miércoles, 26 de enero de 2011

EL DESARROLLO DE COMPETENCIAS DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO


(Imagen tomada de Google)


ÍNDICE

Introducción
1. Propósito de la educación universitaria
2. La educación por competencias
3. Qué es una competencia
4. Las competencias en la educación superior
5. Competencias del docente para fortalecer las competencias del estudiante universitario
Conclusiones

Introducción
En el mundo globalizado de hoy la educación universitaria tiene un propósito muy claro: preparar la masa crítica de las sociedades, al mismo tiempo que generar en los estudiantes las destrezas, habilidades y conocimientos suficientes en cada ámbito de las profesiones.

En este sentido, no se trata solamente de fabricar profesionistas que técnicamente puedan desarrollar habilidades para servir al sistema productivo que hoy domina en el mundo, y del cual Guatemala no es ajena. La educación universitaria es algo más que eso. Se trata de potenciar las herramientas del pensamiento crítico, creativo y proactivo de la juventud que día a día busca formarse en una carrera del nivel superior.

En este sentido, la educación superior tiene muchos retos. El primer reto es proporcionar a los estudiantes una educación de calidad; esto es, pertinente y suficiente. Pertinente porque debe estar dirigida a resolver carencias y problemas aún no resueltos socialmente. Y suficiente, porque debe proporcionar las herramientas para la gestión del conocimiento necesario para resolver los problemas inherentes a cada profesión.

El segundo reto es aplicar aquellas estrategias de estudio que permitan al estudiante universitario ser tratados como personas adultas, con sus características sociales, psicológicas e ideológicas que constituyen sus sellos personales. En el siglo que nos está correspondiendo vivir ya no es posible concebir un modelo de universidad medieval, en donde el magister dixit es el centro del proceso de aprendizaje y el estudiante, el ente pasivo que llega a las aulas a llenar sus alforjas de conocimiento. Hoy día, las universidades deben ser instituciones que tomen al estudiante como el centro motor del aprendizaje, buscando y aplicando las estrategias que le permitan convertirse en sujeto activo del proceso, como un profesional en ciernes, y muchas veces, como un adulto ya formado que busca nuevos derroteros profesionales.

No cabe duda que en el campo de la educación nacional, esta preocupación está siendo cada vez más visible en las universidades. Y no cabe duda también, que las demandas sociales de diversa índole, están exigiendo cambios de paradigmas educativos, pues como dijera Heráclito, el filósofo del cambio, nadie puede bañarse dos veces en las mismas aguas de un río. El mundo superconectado de hoy ha hecho visibles muchas carencias que en los viejos moldes educativos no eran detectadas; y ha traído como consecuencia también, un mayor cuestionamiento del papel que juegan las universidades en la preparación de la masa crítica de una sociedad, concepto este que se antepone al viejo concepto de élite intelectual, dirigido a visibilizar más estatus social que académico de pequeños grupos sociales.

La cada vez más compleja trama social exige hoy en día, que la educación superior se preocupe –y se ocupe- de formar profesionales con una visión integral: científicamente preparados, técnicamente formados y formados con principios y valores de amplia observancia universal. La nueva dinámica social nos ha demostrado que dichas características exigibles en la educación superior, no riñen, sino más bien, se complementan.

En este nuevo contexto de realidades, surge el modelo de formación por competencias, como una manera diferente y actual de ver el papel de la educación en general, y especialmente la educación superior, de cara a las cada vez más críticas exigencias de cambio y toma de decisiones por parte de los estudiantes y también de una manera práctica, eficiente y eficaz de construir ciudadanía.

1. Propósito de la educación universitaria
La educación universitaria es el nivel supremo que está dedicada a producir conocimiento y formar habilidades y destrezas de alto nivel. En la educación universitaria desemboca una serie de esfuerzos y experiencias que a lo largo de su vida académica han ido construyendo los estudiantes, desde sus primeros pasos en la educación preprimaria hasta la diversificada.

