viernes, 23 de agosto de 2013

Las lecturas semióticas

Publicado en Diario de Centro América, el jueves 22 de 2013



Hay signos que encierran verdaderos acertijos y son por ello, ambiguos.


La Semiótica es la ciencia que estudia los sistemas de signos. Fue propuesta a principios del siglo XX por el norteamericano Charles Sanders Peirce. En Ginebra, Suiza, Ferdinand de Saussure proponía, coincidente en esa misma época, la Semiología, que también se formularía como la ciencia que se dedica a estudiar los signos.

Ambas disciplinas llegaron a conjuntar sus postulados científicos, y ya para finales de los años 60 se había delimitado el campo de estudio para ambas. La Semiología tendría por objeto el estudio general de los signos y la Semiótica se encargaría del estudio particular de estos. Así podemos hoy día, hablar de semiótica del cine, de la arquitectura, de la pintura, de la poesía, de la cultura popular, etcétera. En la vida cotidiana usted puede interpretar todos los signos que se encuentran a su alrededor, es decir, todos aquellos mensajes que encuentra a su paso. Por ejemplo, los rótulos publicitarios, las señales de tránsito, los juegos de los niños, la forma de vestir de las personas, la música, los ruidos; en fin, todo cuanto sus sentidos son capaces de percibir. 

La interpretación que usted haga de esos signos puede darle dos sentidos. El primero, puede ser una interpretación denotativa, es decir, literal. El segundo, puede ser una interpretación connotativa, en cuyo caso, usted descifrará otros sentidos del mensaje recibido.  A veces lo que perciben nuestros sentidos (interpretación denotativa) no es el mensaje que verdaderamente encierra el signo; en este caso, debemos hacer un esfuerzo por entender qué se quiso decir con este. Pongamos por caso, las parábolas de Jesús.

Hay signos que encierran verdaderos acertijos y son por ello ambiguos, poco claros y requieren de un esfuerzo de interpretación. A este esfuerzo se le conoce como lecturas semióticas. 

La próxima vez que lea un editorial, una noticia, una columna o bien, escuche una canción por ejemplo, trate de descifrar cuál es el propósito oculto o la segunda intención de tal mensaje. 

viernes, 16 de agosto de 2013

ACTITUDES Y OPINIONES PÚBLICAS


Publicado en Diario de Centro América el 15 de agosto de 2013

Las opiniones públicas son poderosos dispositivos que pueden producir el cambio social.

En una sociedad cargada de tanta agenda temática, donde las penurias diarias se confunden con los problemas nacionales que igual afectan (aunque en diferente medida) a todos los ciudadanos, es muy difícil establecer con certeza cuáles son las actitudes respecto a temas específicos.


A veces las actitudes (opiniones no dichas) son el resultado de una rara combinación de satisfactores e insatisfactores que se van acumulando en el inconsciente del ser humano y que solo afloran cuando algún estímulo sirve de disparador. Las actitudes están ligadas a largos procesos de pensar y sentir, marcados a su vez, por maneras estructuradas de comportamiento social. De esta forma, ante conductas sociales conservadoras se mostrarán actitudes conservadoras, estáticas, renuentes al cambio.

En verdad, si algo caracteriza al ser humano es esconder sus actitudes, es decir, no manifestar su opinión respecto a aquellos asuntos que le perjudican o bien le benefician. En la vida pública se acomodan las actitudes a una suerte de noción de pérdidas y ganancias. Estas pérdidas y ganancias sobre todo en el ámbito afectivo y emocional. 

En momentos cruciales de la vida social, las actitudes tienden a transformarse en opiniones públicas, es decir, traspasan la barrera de la intimidad y se convierten en mensajes verbalizados con un contenido articulado, a favor o en contra de algo o de alguien. Piénsese por ejemplo, en los eventos electorales donde se canalizan muchas corrientes de opinión y a las cuales se “pegan” los ciudadanos, dependiendo su orientación ideológico-política, o bien, su experiencia de vida.

Las opiniones públicas, por su parte, al aglutinarse en situaciones específicas de la vida social, tienden a conformar grandes cadenas de expresión ciudadana, a las cuales se les conoce con el nombre genérico de opinión pública u opiniones públicas. En nuestro mundo contemporáneo, las opiniones públicas son poderosos dispositivos que pueden producir, para bien o para mal, el cambio social.

sábado, 10 de agosto de 2013

La sociología de las esquinas


                                                    Imagen de google.com

Publicado en Diario de Centroamérica, 8 de agosto de 2013

No hay quien no recuerde la “chamusca de calle”.


