miércoles, 28 de septiembre de 2011

POBREZA Y SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Resumen

Existe una íntima relación de antagonismo entre la pobreza y la sociedad del conocimiento, la era en que el mundo está experimentando sus más variadas formas de interacción social.

El presente artículo aborda dos temas fundamentales que debieran formar parte de la discusión académica en las universidades y centros educativos como son la pobreza y la sociedad del conocimiento: sus características, implicaciones y resultados. En este ejercicio académico se ofrecen datos estadísticos tomados de los principales informes socioeconómicos que se producen en el país y aderezados con categorías de análisis que han sido abordadas por teóricos experimentados en la materia.

Palabras clave: Pobreza. Conocimiento. Educación. Cibersociedad.

Introducción

No cabe duda que el mundo ha cambiado dramáticamente en los últimos 30 años. Estos cambios han impactado en todos los ámbitos de la vida humana. En las primeras 6 décadas del siglo XX se hablaba con toda propiedad de la era industrial. Luego, pasada la mitad de ese mismo siglo se comenzó a hablar de la era de la información, dado el acelerado avance de los medios masivos de la información: la radio, la televisión, los satélites y las redes telemáticas. Todos estos acontecimientos dieron vida a lo que hoy se denomina como sociedad del conocimiento.

La sociedad del conocimiento, llamada por algunos teóricos como Cibersociedad se funda a partir de la expansión de la comunicación virtual y la posibilidad de que los seres humanos produzcamos bienes y servicios sin importar las distancias. Sin embargo, el impacto de la sociedad del conocimiento no se queda solo en esta característica. Abarca más que el mero proceso de producción. Es más, rebasa esta posibilidad, en el sentido que hoy día los seres humanos requerimos conocimiento como un bien en sí mismo, capaz de ser vendido y adquirido en el libre mercado pero que nos es indispensable para poder insertarnos en las cadenas de producción de distinta índole.

De esta cuenta, los centros educativos de distinto nivel están enfocando sus intenciones de rediseño curricular para crear y fortalecer aquellas competencias destinadas a conseguir que los educandos sean gestores de su propio conocimiento, aplicando para ello diversas metodologías educativas y dotándoles de mayores capacidades de manejo en tecnologías de información y comunicación –TIC-.

Los retos son grandes para un país como Guatemala, que aun no logra resolver sus problemas estructurales de pobreza y rezago educativo y tecnológico. Sin embargo, esto no significa que debamos quedarnos de brazos cruzados. Al contrario, debemos acelerar el paso para acercarnos lo más posible al ritmo que marchan los países donde la sociedad del conocimiento es el nuevo escenario de la convivencia y la interacción.

Sociedad y conocimiento

El desarrollo de la Humanidad ha estado ligado indefectiblemente a la manera como los diferentes grupos humanos gestionan y aplican el conocimiento. Entiéndase por este todo el acervo cultural, científico, tecnológico y humanístico que el ser humano ha ido acumulando a lo largo de su historia. No está demás indicar que existen diferentes expresiones del conocimiento que van, desde el conocimiento empírico y cotidiano hasta el conocimiento científico. En el medio encontramos otros tipos de conocimiento tales como el religioso, el político, el conocimiento intuitivo, hasta el conocimiento común u ordinario.

Ha sido basta la producción del conocimiento que la Humanidad ha acumulado desde que comenzó a dejar huella de su paso por la Tierra. Sería un esfuerzo descomunal tratar de sistematizarlo en todas las áreas de la actividad. Basta girar la mirada por lo más inmediato que nos rodea para darnos cuenta que nos envuelve una cultura nacional y mundial en la cual cada ser humano ha impreso, en todas las épocas, el sello de su particularidad y también de su sentir como ser colectivo.

Hoy día se habla de sociedad del conocimiento, en un intento por hacer una distinción entre la sociedad del siglo XX, llamada sociedad industrial, cuya característica más visible fue quizá la producción en serie de los bienes y servicios de consumo humano. En ese siglo dio inicio la informática y la telemática, como dos grandes herramientas que servirían a la Humanidad para acortar procesos y distancias y que provocarían un repensar en los procesos de producción de conocimiento, dado el apoyo sin precedentes de la tecnología de la información y la comunicación. En la segunda etapa de la sociedad industrial se acuñó un nuevo término: la sociedad de la información, dado el acelerado y cuantioso avance los medios masivos de comunicación. Esta denominación persistiría hasta finales del siglo XX.

El mundo de finales de esa época vio comprimirse la sociedad mundial (comunicacionalmente hablando) con el surgimiento del internet, un proyecto que inició con los primeros experimentos en los laboratorios militares de mitad de ese siglo, en el pleno fragor de la Guerra Fría, cuya denominación se conoció como sociedad industrial.

Ya a finales del siglo XX el mundo académico usó un nuevo cuño para la época que estábamos viviendo. Nace así, la llamada sociedad del conocimiento, cuyo principal soporte es la comunicación virtual, dando origen así a otro término bastante inquietante: la cibersociedad. Este nuevo enfoque ha traído consecuencias inmediatas en la cotidianidad, replanteando desde las relaciones familiares hasta las relaciones comerciales, empresariales e industriales. Una nueva manera de hacer ha impactado en una distinta manera de ser y de autodefinirse: el ser cibersocial.

El impacto de las transformaciones del ser social en cibersocial se ha dejado sentir en muchos campos, desde la familia y la vida comunitaria, hasta la tecnología, la ciencia, la educación y la cultura en general; al mismo tiempo que ha modificado las relaciones sociales de producción y en muchos casos, los mismos medios de producción. Los esquemas de producción industrial se han vuelto obsoletos y el principal producto que hoy adquiere un valor sin precedentes en la historia humana es el conocimiento.

Los grandes centros científicos del mundo, las universidades, los institutos de investigación se afanan hoy más que nunca por valorar y producir conocimiento más que objetos mercantiles. El conocimiento se ha vuelto en sí mismo una mercancía de alto valor.

Los indicadores de la pobreza en Guatemala

De alguna manera Guatemala está ya inserta en la lógica de la sociedad del conocimiento, ampliando cada vez más su base tecnológica. Al respecto, Meir Finkel señala que “El conocimiento, en forma de información y datos, circula y circulará libremente en la red; el espacio de redes es un contexto tangible, compuesto por cables, fibras ópticas, dispositivos y equipos, entre otras tecnologías. La esfera de la gestión del conocimiento es más difícil de imaginar por su característica intangible. Se trata de un espacio "extenso e inmediato" donde el hombre interactúa usando la red; en un mundo en que las máquinas –sólo aparentemente– serán más útiles que los hombres; para comprender esto se puede imaginar un escenario carente de conocimiento y otro escenario donde fluye el conocimiento”. (Tesis doctoral, octubre 2009).

Finkel señala además que “Sin pretender dar predicción alguna, se podría pensar que en el 2012, Guatemala presentará una red de comunicación y tecnología que servirá de soporte a la inclusión de la sociedad guatemalteca a la nueva estructura cibersocial que presenta la sociedad global de redes. El especialista Manuel Castells se refiere a la transformación de la red social hacia un nuevo paradigma: la sociedad red (Castells, 1995:36-41). Se puede pensar que la transformación tecnológica incidirá en la transformación social, y este cambio social se reflejará en el cambio en el pensamiento, consecuentemente la transformación educativa hacia el año 2012 será irreversible y se apoyará en las TIC’s” (2009).

De acuerdo a los razonamientos anteriores, podría decirse que el mundo guatemalteco ha quedado partido en dos. Por un lado, la avalancha tecnológica (sobre todo en TIC) se nos ha venido encima. En el 2011 cerca de dos millones de usuarios están conectados a la web, ya sea en su hogar, en su oficina o bien, acudiendo a cafés internet. Los jóvenes y adultos tempranos son quienes más usan internet y las redes sociales. Se calcula que un millón de personas usan Facebook y Twitter.
Por otro, los indicadores de pobreza nos ubican como uno de los países más rezagados en el mundo. Somos el país con mayor nivel de desnutrición infantil en Latinoamérica. Visualmente la radiografía de la desnutrición en Guatemala es la siguiente:



Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI 2006, publicada durante en agosto de 2007 el 51% de los guatemaltecos vive en condición de pobreza, lo cual equivale a 6 millones 625 mil 892 habitantes de un total de 12 millones 987 mil 829 calculado para ese año. El 15.2% vive en condiciones de extrema pobreza (1 millón 976 mil 604 personas), mientras el 35.8% en pobreza no extrema (4 millones 649 mil 287 de personas). La ENCOVI determina que la línea de pobreza extrema tiene un valor anual per cápita de Q3,206 equivalentes a Q264 al mes, la cual incluye únicamente el costo de consumo mínimo en alimentos por persona al año, mientras la línea general tiene un valor de Q6,574 que incluye el costo de consumo mínimo en alimentos más un consumo mínimo en bienes y servicios complementarios por persona al año con un monto de Q540 al mes por persona.

