante los primeros días del gobierno de Ramiro de León Carpio me solicitaron que presentara al despacho presidencial una propuesta de políticas culturales para Guatemala. En un afán de contribuir con la vida cultural de Guatemala, elaboré un documento con algunas políticas en este sentido, entre las cuales destacaron las siguientes: investigación, protección, difusión y prácticas culturales.

No obtuve ninguna respuesta al documento enviado. En este se detallaba la propuesta de crear una línea de investigación cultural cuyo propósito sería desentrañar los secretos de la creación cultural de los guatemaltecos, tanto de las llamadas culturas populares, ancestrales, como de las obras de alta creación. En esta línea de investigación estaban incluidas todas las expresiones: el arte, la literatura, la música, la danza, la pintura, hasta las prácticas culinarias y los más vistosos atributos de la vida cotidiana.

En la línea de protección cultural se enumeraba una serie de acciones que, según mi entender, debían desarrollarse para proteger la cultura. Entre estas medidas estaba una consistente actividad de búsqueda y repatriación de bienes culturales, hasta acciones para proteger y estimular los derechos de autor, así como la protección de patrimonio de la Nación en todas sus expresiones.

En la difusión se proponían acciones concretas que permitieran la difusión de la diversidad cultural del país por todos los medios necesarios. Entre ellas se recomendaban alianzas estratégicas entre Gobierno y medios de comunicación, así como el fomento y desarrollo de los medios oficiales alineados en la difusión multicultural del país.

En cuanto a las prácticas culturales se proponía una serie de eventos que, de manera descentralizada, se pudiesen realizar en todo el territorio. Recuerdo que en esta política era central el papel de las casas de la cultura de todo el país, organizando festivales de toda índole, certámenes, eventos musicales, concursos, etcétera. Agitar la vida cultural del país para construir una sociedad con democracia y participación que alcance la paz.

En el año 2000 llegó a mí un diagnóstico realizado por un experto argentino respecto a la política cultural del país. En el anexo de ese documento me sorprendió encontrar mi propuesta como la política vigente hasta ese momento. Cosas de la vida.

Poesía Carlos Interiano