La educación universitaria es entonces, el escenario que posibilita la concreción de un perfil profesiográfico y profesional que acompañará a los futuros egresados de sus aulas. La semilla de cualquier campo profesional, si bien es cierto que algunas veces se incuba en el nivel secundario, se fructifica en las aulas universitarias. He aquí la enorme importancia de la educación superior; y también la visión metodológica con que se desarrolle este proceso educativo.

En la mayoría de universidades aun persiste el enfoque conductista de la educación; a esto se agrega una visión autoritaria en el proceso formativo, en donde prevalece el magister dixit por sobre los intereses y perfiles de aprendizaje de los educandos. El resultado de este proceso es que la sociedad continúa reproduciendo sus esquemas de poder y control social, los cuales se ven plasmados y reciclados en las universidades, produciendo profesionales con una mentalidad que deviene de los esquemas sociales originales.

Algunas universidades han dado pasos gigantescos en la tarea de cambiar estos esquemas, introduciendo en sus aulas, nuevos enfoques metodológicos, con nuevas visiones y paradigmas que reflejan un repensar la tarea universitaria, de cara a una sociedad más democrática, justa e igualitaria.

En una línea de pensamiento democrático y socialmente comprometido con las necesidades nacionales, las universidades están llamadas a conformar tanques de pensamiento capaces de producir cambios cualitativos y cuantitativos en la estructura social. De ahí que su papel no se restrinja sólo a formar técnicos profesionistas, sino pensadores y transformadores de la realidad nacional, de cara a resolver sus problemas estructurales.

En el siglo que nos corresponde vivir, las universidades no sólo preparan mano de obra calificada para satisfacer la insaciable espiral de la demanda; son también, y ante todo, centros de formación y crítica del conocimiento científico en todas las áreas de la acción humana. Son formadoras del talento humano, con todas sus capacidades y potencialidades.

2. La educación por competencias
Entre las nuevas metodologías de enseñanza universitaria se encuentra la formación por competencias. A diferencia de la formación por objetivos, típico del modelo conductual, las competencias constituyen una compleja estructura de atributos y tareas, que le permiten al sujeto que aprende desarrollar varias acciones intencionales y simultáneas tomando en cuenta el contexto (incluyendo los aspectos culturales del lugar donde el individuo se desarrolla).

Los orígenes de esta nueva visión educativa se encuentran en Vigotsky, Bruner, Piaget y el enorme aporte de Celestin Freinet, un autor, por cierto, poco visible en la tradición educativa nacional. Freinet fue el principal impulsor de la llamada Escuela Nueva, una visión diametralmente opuesta a la visión escolástica tradicional. Su obra monumental: La educación por el trabajo. Freinet proponía una visión de aprendizaje que partiera de la práctica a la teoría; desde esta perspectiva, todo individuo tiene algo que aportar en la construcción teórica del conocimiento.

Estas nuevas maneras de entender la educación, y sobre todo, la educación superior, han marcado una línea fundamental que separa los arquetipos de la escuela tradicional, basada en el fomento de la memoria a base de la repetición de conceptos, y las posibilidades que ofrece la escuela nueva, en donde el centro del proceso es el estudiante, como piedra fundamental de la educación.

En este contexto se entiende como competente a un estudiante que es capaz de hacer, capaz de pensar, capaz de sentir. He aquí la trilogía de la educación por competencias: saber hacer, saber pensar, saber sentir. En esto último está comprometida la ética y la moral, en sus atributos profesionales y humanos en general.


3. Qué es una competencia
Una competencia podría entenderse como “el conjunto de elementos socio afectivos, sensoriales, psicomotores y habilidades cognoscitivas que permiten llevar a cabo adecuadamente un papel, una función, una actividad o una tarea” (González, 2010).