En algunos departamentos el nivel de pobreza ha ido en aumento. Según dicha encuesta, departamentos como Zacapa, Izabal, Chiquimula, Chimaltenango e incluso Guatemala, ha incrementado sus niveles de pobreza. Al menos esto revela el siguiente cuadro:



Según los datos de la encuesta en mención, son alrededor de 16 departamentos los que superan el promedio nacional de pobreza del 51%. En Quiché alcanza al 81% de la población, en Alta Verapaz el 78% de todas las personas son pobres. Sololá no dista mucho de este panorama pues alcanza el 74%; el 71% en Totonicapán y Huehuetenango; el 70% en Baja Verapaz, el 65% en San Marcos y el 60% en Jalapa y Chimaltenango, entre los más afectados.

Los departamentos con mayor concentración indígena son los más afectados por el flagelo de la pobreza. Por ejemplo, aquellas comunidades con población Kaqchikel tienen un 62.6 de pobreza. En el pueblo Kiché llega a 64.4. Por su parte, el pueblo Qeqchi presenta el 83.5 de pobreza. El pueblo Mam es el más perjudicado, ya que alcanza el 90 por ciento de pobreza y un 34 por ciento de pobreza extrema.

Este cuadro de inequidad en la distribución de la riqueza impacta directamente en las condiciones generales de bienestar social y económico y fundamentalmente se ve reflejada en los niveles de escolaridad que alcanza la mayoría de la población. En este retrato de problemas sociales es la población concentrada en el área rural la más relegada; y dentro de esta, la población indígena.

En el ámbito educativo las cosas no están mejor. Según el Informe de Desarrollo Humano 2009-10 Guatemala es el país centroamericano que menos invierte en la educación. El presupuesto nacional solo le dedicó en el año 2010, el 2.1 por ciento del PIB, en tanto que en los otros países de Centroamérica invierten alrededor del 5 por ciento del PIB. Como datos ilustrativos veamos los siguientes indicadores:
• En el nivel pre-primario, la tasa neta de escolaridad es del orden de 49.0 por ciento.
• En el nivel primario, la tasa neta es de 95.1 por ciento, pero solo la mitad de quienes tienen acceso al nivel primario alcanzan el sexto grado.
• En el ciclo básico la tasa neta es de de 37.2 y en el ciclo diversificado, de 20.1.
• La tasa de analfabetismo es del orden de 69.1. Esto último a pesar de las campañas de alfabetización emprendidas por los gobiernos desde el presidente Alfonso Portillo a la fecha.
• Solo el 2 por ciento de graduados en el nivel medio tiene acceso a la educación superior universitaria.

El siglo XXI y la sociedad del conocimiento

La sociedad del conocimiento está íntimamente ligada al desarrollo educativo de cada país. Existe entre estos dos conceptos una relación de causa y efecto. Es decir, a medida que se incrementa el nivel educativo también se incrementa el potencial de convivir en este nuevo orden social.

Hasta finales de los ochenta del siglo pasado, se hablaba de una sociedad industrial y posteriormente de sociedad de la información. Esta característica de la producción de bienes y servicios marcó el siglo XX y la segunda mitad del siglo XIX. Fue la época de oro de la maquinaria impulsada por la electricidad, del surgimiento y desarrollo de los medios electrónicos de comunicación y de los viajes del Hombre al espacio, aunque también marcó el uso de tecnología para sostener dos insensatas guerras mundiales.

Sin embargo, en la última década del pasado siglo, el mundo comenzó a experimentar una nueva forma de producir bienes y servicios, ayudado esta vez por los más avanzados sistemas de comunicación satelital y el cada vez más dinámico y atrevido mundo de la computación. Internet se desarrolla a pasos agigantados y con esta nueva herramienta de convivencia mundial se crean nuevas formas de interactuar en la ciencia, la tecnología, la economía, la vida cotidiana y la cultura en general. A tal grado que en el mundo académico comenzó a hablarse de una nueva era. Comienza a tomar auge el concepto de Sociedad de la Información o Cibersociedad y con éste, la era del conocimiento o Sociedad del Conocimiento, como le llaman los teóricos más entusiastas.

Mucho se ha dicho ya de esta era; abundan los autores que han aportado interesantes y profundos trabajos analizando los pros y los contras de esta nueva forma de gestionar el conocimiento. De tal manera que no nos detendremos en este trabajo a caracterizarla.

Lo que sí nos interesa es destacar la brecha que existe entre la sociedad informada de nuestro siglo y aquellos sectores sociales marginados por décadas que hoy constituyen una inmensa mayoría, muchos de ellos subsistiendo con un dólar promedio diario. Esto hace que Guatemala sea un país dicotómico, económica, social y educativamente, en donde los beneficios de una producción derivada de la sociedad del conocimiento aun no se dejen sentir.

A pesar que herramientas de comunicación como el teléfono móvil sean hoy día instrumentos que han pasado a formar parte de la canasta básica del guatemalteco (según algunos cálculos estaría llegando a 14 millones de aparatos telefónicos en Guatemala) el uso de Internet alcanza apenas a dos millones de habitantes, algo así como el 14 por ciento de la población total. Esta realidad se hace más evidente si tomamos en cuenta que alrededor del 30 por ciento de la población no sabe leer ni escribir y vive todavía en condiciones de extrema pobreza.

Por supuesto que en este mundo dicotómico entre pobreza y riqueza, existe una considerable capa de población que tiene acceso a los medios de comunicación de última generación, lo cual les permite vivir, convivir y producir en un mundo cada vez más interconectado, haciendo uso de las herramientas que han generado las tecnologías de la información y la comunicación. Pero singuen siendo parte de ese porcentaje que no es representativo de la mayoría de población. La llamada clase media tiene acceso a estas formas avanzadas de comunicación, generalmente concentradas en colegios privados de alto nivel, universidades privadas, empresas, y los menos afortunados, en cafés internet.

Vale recordar que el vínculo entre la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento es tenue; y en Guatemala está siendo representado por los sectores de clase media y media alta, cuyos jóvenes y adultos que oscilan entre los doce y cuarenta años tienen un dominio generalizado de las nuevas formas de comunicación que provee internet. Los sectores populares urbanos tienen la opción de asistir a cafés internet. En los sectores rurales existe mucha limitación para tener acceso a estos servicios no obstante que las grandes compañías de telecomunicaciones extienden cada vez su cobertura a todo el territorio nacional. Producir y transmitir conocimiento por la red es en todo caso, una posibilidad que cada vez se extiende en todo el país, no obstante las limitaciones socioeconómicas antes señaladas.

Por supuesto que para lograr una mejor inserción en la sociedad del conocimiento deben crearse condiciones tanto materiales como culturales. En cuanto a condiciones materiales es preciso poner en vigencia de una política nacional sobre nuevas tecnologías de la información y la comunicación como herramientas que posibilitan el acceso a esta nueva era. También es necesario adecuar el currículum educativo a las exigencias que plantea la sociedad del conocimiento, dotando a estudiantes y profesores las herramientas necesarias para acceder a este nuevo mundo. Estas condiciones crearán a mediano y largo plazo cambios significativos de carácter cultural que en un país como Guatemala, no estarán exentos de críticas y señalamientos por sectores interesados.

Conclusiones

El mundo interconectado de hoy exige a las sociedades entrar en la nueva era del conocimiento, en donde cada ciudadano debe ser responsable de gestionar información para formarse competencias para la vida. Una de las características de la sociedad del conocimiento es que prepara a los ciudadanos para hacer uso de las tecnologías de la información y la comunicación que les permiten resolver problemas sin importar distancias ni barreras idiomáticas o culturales. El mundo de hoy acerca a los seres humanos a través de la red y los hace producir bienes y servicios sin que las distancias sean un obstáculo.

La sociedad del conocimiento se ha ido desarrollando a medida que las tecnologías de la información y la comunicación se desarrollan. Son dos sucesos paralelos, indisolubles pero al mismo tiempo complementarios. No obstante que en Guatemala cerca de dos millones de personas hacen uso de internet, la brecha aun es grande para alcanzar la sociedad del conocimiento. A esto se agrega que tenemos un significativo índice de analfabetismo en lecto-escritura y también un importante índice de analfabetismo informático.

A pesar de los esfuerzos que se han realizado en Guatemala en materia educativa en los años de la era democrática, aun persisten considerables asimetrías. Por un lado, una enorme masa magisterial sin las condiciones materiales para desarrollar su labor y en muchos casos, con rezagos científicos y tecnológicos. Cada vez el sector magisterial es más grande, pero también es cierto que cada vez está más depauperado, con salarios que apenas llegan a un promedio de 400 dólares mensuales. Los niños y niñas son ciudadanos que en su gran mayoría forman parte del sector en pobreza y pobreza extrema, lo que hace aun más difícil la labor educativa de los maestros.
No obstante los grandes problemas estructurales que se deben enfrentar, ingresar en la era de la sociedad del conocimiento es una ruta a seguir para estar a tono con el mundo interconectado de hoy.

