miércoles, 28 de septiembre de 2011

POBREZA Y SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Resumen

Existe una íntima relación de antagonismo entre la pobreza y la sociedad del conocimiento, la era en que el mundo está experimentando sus más variadas formas de interacción social.

El presente artículo aborda dos temas fundamentales que debieran formar parte de la discusión académica en las universidades y centros educativos como son la pobreza y la sociedad del conocimiento: sus características, implicaciones y resultados. En este ejercicio académico se ofrecen datos estadísticos tomados de los principales informes socioeconómicos que se producen en el país y aderezados con categorías de análisis que han sido abordadas por teóricos experimentados en la materia.

Palabras clave: Pobreza. Conocimiento. Educación. Cibersociedad.

Introducción

No cabe duda que el mundo ha cambiado dramáticamente en los últimos 30 años. Estos cambios han impactado en todos los ámbitos de la vida humana. En las primeras 6 décadas del siglo XX se hablaba con toda propiedad de la era industrial. Luego, pasada la mitad de ese mismo siglo se comenzó a hablar de la era de la información, dado el acelerado avance de los medios masivos de la información: la radio, la televisión, los satélites y las redes telemáticas. Todos estos acontecimientos dieron vida a lo que hoy se denomina como sociedad del conocimiento.

La sociedad del conocimiento, llamada por algunos teóricos como Cibersociedad se funda a partir de la expansión de la comunicación virtual y la posibilidad de que los seres humanos produzcamos bienes y servicios sin importar las distancias. Sin embargo, el impacto de la sociedad del conocimiento no se queda solo en esta característica. Abarca más que el mero proceso de producción. Es más, rebasa esta posibilidad, en el sentido que hoy día los seres humanos requerimos conocimiento como un bien en sí mismo, capaz de ser vendido y adquirido en el libre mercado pero que nos es indispensable para poder insertarnos en las cadenas de producción de distinta índole.

De esta cuenta, los centros educativos de distinto nivel están enfocando sus intenciones de rediseño curricular para crear y fortalecer aquellas competencias destinadas a conseguir que los educandos sean gestores de su propio conocimiento, aplicando para ello diversas metodologías educativas y dotándoles de mayores capacidades de manejo en tecnologías de información y comunicación –TIC-.

Los retos son grandes para un país como Guatemala, que aun no logra resolver sus problemas estructurales de pobreza y rezago educativo y tecnológico. Sin embargo, esto no significa que debamos quedarnos de brazos cruzados. Al contrario, debemos acelerar el paso para acercarnos lo más posible al ritmo que marchan los países donde la sociedad del conocimiento es el nuevo escenario de la convivencia y la interacción.

Sociedad y conocimiento

El desarrollo de la Humanidad ha estado ligado indefectiblemente a la manera como los diferentes grupos humanos gestionan y aplican el conocimiento. Entiéndase por este todo el acervo cultural, científico, tecnológico y humanístico que el ser humano ha ido acumulando a lo largo de su historia. No está demás indicar que existen diferentes expresiones del conocimiento que van, desde el conocimiento empírico y cotidiano hasta el conocimiento científico. En el medio encontramos otros tipos de conocimiento tales como el religioso, el político, el conocimiento intuitivo, hasta el conocimiento común u ordinario.

Ha sido basta la producción del conocimiento que la Humanidad ha acumulado desde que comenzó a dejar huella de su paso por la Tierra. Sería un esfuerzo descomunal tratar de sistematizarlo en todas las áreas de la actividad. Basta girar la mirada por lo más inmediato que nos rodea para darnos cuenta que nos envuelve una cultura nacional y mundial en la cual cada ser humano ha impreso, en todas las épocas, el sello de su particularidad y también de su sentir como ser colectivo.

Hoy día se habla de sociedad del conocimiento, en un intento por hacer una distinción entre la sociedad del siglo XX, llamada sociedad industrial, cuya característica más visible fue quizá la producción en serie de los bienes y servicios de consumo humano. En ese siglo dio inicio la informática y la telemática, como dos grandes herramientas que servirían a la Humanidad para acortar procesos y distancias y que provocarían un repensar en los procesos de producción de conocimiento, dado el apoyo sin precedentes de la tecnología de la información y la comunicación. En la segunda etapa de la sociedad industrial se acuñó un nuevo término: la sociedad de la información, dado el acelerado y cuantioso avance los medios masivos de comunicación. Esta denominación persistiría hasta finales del siglo XX.

El mundo de finales de esa época vio comprimirse la sociedad mundial (comunicacionalmente hablando) con el surgimiento del internet, un proyecto que inició con los primeros experimentos en los laboratorios militares de mitad de ese siglo, en el pleno fragor de la Guerra Fría, cuya denominación se conoció como sociedad industrial.

