viernes, 21 de septiembre de 2018

Los espejos negros

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Tendemos a vernos reflejados en los mensajes que a diario inundan nuestras computadoras, las tablets, los teléfonos móviles
En las tradiciones griegas y romanas antiguas los espejos ejercían un poder sobrenatural sobre quienes convocaban sus poderes mágicos. Eran capaces de revelar, mediante conjuros especiales, el mundo de lo desconocido, y gobernar con ello parte de las decisiones humanas. Otra de las creencias es que un espejo es capaz de atrapar el alma de una persona mientras duerme. Por lo tanto, recomiendan cubrir estos artefactos con un paño por la noche.
En la sociedad actual, el concepto de espejos negros se relaciona con el mundo de la comunicación por medios electrónicos, especialmente los dispositivos móviles, las computadoras y todo cuanto artefacto esté conectado a la internet. La analogía consiste en que a través del mundo digital los seres humanos nos vemos, o esperamos vernos, reflejados, proyectando una imagen a veces ajena a la que verdaderamente tenemos. El cuento de Blancanieves y la bruja malvada es un buen ejemplo de esto. De acuerdo con el relato, la bruja siempre preguntaba quién era la mujer más bella, y el espejo le respondía que ella.
En términos de manejo de opinión pública, actualmente los ciudadanos tendemos a vernos reflejados en los mensajes que a diario inundan nuestras computadoras, las tablets, los teléfonos móviles y también los televisores inteligentes. Toda una gama de herramientas de última generación que proyectan nuestros valores, nuestros deseos, frustraciones y esperanzas en un conjunto bien empaquetado de mensajes que han sido planificados desde emisores, muchas veces anónimos, y otras, personificados por el gran capital, vía empresas y firmas transnacionales.
Edna Portillo, en su trabajo de tesis doctoral explica: “El éxito de las redes sociales se debe a que las personas viven ansiosas por saber cómo es su imagen ante los demás, porque no la conocen ellas mismas. Necesitan saber cómo son ante otros.  Y en esos espejos negros está inmersa la opinión pública. Esos espejos negros pueden constituirse en armas peligrosas en ese afán de expresarse, ya que para estar dentro se dice hasta lo indecible porque se actúa sin interlocutor enfrente. De ahí que surja la maledicencia a granel y se haga tanto daño a los demás”. En términos de comunicación, los espejos negros son esos grandes espacios interactivos donde cabe de todo, desde una simple queja por un bache en el camino, hasta la formación de corrientes de opinión a favor o en contra de una persona o institución. Y, por supuesto, en un efecto de espiral, muchas personas se van agregando como gotas de agua dispersas, hasta que finalmente logran construir grandes estados anímicos, generalmente prejuiciados.
El resultado: las personas han visto su imagen reflejada en los mensajes empaquetados que les llegan a diario a través de su correo electrónico, su perfil en redes sociales o en los programas de televisión que producen y distribuyen las compañías transnacionales de comunicación. Las cadenas de oración y los mensajes motivacionales son un buen ejemplo de ello.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Servidumbre voluntaria


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Las reglas de la economía, la política, lo jurídico, entre otros, se encargan de crear y mantener estos sofisticados mecanismos de adormecimiento de conciencias.

Étienne de La Boétie (1530-1563), escribió cuando solo tenía 18 años, su tratado denominado El discurso de la servidumbre voluntaria. En dicho trabajo, este joven escritor analiza los mecanismos profundos que provocan que miles de ciudadanos se sometan a la voluntad de un solo ser, a quien, muchas veces, no le acompañan ni la fuerza, ni la valentía. La Boétie indica que: “Cosa admirable y dolorosa es, aunque harto común, ver a un millón de millones de hombres servir miserablemente y doblar la cerviz bajo el yugo, sin que una gran fuerza se lo imponga, y si solo alucinados al parecer por el nombre Uno, cuyo poder ni debería ser temible por ser de uno solo, ni apreciables sus cualidades por ser inhumano y cruel”.