Referencias

Castels, Manuel (1998). La era de la información. Madrid: Alianza Editorial.
De la Cruz Escoto, Jesús (2003). Sociedad del conocimiento: Retos, oportunidades y estrategias para Guatemala a principios del Siglo XXI. Madrid: Universidad Pontificia de Salamanca. Tesis doctoral.
Finkel, Meir (2009). SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO GUATEMALA: El desarrollo histórico del actual modelo cibersocial apoyado en innovación tecnológica. Guatemala: Universidad Panamericana. Tesis doctoral.
Instituto Nacional de Estadística –INE- (2007) .Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI 2006. Guatemala: versión digital.
Joyanes, Luis (1997). Cibersociedad: Los retos sociales ante el nuevo mundo digital. Madrid: McGraw-Hill.
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD- (2010). Informe Nacional de Desarrollo Humano 2009-2010. Guatemala: Magna Terra Editores.

martes, 21 de junio de 2011

25 DE JUNIO, DÍA DEL MAESTRO




En Guatemala se celebra cada 25 de junio el Día del Maestro. Para quienes escogimos esta carrera es una fecha muy especial, llena de múltiples significados asociados a la profesión docente: fe de servicio, responsabilidad, respeto, sentido de investigación, cumplimiento del deber, liderazgo positivo, construcción de ciudadanía, y tantos otros que por el momento se me escapan.

Yo tuve la dicha de haber escogido desde mis años más tempranos, esta línea de vida: ser maestro. A esta tarea me didico desde aquel lejano 1973, cuando hacíamos nuestras prácticas docentes en una pintorezca aldea de Chiquimula, la siempre bien recordada "Perla de Oriente".

Eran tiempos de muchos sueños; realizados algunos, otros, simplemente postergados por los años de los años. Sin embargo, de algo estoy seguro: no haberme equivocado en elegir mi carrera de nivel medio, Maestro de Educación Primaria Urbana, estudiada en aquel excelso Instituto Normal para Varones de Oriente -INVO-.

De mis primeros años de maestro recuerdo con mucho cariño a cientos de niños y niñas que tuve en las aulas, a quienes tuve la gran satisfacción de enseñar las primeras letras, los primeros números, las primeras reglas de convivencia social, las primeras reglas de higiene personal...Eran tiempos donde la Tecnología de la Información y la Comunicación aun constituían una utopía. Nuestra cajita tecnológica se reducía a cartulinas, marcadores y láminas impresas (compradas por nosotros los maestros), yeso, almohadilla pizarrón negro. Pero éramos felices y estoy seguro que nuestros niños y niñas también lo eran. Lo que había en abundancia eran sonrisas, abrazos, consejos, respeto a más no poder, entrega total a nuestra labor magisterial.

Aun llevábamos sobre nuestros hombros la gratificante aunque pesada carga que encierra la frase de José Martí: "Y me hice maestro, que es hacerme creador". Y en las aulas poníamos lo mejor de nuestra imaginación para recrear en la mente de los niños y niñas un mundo paralelo de fórmulas, frases, datos, anécdotas, historias, consejos, que más tarde habría de servirles para abrirse campo en la vida.

Hoy los años han pasado. Se cuentan por décadas. Aun ejerezo docencia en las universidades. Sigo siendo (y consintiendo ser) maestro. Es una profesión que me gustaría ejercer en la otra vida, porque en esta, no creo dejarla por mucho tiempo.

Y aunque la tecnología se ha constituido en una avasalladora limitante para muchos maestros, hago el mejor de mis esfuerzos para aprehenderla y usarla en lo posible. No sé (esta palabra tampoco se tilda hoy día pero yo lo sigo haciendo) si estoy en lo correcto, y la verdad, ya no me interesa averiguarlo. Simplemente sería una pérdida de tiempo centrar mi atención en establecer si la tecnología nos ha hecho menos o más sensibles.

Simplemente me interesaría saber que los maestros de hoy usamos la tecnología para dar lo mejor de nosotros para los otros.

A todos los maestros, hombres y mujeres, que aun tienen y gozan el privilegio de proyectar su pensamiento en la raza humana, mis mejores deseos porque este 25 de junio la pasen de lo mejor.

martes, 22 de febrero de 2011

INTERNET: Recuperación del diálogo social



Imagen tomada de la red

Nota: Este artículo fue publicado por Carlos Interiano en la revista Comunicología, Escuela de Ciencias de la Comunicación, Universidad de San Carlos de Guatemala (2009).


RESUMEN

En el presente ensayo se ofrecen algunos elementos de discusión en torno al uso de Internet como herramienta que ha contribuido a recuperar el diálogo social. Además se presenta un esbozo de lo que ha sido el imperio de la televisión durante 70 años, es decir, de la década de los años treinta al dos mil.

Durante el tiempo que la televisión acaparó la atención de millones de ciudadanos en todo el mundo, se presupone que se produjo un proceso de resquebrajamiento del diálogo social, ya que este medio provocó un proceso de enclaustramiento ciudadano, en donde lo que prevalecía era una relación ser humano-caja mágica, con el consiguiente deterioro de las relaciones familiares, sociales y comunitarias.

PALABRAS CLAVE: Televisión, Internet, diálogo social, cibernautas, comunicación masiva.

INTRODUCCIÓN

Eran las postrimerías de los años veinte, en Inglaterra, cuando la BBC de Londres emitiría las primeras señales de televisión. Algo similar sucedería en Estados Unidos en 1930. Ya para mediados de esa década la televisión se había enseñoreado en varios países del mundo. En Guatemala no sería sino hasta inicios de los años cincuenta cuando haría su ingreso triunfal.

De esa fecha, hasta 2000, la televisión se había adueñados de la mayoría de hogares del mundo. En un hecho sin precedentes en la historia de la Humanidad, este medio de comunicación fue capaz de redefinir las relaciones sociales, quebrar el diálogo como herramienta de interacción humana y sustituirlo por acciones cada vez más aisladas, sobre todo en las áreas urbanas de la mayoría de países. Sólo la vida rural escaparía, al menos en Guatemala, a esta nueva praxis comunicativa.

Hoy día, y a partir de la década de los noventa del siglo pasado, se replantean las relaciones sociales, motivadas por un nuevo medio de comunicación: el Internet. Y si bien es cierto que es un medio que demanda presencia, postura y la atención de vista y oídos, es una herramienta que está contribuyendo a devolver la capacidad de diálogo a los seres humanos, redefiniendo de esta manera, las relaciones sociales que antaño fueron cautivas por la televisión.

EL DIÁLOGO COMO HERRAMIENTA PARA LA COMUNICACIÓN EFECTIVA

Cuando dos personas se miran a la cara y expresan lo que contiene su corazón o su razón, se produce un proceso de producción de signos que termina por crear un clima de empatía y consecuentemente, de mutua simpatía. El diálogo es una herramienta efectiva que contribuye a la armonía humana, familiar o social.

Mediante el diálogo, la Humanidad entera ha dado innegables pasos en la búsqueda de su desarrollo integral; también es cierto que cuando este se rompe, se recurre a otros mecanismos, entre ellos la fuerza de cualquier naturaleza. De allí que dialogar significa “hacer de mutuo conocimiento” estados anímicos, afectivos y cognoscitivos. Gracias a esta capacidad humana se conciben grupos humanos armónicos, ya sea familiares, o comunitarios.

Por milenios, los diferentes grupos que conforman la Humanidad utilizaron el diálogo, no sólo como herramienta política sino también como medio de vida. Mediante este recurso de comunicación, los grupos se reunían alrededor de su líder para intercambiar experiencias de la más variada especie. También ha servido como efectiva herramienta de interacción familiar. Piénsese por ejemplo, en el diálogo que se establece durante la cena, o en cualquier reunión de familia o amigos.

En el diálogo se experimentan una mezcla de fuerzas de carácter psico-social que constituyen los lazos invisibles de la interacción: las llamadas fuerzas propulsoras e inducidas, las que, bien mezcladas producen el milagro de la interacción positiva en los seres humanos. Sin embargo, mal usadas, contribuyen a resquebrajar estas relaciones. Estas fuerzas son inherentes al ser humano, y le han servido como dispositivos naturales para provocar la interacción social.

Y desde antes que se comenzara a utilizar el lenguaje articulado, los seres humanos tuvieron que usar mecanismos de comunicación dialógica, tales como las reuniones en grupo, las danzas y otros ritos que le daban vitalidad a su existencia. El lenguaje articulado vendría después, y con él las más sofisticadas herramientas de comunicación.

Dentro del amplio espectro de comunicación dialógica podemos ubicar a la comunicación familiar. Esta se establece, en un primer vínculo, entre la madre y el recién nacido (incluso, en el vientre materno) y se va ampliando con la relación del niño/a y otros miembros de la familia. La comunicación familiar estimula el concepto de autoestima en el niño/a y sienta las bases para su seguridad emocional futura. De esta manera, los niños que crecen en un ambiente de diálogo, serán personas seguras de sí mismas en su adolescencia y en su vida adulta.

LOS MEDIOS MASIVOS Y LA INTERRUPCIÓN DEL DIÁLOGO

Es un hecho incuestionable que el inicio y desarrollo de los grandes medios masivos de comunicación, especialmente la televisión, redujeron los espacios de diálogo social, arrinconando esta potente capacidad humana a un lugar secundario en el tejido social. Precisamente el término masa vino a sustituir los términos familia, vecino, amigo. Se obligó a los seres humanos a enclaustrarse en un mundo simbólico que les fue preparado previamente y en el cual poco o nada tenían de participación.

