viernes, 21 de marzo de 2014

De los columnistas

Publicado en Diario de Centro América, el 20 de marzo de 2014

De todo hay en la viña del Señor.


El inicio de la prensa escrita demandó toda una organización social dedicada a este nuevo oficio: informar a la ciudadanía sobre el acontecer nacional y mundial. 


En esta organización social han desempeñado un papel clave las personas entrenadas para recopilar, procesar y difundir las noticias. Surge de esta manera un nuevo oficio, una nueva profesión: el periodista. El nombre genérico de periodista se emplea hoy día para aquellos profesionales que trabajan en cualquier medio, prensa, radio, televisión y el extenso mundo de Internet. 


Esta última herramienta ha venido a provocar redefiniciones en el oficio de los hombres y mujeres de prensa. ¿Qué es lo que define a un periodista?


Hay muchas características que marcan la profesión, por ejemplo, que trabajen con la materia prima que es la información. Esto conlleva, por supuesto, un compromiso con la verdad, la objetividad (en el más extenso sentido del término) y la responsabilidad social.


Un periodista debe ceñirse a los cánones que le marca la ética de su profesión y estar consciente de que no es un constructor de estados de opinión pública sino un enlace entre los sucesos y la ciudadanía. Durante muchos años algunos periodistas se consideran a sí mismos como líderes de opinión, pero la verdad, su papel no debe ser confundido. No se forman en el arte de la persuasión sino en el arte de la información, dos asuntos totalmente diferentes. 
Quien afirme lo contrario debe revisar los fundamentos epistemológicos que sustentan la profesión periodística.

Otra cosa es, por supuesto, que algunos hombres y mujeres de prensa hayan traspasado las barreras del periodismo y hayan incursionado en la política (algunos con buen éxito, otros, con un sonado fracaso). El periodista, ya sea de prensa escrita, radio, televisión u otro formato, debe estar consciente de que su papel no es agitar masas sino informar a la población de la manera más veraz y responsable posible. 


Y aunque no existe ningún mandato legal que circunscriba su función a ser un agente informativo, sí existe un consenso en que, funcionalmente, ese debe ser su papel. Por ejemplo, no podemos exigirle a un médico que construya casas porque su función es prevenir y curar enfermedades.  


La función del periodista, insisto, es informar. Por supuesto que en el amplio espectro de la actividad periodística, existen ámbitos, enfoques, situaciones diversas que están conectadas con esta. Una empresa periodística tiene, como cualquier organización productiva, departamentos que desempeñan su papel en función de la mercancía que venden: la información. Pero dentro de este extenso engranaje, los periodistas son pieza clave en el proceso productivo.

domingo, 16 de marzo de 2014

De los periodistas

Dentro del engranaje informativo, los periodistas son pieza clave.


El inicio de la prensa escrita demandó toda una organización social dedicada a este nuevo oficio: informar a la ciudadanía sobre el acontecer nacional y mundial. 


En esta organización social han desempeñado un papel clave las personas entrenadas para recopilar, procesar y difundir las noticias. Surge de esta manera un nuevo oficio, una nueva profesión: el periodista. El nombre genérico de periodista se emplea hoy día para aquellos profesionales que trabajan en cualquier medio, prensa, radio, televisión y el extenso mundo de Internet. 


Esta última herramienta ha venido a provocar redefiniciones en el oficio de los hombres y mujeres de prensa. ¿Qué es lo que define a un periodista? Hay muchas características que marcan la profesión, por ejemplo, que trabajen con la materia prima que es la información.  Esto conlleva, por supuesto, un compromiso con la verdad, la objetividad (en el más extenso sentido del término) y la responsabilidad social.


Un periodista debe ceñirse a los cánones que le marca la ética de su profesión y estar consciente de que no es un constructor de estados de opinión pública sino un enlace entre los sucesos y la ciudadanía. Durante muchos años algunos periodistas se consideran a sí mismos como líderes de opinión, pero la verdad, su papel no debe ser confundido. No se forman en el arte de la persuasión sino en el arte de la información, dos asuntos totalmente diferentes. 


