martes, 31 de diciembre de 2013

Vivir la esperanza

Publicado en Diario de Centro América, el 26 de diciembre de 2013

El mañana es de Dios, nos dicen.
¿Cree usted que los guatemaltecos contemporáneos de Arévalo y Árbenz aprobaron las medidas económicas y sociales que estos gobernantes tomaron en su momento? Si tiene duda, busque en los diarios de esa época y se dará cuenta de las reacciones hepáticas de muchos. Pareciera que la relación capital-gobierno ha sido siempre antagónica. Sin embargo, transcurridos 50 años, estas medidas nos parecen hoy acertadas. La Historia se ha encargado de “limpiar” la imagen de dichos gobernantes.

Y es que no es lo mismo ver un fenómeno que se posa frente a nuestros ojos, que ponerlo en perspectiva, en cuyo caso, se ve la integralidad de sus aspectos. Algo similar sucede con las acciones políticas y económicas que toma un gobierno. De momento no se percibe la magnitud de su impacto; se requieren años, y quizá décadas, para dimensionar sus atributos.

Por esa razón es que cada gobernante vive su propio infierno, pero al final de cuentas, cada uno pasa del limbo al paraíso de la conciencia colectiva. Al final de cuentas, siempre pesa un hecho positivo por el que la ciudadanía “perdona” a un gobernante. Aquí algunos casos: Justo Rufino Barrios, por la Reforma Liberal y sus aspectos positivos. Jorge Ubico, por la probidad en el manejo de las arcas nacionales. Arévalo y Árbenz, por su política de desarrollo social. Cerezo, por sus acuerdos previos de reconciliación nacional. Arzú, por su firma de la paz. Serrano, por su bono 14. Portillo, por su distribución de fertilizantes, etc. 

Lo curioso es que no estamos entrenados para vivir la esperanza sino para esperanzar el pasado, creyendo que todo lo pasado fue mejor. Esta actitud no nos permite pensar que podemos superar los problemas y poner al país en la perspectiva de un desarrollo sostenido que permita superar los problemas estructurales que padecemos.

Desde que Dios amanece, hasta que Dios anochece, nuestro pensamiento se centra en qué vamos a hacer hoy, y poco pensamos en qué vamos a hacer mañana, tejiendo con ello un conformismo que impide ver hacia el cielo y ver más allá de nuestra nariz. Alguien me dijo una vez que los ricos ya están contados y se acomodaba resignadamente entre la línea de la pobreza y la desgracia. 

Imagine usted, cómo estarían algunos países como Japón, Corea del Norte, Taiwán, si hubiesen pensado solamente en el día a día, sin trazarse un destino de largo plazo. Seguramente se rasgarían las vestiduras, como lo hacemos nosotros, siempre echándole la culpa a nuestros gobernantes pero sin asumir la parte de responsabilidad que nos corresponde. Esta manera quejumbrosa de ser no nos permite mirar hacia el futuro, construir 
esperanza.

¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar cómo será Guatemala dentro de 20 años, por lo menos? Quizá la cotidianidad nos absorbe y nos conformamos con ir a la cama con la certeza de un día terminado. El mañana es de Dios, nos dicen.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Vivir la coyuntura

Publicado en el Diario de Centro América el 19 de diciembre de 2013


No es lo mismo manejar los negocios del Estado que los propios.

Los países que han salido del subdesarrollo, se debe a una serie de acciones que les posibilitaron un salto cuantitativo y cualitativo en su dinámica económica, política y social. Dirigentes en todos los órdenes que han sumado esfuerzo y corazón para diseñar una estrategia de largo aliento que les permitió superar los índices de pobreza tolerable.

¿Cree usted que por obra y magia, de la noche a la mañana estos países superaron la pobreza? Indudablemente no. Ahora bien, con qué recursos lo hicieron, es una de las interrogantes que debemos hacernos, pues no se trata solo de controlar el gasto público o de reducir el presupuesto anual, sino de trazar una estrategia que permita anteponer intereses nacionales a los personales o de índole política.

En Guatemala vivimos la coyuntura. En lenguaje coloquial, vivimos el hoy, sin preocuparnos por el mañana. Comamos hoy, mañana, Dios proveerá. 

Traigo a colación estas reflexiones a raíz de la no aprobación del Presupuesto de 2014, por supuesta sobredimensión en su estructura y carencia de fuentes de financiamiento. Al respecto recuerdo las palabras del expresidente Vinicio Cerezo cuando explicaba que en un país en desarrollo todo presupuesto es deficitario. Creo que Cerezo tenía razón en sus argumentos, aunque contradiga los razonamientos de la empresa privada (no gastar más de lo que se tiene). Sin embargo, no es lo mismo manejar los negocios del Estado que los propios; las dinámicas son diferentes. Quizá la lógica de un empresario sea conservar e incrementar sus activos con base en ventas. La lógica de un Gobierno es administrar los activos de la Nación y buscar fuentes de financiamiento que permitan dinamizar el Estado.