En otro interesante párrafo, el escritor se plantea: “Por qué desgracia o por qué vicio vemos a un sinnúmero de hombres, no obedientes, sino serviles, no gobernados, sino tiranizados; sin poseer en propiedad ni bienes, ni padres, ni hijos, ni siquiera su propia existencia, sufriendo los saqueos, las torpezas y las crueldades, no de un ejército enemigo, ni de una legión de bárbaros, contra los cuales hubiera que arriesgar la sangre y la vida, sino de Uno solo, que no es ni un Hércules ni un Sansón; de un hombrecillo, y con frecuencia el más cobarde y afeminado de la nación (…)”

Las palabras de aquel sesudo analista de la sociedad que vivió a principios de la Edad Moderna, adquieren más sentido si se sitúan en el contexto de la educación tradicional cuyo modelo comenzó a instaurarse a finales de la Edad Media. El proceso de alienación, de acuerdo al pensamiento de Marx, al que se somete a millones de hombres y mujeres, produce, a largo plazo, un modelo de pensamiento uniforme y dócil que pocas veces se ha visto marcado por rupturas que alteran el ritmo “normal” del proceso educativo.

Este modelo educativo producirá un ejército de seres sin capacidad crítica para juzgar su situación social, económica y política y se sumará, pasiva y pacíficamente a la masa de trabajadores cuyo interés inmediato es apenas, devengar un salario mínimo que no les alcanza para su sostén y el de su familia. En tanto que el modelo se repite una y mil veces, se va creando un estilo de vida cuyos andamiajes se sumergen en lo más obscuro del tejido social. Con ello se da paso al fenómeno que bien podría llamarse Cultura de la servidumbre voluntaria.

¿Quién impone las reglas de este sometimiento? Nadie lo ha dibujado bien; simplemente navegan en este mar de derroteros ya trazados denominado sistema. Las reglas de la economía, la política, lo jurídico y lo ideológico, se encargan de mantener estos sofisticados mecanismos de adormecimiento de conciencias. Por ello, las acciones de CODECA se presentan como atisbos de un despertar de una población que busca trazar sus propios derroteros, en medio de una dinámica social marcada por intereses oligarcas, cuyas normas y reglas del juego les han sido heredadas desde los tiempos de la Colonia.



jueves, 13 de septiembre de 2018

USTED Y YO




Usted y yo tenemos un conflicto.
No amo sus ojos porque sean suyos.
Los amo, porque en ellos, mi vida se llena
de cantos de cuna.

Usted y yo tenemos un dilema.
No amo su voz porque sea suya.
La amo, porque son las notas musicales
que renuevan mi vida.

Usted y yo tenemos una duda.
No amo su risa porque sea suya.
La amo, porque en ella
languidecen mis penas.

Usted y yo tenemos un abismo.
Usted viene vital, devorando caminos.
Yo voy hacia la nada
persiguiendo quimeras.

Usted y yo tenemos diferencias.
Yo le amo intensamente.
Usted, por el contrario,
me ahoga en el silencio.


                      Carlos Interiano

viernes, 7 de septiembre de 2018

Costa Rica


En educación, Costa Rica destina el 8% del PIB, en tanto que Guatemala, apenas el 2.9%.

