sábado, 25 de noviembre de 2017

Terapia desocupacional


En la era industrial y en nuestra época actual, la actividad productiva se ha transformado en algo así como un culto al trabajo.

En el campo de las relaciones laborales existe innumerable literatura sobre la terapia ocupacional. Incluso, la Organización Mundial de la Salud también se ha ocupado de este asunto. No es nada nuevo, por supuesto, los egipcios, hace miles de años, se preocupaban por atender a las personas que sufrían de alguna disfunción emocional, inculcándoles tareas productivas.

Quizá el ser humano siempre se ha preocupado por la productividad. En la sociedad esclavista, por ejemplo, tal ejercicio venía sincronizado con la conculcación de las libertades ciudadanas: o se trabajaba, o se trabajaba. No había lugar para tristezas ni melancolías; estas eran solucionadas a pura reata.

Con el paulatino cese del esclavismo y el surgimiento del proletariado como clase productiva, se incorporó el estipendio por trabajos realizados. A veces este termina siendo un incentivo perverso, dado que la clase patronal se queda con la mayor parte del fruto del trabajo y la producción, bajo el pretexto de ser quien posee el capital y la propiedad de los medios productivos.

En la era industrial y en nuestra época actual, la actividad productiva se ha transformado en algo así como un culto al trabajo. Existe una sobre explotación de la capacidad productiva del ser humano; se ha deshumanizado el trabajo como actividad que está destinada a ser una acción de realización ocupacional y medio de vida. Se ha caído en el trabajolismo. Trabajólico es aquella persona cuyo único afán es trabajar por trabajar.

De esto existe poca literatura. No interesa a lo lógica mercantil de nuestros días. Sin embargo, aquellas personas con esta característica deben ser tratadas con técnicas especiales que les ayuden a reenfocarse en su objetivo de vida, cuya razón no es solo trabajar sino usar esta faena como medio para ser felices.

Propongo, pues, encontrar las herramientas que nos ayuden a desarrollar una terapia desocupacional, que nos ayude a equilibrar el mundo laboral con el entorno emocional y nos permita ver la vida en un horizonte de mayor satisfacción. Centrar solo el interés en el trabajo genera estrés y enfría nuestras relaciones familiares y sociales, aunque puedan llenarse los bolsillos de dinero, nuestras arcas de la afectividad y la dicha permanecen vacías.


¿Es usted trabajólico? ¡Deténgase por un momento! ¡No haga nada! Cierre los ojos, respire profundamente y trate de enfocarse en una imagen que le proporciona enorme placer: puede ser una anécdota, un pasaje familiar, una cita amorosa, un poema, una canción, un viaje feliz. 

No importa lo que sea. ¡Goce ese momento, relájese, y por un instante al menos, sea feliz! Al respecto de la felicidad, el gran Pepe Mujica dijo: Si no puedes ser feliz con pocas cosas, no vas a ser feliz con muchas cosas. He aquí el dilema.

viernes, 17 de noviembre de 2017

CARITA PINTADA


Cuando paran los carros, obligados por la luz roja del semáforo, la niña extiende la mano para pedir limosna.