En esta lógica discursiva, los seres humanos, de seres dinámicos se volvieron personas estáticas, acríticas, conformistas y muchas veces, desidiosas. Los medios masivos pensaban y actuaban por ellos. De estos tres medios masivos (y masificantes) ha sido la televisión la que más críticas ha recibido, dada su capacidad para acaparar todo el entorno del espectador, ya que, como es sabido, se necesita del ojo, del oído y de la postura para poder absorber los mensajes que difunde. No sucede lo mismo con la radio, la cual no necesita de mayores recursos de atención más que el oído dispuesto a escuchar.

Durante los 70 años que la televisión fue dueña y señora del espacio vital de los ciudadanos, sobre todo, los ciudadanos de las ciudades, el diálogo como instrumento de comunicación social sufrió una ruptura que acabó con los espacios de discusión familiar, la amena charla entre amigos y vecinos y terminó por crear nuevas pautas de comportamiento social, en donde las conductas aisladas fueron las más notorias.

De hecho, quienes crecimos en la era de la televisión tenemos mucho de mutismo, individualismo y una visión estática de la realidad, a tal grado, que nos conformábamos con observar los acontecimientos en diferido. Esto debido al desarrollo de la industria cultural con dos de sus más grandes herramientas: el cine y la televisión.

Con la herramienta del diálogo quebrado, los grandes medios se ocuparon de llenar este vacío existencial, a lo que Lazarsfeld llamaría en su momento, el tiempo de ocio, para denominar a aquel espacio que los seres humanos no dedicamos a las actividades productivas.

La convivencia familiar, los eventos sociales entre vecinos y amigos, la asistencia a los lugares públicos, se transformó en esos años del imperio televisivo en espacios cerrados, tan sólo para los individuos, en su esfera individual, en sus creencias y gustos personales.

En Guatemala, este fenómeno mediático y masificante por supuesto, no se vivió en los sectores rurales; o al menos, no se vivió con la misma fuerza que en las áreas urbanas, en donde, casi literalmente, el aparato de televisión sustituyó la presencia de la madre u otra persona adulta encargada de atender las actividades lúdicas de niñas y niños. Fue la caja mágica quien se encargaría durante esos largos setenta años en preparar generaciones y generaciones de seres humanos dispuestos al consumo, a la inacción y sobre todo, a la producción de un nuevo discurso social: el mediático, en donde la voz de lo colectivo sucumbe ante la voz del individualismo.

LA NUEVA HERRAMIENTA DEL DIÁLOGO

Con la nueva herramienta tecnológica, el Internet, existe una tendencia a recuperar el diálogo. Hoy día, es común comprobar que a través de este nuevo medio de comunicación, millones de personas en todo el mundo, intercambian conocimientos, ideas, emociones, juegos, entretenimientos, recetas, ideologías, y todo, cuanto sea posible enviar y recibir en tiempo real. Se han instaurado las nuevas comunidades virtuales y las redes sociales. Entre estas son significativas a nivel mundial Facebook, Hi5 y Twiter, entre otras.

Hoy día, las redes sociales en Internet, son formas de interacción dinámica entre personas, grupos e instituciones en contextos de complejidad, cuya característica básica es tener un sistema abierto y en construcción permanente que involucra a personas con similares problemas, intereses y necesidades.

Esta nueva dinámica de producir diálogo, sin embargo, ha propiciado también nuevas formas de interactuar. Y a la verdadera identidad de la persona se agrega una doble identidad, el pseudónimo. Utilizando pseudónimos de la más variada especie, los cibernautas se agregan a las grandes redes sociales; y aunque algunos salen del anonimato, incluyendo sus datos personales reales e incluso fotografías, en realidad no es garantía que se esté estableciendo comunicación dialógica con una persona en particular.

Otra característica de esta nueva manera de producir diálogo son los mensajes cortos. De varias pulsaciones, los cibernautas se comunican. Lo mismo sucede con los famosos mensajitos que se transmiten vía teléfonos móviles.

Pero también existen posibilidades de incorporar la cámara web (Webcam) y los audífonos en conversaciones interpersonales o en interacción entre miembros de pequeños grupos, además del chat y por supuesto, los blogs y el correo electrónico; ente último, una herramienta de comunicación en diferido.

No escapa a ningún ser humano, con elementales conocimientos de computación, la posibilidad de ponerse en contacto con cualquier persona en el mundo, a través de cualquier dispositivo electrónico o mediante plataformas virtuales de la más variada gama y posibilidades.

El mundo se ha vuelto un pañuelo. Pero en ese pañuelo de incontables dobleces, cabe la voluntad de comunicación del ser humano, así como su incuestionable capacidad para encontrar siempre nuevas formas de interactuar, crear y construir.

Por supuesto, la vida cotidiana de la aldea ya no es hoy lo que era hace algunas décadas. El diálogo social se construye aplicando las más modernas herramientas de la tecnología que ofrecen las TIC. Es verdad que ya no es un diálogo de cuerpo y sangre, pero sí es un diálogo con cuerpo digital, satelital e inalámbrico. Estamos allí, viéndonos, “tanteándonos”, aunque no podamos palparnos en carne y hueso. Al menos, todavía no.

CONCLUSIONES

Cada vez Internet marca la pauta sobre las nuevas formas de producir diálogo social. Lo sintético de los mensajes que se intercambian, se ve compensado con la cantidad de usuarios que pueden abarcar, ya que, en el ciberespacio, no existen restricciones de tiempo ni distancias.

Esta nueva era en las comunicaciones sociales está provocando cambios fundamentales en las conductas de los individuos. Si bien es cierto, el carácter sedentario de la televisión se ha trasladado al mundo del Internet, sus modos de operar son abiertamente contrarios. Al carácter unidireccional de aquella, se opone el carácter interactivo de ésta.

Los jóvenes de hoy, sobre todo, los que provienen de las áreas urbanas, se mueven en la frontera de dos mundos informativos: el masivo, apuntalado por la radio, la televisión y la prensa escrita, y el virtual, con la incorporación cada vez más ágil de estos tres medios masivos al ciberespacio, donde, esperan, podrán encontrar audiencias aun vírgenes y por supuesto, nichos de mercado aun por explorar.

viernes, 18 de febrero de 2011

335 ANIVERSARIO DE FUNDACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS DE GUATEMALA




Nuestra gloriosa Universidad de San Carlos de Guatemala nace en la cintura de la Edad Moderna, un 31 de enero de 1676, por real cédula del Rey Carlos II de España. Para entonces, quien daría vida a una de las instituciones de mayor trascendencia en la vida académica, política y social de Guatemala, contaba tan sólo con catorce años de edad.

La historia registra la azarosa vida del Rey Carlos II, quien heredaría el Trono cuanto contaba con tan sólo cuatro años de edad. Sin embargo, en los anales de la historia quedó grabado aquel memorable día que su Alteza diera vida a la tercera universidad en América Latina, la que a partir de entonces, iniciaría una fructífera vida académica y trascendería a todas las latitudes con ilustres y tesoneros talentos guatemaltecos.

A decir verdad, el obispo Francisco Marroquín ya la había gestionado desde 1548 y cuyas acciones duraron varios años, exponiendo el beneficio que obtendría el Reino de Guatemala, si se le concedía una universidad como la de San Marcos en Lima, o la de México, ambas fundadas en 1551.

En el estudio sobre el origen de nuestra gloriosa Alma Mater se puede constatar que el capitán Pedro Crespo Suárez, correo mayor del Reino había dejado un legado de 20,000 pesos de oro para la fundación de la universidad. Sin embargo, dichos esfuerzos tampoco fueron atendidos por la Corona Española.

Siglo y medio después, el obispo Fray Payo Enríquez de Rivera reiniciaría las gestiones para la fundación de nuestra universidad. Corría el año 1660. 16 años después dichas gestiones obtienen por fin, sus frutos anhelados. La Real Universidad de San Carlos había sido creada. Según dicha cédula real, tenía una jurisdicción local. Fue el romano Pontífice Inocencio XI quien la elevará, diez años después, a la categoría de Pontificia, con facultad de enseñar en cualquier parte del mundo.

335 años han pasado desde aquella memorable fecha. Durante este transcurrir la Universidad de San Carlos ha pasado por diferentes momentos históricos, tanto a nivel mundial como nacional. Sus aulas han sido el recinto de discusión y análisis de los diferentes problemas que han afectado al mundo; también han sido la caja de resonancia de las ideas generadas en el mundo, tanto en el plano intelectual como político y social, y en innumerables ocasiones han sido el centro del debate nacional, abordando diferentes temáticas.

El pasado de nuestra querida casa de estudios ha sido un continuum de hechos relevantes de donde es necesario obtener lecciones aprendidas. Quien no aprende del pasado está condenado a repetir los mismos errores, a sufrir los mismos problemas y a caminar en círculos perniciosos, sin salidas victoriosas. Es imperioso estudiar el pasado para no quedarnos en el pasado. Pero al mismo tiempo es necesario fijar nuestra mirada en el horizonte del futuro, pues es el devenir que debemos construir con nuestra experiencia, nuestro conocimiento y nuestra vocación de universitarios.