Ya a finales del siglo XX el mundo académico usó un nuevo cuño para la época que estábamos viviendo. Nace así, la llamada sociedad del conocimiento, cuyo principal soporte es la comunicación virtual, dando origen así a otro término bastante inquietante: la cibersociedad. Este nuevo enfoque ha traído consecuencias inmediatas en la cotidianidad, replanteando desde las relaciones familiares hasta las relaciones comerciales, empresariales e industriales. Una nueva manera de hacer ha impactado en una distinta manera de ser y de autodefinirse: el ser cibersocial.

El impacto de las transformaciones del ser social en cibersocial se ha dejado sentir en muchos campos, desde la familia y la vida comunitaria, hasta la tecnología, la ciencia, la educación y la cultura en general; al mismo tiempo que ha modificado las relaciones sociales de producción y en muchos casos, los mismos medios de producción. Los esquemas de producción industrial se han vuelto obsoletos y el principal producto que hoy adquiere un valor sin precedentes en la historia humana es el conocimiento.

Los grandes centros científicos del mundo, las universidades, los institutos de investigación se afanan hoy más que nunca por valorar y producir conocimiento más que objetos mercantiles. El conocimiento se ha vuelto en sí mismo una mercancía de alto valor.

Los indicadores de la pobreza en Guatemala

De alguna manera Guatemala está ya inserta en la lógica de la sociedad del conocimiento, ampliando cada vez más su base tecnológica. Al respecto, Meir Finkel señala que “El conocimiento, en forma de información y datos, circula y circulará libremente en la red; el espacio de redes es un contexto tangible, compuesto por cables, fibras ópticas, dispositivos y equipos, entre otras tecnologías. La esfera de la gestión del conocimiento es más difícil de imaginar por su característica intangible. Se trata de un espacio "extenso e inmediato" donde el hombre interactúa usando la red; en un mundo en que las máquinas –sólo aparentemente– serán más útiles que los hombres; para comprender esto se puede imaginar un escenario carente de conocimiento y otro escenario donde fluye el conocimiento”. (Tesis doctoral, octubre 2009).

Finkel señala además que “Sin pretender dar predicción alguna, se podría pensar que en el 2012, Guatemala presentará una red de comunicación y tecnología que servirá de soporte a la inclusión de la sociedad guatemalteca a la nueva estructura cibersocial que presenta la sociedad global de redes. El especialista Manuel Castells se refiere a la transformación de la red social hacia un nuevo paradigma: la sociedad red (Castells, 1995:36-41). Se puede pensar que la transformación tecnológica incidirá en la transformación social, y este cambio social se reflejará en el cambio en el pensamiento, consecuentemente la transformación educativa hacia el año 2012 será irreversible y se apoyará en las TIC’s” (2009).

De acuerdo a los razonamientos anteriores, podría decirse que el mundo guatemalteco ha quedado partido en dos. Por un lado, la avalancha tecnológica (sobre todo en TIC) se nos ha venido encima. En el 2011 cerca de dos millones de usuarios están conectados a la web, ya sea en su hogar, en su oficina o bien, acudiendo a cafés internet. Los jóvenes y adultos tempranos son quienes más usan internet y las redes sociales. Se calcula que un millón de personas usan Facebook y Twitter.
Por otro, los indicadores de pobreza nos ubican como uno de los países más rezagados en el mundo. Somos el país con mayor nivel de desnutrición infantil en Latinoamérica. Visualmente la radiografía de la desnutrición en Guatemala es la siguiente:



Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI 2006, publicada durante en agosto de 2007 el 51% de los guatemaltecos vive en condición de pobreza, lo cual equivale a 6 millones 625 mil 892 habitantes de un total de 12 millones 987 mil 829 calculado para ese año. El 15.2% vive en condiciones de extrema pobreza (1 millón 976 mil 604 personas), mientras el 35.8% en pobreza no extrema (4 millones 649 mil 287 de personas). La ENCOVI determina que la línea de pobreza extrema tiene un valor anual per cápita de Q3,206 equivalentes a Q264 al mes, la cual incluye únicamente el costo de consumo mínimo en alimentos por persona al año, mientras la línea general tiene un valor de Q6,574 que incluye el costo de consumo mínimo en alimentos más un consumo mínimo en bienes y servicios complementarios por persona al año con un monto de Q540 al mes por persona.

En algunos departamentos el nivel de pobreza ha ido en aumento. Según dicha encuesta, departamentos como Zacapa, Izabal, Chiquimula, Chimaltenango e incluso Guatemala, ha incrementado sus niveles de pobreza. Al menos esto revela el siguiente cuadro:



Según los datos de la encuesta en mención, son alrededor de 16 departamentos los que superan el promedio nacional de pobreza del 51%. En Quiché alcanza al 81% de la población, en Alta Verapaz el 78% de todas las personas son pobres. Sololá no dista mucho de este panorama pues alcanza el 74%; el 71% en Totonicapán y Huehuetenango; el 70% en Baja Verapaz, el 65% en San Marcos y el 60% en Jalapa y Chimaltenango, entre los más afectados.