En el entorno educativo, una competencia es aquella que produce resultados concretos en varias órbitas de la formación: en el conocimiento, en las actitudes, en las aptitudes, en las opiniones, en el comportamiento, en la esfera psíquica profunda.
Una de las definiciones más claras y concretas es: Aprender haciendo. Esta definición, por supuesto, no involucra sólo aquellas actividades psicomotoras, prácticas. Incluye también las actividades de pensar y razonar. El aprendizaje por competencias es la materialización del llamado aprendizaje activo.
Las competencias, a diferencia del modelo por objetivos, están basadas en el aprendizaje significativo, contextual, aplicativo y formador y reforzador de experiencias.

Las competencias son planificadas desde la acción cooperativa y colaborativa entre estudiantes y tutor/a. Son fruto de consenso, de acuerdos preestablecidos. No responden a una planificación vertical, sino a una planificación horizontal, participativa.

Existen, sin embargo, 3 vertientes para entender las competencias en la educación superior:
a. Desde el modelo conductista
b. Desde el modelo cognoscitivo
c. Desde el modelo holístico

Desde el modelo conductista, las competencias son aquellas capacidades instrumentales que son adquiridas por los estudiantes, en el proceso de su formación universitaria. Es un saber hacer, a secas.

Según el modelo cognoscitivo, las competencias comprenden:
a. Modelos cognitivos básicos (procesos de atención, percepción, memoria y recuperación de la información).
b. Base de información: conocimientos previos, habilidades y destrezas que posee el alumno.
c. Estilos de aprendizaje (aprendizaje superficial y aprendizaje significativo).
d. Procesamiento estratégico (estrategias generadas por el estudiante a partir de su experiencia acumulada en los procesos de aprendizaje)
e. Habilidades metacognitivas (conocimiento desarrollado por el alumno a partir de sus experiencias de aprendizaje y la forma apropiada de usarlo).
Según el modelo holístico, las competencias contemplan, además de las señaladas en el modelo anterior, el aspecto ético y valórico, así como el aspecto circunstancial de la producción de conocimiento.

4. Las competencias en la educación superior
El aprendizaje por competencias no puede realizarse utilizando sólo la clase magistral. En este punto, los profesores universitarios tenemos que cambiar nuestra metodología de enseñanza, para provocar una nueva metodología de aprendizaje en los estudiantes.

Por supuesto que esta nueva forma de mirar la educación superior requiere cambios en todo el sistema educativo, especialmente en tres componentes esenciales:

a. Cambios en el currículo
Repensar los factores que intervienen en la estructura curricular de las carreras, tomando en cuenta las demandas y necesidades sociales y laborales. Cada país, cada comunidad, cada época, demanda un currículum apropiado que dé respuesta a dichas demandas y necesidades.

b. Cambios en lo didáctico
Las estrategias para mediar, discurrir y compartir el conocimiento, así como para producir nuevo conocimiento deben ser activas, innovadoras, generadoras de pensamiento y no solamente recicladoras de conocimiento.

En mercadeo, la forma y el empaque venden. En educación, la forma y el empaque crean condiciones favorables o desfavorables para el proceso de aprendizaje. De allí que un contenido didáctica y adecuadamente mediado puede producir resultados altamente positivos en el proceso de aprendizaje.

El aprendizaje por competencias exige maneras dinámicas y centradas en el valor de uso de los recursos didácticos. Todo aquello que estimule los sentidos será capaz de estimular la mente y predisponer el aprendizaje.

c. Cambios en la evaluación
El aprendizaje por competencias también requiere una manera distinta de concebir la evaluación. En este sentido es necesario apartarnos de la visión escolástica de evaluar resultados y centrar nuestro interés en evaluar procesos. Ni números ni escalas son los mejores indicadores del aprendizaje, ya que ambos parten como premisa, de lo que el maestro sabe y cree que los alumnos deben saber y no de lo que éstos son capaces de hacer a partir del conocimiento buscado y asimilado.