Estos 335 años nos deben servir para reflexionar sobre lo que hemos hecho, pero fijar nuestra atención en lo que nos falta por hacer, en los caminos no recorridos, en las exigencias que nos impone nuestra realidad actual, de cara a participar en la solución de los diversos e ingentes problemas nacionales, que por mandato constitucional le corresponde a la USAC.

De tal modo que dejaremos de lado la historia para reflexionar sobre lo que debe ser nuestra Alma Mater, de cara al futuro y forjar nuestro pensamiento con las mejores ideas que surjan desde los colectivos sociales que la integramos: profesores, estudiantes, trabajadores y egresados. La sociedad guatemalteca agradecería profundamente que tomáramos acuerdos sobre vías de solución conjunta a los diferentes problemas que nos aquejan, tanto al interior de la institución como en el orden de la vida nacional.

En este orden de ideas, los retos de la Universidad de San Carlos son muchos.
En lo financiero, se tiene que mantener una actitud vigilante y proactiva para que se respete el aporte constitucional que por ley nos corresponde. Actualmente, a la Universidad se le adeuda varios millones de quetzales, provenientes de la asignación de años anteriores, sin que hasta el momento se hayan ingresado a las arcas universitarias.

En el orden administrativo, se debe hacer más eficiente y eficaz la intervención humana, generando procedimientos que tiendan a resolver, sin retardo ni contratiempos, los diferentes procesos que se tramitan en la institución. Cabe recordar que una buena administración es aquella que está al servicio del ser humano y no contra éste. En este sentido, todos los trabajadores tienen que empeñar lo mejor de su esfuerzo, capacidad y dedicación para facilitar procesos y procedimientos, acordados en ley, con el propósito de dinamizar la vida académica y productiva de la Universidad de San Carlos. En esta dinámica de trabajo deben insertarse todos: desde las más altas esferas de la administración hasta los niveles operativos y de servicio. Una administración positiva es aquella ejecutada en forma eficiente, eficaz y amablemente servida.

En estos nuevos retos que debemos asumir como universidad, la formación del talento humano es el punto medular de nuestra existencia. Hemos superado los primeros diez años de un siglo que plantea para la Humanidad impensables retos y problemas que resolver. Como universitarios, no somos ajenos al deterioro ambiental, al crecimiento descontrolado de la población humana y a la disminución de los recursos naturales para su sostenimiento. Tampoco somos ajenos a los cambios geopolíticos que se marcan en el plano internacional, a las luchas intestinas entre poderes y contrapoderes (legítimos e ilegítimos), al fortalecimiento de grupos que actúan al margen de la ley. Como institución de educación superior no debemos ignorar los nuevos acontecimientos científicos y tecnológicos, los movimientos políticos, los cambios en las corrientes de pensamiento, las nuevas direcciones en lo estético, la demanda de patrones éticos en las grandes decisiones nacionales y mundiales.

Todos estos factores demandan nuevas miradas hacia las metodologías y estrategias que estamos aplicando para la formación del talento humano. De sus aulas debe egresar aquella fuerza profesional, con capacidad, conocimiento y competencia para insertarse en la problemática nacional e internacional, y desde allí, impulsar las acciones necesarias para resolverla.

Debemos reconocer que en esta ruta se han dado pasos significativos. Sin embargo, es necesario acelerar el paso en algunos aspectos. Es urgente repensar algunos procesos y estilos de formación académica con los que se está formando a los profesionales de mañana.

Esta discusión de fondo debe ocupar la mente de los universitarios de hoy, incorporando aquellas medidas necesarias en el proceso de formación del estudiantado. El proceso de reforma universitaria es un espacio apropiado para llevar a cabo estos procesos de discusión y análisis pero también debe llevarse la discusión al seno mismo de las aulas, donde se encuentra lo mejor de la masa gris universitaria: los jóvenes y sus profesores. La Universidad de San Carlos será en el futuro cercano, el resultado de nuestras acciones y de las decisiones que tomemos en el presente; y aquí nos incluimos los egresados de sus aulas.

Mucho se ha dicho que nuestra Universidad de San Carlos es grande entre las grandes del mundo. Y es verdad. Pero esta grandeza es un reto que debemos asumir con responsabilidad, armonía y decisión, para hacerla crecer y trascender, en el plano nacional y en el concierto de universidades del orbe. Y no podemos competir si no es con calidad y pertinencia. Esto nos obliga a repensar el modelo educativo con que se está desarrollando la masa crítica universitaria. En este sentido es preciso desarraigarnos de los atavismos que nos impiden ver más allá de lo nuestro; y buscar en los cuatro puntos cardinales del mundo las experiencias, las lecciones aprendidas de otros colectivos académicos para tomar ejemplo, para imitar sus fortalezas y enmendar nuestras debilidades.

No hay nada más pernicioso en la vida de un académico que el prejuicio y la aversión a lo desconocido. Esta reflexión nos impone el reto de abrir nuestra mente a nuevas posibilidades de hacer ciencia, de construir academia, de formar profesionales. No podemos, ni debemos, quedarnos en el pasado. Nuestro mandato, como institución de educación pública superior es caminar sobre hombros de gigantes y avanzar, con la preocupación puesta en lo que nos falta por recorrer, más que por el camino recorrido.

Tenemos la tarea de repensar la educación superior en función de las competencias profesionales que demanda la sociedad de nuestro tiempo y de los problemas que tendrán que resolver en el futuro quienes egresen de sus aulas. Y cada vez estas competencias están más centradas en ámbitos científicos, tecnológicos, sociales y ambientales que eran soslayados por las generaciones pasadas, pero que no deben ser ignorados por las generaciones actuales, pues de su conocimiento y dominio dependerá encararlos técnica y científicamente por nuestros profesionales graduados.

miércoles, 26 de enero de 2011

EL DESARROLLO DE COMPETENCIAS DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO


(Imagen tomada de Google)


ÍNDICE

Introducción
1. Propósito de la educación universitaria
2. La educación por competencias
3. Qué es una competencia
4. Las competencias en la educación superior
5. Competencias del docente para fortalecer las competencias del estudiante universitario
Conclusiones

Introducción
En el mundo globalizado de hoy la educación universitaria tiene un propósito muy claro: preparar la masa crítica de las sociedades, al mismo tiempo que generar en los estudiantes las destrezas, habilidades y conocimientos suficientes en cada ámbito de las profesiones.

En este sentido, no se trata solamente de fabricar profesionistas que técnicamente puedan desarrollar habilidades para servir al sistema productivo que hoy domina en el mundo, y del cual Guatemala no es ajena. La educación universitaria es algo más que eso. Se trata de potenciar las herramientas del pensamiento crítico, creativo y proactivo de la juventud que día a día busca formarse en una carrera del nivel superior.

En este sentido, la educación superior tiene muchos retos. El primer reto es proporcionar a los estudiantes una educación de calidad; esto es, pertinente y suficiente. Pertinente porque debe estar dirigida a resolver carencias y problemas aún no resueltos socialmente. Y suficiente, porque debe proporcionar las herramientas para la gestión del conocimiento necesario para resolver los problemas inherentes a cada profesión.

El segundo reto es aplicar aquellas estrategias de estudio que permitan al estudiante universitario ser tratados como personas adultas, con sus características sociales, psicológicas e ideológicas que constituyen sus sellos personales. En el siglo que nos está correspondiendo vivir ya no es posible concebir un modelo de universidad medieval, en donde el magister dixit es el centro del proceso de aprendizaje y el estudiante, el ente pasivo que llega a las aulas a llenar sus alforjas de conocimiento. Hoy día, las universidades deben ser instituciones que tomen al estudiante como el centro motor del aprendizaje, buscando y aplicando las estrategias que le permitan convertirse en sujeto activo del proceso, como un profesional en ciernes, y muchas veces, como un adulto ya formado que busca nuevos derroteros profesionales.

No cabe duda que en el campo de la educación nacional, esta preocupación está siendo cada vez más visible en las universidades. Y no cabe duda también, que las demandas sociales de diversa índole, están exigiendo cambios de paradigmas educativos, pues como dijera Heráclito, el filósofo del cambio, nadie puede bañarse dos veces en las mismas aguas de un río. El mundo superconectado de hoy ha hecho visibles muchas carencias que en los viejos moldes educativos no eran detectadas; y ha traído como consecuencia también, un mayor cuestionamiento del papel que juegan las universidades en la preparación de la masa crítica de una sociedad, concepto este que se antepone al viejo concepto de élite intelectual, dirigido a visibilizar más estatus social que académico de pequeños grupos sociales.

La cada vez más compleja trama social exige hoy en día, que la educación superior se preocupe –y se ocupe- de formar profesionales con una visión integral: científicamente preparados, técnicamente formados y formados con principios y valores de amplia observancia universal. La nueva dinámica social nos ha demostrado que dichas características exigibles en la educación superior, no riñen, sino más bien, se complementan.

En este nuevo contexto de realidades, surge el modelo de formación por competencias, como una manera diferente y actual de ver el papel de la educación en general, y especialmente la educación superior, de cara a las cada vez más críticas exigencias de cambio y toma de decisiones por parte de los estudiantes y también de una manera práctica, eficiente y eficaz de construir ciudadanía.