Los departamentos con mayor concentración indígena son los más afectados por el flagelo de la pobreza. Por ejemplo, aquellas comunidades con población Kaqchikel tienen un 62.6 de pobreza. En el pueblo Kiché llega a 64.4. Por su parte, el pueblo Qeqchi presenta el 83.5 de pobreza. El pueblo Mam es el más perjudicado, ya que alcanza el 90 por ciento de pobreza y un 34 por ciento de pobreza extrema.

Este cuadro de inequidad en la distribución de la riqueza impacta directamente en las condiciones generales de bienestar social y económico y fundamentalmente se ve reflejada en los niveles de escolaridad que alcanza la mayoría de la población. En este retrato de problemas sociales es la población concentrada en el área rural la más relegada; y dentro de esta, la población indígena.

En el ámbito educativo las cosas no están mejor. Según el Informe de Desarrollo Humano 2009-10 Guatemala es el país centroamericano que menos invierte en la educación. El presupuesto nacional solo le dedicó en el año 2010, el 2.1 por ciento del PIB, en tanto que en los otros países de Centroamérica invierten alrededor del 5 por ciento del PIB. Como datos ilustrativos veamos los siguientes indicadores:
• En el nivel pre-primario, la tasa neta de escolaridad es del orden de 49.0 por ciento.
• En el nivel primario, la tasa neta es de 95.1 por ciento, pero solo la mitad de quienes tienen acceso al nivel primario alcanzan el sexto grado.
• En el ciclo básico la tasa neta es de de 37.2 y en el ciclo diversificado, de 20.1.
• La tasa de analfabetismo es del orden de 69.1. Esto último a pesar de las campañas de alfabetización emprendidas por los gobiernos desde el presidente Alfonso Portillo a la fecha.
• Solo el 2 por ciento de graduados en el nivel medio tiene acceso a la educación superior universitaria.

El siglo XXI y la sociedad del conocimiento

La sociedad del conocimiento está íntimamente ligada al desarrollo educativo de cada país. Existe entre estos dos conceptos una relación de causa y efecto. Es decir, a medida que se incrementa el nivel educativo también se incrementa el potencial de convivir en este nuevo orden social.

Hasta finales de los ochenta del siglo pasado, se hablaba de una sociedad industrial y posteriormente de sociedad de la información. Esta característica de la producción de bienes y servicios marcó el siglo XX y la segunda mitad del siglo XIX. Fue la época de oro de la maquinaria impulsada por la electricidad, del surgimiento y desarrollo de los medios electrónicos de comunicación y de los viajes del Hombre al espacio, aunque también marcó el uso de tecnología para sostener dos insensatas guerras mundiales.

Sin embargo, en la última década del pasado siglo, el mundo comenzó a experimentar una nueva forma de producir bienes y servicios, ayudado esta vez por los más avanzados sistemas de comunicación satelital y el cada vez más dinámico y atrevido mundo de la computación. Internet se desarrolla a pasos agigantados y con esta nueva herramienta de convivencia mundial se crean nuevas formas de interactuar en la ciencia, la tecnología, la economía, la vida cotidiana y la cultura en general. A tal grado que en el mundo académico comenzó a hablarse de una nueva era. Comienza a tomar auge el concepto de Sociedad de la Información o Cibersociedad y con éste, la era del conocimiento o Sociedad del Conocimiento, como le llaman los teóricos más entusiastas.

Mucho se ha dicho ya de esta era; abundan los autores que han aportado interesantes y profundos trabajos analizando los pros y los contras de esta nueva forma de gestionar el conocimiento. De tal manera que no nos detendremos en este trabajo a caracterizarla.

Lo que sí nos interesa es destacar la brecha que existe entre la sociedad informada de nuestro siglo y aquellos sectores sociales marginados por décadas que hoy constituyen una inmensa mayoría, muchos de ellos subsistiendo con un dólar promedio diario. Esto hace que Guatemala sea un país dicotómico, económica, social y educativamente, en donde los beneficios de una producción derivada de la sociedad del conocimiento aun no se dejen sentir.

A pesar que herramientas de comunicación como el teléfono móvil sean hoy día instrumentos que han pasado a formar parte de la canasta básica del guatemalteco (según algunos cálculos estaría llegando a 14 millones de aparatos telefónicos en Guatemala) el uso de Internet alcanza apenas a dos millones de habitantes, algo así como el 14 por ciento de la población total. Esta realidad se hace más evidente si tomamos en cuenta que alrededor del 30 por ciento de la población no sabe leer ni escribir y vive todavía en condiciones de extrema pobreza.