Los estudiantes que hoy día asisten a las universidades son seres humanos expuestos a un cúmulo de información, datos, experiencias, hechos científicos, sucesos tecnológicos, muy, pero muy distintos de quienes asistíamos a estos recintos hace ya algunas décadas. El cerebro de los jóvenes de hoy percibe, atesora y evalúa millones de datos en lapsos cortísimos de tiempo; y están, respecto a nuestra generación, en una situación informativa totalmente ventajosa, con mayores y mejores habilidades para gestionar el conocimiento.

En este contexto de realidades, el docente debe ser, ante todo, un guía, un estimulador de más y mejores datos científicos, pero, posibilitando a los estudiantes ser constructores de su propio camino académico.

De las competencias genéricas:
Grosso modo, el desarrollo de competencias en la educación universitaria debe cubrir, entre otros, los siguientes ámbitos:

De dominio cognoscitivo
Los estudiantes deben ser capaces de aprehender los saberes generales y los específicos de su disciplina. Leyes generales, teorías, conceptos, herramientas, instrumental tecnológico, son sólo algunos de los conocimientos que se deben manejar, de cara a las exigencias científicas y tecnológicas que demanda cada profesión.

 Estilos de aprendizajePero en este proceso de aprehensión de los saberes generales y específicos, los estudiantes aplican sus estilos particulares de aprender y de gestionar la información. En este sentido, los profesores debemos ser lo suficientemente dinámicos para contemplar la gama de estilos de aprendizaje y de esta manera, establecer las estrategias que tiendan a producir conocimiento significativo, procurando la unidad en la diversidad de criterios.

De relación afectiva con el conocimiento

El aprendizaje también pasa por el principio del placer. Este principio no rige sólo el arte, el deporte o las diversiones; es un signo también de la ciencia. ¿Creen ustedes que un científico de laboratorio pasaría largas horas analizando datos, observando comportamientos, manipulando instrumentos, si no sintiese placer en lo que hace?

Este principio de placer debe volcarse a las aulas. El maestro debe conocer las nuevas teorías sobre la inteligencia, especialmente la llamada Inteligencia Emocional, propuesta en 1995 por Daniel Goleman. En esta teoría reside mucho el éxito de líderes políticos, sociales, religiosos y hasta de vendedores ambulantes: el manejo adecuado y acertado de nuestras emociones produce en la relación interpersonal, una mutua empatía, una mutua simpatía.

En el proceso educativo no basta con la aplicación de nuestra inteligencia racional. Esta es sólo una parte en el éxito académico de los estudiantes. Una enorme franja está dada por la inteligencia emocional. Saber cuándo decir, cómo decir y por qué decir, es un valioso complemento del qué decir.

De hecho, aquellos maestros que dejaron en nosotros una profunda huella de gratitud, admiración y respeto; y de quienes aprendimos lo que ellos se propusieron, fueron maestros emocionalmente inteligentes.

Por el contrario, quizá recordemos a maestros a quienes reconocemos amplios dotes intelectuales pero con una pobreza extrema en el manejo de sus emociones y afectos. Laceran el conocimiento, y laceran también la sana armonía entre seres humanos.

En nuestra sociedad actual, marcada por un clima de violencia indiscriminada, es fundamental que los estudiantes universitarios desarrollen competencias para manejar inteligentemente sus emociones, ya que estas serán en mucho, la llave de su éxito profesional, tanto como su amplio dominio técnico y científico de su disciplina.

De aplicación del conocimiento
Las universidades también deben formar competencias para pasar de la teoría a la práctica y también para reflexionar sobre la práctica. Un conocimiento estático no genera cambios; una teoría que no se prueba en la práctica es inoperante por desuso. Corresponde a los estudiantes poner a prueba su capacidad creativa, científica, técnica y ética en la necesaria relación entre la teoría y la práctica. Una competencia entonces, para gestionar, generar y aplicar conocimiento.

A los profesores nos corresponde utilizar todo nuestro ingenio creativo y motivacional para producir en los estudiantes competencias generadas a partir del aprendizaje significativo. Que todo cuanto se enseñe tenga un significado, un porqué y un para qué.

