viernes, 28 de octubre de 2016

YO TAMBIÉN FUI JOVEN

Publicado en el Diario de Centro América el 28 de octubre



La moraleja de esta fábula es: no compitas con los viejos porque tienen muchas mañas. Mejor únete a ellos y aprovecha su experiencia.


En un gallinero había 50 gallinas y un solo gallo viejo que la familia había conservado por ser recuerdo de la abuela. Aquel día, la esposa dispuso comprar un gallo joven, gallardo, de rojo plumaje y espolones largos. A este gallo le voy a sacar raza, pensó, y acto seguido lo soltó en el corral.

El nuevo gallo, con el estilo muy usual de un joven que se quiere comer el mundo, le dijo al viejo plumífero: anciano, es hora de retirarte. De ahora en adelante todas las gallinas me pertenecen, y lanzó su canto de ronquido esplendoroso. El anciano gallo le respondió: ¿sabes qué? ¡Echemos una carrera y el que gane se queda con todas las gallinas. Solo me tienes que dar una leve ventaja de 15 segundos porque, como ves, ya soy anciano! Con aire de supremacía, el joven le respondió: está bien.

El viejo gallo emprendió la carrera lo mejor que pudo. Atrás salió el joven, presuroso y dispuesto a ganarle. Al ver esta escena, el granjero exclamó: ¡Otro animal que se atreve a molestar a mi querido gallo viejo! Y dicho esto: tomó su escopeta y le disparó al joven.

La moraleja de esta fábula es: no compitas con los viejos porque tienen muchas mañas. Mejor únete a ellos y aprovecha su experiencia.

La tercera edad, como eufemísticamente se conoce a quienes han llegado a los 65 años, no es para sentirse viejo, sino experimentado. Es común observar en algunos jóvenes un aire de desprecio por aquellos que han traspasado la barrera del medio siglo. Y lo peor es que algunos viejos se creen fuera de circulación y se resignan a encerrarse en su casa a llevar una vida contemplativa y nada provechosa.

Es verdad que a los 65 años se tiene menos energía física, pero se cuenta con un cuantioso tesoro que es la experiencia, forjada a veces, a base de fracasar y volver a empezar. En efecto, hemos tenido el lujo del ensayo y error como fuente de aprendizaje. En la vida provecta las cosas se ven con una extensa perspectiva que nos permite establecer los pesos y contrapesos, las fortalezas y debilidades, los pros y los contras de los fenómenos.

Creo que los jóvenes deben aprovechar esta experiencia acumulada para aprender de ella y no cometer los mismos errores; aprender que a veces la vida enseña pero también ensaña, sobre todo en aquellos momentos en los cuales no basta el vigor de la fuerza física, ni el ímpetu de la valentía, sino se requiere también el ingrediente de la experiencia. Una alianza estratégica entre jóvenes y viejos sería la fórmula ideal para enfrentar y resolver todo tipo de problemas. Los viejos no somos una peste sino el capital acumulado con que cuenta un país para guiar la fuerza impetuosa de la juventud.


Hace algún tiempo, manejando en la cuesta Villalobos leí en el bómper trasero de un viejo camión cargado de blocks que avanzaba trabajosamente: “Yo también fui joven”. Nunca pensé que esa frase me llegaría en pocos años.

viernes, 21 de octubre de 2016

OCTUBRE REVOLUCIONARIO

Publicada en el Diario de Centro América el 21 de octubre


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El movimiento de octubre del 44, no fue, ni por asomo, un esfuerzo marxista que buscara un cambio estructural para Guatemala.

Hace 72 años la juventud guatemalteca de entonces, junto a los adultos consecuentes, celebraban la gesta revolucionaria que puso fin a la época conservadora de general Jorge Ubico y Ponce Vaides, éste último obligado a renunciar por un movimiento conformado por universitarios, militares jóvenes y sectores populares, cansados de la tiranía del régimen.

Esta gesta da inicio al cambio de época y de época de cambios que marcarían la vida ciudadana, fundando instituciones de larga permanencia y una visión de país más progresista e inserto en el concierto de las naciones civilizadas del mundo. A la cabeza del gobierno revolucionario estaba un hombre probo, académico consumado, forjado en los altos estándares de la educación universitaria argentina, el doctor Juan José Arévalo, cuyo modelo de gestión no ha sido superado hasta la fecha.