Por supuesto que en este mundo dicotómico entre pobreza y riqueza, existe una considerable capa de población que tiene acceso a los medios de comunicación de última generación, lo cual les permite vivir, convivir y producir en un mundo cada vez más interconectado, haciendo uso de las herramientas que han generado las tecnologías de la información y la comunicación. Pero singuen siendo parte de ese porcentaje que no es representativo de la mayoría de población. La llamada clase media tiene acceso a estas formas avanzadas de comunicación, generalmente concentradas en colegios privados de alto nivel, universidades privadas, empresas, y los menos afortunados, en cafés internet.

Vale recordar que el vínculo entre la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento es tenue; y en Guatemala está siendo representado por los sectores de clase media y media alta, cuyos jóvenes y adultos que oscilan entre los doce y cuarenta años tienen un dominio generalizado de las nuevas formas de comunicación que provee internet. Los sectores populares urbanos tienen la opción de asistir a cafés internet. En los sectores rurales existe mucha limitación para tener acceso a estos servicios no obstante que las grandes compañías de telecomunicaciones extienden cada vez su cobertura a todo el territorio nacional. Producir y transmitir conocimiento por la red es en todo caso, una posibilidad que cada vez se extiende en todo el país, no obstante las limitaciones socioeconómicas antes señaladas.

Por supuesto que para lograr una mejor inserción en la sociedad del conocimiento deben crearse condiciones tanto materiales como culturales. En cuanto a condiciones materiales es preciso poner en vigencia de una política nacional sobre nuevas tecnologías de la información y la comunicación como herramientas que posibilitan el acceso a esta nueva era. También es necesario adecuar el currículum educativo a las exigencias que plantea la sociedad del conocimiento, dotando a estudiantes y profesores las herramientas necesarias para acceder a este nuevo mundo. Estas condiciones crearán a mediano y largo plazo cambios significativos de carácter cultural que en un país como Guatemala, no estarán exentos de críticas y señalamientos por sectores interesados.

Conclusiones

El mundo interconectado de hoy exige a las sociedades entrar en la nueva era del conocimiento, en donde cada ciudadano debe ser responsable de gestionar información para formarse competencias para la vida. Una de las características de la sociedad del conocimiento es que prepara a los ciudadanos para hacer uso de las tecnologías de la información y la comunicación que les permiten resolver problemas sin importar distancias ni barreras idiomáticas o culturales. El mundo de hoy acerca a los seres humanos a través de la red y los hace producir bienes y servicios sin que las distancias sean un obstáculo.

La sociedad del conocimiento se ha ido desarrollando a medida que las tecnologías de la información y la comunicación se desarrollan. Son dos sucesos paralelos, indisolubles pero al mismo tiempo complementarios. No obstante que en Guatemala cerca de dos millones de personas hacen uso de internet, la brecha aun es grande para alcanzar la sociedad del conocimiento. A esto se agrega que tenemos un significativo índice de analfabetismo en lecto-escritura y también un importante índice de analfabetismo informático.

A pesar de los esfuerzos que se han realizado en Guatemala en materia educativa en los años de la era democrática, aun persisten considerables asimetrías. Por un lado, una enorme masa magisterial sin las condiciones materiales para desarrollar su labor y en muchos casos, con rezagos científicos y tecnológicos. Cada vez el sector magisterial es más grande, pero también es cierto que cada vez está más depauperado, con salarios que apenas llegan a un promedio de 400 dólares mensuales. Los niños y niñas son ciudadanos que en su gran mayoría forman parte del sector en pobreza y pobreza extrema, lo que hace aun más difícil la labor educativa de los maestros.
No obstante los grandes problemas estructurales que se deben enfrentar, ingresar en la era de la sociedad del conocimiento es una ruta a seguir para estar a tono con el mundo interconectado de hoy.

Referencias

Castels, Manuel (1998). La era de la información. Madrid: Alianza Editorial.
De la Cruz Escoto, Jesús (2003). Sociedad del conocimiento: Retos, oportunidades y estrategias para Guatemala a principios del Siglo XXI. Madrid: Universidad Pontificia de Salamanca. Tesis doctoral.
Finkel, Meir (2009). SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO GUATEMALA: El desarrollo histórico del actual modelo cibersocial apoyado en innovación tecnológica. Guatemala: Universidad Panamericana. Tesis doctoral.
Instituto Nacional de Estadística –INE- (2007) .Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI 2006. Guatemala: versión digital.
Joyanes, Luis (1997). Cibersociedad: Los retos sociales ante el nuevo mundo digital. Madrid: McGraw-Hill.
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD- (2010). Informe Nacional de Desarrollo Humano 2009-2010. Guatemala: Magna Terra Editores.

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