1. Propósito de la educación universitaria
La educación universitaria es el nivel supremo que está dedicada a producir conocimiento y formar habilidades y destrezas de alto nivel. En la educación universitaria desemboca una serie de esfuerzos y experiencias que a lo largo de su vida académica han ido construyendo los estudiantes, desde sus primeros pasos en la educación preprimaria hasta la diversificada.

La educación universitaria es entonces, el escenario que posibilita la concreción de un perfil profesiográfico y profesional que acompañará a los futuros egresados de sus aulas. La semilla de cualquier campo profesional, si bien es cierto que algunas veces se incuba en el nivel secundario, se fructifica en las aulas universitarias. He aquí la enorme importancia de la educación superior; y también la visión metodológica con que se desarrolle este proceso educativo.

En la mayoría de universidades aun persiste el enfoque conductista de la educación; a esto se agrega una visión autoritaria en el proceso formativo, en donde prevalece el magister dixit por sobre los intereses y perfiles de aprendizaje de los educandos. El resultado de este proceso es que la sociedad continúa reproduciendo sus esquemas de poder y control social, los cuales se ven plasmados y reciclados en las universidades, produciendo profesionales con una mentalidad que deviene de los esquemas sociales originales.

Algunas universidades han dado pasos gigantescos en la tarea de cambiar estos esquemas, introduciendo en sus aulas, nuevos enfoques metodológicos, con nuevas visiones y paradigmas que reflejan un repensar la tarea universitaria, de cara a una sociedad más democrática, justa e igualitaria.

En una línea de pensamiento democrático y socialmente comprometido con las necesidades nacionales, las universidades están llamadas a conformar tanques de pensamiento capaces de producir cambios cualitativos y cuantitativos en la estructura social. De ahí que su papel no se restrinja sólo a formar técnicos profesionistas, sino pensadores y transformadores de la realidad nacional, de cara a resolver sus problemas estructurales.

En el siglo que nos corresponde vivir, las universidades no sólo preparan mano de obra calificada para satisfacer la insaciable espiral de la demanda; son también, y ante todo, centros de formación y crítica del conocimiento científico en todas las áreas de la acción humana. Son formadoras del talento humano, con todas sus capacidades y potencialidades.

2. La educación por competencias
Entre las nuevas metodologías de enseñanza universitaria se encuentra la formación por competencias. A diferencia de la formación por objetivos, típico del modelo conductual, las competencias constituyen una compleja estructura de atributos y tareas, que le permiten al sujeto que aprende desarrollar varias acciones intencionales y simultáneas tomando en cuenta el contexto (incluyendo los aspectos culturales del lugar donde el individuo se desarrolla).

Los orígenes de esta nueva visión educativa se encuentran en Vigotsky, Bruner, Piaget y el enorme aporte de Celestin Freinet, un autor, por cierto, poco visible en la tradición educativa nacional. Freinet fue el principal impulsor de la llamada Escuela Nueva, una visión diametralmente opuesta a la visión escolástica tradicional. Su obra monumental: La educación por el trabajo. Freinet proponía una visión de aprendizaje que partiera de la práctica a la teoría; desde esta perspectiva, todo individuo tiene algo que aportar en la construcción teórica del conocimiento.

Estas nuevas maneras de entender la educación, y sobre todo, la educación superior, han marcado una línea fundamental que separa los arquetipos de la escuela tradicional, basada en el fomento de la memoria a base de la repetición de conceptos, y las posibilidades que ofrece la escuela nueva, en donde el centro del proceso es el estudiante, como piedra fundamental de la educación.

En este contexto se entiende como competente a un estudiante que es capaz de hacer, capaz de pensar, capaz de sentir. He aquí la trilogía de la educación por competencias: saber hacer, saber pensar, saber sentir. En esto último está comprometida la ética y la moral, en sus atributos profesionales y humanos en general.


3. Qué es una competencia
Una competencia podría entenderse como “el conjunto de elementos socio afectivos, sensoriales, psicomotores y habilidades cognoscitivas que permiten llevar a cabo adecuadamente un papel, una función, una actividad o una tarea” (González, 2010).

En el entorno educativo, una competencia es aquella que produce resultados concretos en varias órbitas de la formación: en el conocimiento, en las actitudes, en las aptitudes, en las opiniones, en el comportamiento, en la esfera psíquica profunda.
Una de las definiciones más claras y concretas es: Aprender haciendo. Esta definición, por supuesto, no involucra sólo aquellas actividades psicomotoras, prácticas. Incluye también las actividades de pensar y razonar. El aprendizaje por competencias es la materialización del llamado aprendizaje activo.
Las competencias, a diferencia del modelo por objetivos, están basadas en el aprendizaje significativo, contextual, aplicativo y formador y reforzador de experiencias.

Las competencias son planificadas desde la acción cooperativa y colaborativa entre estudiantes y tutor/a. Son fruto de consenso, de acuerdos preestablecidos. No responden a una planificación vertical, sino a una planificación horizontal, participativa.

Existen, sin embargo, 3 vertientes para entender las competencias en la educación superior:
a. Desde el modelo conductista
b. Desde el modelo cognoscitivo
c. Desde el modelo holístico

Desde el modelo conductista, las competencias son aquellas capacidades instrumentales que son adquiridas por los estudiantes, en el proceso de su formación universitaria. Es un saber hacer, a secas.

Según el modelo cognoscitivo, las competencias comprenden:
a. Modelos cognitivos básicos (procesos de atención, percepción, memoria y recuperación de la información).
b. Base de información: conocimientos previos, habilidades y destrezas que posee el alumno.
c. Estilos de aprendizaje (aprendizaje superficial y aprendizaje significativo).
d. Procesamiento estratégico (estrategias generadas por el estudiante a partir de su experiencia acumulada en los procesos de aprendizaje)
e. Habilidades metacognitivas (conocimiento desarrollado por el alumno a partir de sus experiencias de aprendizaje y la forma apropiada de usarlo).
Según el modelo holístico, las competencias contemplan, además de las señaladas en el modelo anterior, el aspecto ético y valórico, así como el aspecto circunstancial de la producción de conocimiento.

4. Las competencias en la educación superior
El aprendizaje por competencias no puede realizarse utilizando sólo la clase magistral. En este punto, los profesores universitarios tenemos que cambiar nuestra metodología de enseñanza, para provocar una nueva metodología de aprendizaje en los estudiantes.

Por supuesto que esta nueva forma de mirar la educación superior requiere cambios en todo el sistema educativo, especialmente en tres componentes esenciales:

a. Cambios en el currículo
Repensar los factores que intervienen en la estructura curricular de las carreras, tomando en cuenta las demandas y necesidades sociales y laborales. Cada país, cada comunidad, cada época, demanda un currículum apropiado que dé respuesta a dichas demandas y necesidades.

b. Cambios en lo didáctico
Las estrategias para mediar, discurrir y compartir el conocimiento, así como para producir nuevo conocimiento deben ser activas, innovadoras, generadoras de pensamiento y no solamente recicladoras de conocimiento.

En mercadeo, la forma y el empaque venden. En educación, la forma y el empaque crean condiciones favorables o desfavorables para el proceso de aprendizaje. De allí que un contenido didáctica y adecuadamente mediado puede producir resultados altamente positivos en el proceso de aprendizaje.

El aprendizaje por competencias exige maneras dinámicas y centradas en el valor de uso de los recursos didácticos. Todo aquello que estimule los sentidos será capaz de estimular la mente y predisponer el aprendizaje.

c. Cambios en la evaluación
El aprendizaje por competencias también requiere una manera distinta de concebir la evaluación. En este sentido es necesario apartarnos de la visión escolástica de evaluar resultados y centrar nuestro interés en evaluar procesos. Ni números ni escalas son los mejores indicadores del aprendizaje, ya que ambos parten como premisa, de lo que el maestro sabe y cree que los alumnos deben saber y no de lo que éstos son capaces de hacer a partir del conocimiento buscado y asimilado.

Los estudiantes que hoy día asisten a las universidades son seres humanos expuestos a un cúmulo de información, datos, experiencias, hechos científicos, sucesos tecnológicos, muy, pero muy distintos de quienes asistíamos a estos recintos hace ya algunas décadas. El cerebro de los jóvenes de hoy percibe, atesora y evalúa millones de datos en lapsos cortísimos de tiempo; y están, respecto a nuestra generación, en una situación informativa totalmente ventajosa, con mayores y mejores habilidades para gestionar el conocimiento.

En este contexto de realidades, el docente debe ser, ante todo, un guía, un estimulador de más y mejores datos científicos, pero, posibilitando a los estudiantes ser constructores de su propio camino académico.

De las competencias genéricas:
Grosso modo, el desarrollo de competencias en la educación universitaria debe cubrir, entre otros, los siguientes ámbitos:

De dominio cognoscitivo
Los estudiantes deben ser capaces de aprehender los saberes generales y los específicos de su disciplina. Leyes generales, teorías, conceptos, herramientas, instrumental tecnológico, son sólo algunos de los conocimientos que se deben manejar, de cara a las exigencias científicas y tecnológicas que demanda cada profesión.