En esta búsqueda de recursos para poder ejecutar los planes de Gobierno que cada administración diseña, de cara a resolver, o paliar, los diversos problemas de sectores mayoritarios, estructuralmente marginados, se enfrentan tropiezos, generalmente de carácter político, que muchas veces se convierten en el principal valladar, constituyéndose en el círculo vicioso del subdesarrollo.

En Guatemala, esta búsqueda de recursos es un proceso que nunca se detiene, debido a los limitados ingresos que el Estado tiene por concepto de tributos, y nuestra sempiterna renuencia a contribuir, lo que hace aun más difícil que se cuente con recursos suficientes para resolver los problemas estructurales, provocando que en cada gobierno se atienda lo urgente, aun con el riesgo de que toda necesidad social exige solución urgente.

En esta línea de razonamiento, un gobierno debe traspasar el estado de coyuntura para procurar el desarrollo sostenido del país. Por cierto, sus acciones no pueden visualizarse en un ejercicio fiscal, como una empresa, sino en estadios muy largos. Esto hace que pasemos de vivir la coyuntura a vivir la esperanza.

LOS COLEGIOS PRIVADOS (II)

Publicado en el Diario de Centro América el 12 de diciembre de 2013
Están sujetos a diversos controles, muchas veces de manera maliciosa, punitiva.
Para entender la realidad de los colegios privados es preciso estar en los zapatos de propietarios y directores. Analizarlos desde la perspectiva de padre de familia, por ejemplo, resulta un ejercicio parcial. Y tanto más parcial, desde la óptica de un ciudadano que nunca ha llevado a sus hijos al colegio.

A pesar de ser un sector que, mal que bien, aporta el mayor caudal de recursos efectivos a la formación de guatemaltecos para las próximas décadas, los colegios privados no cuentan con una política estatal que garantice su desarrollo, dirigida a la formación constante de los docentes, administrativos, puestos de dirección y un ejercicio de acompañamiento positivo de sus labores académicas. Más bien, se les ve con recelo y, en muchos casos, con una buena dosis de antipatía. Se les tilda de mercaderes, en vez de reconocer que forman en su conjunto la estrategia de educación cuya cobertura no puede ser atendida por el Estado. En algunos casos, los supervisores se tornan en censores más que en orientadores del proceso.

Si la educación privada es cara, es muy discutible. No tengo estadísticas a la mano que me demuestren que la educación privada es de mejor calidad que la pública; sin embargo, son incontables los casos de profesionales de éxito que fueron formados en colegios de distintas categorías. Hago la aclaración de que, a toda honra, yo me formé en instituciones nacionales, pero fue en aquellos años en que era un honor pertenecer a una escuela o instituto nacional, simplemente porque tenían la supremacía en la calidad educativa; sin embargo, no significa que ignore la enorme importancia que tiene hoy día la educación privada.

Es verdad que los colegios privados gozan de exenciones, garantizadas constitucionalmente. Pero también es verdad que están sujetos a diversos controles, muchas veces de manera maliciosa, punitiva, buscando siempre la debilidad en los procesos, pero sin medidas que garanticen que, como empresas privadas, el usuario pague por los servicios que recibe.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Los colegios privados (I)

Publicado en Diario de Centro América el 6 de diciembre de 2013

No podemos juzgar a la mayoría por casos particulares.


Hace pocos días dirigí un grupo focal con la participación de directores de colegios privados. El propósito, mejorar la calidad de la educación privada nacional. La participación de todos los directores desnudó una realidad que seguramente pasa desapercibida por la ciudadanía, especialmente por los padres de familia usuarios de sus servicios, pero que conforma una problemática que incide en la calidad de la educación que reciben sus hijos.
 
La educación privada en el país ha sido un importante soporte de todo el sistema educativo nacional. En un porcentaje significativo, la calidad de la educación que brindan las instituciones privadas ha contribuido significativamente a formar los cuadros profesionales del país. Constituye, por ello, un valioso factor que permite a los padres de familia escoger la institución que se ajuste a sus expectativas académicas y a sus posibilidades económicas, toda vez que el Estado no tiene la capacidad económica para atender a toda la población en edad escolar.
 
Que los colegios privados son un negocio, por supuesto. No son instituciones de beneficencia, sino empresas que buscan el lucro por los servicios que prestan, tal como lo hace cualquier empresa privada.
 
Sin embargo, como empresas, no solo están sujetas a las disposiciones legales del ordenamiento jurídico guatemalteco, sino además, a otro tipo de auditoría que realiza el mismo Ministerio de Educación, los padres de familia, los sectores de la sociedad civil, la mayoría desde una posición prejuiciosa y muchas veces descalificadora.
 
Hay más de cuatro mil colegios en el país. De estos solo unos 300 pueden considerarse de tipo A. La inmensa mayoría son proyectos educativos cuyo acceso está destinado a la clase media y clase popular. En otras palabras, son instituciones que cubren una enorme demanda.
 
Es verdad que algunos colegios no llenan los requisitos mínimos y quizá hasta se involucren en actos anómalos, tanto éticos como legales; pero no podemos juzgar a la mayoría por casos particulares.

Los olores que nos nombran

Esta gama de olores conforma, en su conjunto, el bagaje cultural que es capaz de identificarnos en nuestra individualidad. Cuando era...