Recientemente visité Costa Rica. Acompañaba al poeta Matheus Kar, quien realizó varios recitales y participó en la Feria Internacional del Libro. Hacía mucho tiempo que no visitaba aquel maravilloso país. Y como hace cuarenta años, cuando llegué por primera vez, coincidentemente a un evento de poesía, tuve la sensación de estar en una esquina civilizada del mundo.
Costa Rica, la llamada Suiza de América, hace honor a su nombre. Aún con sus problemas propios de un país que alberga a cinco millones de ciudadanos, sujeto a las presiones que genera la sociedad mundial y la interna, especialmente aquellos de orden social y económico, este hermano centroamericano goza de estabilidad política y de buenas condiciones de vida de sus habitantes.
Los números no fallan, y las acciones políticas tomadas en su momento por estadistas que han dado continuidad a la gran decisión asumida aquel 1 de diciembre de 1948 por la Junta Fundadora de la Segunda República, cuyo presidente fue el recordado José (Pepe) Figueres Ferrer, de suprimir el Ejército y conformar una fuerza policial capaz de hacerse cargo de la seguridad pública, han rendido sus frutos.
Desde aquella fecha histórica, este país centroamericano ha tenido un crecimiento sostenido en muchos aspectos: economía, vivienda, salud, educación y cultura. En educación, por ejemplo, Costa Rica destina el 8 % del PIB, en tanto que Guatemala, apenas el 2.9 %. La Unesco recomienda que la inversión debe ser al menos del 7 %. En aquel país existen 53 universidades que atienden las necesidades educativas que genera una población de 5 millones de habitantes. En Guatemala existen 14 universidades privadas y una estatal, para atender los requerimientos de una población de 17 millones de ciudadanos.
Pero, además, Costa Rica también enfrenta menos problemas de violencia y, asústese usted, ¡no hay maras! Los murales que existen en la vía pública son pintados por artistas y no son signos de protesta suburbana. Existen museos suficientes de diversa índole y otros centros culturales, libros e intelectuales por doquier, lo cual es un signo inequívoco de que la gente tiene la posibilidad de satisfacer sus necesidades de alto nivel: las de autorrealización.
En Costa Rica se encuentran poetas hasta por debajo de las piedras. Nos dimos cuenta en los lugares bohemios que visitamos; y se congregan para leer poesía, comentar literatura de diverso cuño y, por supuesto, degustar algunas “birras bien frías”, al calor de largas y amistosas conversaciones. En la Feria del Libro hubo abundante poesía y poetas ofreciendo sus obras.
Nos dio gusto saludar a muchos intelectuales y artistas, especialmente al doctor Américo Ochoa, salvadoreño asimilado costarricense desde hace muchos años; al fino poeta guatemalteco Daniel Matul, al poeta Adriano Corrales Arias y a nuestro amigo desde hace tiempo, Marco Tulio Araya y su esposa, quien coordinó nuestro viaje a aquel hermoso país de América.

viernes, 31 de agosto de 2018

Infoxicación

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En las redes sociales, cada segundo está corriendo frente a nuestros ojos decenas de mensajes, imposibles de digerir.

En esta era de la información estamos expuestos a un cúmulo de datos que difícilmente podemos manejar. La Big Data recoge todo cuanto ingresa a la red a través de múltiples mensajes. Además de la virtualidad, están los medios de información tradicionales: la radio, la prensa y la televisión, y otras formas de comunicación por medio de vallas, mupets, afiches y otros entornos visuales.
Hace solo cincuenta años, el ser humano no estaba bombardeado por tantos mensajes. Había otras maneras más relajadas de consumir información: el cine, el teatro, las tertulias en café, bares, los coloquios académicos, las conversaciones en el comedor. La televisión aún era en blanco y negro, y era centro de unión familiar. También se daban las conversaciones en las esquinas, los chismes en las tiendas de barrio. En fin, era un intercambio mesurado del acontecer, generalmente local. Las noticias nacionales e internacionales llegaban con algún tiempo de retraso. La gente tenía suficiente tiempo para procesar la información que recibía.
Hoy día, desde que nace, un niño está sujeto al bombardeo informativo, generalmente con estrategias que van dirigidas a perfilar su personalidad para el consumo, que, a la larga, conformarán sus hábitos futuros.
Nos hemos convertido en esclavos de la información mundial. En las redes sociales, cada segundo están corriendo frente a nuestros ojos decenas de mensajes, imposibles de digerir.
Cuando ingerimos alimentos que no pueden ser procesados por nuestro cuerpo o están descompuestos, causan intoxicación. Lo mismo sucede con aquella cuantiosa cantidad de datos que nuestro cerebro recibe, pero no puede digerir sanamente. En este caso se le llama infoxicación. También se le conoce como infobesidad.
La mayor parte de estos datos que ingresan a nuestro cerebro lo hacen por medio de la vista y el oído, canales efectivos de la era de la imagen. Los niños y adolescentes de hoy son totalmente audiovisuales, y muchos de ellos se desenvuelven cotidianamente en un mundo digital y de realidad virtual. En Guatemala hay más teléfonos que personas, y casi todos con acceso a Internet.
La virtualidad expone a los niños y adolescentes a un sinnúmero de datos que les llegan a través del ciberespacio y que ingresan en su cerebro a velocidades vertiginosas, tanto a nivel consciente como inconsciente. En este último se almacenan los datos que conforman el reservorio informativo que, tarde o temprano, habrá de dirigir sus actos. El problema es que muchos de estos datos, revestidos de llamativos envoltorios de diseño, sonido e imagen, pueden encerrar contenidos manipulantes de su conducta. Por supuesto, también el cerebro tiene mecanismos para desechar o, por lo menos, reprimir aquella información reiterativa, avasallante, mediante el proceso de evitación defensiva. ¿Usted ya se puso a dieta para evitar la infoxicación? Evite caer en la infobesidad, apagando sus dispositivos electrónicos algunas horas al día, y converse con su familia y amigos. Es más sano.

