viernes, 31 de agosto de 2018

Infoxicación

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En las redes sociales, cada segundo está corriendo frente a nuestros ojos decenas de mensajes, imposibles de digerir.

En esta era de la información estamos expuestos a un cúmulo de datos que difícilmente podemos manejar. La Big Data recoge todo cuanto ingresa a la red a través de múltiples mensajes. Además de la virtualidad, están los medios de información tradicionales: la radio, la prensa y la televisión, y otras formas de comunicación por medio de vallas, mupets, afiches y otros entornos visuales.
Hace solo cincuenta años, el ser humano no estaba bombardeado por tantos mensajes. Había otras maneras más relajadas de consumir información: el cine, el teatro, las tertulias en café, bares, los coloquios académicos, las conversaciones en el comedor. La televisión aún era en blanco y negro, y era centro de unión familiar. También se daban las conversaciones en las esquinas, los chismes en las tiendas de barrio. En fin, era un intercambio mesurado del acontecer, generalmente local. Las noticias nacionales e internacionales llegaban con algún tiempo de retraso. La gente tenía suficiente tiempo para procesar la información que recibía.
Hoy día, desde que nace, un niño está sujeto al bombardeo informativo, generalmente con estrategias que van dirigidas a perfilar su personalidad para el consumo, que, a la larga, conformarán sus hábitos futuros.
Nos hemos convertido en esclavos de la información mundial. En las redes sociales, cada segundo están corriendo frente a nuestros ojos decenas de mensajes, imposibles de digerir.
Cuando ingerimos alimentos que no pueden ser procesados por nuestro cuerpo o están descompuestos, causan intoxicación. Lo mismo sucede con aquella cuantiosa cantidad de datos que nuestro cerebro recibe, pero no puede digerir sanamente. En este caso se le llama infoxicación. También se le conoce como infobesidad.
La mayor parte de estos datos que ingresan a nuestro cerebro lo hacen por medio de la vista y el oído, canales efectivos de la era de la imagen. Los niños y adolescentes de hoy son totalmente audiovisuales, y muchos de ellos se desenvuelven cotidianamente en un mundo digital y de realidad virtual. En Guatemala hay más teléfonos que personas, y casi todos con acceso a Internet.
La virtualidad expone a los niños y adolescentes a un sinnúmero de datos que les llegan a través del ciberespacio y que ingresan en su cerebro a velocidades vertiginosas, tanto a nivel consciente como inconsciente. En este último se almacenan los datos que conforman el reservorio informativo que, tarde o temprano, habrá de dirigir sus actos. El problema es que muchos de estos datos, revestidos de llamativos envoltorios de diseño, sonido e imagen, pueden encerrar contenidos manipulantes de su conducta. Por supuesto, también el cerebro tiene mecanismos para desechar o, por lo menos, reprimir aquella información reiterativa, avasallante, mediante el proceso de evitación defensiva. ¿Usted ya se puso a dieta para evitar la infoxicación? Evite caer en la infobesidad, apagando sus dispositivos electrónicos algunas horas al día, y converse con su familia y amigos. Es más sano.

viernes, 24 de agosto de 2018

Dame un like


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El ser humano siempre ha necesitado de mecanismos de reconocimiento que eleven su autoestima.