De gestión de información
Uno de los grandes retos que marca la educación contemporánea es la habilidad que puedan adquirir los estudiantes para gestionar su propia información. Gestionar significa búsqueda, sistematización, evaluación y adaptación de la información que le servirá a lo largo de su vida estudiantil y profesional.

En un mundo super informado de hoy, los estudiantes se ven inmersos en un sinfín de datos y hechos que necesitan un orden metodológico para darles un sentido en cada una de las profesiones. Este orden metodológico pasa por 3 factores importantes: La investigación, la tecnología y la comunicación. Estas generan 3 grandes competencias que debe tener un estudiante universitario.

Veamos cada una de ellas:

 Competencias investigativas:
Saber investigar es saber encontrar por sí solo el conocimiento. Están ligadas al aprendizaje autónomo, y por supuesto, al aprendizaje cooperativo y colaborativo, dado que generalmente se produce investigación en equipo.

Para conseguir estas competencias es vital un cambio en la estructura curricular de las carreras. En esta nueva estructura, la investigación debe ser uno de los ejes transversales, a tal punto que se le considere una estrategia de aprendizaje. Todos los cursos debieran tener un componente estratégico de investigación. Todas las carreras debieran tener 3 o más cursos relacionados con distintas metodologías y enfoques investigativos. Y en el proceso de investigación como estrategia de aprendizaje los profesores deberíamos estar inmersos y caminar a la par de los estudiantes, en sus avances, en sus logros y en sus tropiezos.

 Competencias tecnológicas:
Esta es quizá una de las competencias que los estudiantes de las generaciones actuales traen incorporadas como un misterio chip social. Hoy día es muy raro encontrar un estudiante que no tenga el mínimo dominio tecnológico informático. En el mundo de hoy, los estudiantes son capaces de utilizar todos sus sentidos en un ambiente de aprendizaje: escriben en su computadora, hablan por el celular, revisan sus correos, chetean, miran televisión, escuchan radio (con sus audífonos pegados a las orejas) y al mismo tiempo, consumen alimentos.

Pero todo este potencial tecnológico de los estudiantes debe ser canalizado para hacer un uso discriminado de la tecnología de la información. Los profesores debemos estar preparados para seleccionar y orientar lugares de consulta en Internet y llegar antes que ellos, sin pretender aplicar normas punitivas a sus acciones, pero sí orientarlos sobre lo adecuado o inadecuado de un sitio o de una fuente.

Valdría la pena, al inicio de cada curso, elaborar una especie de normativo sobre consultas a Internet relacionadas con los temas de la asignatura, la legitimidad de las fuentes, lo ilegítimo y punible del copy paste, las técnicas de citas, etc.

 Competencias comunicativas:
Es un axioma que todo profesional universitario debe tener un aceptable dominio del idioma en el cual se formó, tanto en el plano escrito como en el plano oral. Además de ello debe estar capacitado para leer e interpretar los lenguajes no verbales que le permiten insertarse exitosamente en sus contextos laborales y sociales.

Las competencias comunicativas se ponen de manifiesto en la elaboración de trabajos académicos de diversa índole, pero también en informes técnicos; asimismo se expresan en actividades relacionales: conferencias, participación en grupos, eventos científicos, académicos, y de diferente índole.

En el mundo interconectado de hoy, es vital aprender, tener capacidad para expresarse. En este sentido, las competencias comunicativas son de vital importancia y además, son inherentes a cualquier profesión universitaria. En consecuencia, los estudiantes deben desarrollar competencias que les permitan manejarlos adecuadamente, dado que, la información es poder. Poder para saber. Poder para cambiar.

De lectura y comprensión

El estudiante universitario también debe desarrollar competencias que le permitan leer y comprender. En este sentido, es requisito indispensable incorporar a los pensa de estudio, talleres de lectura y comprensión. Hoy día, es una norma bastante generalizada que los estudiantes que ingresan a las universidades sólo tienen un nivel de comprensión: el denotativo, literal. Dejan de lado el nivel connotativo de la lectura, la detección de subtextos, de mensajes cifrados, ocultos, poco visibles.