Los efectos de aquel octubre revolucionario aun pueden sentirse en la vida nacional. Un sistema de justicia social, una visión progresista de la educación en todos los niveles, un modelo de seguridad social consolidado en la creación del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social que, aun con sus profundas deficiencias provocadas por la cadena de funcionarios corruptos que ha tenido, ha servido como un manto protector para garantizar una modesta pensión a la clase trabajadora.

El movimiento de octubre del 44, no fue, ni por asomo, un esfuerzo revolucionario marxista que buscara un cambio estructural para Guatemala, como algunos mal intencionadamente han querido hacer creer; en su momento, la Embajada diría que se trataba de un movimiento de corte comunista. Nada más alejado de la verdad. Sin embargo, sí fue un proceso de “adelantar el paso” en el proceso de desarrollar las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, las cuales se encontraban aun en el modelo semifeudal, caudillista y conservador. El punto esencial era modernizar al país.

La copiosa cantidad de imágenes de la época retratan los rostros de una ciudadanía fulgurante en cuyos rostros se marcaba la esperanza; floreció la cultura, el arte, las humanidades y sobre todo, se volvió la mirada a las mayorías marginadas hasta entonces; la niñez recibió grandes beneficios educativos. Del genio creativo del propio presidente Arévalo surgió el modelo de Escuelas Tipo Federación, un concepto que hasta ahora no ha sido superado. Se instituyeron los comedores infantiles, dando la oportunidad de sobrevivir a miles de niños cuyos padres eran de escasos recursos.


El coronel Jacobo Árbenz Guzmán continuaría con estos proyectos revolucionarios y profundizaría algunos de ellos, tal el caso del Decreto 900 Ley de Reforma Agraria cuyo propósito fundamental era rediseñar las relaciones de explotación de la tierra y superar el modelo semifeudal que aún prevalecía. Árbenz fue obligado a renunciar y en su lugar asumió el coronel Carlos Castillo Armas, dando por finalizado así los 10 años de primavera iniciada en aquella gesta histórica de grata recordación.

viernes, 14 de octubre de 2016

LA UPANA, MAYOR DE EDAD

Publicado en el Diario de Centro América el 14 de octubre de 2016.

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Carlos Interiano

Aquella tarde del 2 de octubre de 1998, estábamos reunidos los miembros de la Comisión Multisectorial de Reforma Universitaria en el edificio S11, Universidad de San Carlos. El ingeniero Herbert Miranda llegó un poco tarde a la reunión, y saludando a todos, se me acercó y me dijo: “Hoy firmé el acuerdo de autorización de la Universidad Panamericana”.  Esta noticia me alegró muchísimo, y en cuanto pude, se la comuniqué a mi amigo Alfred Kaltschmitt. Ahora tenemos que armar la facultad de Comunicación, mi estimado, me dijo. Con mucho gusto, le respondí.

Durante noviembre y diciembre del 98 le entramos de lleno a diseñar la maestría en Dirección de Medios de Comunicación y una licenciatura; aquella primera maestría que marcaría el inicio de la exuberante vida académica de la Universidad Panamericana. En enero del 1999 iniciamos las clases, los días sábado de 2 a 6 de la tarde.

Desde su inicio, la Universidad Panamericana –UPANA- se concibió como un proyecto educativo innovador, capaz de desarrollar una fuerza académica fundada en valores, respeto por la calidad  y sobre todo, la función social transformada en el deseo de llegar a las regiones más apartadas del país. Recuerdo las palabras, aun frescas, de nuestro querido ex rector, doctor Abel Girón: Donde haya necesidad de formación, allí estaremos. El rector Mynor Herrera, ha continuado con esta línea. Si mal no recuerdo, hoy existen 109 sedes en toda Guatemala.

Un hecho que me ha impresionado siempre es la mística con que las autoridades atienden a todas las sedes, desde reuniones multitudinarias con coordinadores, hasta aquellos memorables actos de graduación donde decenas de nuevos profesionales ven coronados sus sueños. Las máximas autoridades colocan personalmente, a cada graduado las insignias profesionales.

La Universidad Panamericana ha sido desde sus inicios un centro abierto donde cada quien cumple sus sueños a su manera. En mi caso, estos 18 años han sido aprovechados para dar rienda suelta a mis inquietudes de diseñar nuevas carreras y programas.