Javier revisaba cada hora su feis para ver cuántos likes tenía en su nuevo mensaje publicado. Minuciosamente contaba cuántas manitas, corazones, caritas de asombro, tristes, enojadas, había en sus respuestas. También le interesaban mucho los comentarios, sobre todo aquellos que reforzaban su punto de vista. Cuando recibía pocas respuestas o ninguna, era presa de un desasosiego emocional que se transformaba en tristeza profunda. Sobre todo, si sus amigos no estaban en ese listado. La amistad se valora a través de los mensajes que recibes, decía; y tu importancia, también.
La anterior es una historia real. Pero no es la única. Estos casos de dependencia excesiva a la opinión de los demás sobre los mensajes que subimos a las redes sociales constituyen hoy día un fenómeno de reconocimiento personal que no existía con esta intensidad antes de Internet y, sobre todo, antes de que surgieran las redes sociales. Por supuesto, el ser humano siempre ha necesitado de mecanismos de reconocimiento que eleven su autoestima. Estos artilugios pueden ser premios, menciones honoríficas, cartas personales y todos aquellos recursos que contribuyen a fortalecer el trabajo intelectual o físico que realizamos.
En el caso de Facebook, sin embargo, se ha desarrollado una especie de patología virtual que se evidencia en un constante monitoreo a los mensajes subidos, especialmente cuando se trata de asuntos que tienen un interés específico por parte de los emisores, invirtiendo en este esfuerzo grandes cantidades de tiempo. Resulta frustrante que un mensaje subido al feis no obtenga la cantidad de likes esperados, o bien, que no cuente con comentarios a favor. A veces, cuando un comentario es contrario a la opinión del autor, puede llegarse al extremo de eliminar al remitente de la lista de amigos aceptados. En otras palabras, si apoyas mi opinión, te lo agradezco, si opinas lo contrario, te elimino. De ahí que algunas personas terminan por aceptar públicamente los argumentos del autor del mensaje, aunque sean ideas disparatadas. La espiral del silencio en su esplendor.
Otro fenómeno concomitante a los mensajes en redes sociales es la marcada preferencia de los usuarios a acuerpar, mediante el uso de emoticones o mensajes banales, aquellas “ocurrencias” compartidas por cientos de miles de internautas. Todo esto puede resumirse en un concepto que llamaríamos cultura de la miseria, una versión distorsionada de la cultura virtual, debido a lo superficial y chusco de los mensajes compartidos. Frases emotivas como “hoy amanecí triste”, “mi perro es un vago”, son solo dos ejemplos del contenido intrascendente de estas, pero son las que más likes consiguen.
Por el contrario, aquellos mensajes cuyo contenido es serio, reflexivo, gramaticalmente correcto, obtienen escasos seguidores. Por algo se ha señalado al Facebook y otras redes sociales como el nuevo narcótico, un adormecedor de conciencias, acrítico, seguidor pasivo de corrientes de opinión sin fundamento. A propósito, ¿usted ya le dio like a esta columna?

domingo, 19 de agosto de 2018

Insurgente


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Había un gorrión de vuelos insurgentes
Había dos gorriones de vuelos insurgentes
Había tres gorriones de vuelos insurgentes
Había muchos gorriones de vuelos insurgentes

De pronto
No había gorriones de vuelos insurgentes

Solo plumajes de gorriones esparcidos por el mundo

Y en el púlpito del pueblo
recuerdos disecados de gorriones insurgentes

En un supermercado vendíanse plumajes
de gorriones insurgentes

viernes, 17 de agosto de 2018

Las fake news (II)

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El tema de las fake news está ligado a la vieja teoría de la Agenda Building, una variante de la Agenda Setting.