De goce estético

El perfil de un buen profesional, egresado de una carrera universitaria es poseer una cultura general que le permita establecer comunicación con diversos grupos e individuos. Ya sea que se provenga de las ciencias exactas, de las agronómicas, de las ingenierías, o de las humanidades, el profesional debe tener las herramientas básicas de goce estético, en cualquier rama del arte.

Definida la estética como una rama de la filosofía que se ocupa del estudio del arte y la belleza, desde muy temprana edad los seres humanos debemos estar capacitados para el goce estético. No importa en qué rama del arte nos desarrollemos, o qué corriente artística sigamos, o qué autores admiremos. Lo verdaderamente importante es que afinemos nuestra sensibilidad para percibir y entender el arte, y de ser posible, practicarlo. En la educación universitaria esta es por cierto, una de las grandes falencias, salvo las carreras que se dedican a este campo, como las literaturas o las bellas artes en general.

Aprender a desaprender

Aunque técnicamente es imposible borrar de nuestros niveles de registro de memoria, datos, información o modelos de conducta, se pueden desarrollar habilidades que permitan filtrar emociones, estados anímicos, modelos de conducta, prejuicios, hábitos y generar nuevas líneas de comportamiento. A esta capacidad humana la podríamos llamar el proceso de desaprendizaje.

La competencia para desaprender es una cualidad necesaria en la toma de conciencia del estudiante universitario sobre su verdadero papel como ciudadano capaz de transformar su entorno.

Es responsabilidad del profesor universitario utilizar las estrategias adecuadas para provocar en el estudiante el aprendizaje activo. Este aprendizaje que de forma crítica, audaz y consciente, va modificando la conducta del futuro profesional y lo prepara, científica, técnica y éticamente para transformar su quehacer cotidiano, laboral y social.

5. Metodología de trabajo por competencias

No existe una sola metodología de trabajo por competencias. Más bien, existen múltiples recursos que pueden utilizarse. A guisa de ejemplo se ofrecen dos consideraciones que consideramos son fundamentales en el trabajo por competencias:

Tomar en cuenta los estilos de aprendizaje

Todo ser humano tiene una manera muy personal de aprender. Esto significa que el docente debe conocer cómo aprendemos y con qué estilos. La teoría nos ofrece varios estilos de aprendizaje: Observación reflexiva, Experiencia concreta, Conceptualización abstracta y Experimentación activa.

Estos estilos tienen sus propias características, y estas se ven reflejadas en el proceso de gestión y apropiación del conocimiento. Ninguno es mejor que otro. Simplemente son diferentes.

Lo que sucede es que los profesores tenemos la tendencia a enseñar con el estilo que aprendemos; y de esta manera reducimos la posibilidad de generar condiciones de aprendizaje para todos los estudiantes por igual. Por ejemplo, si como docentes, aprendemos por la vía de la Conceptualización abstracta, orientaremos todas las actividades de aprendizaje (y también de evaluación) a los procesos de abstracción (conceptualización teórica de los contenidos) y dejaremos de lado aquellas actividades que estimulen la experiencia concreta, la observación reflexiva y la experimentación.

Tomar en cuenta el perfil del estudiante adulto

Se ha dicho hasta la saciedad que generalmente el estudiante que ingresa a las universidades de Guatemala son trabajadores que estudian, en algunos casos, tienen un trabajo parcial. Son pocas las carreras que tienen estudiantes dedicados al estudio a tiempo completo. Esta primera situación ya nos ubica frente a seres humanos que han asumido responsabilidades laborales y por lo tanto, dedican parte de su atención a atender dichas responsabilidades.