 Estilos de aprendizajePero en este proceso de aprehensión de los saberes generales y específicos, los estudiantes aplican sus estilos particulares de aprender y de gestionar la información. En este sentido, los profesores debemos ser lo suficientemente dinámicos para contemplar la gama de estilos de aprendizaje y de esta manera, establecer las estrategias que tiendan a producir conocimiento significativo, procurando la unidad en la diversidad de criterios.

De relación afectiva con el conocimiento

El aprendizaje también pasa por el principio del placer. Este principio no rige sólo el arte, el deporte o las diversiones; es un signo también de la ciencia. ¿Creen ustedes que un científico de laboratorio pasaría largas horas analizando datos, observando comportamientos, manipulando instrumentos, si no sintiese placer en lo que hace?

Este principio de placer debe volcarse a las aulas. El maestro debe conocer las nuevas teorías sobre la inteligencia, especialmente la llamada Inteligencia Emocional, propuesta en 1995 por Daniel Goleman. En esta teoría reside mucho el éxito de líderes políticos, sociales, religiosos y hasta de vendedores ambulantes: el manejo adecuado y acertado de nuestras emociones produce en la relación interpersonal, una mutua empatía, una mutua simpatía.

En el proceso educativo no basta con la aplicación de nuestra inteligencia racional. Esta es sólo una parte en el éxito académico de los estudiantes. Una enorme franja está dada por la inteligencia emocional. Saber cuándo decir, cómo decir y por qué decir, es un valioso complemento del qué decir.

De hecho, aquellos maestros que dejaron en nosotros una profunda huella de gratitud, admiración y respeto; y de quienes aprendimos lo que ellos se propusieron, fueron maestros emocionalmente inteligentes.

Por el contrario, quizá recordemos a maestros a quienes reconocemos amplios dotes intelectuales pero con una pobreza extrema en el manejo de sus emociones y afectos. Laceran el conocimiento, y laceran también la sana armonía entre seres humanos.

En nuestra sociedad actual, marcada por un clima de violencia indiscriminada, es fundamental que los estudiantes universitarios desarrollen competencias para manejar inteligentemente sus emociones, ya que estas serán en mucho, la llave de su éxito profesional, tanto como su amplio dominio técnico y científico de su disciplina.

De aplicación del conocimiento
Las universidades también deben formar competencias para pasar de la teoría a la práctica y también para reflexionar sobre la práctica. Un conocimiento estático no genera cambios; una teoría que no se prueba en la práctica es inoperante por desuso. Corresponde a los estudiantes poner a prueba su capacidad creativa, científica, técnica y ética en la necesaria relación entre la teoría y la práctica. Una competencia entonces, para gestionar, generar y aplicar conocimiento.

A los profesores nos corresponde utilizar todo nuestro ingenio creativo y motivacional para producir en los estudiantes competencias generadas a partir del aprendizaje significativo. Que todo cuanto se enseñe tenga un significado, un porqué y un para qué.

De gestión de información
Uno de los grandes retos que marca la educación contemporánea es la habilidad que puedan adquirir los estudiantes para gestionar su propia información. Gestionar significa búsqueda, sistematización, evaluación y adaptación de la información que le servirá a lo largo de su vida estudiantil y profesional.

En un mundo super informado de hoy, los estudiantes se ven inmersos en un sinfín de datos y hechos que necesitan un orden metodológico para darles un sentido en cada una de las profesiones. Este orden metodológico pasa por 3 factores importantes: La investigación, la tecnología y la comunicación. Estas generan 3 grandes competencias que debe tener un estudiante universitario.

Veamos cada una de ellas:

 Competencias investigativas:
Saber investigar es saber encontrar por sí solo el conocimiento. Están ligadas al aprendizaje autónomo, y por supuesto, al aprendizaje cooperativo y colaborativo, dado que generalmente se produce investigación en equipo.

Para conseguir estas competencias es vital un cambio en la estructura curricular de las carreras. En esta nueva estructura, la investigación debe ser uno de los ejes transversales, a tal punto que se le considere una estrategia de aprendizaje. Todos los cursos debieran tener un componente estratégico de investigación. Todas las carreras debieran tener 3 o más cursos relacionados con distintas metodologías y enfoques investigativos. Y en el proceso de investigación como estrategia de aprendizaje los profesores deberíamos estar inmersos y caminar a la par de los estudiantes, en sus avances, en sus logros y en sus tropiezos.

 Competencias tecnológicas:
Esta es quizá una de las competencias que los estudiantes de las generaciones actuales traen incorporadas como un misterio chip social. Hoy día es muy raro encontrar un estudiante que no tenga el mínimo dominio tecnológico informático. En el mundo de hoy, los estudiantes son capaces de utilizar todos sus sentidos en un ambiente de aprendizaje: escriben en su computadora, hablan por el celular, revisan sus correos, chetean, miran televisión, escuchan radio (con sus audífonos pegados a las orejas) y al mismo tiempo, consumen alimentos.

Pero todo este potencial tecnológico de los estudiantes debe ser canalizado para hacer un uso discriminado de la tecnología de la información. Los profesores debemos estar preparados para seleccionar y orientar lugares de consulta en Internet y llegar antes que ellos, sin pretender aplicar normas punitivas a sus acciones, pero sí orientarlos sobre lo adecuado o inadecuado de un sitio o de una fuente.

Valdría la pena, al inicio de cada curso, elaborar una especie de normativo sobre consultas a Internet relacionadas con los temas de la asignatura, la legitimidad de las fuentes, lo ilegítimo y punible del copy paste, las técnicas de citas, etc.

 Competencias comunicativas:
Es un axioma que todo profesional universitario debe tener un aceptable dominio del idioma en el cual se formó, tanto en el plano escrito como en el plano oral. Además de ello debe estar capacitado para leer e interpretar los lenguajes no verbales que le permiten insertarse exitosamente en sus contextos laborales y sociales.

Las competencias comunicativas se ponen de manifiesto en la elaboración de trabajos académicos de diversa índole, pero también en informes técnicos; asimismo se expresan en actividades relacionales: conferencias, participación en grupos, eventos científicos, académicos, y de diferente índole.

En el mundo interconectado de hoy, es vital aprender, tener capacidad para expresarse. En este sentido, las competencias comunicativas son de vital importancia y además, son inherentes a cualquier profesión universitaria. En consecuencia, los estudiantes deben desarrollar competencias que les permitan manejarlos adecuadamente, dado que, la información es poder. Poder para saber. Poder para cambiar.

De lectura y comprensión

El estudiante universitario también debe desarrollar competencias que le permitan leer y comprender. En este sentido, es requisito indispensable incorporar a los pensa de estudio, talleres de lectura y comprensión. Hoy día, es una norma bastante generalizada que los estudiantes que ingresan a las universidades sólo tienen un nivel de comprensión: el denotativo, literal. Dejan de lado el nivel connotativo de la lectura, la detección de subtextos, de mensajes cifrados, ocultos, poco visibles.

De goce estético

El perfil de un buen profesional, egresado de una carrera universitaria es poseer una cultura general que le permita establecer comunicación con diversos grupos e individuos. Ya sea que se provenga de las ciencias exactas, de las agronómicas, de las ingenierías, o de las humanidades, el profesional debe tener las herramientas básicas de goce estético, en cualquier rama del arte.

Definida la estética como una rama de la filosofía que se ocupa del estudio del arte y la belleza, desde muy temprana edad los seres humanos debemos estar capacitados para el goce estético. No importa en qué rama del arte nos desarrollemos, o qué corriente artística sigamos, o qué autores admiremos. Lo verdaderamente importante es que afinemos nuestra sensibilidad para percibir y entender el arte, y de ser posible, practicarlo. En la educación universitaria esta es por cierto, una de las grandes falencias, salvo las carreras que se dedican a este campo, como las literaturas o las bellas artes en general.

Aprender a desaprender

Aunque técnicamente es imposible borrar de nuestros niveles de registro de memoria, datos, información o modelos de conducta, se pueden desarrollar habilidades que permitan filtrar emociones, estados anímicos, modelos de conducta, prejuicios, hábitos y generar nuevas líneas de comportamiento. A esta capacidad humana la podríamos llamar el proceso de desaprendizaje.

La competencia para desaprender es una cualidad necesaria en la toma de conciencia del estudiante universitario sobre su verdadero papel como ciudadano capaz de transformar su entorno.

Es responsabilidad del profesor universitario utilizar las estrategias adecuadas para provocar en el estudiante el aprendizaje activo. Este aprendizaje que de forma crítica, audaz y consciente, va modificando la conducta del futuro profesional y lo prepara, científica, técnica y éticamente para transformar su quehacer cotidiano, laboral y social.

5. Metodología de trabajo por competencias

No existe una sola metodología de trabajo por competencias. Más bien, existen múltiples recursos que pueden utilizarse. A guisa de ejemplo se ofrecen dos consideraciones que consideramos son fundamentales en el trabajo por competencias:

Tomar en cuenta los estilos de aprendizaje

Todo ser humano tiene una manera muy personal de aprender. Esto significa que el docente debe conocer cómo aprendemos y con qué estilos. La teoría nos ofrece varios estilos de aprendizaje: Observación reflexiva, Experiencia concreta, Conceptualización abstracta y Experimentación activa.