Una conocida cadena de televisión norteamericana es famosa por inventar noticias. Ese ha sido su negocio; y ya se trate de gobiernos republicanos o demócratas en el poder, su estrategia es la misma. Pareciera que sus vínculos trascienden la estructura superficial de los presidentes, y responde, más bien, a grandes intereses corporativos en aquel país.
La contraparte de la estrategia de aquella cadena televisiva es, por supuesto, el ocultamiento de información al más alto nivel del Gobierno norteamericano y de otros países del orbe. Hace muchos años, a raíz del ataque a las torres gemelas en Nueva York, se filtró a la prensa nacional que otro avión había sido impactado en el Pentágono. Dicha noticia se quedó solo en rumor. Nadie confirmó ni negó el hecho. Sin embargo, un grupo de periodistas produjo un vídeo de mala calidad, con imágenes de los daños en el centro de seguridad más importante del mundo.
Hace pocos días vi un documental sobre este atentado al Pentágono, a todo color y con una producción de lujo. En este documental se revela toda la verdad sobre los motivos que tuvo el Gobierno norteamericano de aquel entonces para ocultar dicha información.
Razones de seguridad nacional, además del orgullo herido de los gringos por cuanto que su principal cerebro había sido vulnerado, sin que lo hubieran advertido siquiera. El tema de las fake news está ligado a la vieja teoría de la Agenda Building, una variante de la Agenda Setting, cuyos estudios comenzaron en los años setenta.
La esencia de estas agendas es evidenciar el roce que existe entre el interés de un gobierno en materia informativa y el interés, generalmente económico y político, de los medios de comunicación de impulsar sus propios mensajes a la ciudadanía. En este roce se produce una estrategia planificada, interesada, por parte de estos (no todos) en articular mensajes que debiliten la credibilidad de los funcionarios y de otros actores, generalmente adversos.
Recuerdo el caso concreto de un expresidente de Guatemala a quien se le sindicaba de estarse disputando la compra de un reloj de marca selecta con un famoso cantante, generando grandes titulares en la prensa escrita antagónica al Gobierno; finalmente se descubrió que había sido una treta de un periodista que armó el escándalo con el consentimiento de la Dirección del medio.
En este triste papel que han jugado algunos medios de comunicación para confundir a la ciudadanía y generar corrientes de opinión a favor o en contra de un gobierno, vale la pena citar otro hecho concreto, aunque mejor armado: la guerra de Grenada. Durante esta invasión norteamericana a la pequeña isla, sin razón aparente, en octubre de 1983, acompañada por un despliegue televisivo de sus acciones, los Estados Unidos impusieron un golpe publicitario de carácter militar, quizá para mitigar un poco el sabor amargo que les había dejado su fracaso en Vietnam, y necesitaban fortalecer su imagen del país más poderoso de la Tierra.

viernes, 10 de agosto de 2018

Las fake news

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Un medio profesional obliga a sus periodistas a contrastar los datos con otras fuentes dignas de todo crédito.

A la teoría del rumor, periodísticamente estructurada se le llama hoy día fake news. Su traducción literal es: noticia falsa. El rumor tiene sus orígenes desde que el ser humano no pudo explicarse racionalmente un hecho o fenómeno, acudiendo a fuentes mitológicas, como asidero para sustentar sus verdades. El rumor, si bien puede contener elementos verdaderos, carece de contexto, por lo que se maneja como verdades a medias o falsas versiones de un suceso.
Pero del rumor a las fake news hay un gran salto. En estas últimas se elabora, con criterio periodístico, una noticia cuyo contenido es totalmente falso. Generalmente estas notas tienen un objetivo muy preciso: desprestigiar a un personaje o, bien, elevarle el perfil a alguien. De ahí que pueden trabajarse en estas dos direcciones. Los expertos en propaganda negra acuden casi siempre a estas argucias políticas; y usando las reglas básicas de la orquestación y el enemigo único, han producido daños irreparables en la imagen de sus víctimas.
Actualmente, con el desarrollo de las redes sociales, las fake news aparecen generalmente como noticias falsas cuyo origen se pierde en el anonimato, pero el contenido siembra la duda en el lector, produciendo verdaderos cambios de opinión en favor o en contra de alguien. Por supuesto que no solo en las redes sociales se transmiten noticias falsas. Las hay en otros medios, como la prensa escrita, la televisada y la radial.
Paralelas a las fake news existen algunas secciones de periódicos que publican información cuyo formato no suele ser periodístico, sino simples comentarios con contenido tendencioso contra funcionarios y otros personajes públicos. En tiempos del pasado conflicto armado guatemalteco, algunos directores de medios recibían información falsa del ala más conservadora del Ejército, con el encargo de ser publicada. Actualmente esta práctica ha ido desapareciendo, aunque todavía “se filtran” rumores a medios periodísticos que destinan parte de su mancha impresa a manejarlos, generalmente con intereses creados.
Por supuesto, la prensa seria no da cabida a las fake news porque considera que dañan su reputación y confunden a sus lectores. Ante una noticia aparentemente falsa, un medio profesional obliga a sus periodistas a contrastar los datos con otras fuentes dignas de todo crédito e, incluso, realiza esfuerzos suficientes para contactar a posibles implicados, a quienes podría perjudicar la difusión de un hecho. Esta manera técnica y profesional de enfrentar rumores creados por partes interesadas ha dejado a buen resguardo la credibilidad de algunos medios, que aún consideran la ética como su principal fuente de orientación periodística. Los demás son mercenarios de la información; cobran jugosas prebendas por difundir hechos falsos, aunque con ello atropellen las elementales normas éticas y el derecho ciudadano a una información veraz, objetiva y periodísticamente balanceada.