El estudiante adulto también es poseedor de una experiencia previa. Esta experiencia es el resultado de los años de programación, de su exposición al entorno social, familiar, comunitario y educativo. Es poseedor de valores y antivalores, de actitudes y opiniones individuales, de miedo y temores, de esperanzas y anhelos.

Esta gama de situaciones se resumen en que el profesor debe aplicar una visión andragógica de la educación superior. Es decir, tratar a los estudiantes como adultos y no como niños. Propiciar la horizontalidad en los procesos, promover el diálogo y la participación, pero, por sobre todo, demostrar respeto y consideración a la dignidad humana, como canon de respeto y consideración recíprocos.

Acciones para formar competencias en el estudiante universitario

La enseñanza por proyectosA partir de una situación problema se desarrollan procesos de aprendizaje y de construcción de conocimiento, vinculados al mundo exterior, a la cotidianidad y al contexto. La enseñanza y el aprendizaje por proyectos tienen un inmenso valor formativo. Por un lado, se fomenta el espíritu de búsqueda crítica del conocimiento, se fortalece el aprendizaje cooperativo y colaborativo y la responsabilidad ética respecto a los resultados presentados.

Resolución de problemas

Esta metodología permite hacer una activación, promoción y valoración de los procesos cognitivos cuando los problemas y tareas se diseñan creativamente. Los talleres, seminarios y ejercicios de laboratorio son buenos ejemplos. Estas actividades provocan ejercicios de pensamiento que fomentan el espíritu crítico de los estudiantes y forman su capacidad para resolver problemas reales en su futura vida profesional.

Enseñanza para la comprensión

Desde la perspectiva de Perkins, enfocar el proceso de aprendizaje hacia la comprensión implica organizar las imágenes y las representaciones en diferentes niveles para lograr la comprensión por parte de los estudiantes; ellos aprenden a comprender y logran conciencia de este mecanismo de aprendizaje. Ejemplos: elaboración de mapas conceptuales, rutas críticas, bosquejos, diagramas, relatos, etc.

Comprender significa otorgarle un significado a las representaciones (conceptos, datos, anécdotas, etc.). Aquí se produce el aprendizaje significativo. En la aplicación de esta técnica se pueden detectar 5 niveles de comprensión:
Nivel narrativo: cuando se presenta un relato sobre un dato o hecho.
Nivel lógico-cuantitativo: Cuando el estudiante aborda el concepto desde procesos deductivos o numéricos.
Nivel fundacional: se aborda el concepto desde sus orígenes o rasgos epistemológicos o en sus diferentes connotaciones.
Nivel estético: se aborda el concepto desde su vivencia particular.
Nivel experimental: Cuando se generan cambios conceptuales a partir de la manipulación de datos y control de variables.

Estos niveles generan en el estudiante su capacidad propositiva y transformadora.

La didáctica de la investigación

Como ya hemos abordado en este trabajo, la investigación es pieza fundamental en el proceso de formación de competencias del estudiante universitario. Sin embargo, al respecto deben formularse propuestas didácticas que provoquen un aprendizaje significativo, placentero y útil. Para nadie es un secreto que cuando se habla de investigación en las aulas universitarias todo mundo se pone a temblar. Se tiene la idea que esta tarea es para genios o para viejos.

Se debe entonces, romper el mito de que pocos pueden investigar. Se proponen algunas ideas en torno a esta tarea:

No partir de lo general a lo particular. Es decir, no comenzar dando teorías de la investigación. Poner en el tapete de la discusión un caso que esté conectado con la gama de intereses estudiantiles. Este caso abordarlo en su relación de fenómeno a observar o problema a resolver.

Solicitar a los estudiantes posibles explicaciones respecto del comportamiento del fenómeno a observar (más adelante se les explicará que estas explicaciones previas se denominan hipótesis).

Proporcionar a los estudiantes lecturas relacionadas con el comportamiento del fenómeno, o bien, con sus explicaciones previas.

Reunir a los estudiantes para el análisis comparativo entre sus explicaciones previas y lo que indican las lecturas consultadas. Extraer lecciones aprendidas de tal ejercicio.