Me he puesto a reflexionar en cuál es el secreto de esta fuerza imparable que ha llevado a la UPANA a ser grande entre las grandes en tan poco tiempo. Entre las razones puedo mencionar: La institución ha sido dirigida desde sus inicios por personas visionarias y comprometidas con el desarrollo del país; en sus aulas se respira un ambiente académico de total libertad, nunca mis ideas han encontrado diques. Otra de las razones es que ha habido un esfuerzo sostenido por mejorar la calidad, a la par de la expansión.

Detrás de un gran proyecto hay grandes cabezas. Como ejemplo puedo mencionar algunas: don Abel Girón, doña Alba de González, don Mynor Herrera, don Alfred Kaltschmitt, don César Custodio, entre otros. Atrás viene un relevo generacional con jóvenes entusiastas que darán nuevos brillos a la institución.


La UPANA ha adquirido su DPI, que la acredita como una institución adulta en el concierto universitario nacional; sin duda, un hecho trascendental que debe llenar de orgullo y satisfacción a toda la comunidad upanista. ¡Feliz cumpleaños!

viernes, 7 de octubre de 2016

LA PAZ EN COLOMBIA

Publicado en el Diario de Centro América el 7 de octubre

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La excesiva confianza en la dinámica de la firma de la paz dejó al descubierto la falta de una clara ruta de comunicación política que impusiera el sí en las urnas.


Hace pocos días se llevó en Colombia la consulta popular para ratificar o no el tratado de paz firmado entre el gobierno y la guerrilla de ese país. Dicho evento se celebró con bombos y platillos, al cual asistieron mandatarios de otros países, cuerpo diplomático, personalidades propias y extranjeras, ciudadanos comunes, y por supuesto, miembros del alto mando y combatientes de la insurgencia.

El rostro del presidente Juan Manuel Santos rebosaba de alegría. En los discursos del comandante general del movimiento guerrillero Fuerzas Armadas de Colombia y del propio mandatario se destacó el prolongado conflicto interno, el cual sobrepasa el medio siglo, y la importancia de poner fin enfrentamiento y la imperiosa necesidad de conseguir la paz. Todo mundo aplaudió los buenos deseos expresados por los dirigentes colombianos.

Sólo había un escollo que resolver. La firma de la paz debía pasar por el referendo popular, quien, con un simple sí o no, legitimaría las largas y engorrosas jornadas de negociación entre el gobierno y la insurgencia. Y aquí es donde surge un factor que al parecer no había sido contemplado por los asesores de ambos bandos: la figura del expresidente Álvaro Uribe.

Durante los dos periodos (2002-2010) en que Uribe  ejerció la presidencia las relaciones del gobierno con la guerrilla fueron de un antagonismo extremo. El presidente sustentaba la teoría de la no negociación sino de la rendición por parte del movimiento revolucionario. En ese sentido realizó sus mejores esfuerzos. Por supuesto, las FARC no se quedó de brazos cruzados y reaccionó. Debe recordarse que en junio de 1983, el padre del expresidente fue asesinado por la guerrilla. Sin duda, ese es el origen de la lucha sostenida por el político en contra de la insurgencia.

En la coyuntura del referendo popular el carismático político abanderó la campaña a favor del no, articulando una ingeniosa y efectiva frase de combate: ¡Paz sí, pero no así! ¡No + Santos! Resistencia Civil. Esta había comenzado incluso, antes de la firma final de los acuerdos. Por su parte, el gobierno, al parecer, no supo reaccionar ante lo agresivo de dicha estrategia y llegó a las urnas sin una clara táctica para ganar. La excesiva confianza en la dinámica de la firma de la paz dejó al descubierto la falta de una clara ruta de comunicación política que impusiera el sí en las urnas. Por supuesto, habrá más causas que dieron el triunfo al no.


Una cosa es segura: el expresidente Uribe sigue gozando de amplio respaldo popular, alimentado por una postura antiguerrillera muy clara. Y a pesar que los resultados entre el sí y el no mostraron niveles casi similares, deja como lección que, en política, nadie puede dormirse en sus laureles. Ahora le queda al gobierno colombiano sentarse agregar una silla más en la mesa de negociaciones ya que al parecer, no será un diálogo entre dos sino entre tres. El tiempo dirá qué sucede.

Los olores que nos nombran

Esta gama de olores conforma, en su conjunto, el bagaje cultural que es capaz de identificarnos en nuestra individualidad. Cuando era...