viernes, 3 de agosto de 2018

Abrázame fuerte

Algunos no quieren alcanzar la ancianidad, temerosos de no poder soportar la resaca de sus errores.

Cuando regresé a casa, de un cansado pero nutritivo viaje, eran las seis treinta de la tarde. Mi nieta se acercó presurosa a mí, y rodeando mi cuerpo con sus brazos, tendió alrededor de mi alma esa dulce enredadera del amor. Te quiero mucho, me repitió varias veces.
Mientras permanecíamos abrazados, como si hubiera pasado un largo tiempo sin vernos, no pude dejar de pensar en aquel pobre hombre a quien un ser querido no quiso darle un abrazo, bajo el pretexto de que nunca abrazaba a nadie. Sin embargo, varias veces lo había visto enredar con sus brazos a varios amigos suyos, jóvenes, igual que él. Con un dolor inexplicable ante tal negativa, este ser humano, entrado en años, se preguntaba cuál sería la causa. ¿Sería, acaso, que su cuerpo emanaba algún olor desagradable? ¿Sería la edad?
Estas y otras hipótesis no lograron mitigar el rozón a su autoestima, de por sí lastimada por algunos acontecimientos que le habían sucedido durante algunos días previos. Y elaboró para sí esta reflexión: la ancianidad es el punto sin retorno, donde un quiebre de uña te vuelve vulnerable, cansadamente caótico, sin la fuerza suficiente para revertir el efecto de tus actos.
Con razón, algunos no quieren alcanzar la ancianidad, temerosos de no poder soportar la resaca de sus errores, la mirada desentendida de sus familiares y amigos, el fruto de aquellos amores que en realidad nunca lo fueron. La ancianidad es el puerto final donde la vida nos cobra la factura de nuestra actitud de cactus condenadamente solitarios, anteponiendo nuestras espinas, ahí donde alguna mano amiga se atrevió a concedernos alguna caricia.
Por ello, cuando se es viejo, un fuerte abrazo es el bálsamo que conforta tu ser y te inyecta ganas para continuar ese tramo final de tu existencia. Y más, si el abrazo proviene de un ser querido, fortalece tu valía como ser humano y le sumas bonos extras a tu dignidad.
Pero los abrazos también se ganan. Constituyen algo así como los premios afectivos a los cuales nos hacemos acreedores en la medida en que damos afecto, amor, compromiso, interés por los demás. Nadie abraza, genuinamente, así por así. De esa cuenta, obtener un abrazo de alguien querido es ni más ni menos que conquistar la gloria, la cima de nuestra felicidad.
Quizá aquel hombre no había hecho lo suficiente para ganarse el abrazo de su ser querido. O tal vez, en un acto egoísta, reclamaba un premio afectivo, y obtuvo, por el contrario, una contundente lección de vida. La humildad se basa en el acto de dar, sin pretender recibir nada a cambio, ni siquiera un fuerte abrazo. Aunque, claro, quien recibe también debe ser humilde para retroalimentar ese acto de amor. Dan, darán, dicen las campanas.
Me siento afortunado por tener aún algunos brazos que se enredan en mi cuerpo y me hacen sentir que, a pesar de mis espinas de cacto, son capaces de ver en mí algunos frutos que les alientan la vida.

Poesía Carlos Interiano