viernes, 13 de enero de 2017

SACA TU ÁLBUM

Publicado en el Diario de Centro América el 13 de enero


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En la vida hay días buenos y días malos. A veces la adversidad se encarga de restregarnos en la cara los momentos de felicidad y siembra en nuestro ánimo la angustia, el desánimo y la congoja. Pareciera ser que una montaña inmensa sepultara nuestro deseo de vivir y queremos renunciar a todo.

En casos extremos este panorama desolador ha llevado a algunas personas a tomar la fatal decisión de quitarse la vida, y con ello, a privar a sus seres queridos de contemplar junto a ellas los amaneceres siempre llenos de esperanza. La muerte es, por supuesto, el punto donde se bifurcan los caminos, el antes y el después, aunque de esto último ya no sean sensibles quienes han traspasado ese umbral.

La vida nunca será un lecho de rosas, eso lo sabemos. La vida siempre planteará retos y destinos no esperados. Nadie sabe a ciencia cierta cómo vivirá al día siguiente de irse a la cama. Pero si hay paz en el alma, satisfacción por el camino recorrido, la actitud para enfrentar cualquier obstáculo será siempre positiva. Los expertos en charlas motivacionales recomiendan siempre una actitud positiva frente a la diferente problemática que se nos plantea. En el fondo, quizá no sean los problemas en sí mismos los que nos afecten sino la actitud con la que se asumen.

Recuerdo aquella anécdota de un individuo que iba a lanzarse al puente del Incienso, una tarde de verano, agobiado por sus problemas económicos. De pronto palpó que en su bolsillo había guardado un banano. Con maniobra pausada peló la fruta y lanzó la cáscara hacia atrás. Al momento de dar la primera mordida se percató que una persona iba detrás suyo recogió la cáscara para comérsela. En ese instante el potencial suicida se percató que a pesar de su difícil situación había otros que estaban en peores condiciones que él. Acto seguido compartió la mitad de su banano y descartó la idea del suicidio.

Siempre habrá una tabla de salvación. ¿Crees que todo ha sido difícil y gris en tu vida? Saca tu álbum, desempólvalo y recorre una a una las fotografías que guardas. ¿No es cierto que en la mayoría apareces con una sonrisa, o por lo menos, espabilado? Las fotos no mienten. Rara vez registras un hecho doloroso, y cuando lo haces, hay una circunstancia de peso para ello. Un álbum fotográfico es quizá el mejor testimonio de tus horas felices, placenteras, armoniosas, rodeado de amigos, familia, compañeros de trabajo, casi siempre en contextos agradables.


¿Tienes motivo real para estar pesimista o estás inventando una excusa para no ser feliz? Existen personas que hacen esfuerzos supremos para evitar transitar por los caminos de la felicidad y encuentran verdadero placer, enfermizo por cierto, en hacerse daño, y como consecuencia, provocar daño a sus seres queridos. ¡Saca tu álbum! Haz un inventario de cuántas personas has registrado con una sonrisa, a cuántas personas has abrazado, y quizá entonces encuentres un motivo para reinventarte. Y como dice aquel poema: esfuérzate por ser feliz.

sábado, 7 de enero de 2017

LA GRAN DIFERENCIA

Publicado en el Diario de Centro América el 6 de enero 2017

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Una persona puede tener mucho dinero pero si este ha sido adquirido de manera anómala, su valor como individuo es cero o menos cero.

En el campo de la competitividad empresarial e incluso en el aspecto individual, estamos sujetos a dos tipos de ventajas: las comparativas y las competitivas. Las ventajas comparativas son aquellas características que hacen posible que un producto sea preferido; sin embargo, al ser imitadas por otro productor, dejan de serlo. En el caso de las empresas que se dedican a producir tecnología, por ejemplo, lanzan al mercado productos cuyas características son imitadas al poco tiempo por la competencia, causando una pérdida de competitividad en las anteriores.

En cuanto a las ventajas competitivas son aquellas características duraderas en el tiempo que hacen que una empresa o producto sea preferido. Estas ventajas tienen que ver con características muy específicas que provocan fidelidad por parte de los clientes. Tales características pueden ser valores morales, éticos, estilo personal de administrar o servicio al cliente, entre otras.

En el ámbito personal las ventajas comparativas pueden tipificarse como aquellos rasgos físicos, económicos, circunstanciales y de otra índole que posee una persona pero que son pasajeros o fácilmente superables por otras. La edad, el peso, la talla, el nivel educativo, la situación socioeconómica o política son muestra de ello.

Las ventajas competitivas individuales son aquellos rasgos morales, profesionales, éticos o conductuales que hacen única a una persona, conformando el sello de su personalidad. Por ejemplo, entre dos profesores de matemáticas la ventaja competitiva de uno puede ser su estilo de enseñar la materia, la calidad de relaciones que guarda con sus estudiantes, su responsabilidad, puntualidad. En el otro profesor estas características pueden ser antivalores.

Estas ventajas, tanto comparativas como competitivas están relacionadas con el concepto de valor. Este último es el componente que da legitimidad y fortaleza tanto a una institución como a una persona. El valor no siempre está asociado al dinero, pero sí está asociado a características éticas, morales y de responsabilidad institucional o individual.

Así, una persona puede tener mucho dinero pero si este ha sido adquirido de manera anómala, su valor como individuo es cero o menos cero. En cambio, una persona puede tener muy pocos recursos económicos pero si es honrada, su valor es cien. En el primer caso, podría tener una ventaja comparativa que podría cesar en cualquier momento. En el segundo caso, la persona muestra una ventaja competitiva de primer orden.


Estos fenómenos se ven a menudo en el mundo político o en aquellos grupos cuya riqueza es de dudosa procedencia. Seguramente habrá observado usted a políticos que de la noche a la mañana aparecen con mucho dinero, poder e influencia; sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos pierden su patrimonio, tanto económico como aquellos valores que podrían ser heredados a su familia: la honradez, la ética, el honor y el prestigio. Ciertamente bienes intangibles pero que constituyen ventajas competitivas.