Dar un esquema de redacción de un informe de investigación, lo más elemental posible para no provocar el pánico académico. Consensuar la metodología de redacción del informe, tomando en cuenta el nivel de capacidad de redacción de los participantes.

Otras técnicas

En realidad son muchísimas las técnicas que se pueden aplicar para la formación por competencias. Lo importante es saber cuál es el propósito que deseamos conseguir con cada una de ellas. Por ejemplo, pueden aplicarse las siguientes:

a. Resumen: establecer la capacidad de síntesis de los textos leídos.
b. Ensayo: establecer la capacidad de análisis y propuesta sobre temas abordados.
c. Glosario: conseguir que el estudiante sistematice su experiencia de lecturas realizadas.
d. Artículo: verificar el nivel de comprensión y sistematización de lecturas respecto a un tema en particular.
e. Laboratorio y/o experimento: verificar la aplicación de conocimientos, destrezas y habilidades.
f. Lista de cotejo: establecer la capacidad para comparar teorías, argumentos, hechos, etc.
g. Texto paralelo: ejercitar en producción individual de conocimiento relacionado con la asignatura.
h. Texto didáctico: aplicar técnicas de mediación de conocimiento.
i. Carpeta viajera: socializar conocimiento entre estudiantes y profesores.
j. Informes de trabajo: verificar el nivel de aplicación de conocimiento y ejercicio académico.
k. Bitácora: verificar los pasos seguidos en un proceso de aprendizaje o investigación.

6. Competencias del docente para fortalecer las competencias del estudiante universitario

Ahora bien, con qué visión académica debemos actuar los profesores, qué competencias debemos poseer para formar a su vez, competencias en el estudiante universitario. Dada la exigencia tecnológica de nuestro tiempo, dado el perfil del estudiante universitario, las nuevas necesidades sociales que plantea la sociedad guatemalteca, así como los recursos con que cuentan las universidades, creemos que el docente universitario debe poseer ciertas capacidades en varios aspectos de la vida académica. Dividámoslos en los siguientes componentes (para mayor información leer la propuesta publicada en el blog: carlosinteriano1.blogspot.com, mes de noviembre del 2009):
a. Desarrollo y enfoque del curso
b. Utilización de recursos didácticos
c. Relaciones interpersonales
d. Cualidades profesionales
e. Cualidades tecnológicas

Conclusiones

Los nuevos escenarios en la educación nacional, planteados a partir de cada vez mayores necesidades sociales demandan la formación de profesionales con capacidades eficientes y suficientes para solucionar la problemática nacional. Frente a estas nuevas realidades se hace exigible un giro en el modelo educativo con que estamos formando el talento humano. Una visión más actual de las estrategias de enseñanza aprendizaje apuntan a la utilización del modelo por competencias. El mismo tiene su asidero en la llamada Escuela Nueva, cuyos primeros pasos comenzaron a darse en la década de los sesenta.

La formación por competencias demanda, como es natural, un cambio de actitud y aptitudes por parte del sector docente. En este sentido, no puede hablarse formación por competencias sin antes pasar la etapa previa de discusión, análisis y adopción de este modelo por parte del sector docente. Un cambio de actitud y aptitud que, por supuesto, no puede darse de la noche a la mañana, ya que es en sí, una manera distinta de ver el proceso educativo, apartándose del modelo conductista y escolástico, profundamente arraigado en muchas aulas.

Sin embargo, el reto es de las propias universidades, quienes tienen que adoptar medidas estratégicas que tiendan a introducir los cambios necesarios en la mentalidad de docentes y estudiantes para la adopción de esta forma diferente de mirar la educación. Cambios necesarios que no están exentos de largos debates académicos, de resistencias pasivas o activas, de críticas y deslegitimaciones, de berrinches y actitudes hostiles. Pero ese es el reto y debe asumirse con la valentía y decisión del caso.

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