Quien afirme lo contrario debe revisar los fundamentos epistemológicos que sustentan la profesión periodística. 

Otra cosa es, por supuesto, que algunos hombres y mujeres de prensa hayan traspasado las barreras del periodismo y hayan incursionado en la política (algunos con buen éxito, otros, con un sonado fracaso). El periodista, ya sea de prensa escrita, radio, televisión u otro formato, debe estar consciente de que su papel no es agitar masas sino informar a la población de la manera más veraz y responsable posible. 


Y aunque no existe ningún mandato legal que circunscriba su función a ser un agente informativo, sí existe un consenso en que, funcionalmente, ese debe ser su papel. Por ejemplo, no podemos exigirle a un médico que construya casas porque su función es prevenir y curar enfermedades.  


La función del periodista, insisto, es informar. Por supuesto que en el amplio espectro de la actividad periodística, existen ámbitos, enfoques, situaciones diversas que están conectadas con esta. Una empresa periodística tiene, como cualquier organización productiva, departamentos que desempeñan su papel en función de la mercancía que venden: la información. Pero dentro de este extenso engranaje, los periodistas son pieza clave en el proceso productivo.

domingo, 9 de marzo de 2014

Mal con ellos, peor sin ellos

Publicado en el Diario de Centro América, el 6 de marzo de 2014


La información ha sido siempre un bien esencial. Eso no cabe duda. Durante la historia humana los hombres y mujeres han inventado un sinnúmero de herramientas para establecer relaciones e intercambio de mensajes de diversa índole.



Cada herramienta de información, en verdad, ha sido el reflejo del estadio de procesos productivos y de relaciones sociales de producción. A medida que la sociedad mundial ha ido evolucionando se han desarrollado también sus medios de información. 

Puede decirse que el desarrollo económico, científico y tecnológico ha sido la catapulta para que los medios masivos de información hayan logrado sus más altos estándares de desarrollo.

En esta dinámica social, los medios masivos constituyen organizaciones que se dedican al negocio de la información, con el mismo propósito que existen las tiendas de barrio y cualquier otra empresa. Todas tienen un lugar en la sociedad cuyos servicios son demandados por la ciudadanía. 

Por supuesto que aquí debe tomarse en cuenta la diferencia en el nivel de competitividad entre una tienda y un medio de comunicación. En el primer caso, existen cientos de tiendas donde el consumidor puede elegir la que más satisfaga sus necesidades. En el caso de los medios, la oferta es estrecha. Ello supone para éstos una holgada ventaja de no competitividad frente a los demás. Es decir, pocos medios compitiendo entre sí y a veces hasta agrupados en cadenas informativas. 

Como sabemos, en la lógica del consumo, poca oferta provoca baja en la calidad de los servicios que se ofrecen. Este es el caso de los medios cuyas estrategias informativas y otros aspectos del proceso de la producción informativa no han sido sometidos a un balance de calidad del servicio informativo a la ciudadanía, salvo, claro está, los cambios impulsados desde la tecnología misma. Es una tónica generalizada en varios países. Por ejemplo, el único cambio más visible es que, en el caso de los medios escritos, han ido creando una versión virtual o bien, se han acoplado al concepto de multimedia. 

En el caso de la radio y la televisión, fueron los primeros en acomodarse en la virtualidad. Pero si hablamos de mejorar la calidad de la información, francamente tienen un rezago en este aspecto. Simplemente la agenda ciudadana no se ve reflejada en sus emisiones, a no ser que sea una noticia trágica o roja. 

Sin embargo, a falta de pan, buena es la tortilla, reza un refrán. Y quizá los medios no sean negocios que satisfagan los gustos más exigentes en materia informativa, pero no podemos pensar nuestro mundo actual sin esa rara mezcla de interés comercial con la necesidad de informar e informarse.

Los olores que nos nombran

Esta gama de olores conforma, en su conjunto, el bagaje cultural que es capaz de identificarnos en nuestra individualidad. Cuando era...