viernes, 14 de junio de 2019

Reflexiones sobre el criollismo

El peor error de un ladino es considerarse criollo. Por supuesto que existen algunos, incluso indígenas, con esa mentalidad.

Este mijo es indio, le dijo a mi amigo la señora que trabaja en su casa. Él le interrogó: ¿y vos qué sos? Yo soy indígena, le respondió ella. Pero éste es indio porque es terco, huevón y salido. Nótese cómo califica una madre a su propio hijo. ¿No es ese, acaso, el concepto que por cientos de años se ha venido repitiendo sobre el indígena? Así comenzaron a expresarse los primeros españoles venidos a América y esta fue el calificativo que se creó sobre los vencidos, hasta convertirlo en un estereotipo racista y clasista y finalmente, sembrarlo en lo más arraigado de la cultura.

Si soy hijo de español, no soy indio; por lo tanto, no soy ni terco, ni huevón ni salido. Es un razonamiento que alimentó la ideología del criollo, epíteto que se dio a los hijos de españoles nacidos en América. Pero estos crecieron en la salsa de la discriminación que practicaban aquellos saqueadores de tesoros para salvar la economía del reinado de Isabel y Fernando. Los criollos fueron reproduciendo estos estereotipos; y le incorporaron otros elementos hasta convertirlos en ideología. El concepto de ideología aquí, no es tomado en el sentido marxista de falsa conciencia, sino como la manera de entender y justificar el mundo que nos rodea.
Desde sus orígenes, los criollos discriminaban a los mestizos, llamados más tarde, ladinos. A decir verdad, también los rechazaban los indígenas, por no tener pureza de sangre. Ser el jamón del sándwich no ha sido nada fácil para la clase ladina, que se convirtió en una especie de mano de obra obrera y profesional de los descendientes de aquellos que, incluso, quieren manejar el país como si fuera su finca. Por supuesto, hoy nos llenamos la boca con decir que somos ladinos, aunque los criollos se ríen de nosotros.
Ser criollo no es ni más ni menos que conservar algún rasgo de los primeros españoles nacidos en América, quienes, junto a sus padres, además del saqueo, a fuerza de esclavitud hicieron que los dominados cultivaran la tierra para su propio beneficio. Más tarde, una especie de esclavitud encubierta cubrió como un manto de impunidad a los criollos quienes conservaron sus tierras y hasta el derecho de maltratar a sus trabajadores. Esa es la ideología criolla, un pensamiento de patrón con suficiente autoridad, dominio psicológico y económico sobre sus empleados.
Esta ideología criolla también se ve reflejada en el lenguaje, ombligo de toda cultura. De ahí que el trato despectivo, prepotente, patronal, gritón, altanero y carente de la mínima cortesía sea uno de los rasgos distintivos. El peor error de un ladino es considerarse criollo.
Por supuesto que existen algunos, incluso indígenas, con esa mentalidad, es decir, actúan como ellos; y no es para menos, lo ideológico penetra la familia, la educación y la cultura misma. Si usted tiene tierras o empresas, tiene trabajadores y los trata con dignidad y respeto, les paga salarios justos y demás prestaciones laborales, usted no es criollo, solo es un ladino con pisto, así que no sufra.
CarlosInterianohttps://dca.gob.gt/noticias-guatemala-diario-centro-america/wp-content/uploads/2019/01/CARLOS-INTERIANO.png

viernes, 7 de junio de 2019

El color de la voz


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En la comunicación política el color de la voz es clave para conectar con el ciudadano.

El paso trascendental que permitió a la humanidad avanzar en su proceso de desarrollo, crear cultura y las condiciones necesarias para satisfacer sus necesidades básicas de sobrevivencia, ha sido su capacidad de usar su aparato de fonación para comunicarse, articulando sonidos con un significado preciso que puede ser entendido por los demás. Fue creando, de manera paulatina, los sonidos guturales que le permitieron, en una etapa muy temprana de su evolución, generar las reglas básicas de selección y combinación de signos hasta producir cadenas completas de significado. Estas reglas básicas se conocen con el nombre genérico de código.

El código lingüístico que posibilitó los diversos idiomas ha sido la clave de la civilización humana, el cual se ha usado de acuerdo a las necesidades materiales y contextuales en los diversos periodos de su historia. Es en sí, un código abierto y moldeable de acuerdo a las particularidades de cada región, época y condiciones culturales. A diferencia del resto de seres de la escala animal cuyo código de comunicación es cerrado y programado biológicamente, el código lingüístico humano es flexible, ajustable, maleable.