En el semáforo de la intersección entre la calzada La Paz y la que conduce al Muñecón de la zona 5 algunos niños y adolescentes desempeñan diversas labores: limpian vidrios de los carros, venden chucherías, realizan maromas cargando a otros niños sobre sus hombros. Todo por ganarse unos centavos.
Entre estos sobresale una pequeña de unos seis años de edad, con el rostro totalmente pintado, simulando un payasito. Cuando paran los carros, obligados por la luz roja del semáforo, la niña extiende la mano para pedir limosna. Algunos conductores le alcanzan una moneda, sin imaginar siquiera que, aunque es un gesto de sensibilidad social, este acto refuerza el círculo de la pobreza extrema.
La escena descrita, por supuesto, no es solo en ese lugar. En cualquier esquina de las arterias de la ciudad capital y de otras ciudades del interior del país se observa el mismo fenómeno. Cientos de niños cuyo destino debiera ser la escuela, el parque de diversiones, o simplemente, el calor seguro de un hogar, deambulan por las calles, a veces estimulados por sus propios padres o bien, por personas adultas a quienes estos los dan en alquiler para labores de mendicidad.
Duele el alma ver estos espectáculos porque sabemos que el futuro de Guatemala está en serio riesgo; estamos enajenando lo más sagrado que tiene la sociedad: su niñez. En tanto se gastan millones de quetzales en actividades banales, cuyo fin único es visibilizar la imagen de empresas, instituciones y líderes de diversa índole. Echamos a la basura millones de quetzales en publicidad barata, en vez de alcanzar acuerdos sociales para dotar a los infantes y adolescentes de un futuro seguro.
¿Qué podrá exigirse a futuro a estos niños cuando sean adultos? ¿Para qué puestos de trabajo estarán capacitados si no han tenido las herramientas educativas y la seguridad nutricional y emocional para desarrollar plenamente su personalidad?
La vida de los niños y niñas en situación de riesgo es un drama nacional; no tiene otro calificativo. En mucho, el clima de violencia e inseguridad ciudadana que hoy vive el país es el resultado de haber cerrado los ojos a la realidad de estas criaturas, quienes, en su adultez, arrastran el lastre de privaciones, aniquilamiento económico y social al cual se vieron sometidos.
Como aquella pequeña niña de carita pintada, la realidad que vive la niñez pobre de Guatemala sufre el maquillaje de acciones altruistas, pero poco eficientes de instituciones y grupos que dicen ser sus defensores.
No le demos tantas vueltas al asunto. O volcamos todo nuestro esfuerzo a garantizar un estado de seguridad para la niñez y adolescencia marginada, o continuaremos con el círculo de la violencia e inseguridad que tanto preocupa a la clase media, pero que poco hace por participar en abordar y resolver esta problemática. Actuemos hoy. Mañana quizá sea muy tarde. A los poderosos no les preocupa este asunto porque ellos son protegidos por sus guaruras personales.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Armados hasta los dientes

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Imagen de Google

Patrones culturales devenidos de un modelo político cuya hegemonía se ha centrado en una carrera armamentista.

En CNN, medio de comunicación norteamericano, se difundió la noticia de que en los Estados Unidos existen 270 millones de armas en manos de la ciudadanía. Esta noticia se difunde en el contexto de la masacre en una iglesia de Texas, el pasado domingo 5 de noviembre.
Esta noticia pone de manifiesto dos problemas que merecen un estudio profundo. Por un lado, la excesiva obsesión de la ciudadanía norteamericana por poseer armas, las cuales las venden, por cierto, como vender chicles en las esquinas. Si consideramos que la población total de ese país es aproximadamente de 320 millones, es fácil suponer que cada persona adulta tiene por lo menos un arma. Por otro lado, el crecimiento de patologías mentales relacionadas con los altos niveles de deterioro psíquico de los jóvenes y, en muchos casos, de personas que sobrepasan los cuarenta años. 
El presidente Donald Trump declaró respecto a este hecho de violencia, que no se debe a la posesión de armas, sino a problemas mentales del atacante. ¿A qué se debe este proceso de descomposición psíquica y social de los ciudadanos? Las causas son múltiples. Aquí algunas de ellas: los patrones de crianza de los hijos están regidos por una libertad excesiva, al extremo que no es permitido ni siquiera el regaño; esto trae como consecuencia, un malentendido proceso de formación de valores, proclives a la inobservancia de normas éticas y de convivencia social. Todos sabemos que un clima de libertinaje no puede sino producir descomposición social.
También es importante señalar el deterioro del tejido familiar. Ambos padres trabajan extenuantes jornadas en una sociedad cuyo criterio de felicidad se basa solo en el espejismo que produce la posesión de bienes materiales, deja desprotegidos a los hijos de la seguridad emocional y espiritual que se requiere para que ellos crezcan en un clima de estabilidad psicológica y social. Ver a los hijos como meros objetos decorativos del hogar producirá, a futuro, seres insensibles y carentes de capacidad para apreciar y valorar la vida. Y como reza el refrán popular, árbol que crece torcido, nunca su rama endereza. 
Hay, por otro lado, patrones culturales devenidos de un modelo político, cuya hegemonía se ha centrado en una carrera armamentista. A falta de cubrir el mercado externo por el cese de la guerra fría, los fabricantes de armas han puesto los ojos en comercializar sus objetos de muerte en el mercado interno. Con un buen nivel de éxito han logrado que se mantenga la pretendida libertad de portación de armas como mecanismo disuasivo de violencia, sin imaginar que están cavando su propia tumba.
En fin, allá ellos. Nosotros, en Guatemala, ejerzamos un efectivo control de tenencia de armas, cuya facultad de poseerlas debe ser exclusivamente de las fuerzas policiales. Suficiente se sufrió ya con los 36 años del conflicto armado y los años sucesivos.