Estos estilos tienen sus propias características, y estas se ven reflejadas en el proceso de gestión y apropiación del conocimiento. Ninguno es mejor que otro. Simplemente son diferentes.

Lo que sucede es que los profesores tenemos la tendencia a enseñar con el estilo que aprendemos; y de esta manera reducimos la posibilidad de generar condiciones de aprendizaje para todos los estudiantes por igual. Por ejemplo, si como docentes, aprendemos por la vía de la Conceptualización abstracta, orientaremos todas las actividades de aprendizaje (y también de evaluación) a los procesos de abstracción (conceptualización teórica de los contenidos) y dejaremos de lado aquellas actividades que estimulen la experiencia concreta, la observación reflexiva y la experimentación.

Tomar en cuenta el perfil del estudiante adulto

Se ha dicho hasta la saciedad que generalmente el estudiante que ingresa a las universidades de Guatemala son trabajadores que estudian, en algunos casos, tienen un trabajo parcial. Son pocas las carreras que tienen estudiantes dedicados al estudio a tiempo completo. Esta primera situación ya nos ubica frente a seres humanos que han asumido responsabilidades laborales y por lo tanto, dedican parte de su atención a atender dichas responsabilidades.

El estudiante adulto también es poseedor de una experiencia previa. Esta experiencia es el resultado de los años de programación, de su exposición al entorno social, familiar, comunitario y educativo. Es poseedor de valores y antivalores, de actitudes y opiniones individuales, de miedo y temores, de esperanzas y anhelos.

Esta gama de situaciones se resumen en que el profesor debe aplicar una visión andragógica de la educación superior. Es decir, tratar a los estudiantes como adultos y no como niños. Propiciar la horizontalidad en los procesos, promover el diálogo y la participación, pero, por sobre todo, demostrar respeto y consideración a la dignidad humana, como canon de respeto y consideración recíprocos.

Acciones para formar competencias en el estudiante universitario

La enseñanza por proyectosA partir de una situación problema se desarrollan procesos de aprendizaje y de construcción de conocimiento, vinculados al mundo exterior, a la cotidianidad y al contexto. La enseñanza y el aprendizaje por proyectos tienen un inmenso valor formativo. Por un lado, se fomenta el espíritu de búsqueda crítica del conocimiento, se fortalece el aprendizaje cooperativo y colaborativo y la responsabilidad ética respecto a los resultados presentados.

Resolución de problemas

Esta metodología permite hacer una activación, promoción y valoración de los procesos cognitivos cuando los problemas y tareas se diseñan creativamente. Los talleres, seminarios y ejercicios de laboratorio son buenos ejemplos. Estas actividades provocan ejercicios de pensamiento que fomentan el espíritu crítico de los estudiantes y forman su capacidad para resolver problemas reales en su futura vida profesional.

Enseñanza para la comprensión

Desde la perspectiva de Perkins, enfocar el proceso de aprendizaje hacia la comprensión implica organizar las imágenes y las representaciones en diferentes niveles para lograr la comprensión por parte de los estudiantes; ellos aprenden a comprender y logran conciencia de este mecanismo de aprendizaje. Ejemplos: elaboración de mapas conceptuales, rutas críticas, bosquejos, diagramas, relatos, etc.

Comprender significa otorgarle un significado a las representaciones (conceptos, datos, anécdotas, etc.). Aquí se produce el aprendizaje significativo. En la aplicación de esta técnica se pueden detectar 5 niveles de comprensión:
Nivel narrativo: cuando se presenta un relato sobre un dato o hecho.
Nivel lógico-cuantitativo: Cuando el estudiante aborda el concepto desde procesos deductivos o numéricos.
Nivel fundacional: se aborda el concepto desde sus orígenes o rasgos epistemológicos o en sus diferentes connotaciones.
Nivel estético: se aborda el concepto desde su vivencia particular.
Nivel experimental: Cuando se generan cambios conceptuales a partir de la manipulación de datos y control de variables.

Estos niveles generan en el estudiante su capacidad propositiva y transformadora.

La didáctica de la investigación

Como ya hemos abordado en este trabajo, la investigación es pieza fundamental en el proceso de formación de competencias del estudiante universitario. Sin embargo, al respecto deben formularse propuestas didácticas que provoquen un aprendizaje significativo, placentero y útil. Para nadie es un secreto que cuando se habla de investigación en las aulas universitarias todo mundo se pone a temblar. Se tiene la idea que esta tarea es para genios o para viejos.

Se debe entonces, romper el mito de que pocos pueden investigar. Se proponen algunas ideas en torno a esta tarea:

No partir de lo general a lo particular. Es decir, no comenzar dando teorías de la investigación. Poner en el tapete de la discusión un caso que esté conectado con la gama de intereses estudiantiles. Este caso abordarlo en su relación de fenómeno a observar o problema a resolver.

Solicitar a los estudiantes posibles explicaciones respecto del comportamiento del fenómeno a observar (más adelante se les explicará que estas explicaciones previas se denominan hipótesis).

Proporcionar a los estudiantes lecturas relacionadas con el comportamiento del fenómeno, o bien, con sus explicaciones previas.

Reunir a los estudiantes para el análisis comparativo entre sus explicaciones previas y lo que indican las lecturas consultadas. Extraer lecciones aprendidas de tal ejercicio.

Dar un esquema de redacción de un informe de investigación, lo más elemental posible para no provocar el pánico académico. Consensuar la metodología de redacción del informe, tomando en cuenta el nivel de capacidad de redacción de los participantes.

Otras técnicas

En realidad son muchísimas las técnicas que se pueden aplicar para la formación por competencias. Lo importante es saber cuál es el propósito que deseamos conseguir con cada una de ellas. Por ejemplo, pueden aplicarse las siguientes:

a. Resumen: establecer la capacidad de síntesis de los textos leídos.
b. Ensayo: establecer la capacidad de análisis y propuesta sobre temas abordados.
c. Glosario: conseguir que el estudiante sistematice su experiencia de lecturas realizadas.
d. Artículo: verificar el nivel de comprensión y sistematización de lecturas respecto a un tema en particular.
e. Laboratorio y/o experimento: verificar la aplicación de conocimientos, destrezas y habilidades.
f. Lista de cotejo: establecer la capacidad para comparar teorías, argumentos, hechos, etc.
g. Texto paralelo: ejercitar en producción individual de conocimiento relacionado con la asignatura.
h. Texto didáctico: aplicar técnicas de mediación de conocimiento.
i. Carpeta viajera: socializar conocimiento entre estudiantes y profesores.
j. Informes de trabajo: verificar el nivel de aplicación de conocimiento y ejercicio académico.
k. Bitácora: verificar los pasos seguidos en un proceso de aprendizaje o investigación.

6. Competencias del docente para fortalecer las competencias del estudiante universitario

Ahora bien, con qué visión académica debemos actuar los profesores, qué competencias debemos poseer para formar a su vez, competencias en el estudiante universitario. Dada la exigencia tecnológica de nuestro tiempo, dado el perfil del estudiante universitario, las nuevas necesidades sociales que plantea la sociedad guatemalteca, así como los recursos con que cuentan las universidades, creemos que el docente universitario debe poseer ciertas capacidades en varios aspectos de la vida académica. Dividámoslos en los siguientes componentes (para mayor información leer la propuesta publicada en el blog: carlosinteriano1.blogspot.com, mes de noviembre del 2009):
a. Desarrollo y enfoque del curso
b. Utilización de recursos didácticos
c. Relaciones interpersonales
d. Cualidades profesionales
e. Cualidades tecnológicas

Conclusiones

Los nuevos escenarios en la educación nacional, planteados a partir de cada vez mayores necesidades sociales demandan la formación de profesionales con capacidades eficientes y suficientes para solucionar la problemática nacional. Frente a estas nuevas realidades se hace exigible un giro en el modelo educativo con que estamos formando el talento humano. Una visión más actual de las estrategias de enseñanza aprendizaje apuntan a la utilización del modelo por competencias. El mismo tiene su asidero en la llamada Escuela Nueva, cuyos primeros pasos comenzaron a darse en la década de los sesenta.

La formación por competencias demanda, como es natural, un cambio de actitud y aptitudes por parte del sector docente. En este sentido, no puede hablarse formación por competencias sin antes pasar la etapa previa de discusión, análisis y adopción de este modelo por parte del sector docente. Un cambio de actitud y aptitud que, por supuesto, no puede darse de la noche a la mañana, ya que es en sí, una manera distinta de ver el proceso educativo, apartándose del modelo conductista y escolástico, profundamente arraigado en muchas aulas.

Sin embargo, el reto es de las propias universidades, quienes tienen que adoptar medidas estratégicas que tiendan a introducir los cambios necesarios en la mentalidad de docentes y estudiantes para la adopción de esta forma diferente de mirar la educación. Cambios necesarios que no están exentos de largos debates académicos, de resistencias pasivas o activas, de críticas y deslegitimaciones, de berrinches y actitudes hostiles. Pero ese es el reto y debe asumirse con la valentía y decisión del caso.

Poesía Carlos Interiano