Las ciudades cambian; a medida que se vuelve más compleja la dinámica social, el juego de roles entre los seres humanos también va sufriendo transformaciones. Ninguna sociedad es estática, por muy estancadas que se perciban sus prácticas sociales, algo en ellas permanece en constante cambio.

La sociedad guatemalteca, por ejemplo, ha sufrido muchos cambios en los últimos 30 años. Algunos de estos cambios han sido positivos, aunque también bastantes han sido negativos. En los conglomerados urbanos, especialmente la ciudad capital y sus ciudades circunvecinas, estos cambios en el comportamiento social de los guatemaltecos han sido drásticos. Todo esto, aunado al incremento de la violencia, a la expansión de las tecnologías de la comunicación (teléfonos, redes sociales o el teatro en casa) ha provocado un enclaustramiento obligado o voluntario de los ciudadanos, y el surgimiento de una cultura de convivencia vecinal cada vez más débil y deteriorada.


Ciudades amuralladas, barrios y colonias con garitas de seguridad, espacios fantasmales donde una vez brotaba el bullicio de alegres niños y jóvenes jugando a la pelota, a las escondidas, o simplemente conversando sobre aventuras reales o inventadas.

Quién no recuerda aquellas tertulias de los anocheceres de barrio donde surgieron amores furtivos, o bien, compromisos que remontaron los años mozos. Decenas de niños y jóvenes se arremolinaban en las esquinas de los barrios como enjambres de “sompopos de mayo”, en un acto de iniciación comunitaria que los prepararía para la vida adulta.

No es ocioso pensar que en este escenario juvenil nos formamos los adultos que hoy desempeñamos distintos roles en la vida nacional. No hay quien no recuerde la “chamusca de calle” o beber un refresco en una tienda de barrio.
Hoy, en tanto, nuestros hijos y nietos simplemente chatean o hablan por teléfono, ajenos a la experiencia irrepetible de una amena charla de esquina. Las redes sociales son la realidad virtual que se abre ante sus ojos.

viernes, 2 de agosto de 2013

La cultura política de los guatemaltecos

Publicado en Diario de Centro América el 2 de agosto de 2013


Todo mundo habla de la fiesta según le fue en ella...

Sería un error pensar que los guatemaltecos no tenemos una cultura política. Todos asumimos respecto al poder una posición. Algunos procuran estar cerca del poder. Otros asumen una actitud distante. Algunos niegan ser políticos, aunque el hecho de negarlo ya encierra en sí mismo una actitud política. Este es el pretexto para dejar hacer, dejar pasar, pero al final de cuentas, abundamos en reproches, abucheos, maldiciones, y toda suerte de improperios respecto a “la clase política”.

Seguramente alguna vez usted ha escuchado frases tales como “yo no me meto en política porque eso es para corruptos”. Seguramente en algunos casos estas palabras encierren algo de verdad, aunque sería inadecuado generalizar dichas apreciaciones porque es innegable que han existido políticos dignos de ser recordados por su honestidad y deseo sincero de servir.

En términos generales el guatemalteco asume, respecto al poder, casi siempre una postura de descalificación que, quizá en algunos casos, sea una manifestación de su autoimagen desvalorizada y de un deteriorado entramado de sus relaciones sociales. Por supuesto, habrá más de alguno que tenga suficientes elementos de juicio para manifestar su inconformidad o rechazo frente a este. Al fin y al cabo, todo mundo habla de la fiesta según le fue en ella.

No conocemos con certeza cuáles son los factores que han obstaculizado la posibilidad de hacer del poder el espacio adecuado para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos; lo que sí sabemos es que nos sentimos desconfiados y, en el peor de los casos, contrarios a participar activamente en el ejercicio ciudadano de “jinetearlo” como una vía expedita de ponerlo al servicio de todos los guatemaltecos. 

No nos extrañe que por ello, sean pocos quienes sí están decididos a cruzar el lindero de la desconfianza y la descalificación de la mayoría, para adentrarse en el mundo de la política activa que permite “hacerse del poder”. Otros callan, y caen en la trampa de “el que calla, otorga”.

Los olores que nos nombran

Esta gama de olores conforma, en su conjunto, el bagaje cultural que es capaz de identificarnos en nuestra individualidad. Cuando era...