viernes, 3 de noviembre de 2017

El Sancarlista U

Publicado en el Diario de Centro América el 3 de noviembre de 2017



No puedo menos que llenarme de orgullo y satisfacción por este salto cualitativo que ha dado la Escuela de Ciencias de la Comunicación.

Esta semana fue inaugurado El Sancarlista U, diario digital y agencia de noticias de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, Universidad de San Carlos de Guatemala. En el marco de una agitada agenda informativa y espacios de opinión, el nuevo medio culmina su fase de preparación y entrenamiento de su planta de comunicadores, quienes han puesto muy en alto el nombre de la Tricentenaria con su profesionalismo y sentido ético.
ElSancarlistaU, cuyas siglas son ESU, es un proyecto de práctica periodística de la ECC, que nace en el 2015 y sufre un proceso de planificación y desarrollo en dos de sus principales funciones: ser un medio de comunicación digital, acorde a las exigencias del nuevo periodismo, y también funcionar como agencia de noticias. Considero que ambos propósitos los ha cumplido a cabalidad.
Estuve presente en la inauguración, y durante la presentación, envuelta en los recursos tecnológicos de última generación, vinieron a mi memoria mis años de estudiante, en los cuales la práctica periodística se ejercía, si mucho, por medio de periódicos murales. Al final del ciclo se imprimía un modesto ejemplar de ocho páginas tamaño tabloide, el cual recogía algunos trabajos estudiantiles que, como se comprenderá, habían perdido vigencia cuando por fin el medio miraba la luz del día. También recuerdo que nuestro querido profesor de fotografía, el famoso Mauro Calanchina, fotógrafo de grandes ligas, no tenía más remedio que explicarnos el funcionamiento de la máquina fotográfica con dibujitos sobre el pizarrón. Por esa época yo me había comprado, con mil sacrificios, una cámara Minolta con lente fijo. Con ella di mis primeros pasos en este fantástico mundo de la imagen. Eran los años setenta, y la ECC recién se había independizado de la Facultad de Humanidades y entraba en una era de mucha discusión teórica en el campo de la comunicación, sin embargo, tenía serios problemas en el ejercicio práctico.
Cuando veo el formato dinámico, sobrio y bien documentado del nuevo órgano de práctica estudiantil, no puedo menos que llenarme de orgullo y satisfacción por este salto cualitativo que ha dado la Escuela de Ciencias de la Comunicación, de quien siempre se dijo que preparaba teóricos, pero quedaba a deber mucho en el ejercicio práctico. Creo que este dilema está siendo resuelto favorablemente. Quien dude de la veracidad de esta apreciación mía, lo invito a ver el nuevo medio. Pueden encontrarlo en Facebook, Twitter, Instagram o bien en su propia plataforma https://elsancarlistau.com/. ¿Qué tal?
Felicitaciones a las autoridades de la ECC por este esfuerzo cualitativo en mejorar la calidad educativa, al cuerpo de profesionales que integran el equipo directivo del ESU y, por supuesto, a todo el estudiantado que día a día ejerce su labor periodística con la mística y la vocación de un verdadero universitario de la tricentenaria Usac.

Los olores que nos nombran

Esta gama de olores conforma, en su conjunto, el bagaje cultural que es capaz de identificarnos en nuestra individualidad. Cuando era...