El principal canal del código lingüístico es la voz. Este recurso verbal es el instrumento que no sólo está sujeto a condiciones fisiológicas sino también a factores psicológicos, ofreciendo una infinita gama de posibilidades de expresión que hacen del humano un ser versátil, adaptable a diferentes situaciones sociales. La característica de la voz con la que nacemos y nos desarrollamos se llama color de voz y se identifica con el timbre, el cual puede ser agudo, grave, suave, ronco, etc.

Sin embargo, el color de la voz es un concepto mucho más extenso que el propio timbre. Está relacionado con los aspectos emotivos, afectivos con que se maneja el timbre. Por ejemplo, una persona puede tener una voz aguda pero mediante el volumen y adaptación afectiva de esta resulta agradable. Lo mismo puede decirse de una voz ronca. El secreto está en el manejo del color.

Cuando una madre le habla a su hijo puede hacerlo con suavidad o severidad, según sea el estado afectivo de ella y según el propósito que desea conseguir. Invariablemente el niño interpretará el mensaje con solo percibir el tono con que su progenitora le habla.

En el plano artístico, por ejemplo, hay cantantes que de suyo no tienen una gran voz, pero el manejo magistral que hacen de ella, les proporciona un clima propicio de interpretación que impacta al público. En la poesía sucede lo mismo. Un poeta que lee un poema puede no tener una dicción estudiada, pero si lo hace atendiendo a un clima afectivo adecuado, seguramente producirá en los oyentes, un efecto envolvente. En la comunicación política el color de la voz es clave para conectar con el ciudadano. Una voz altisonante, altanera, rústica, sin matices adecuados, producirá un rechazo en sus oyentes. Y una vez creado un impacto negativo es difícil cambiarlo, aunque se hinque.

Carlos Interianohttps://dca.gob.gt/noticias-guatemala-diario-centro-america/wp-content/uploads/2019/01/CARLOS-INTERIANO.png

sábado, 1 de junio de 2019

AUTORRETRATO


amo la voz que gravita en las cosas
muertas amo el musgo suave y terso
de aquellos años mozos y los locos
aleteos de las risas juveniles al surcar
el cielo y aquella cándida mano que
tomó la mía y aquella preñada
embriaguez que remozaba el día

amo las cosas que se fueron las
cosas buenas y las malas cosas las
amo porque de ellas aprendí los
trazos de ser humano y a doblegar la
hombría para ser sólo humano sin las
fórmulas atávicas que te inculcan en
la infancia

amo la libertad de sentirme libre sin
pecado original ni herencias
ancestrales amo los pasos que doy
equivocados o certeros y las lágrimas
que expulso de mis cuencas añosas
amo de mis labios la palabra regia sin
dobleces morales sin retórica ni duda

amo ser gato huérfano de dueño y
tener vida de gato escaparme a los
tejados para encontrar la dicha amo la
virtud escondida de las sombras y el
sentido de ser sombra estatua sin
rostro conocido amo ser gaviota que
horada el firmamento

amo lo que tengo escasa fortuna que
cabe en el doblez de mi pañuelo y mis
sueños gigantes que a diario surcan el
cielo amo la finitud de mis ideas mi
dolida inteligencia y mis días grises
amo el esqueleto de un ayer que no
retorna y las penas del presente y lo
incierto del futuro (C.I)

sábado, 18 de mayo de 2019

ESTOS NUDOS CIEGOS


Resultado de imagen para VIDA HUÉRFANA DE VIDA SURREALISTA
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que me atan la palabra
monosílabo en mis labios atajos
por donde pasa el silencio guarida de
temores viejos sin remedio
como una antigua alameda sin trinos
de aves que un día fueron festín a la vida
hoy las hojas inundan de silencios
las palabras y este cuerpo inerme
depósito de recuerdos almácigo donde un día
se incubara la vida se va quedando sin prisa
se va fugando en silencio en las horas
taciturnas de un noviembre cualquiera

pero esta vida huérfana de vida es el
punto exacto donde acaban los caminos
retazos de risas rotas abandonadas y solas

solo retazos
                       solo migajas

ya no tañen las campanas al unísono del
viento ya no hay vida en su lamento
están preñadas de hastío

miércoles, 8 de mayo de 2019

TUERO EN SUS OJOS




Un cardumen de estrellas jugaba con
el tuero en el firmamento de sus ojos
                                           aquella tarde de mayo

Desde la herrumbre de siglos de mi
ventana empañada saboreaba con
                                     denuedo un sorbo de vida

Con mansedumbre aquel tuero
anidaba con destellos su ternura
                                           hechos de claro de luna

Y aquella tarde de mayo fue de
                                                   Universo, completa

Poesía Carlos Interiano