viernes, 24 de agosto de 2018

Dame un like


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El ser humano siempre ha necesitado de mecanismos de reconocimiento que eleven su autoestima.

Javier revisaba cada hora su feis para ver cuántos likes tenía en su nuevo mensaje publicado. Minuciosamente contaba cuántas manitas, corazones, caritas de asombro, tristes, enojadas, había en sus respuestas. También le interesaban mucho los comentarios, sobre todo aquellos que reforzaban su punto de vista. Cuando recibía pocas respuestas o ninguna, era presa de un desasosiego emocional que se transformaba en tristeza profunda. Sobre todo, si sus amigos no estaban en ese listado. La amistad se valora a través de los mensajes que recibes, decía; y tu importancia, también.
La anterior es una historia real. Pero no es la única. Estos casos de dependencia excesiva a la opinión de los demás sobre los mensajes que subimos a las redes sociales constituyen hoy día un fenómeno de reconocimiento personal que no existía con esta intensidad antes de Internet y, sobre todo, antes de que surgieran las redes sociales. Por supuesto, el ser humano siempre ha necesitado de mecanismos de reconocimiento que eleven su autoestima. Estos artilugios pueden ser premios, menciones honoríficas, cartas personales y todos aquellos recursos que contribuyen a fortalecer el trabajo intelectual o físico que realizamos.
En el caso de Facebook, sin embargo, se ha desarrollado una especie de patología virtual que se evidencia en un constante monitoreo a los mensajes subidos, especialmente cuando se trata de asuntos que tienen un interés específico por parte de los emisores, invirtiendo en este esfuerzo grandes cantidades de tiempo. Resulta frustrante que un mensaje subido al feis no obtenga la cantidad de likes esperados, o bien, que no cuente con comentarios a favor. A veces, cuando un comentario es contrario a la opinión del autor, puede llegarse al extremo de eliminar al remitente de la lista de amigos aceptados. En otras palabras, si apoyas mi opinión, te lo agradezco, si opinas lo contrario, te elimino. De ahí que algunas personas terminan por aceptar públicamente los argumentos del autor del mensaje, aunque sean ideas disparatadas. La espiral del silencio en su esplendor.
Otro fenómeno concomitante a los mensajes en redes sociales es la marcada preferencia de los usuarios a acuerpar, mediante el uso de emoticones o mensajes banales, aquellas “ocurrencias” compartidas por cientos de miles de internautas. Todo esto puede resumirse en un concepto que llamaríamos cultura de la miseria, una versión distorsionada de la cultura virtual, debido a lo superficial y chusco de los mensajes compartidos. Frases emotivas como “hoy amanecí triste”, “mi perro es un vago”, son solo dos ejemplos del contenido intrascendente de estas, pero son las que más likes consiguen.
Por el contrario, aquellos mensajes cuyo contenido es serio, reflexivo, gramaticalmente correcto, obtienen escasos seguidores. Por algo se ha señalado al Facebook y otras redes sociales como el nuevo narcótico, un adormecedor de conciencias, acrítico, seguidor pasivo de corrientes de opinión sin fundamento. A propósito, ¿usted ya le dio like a esta columna?

domingo, 19 de agosto de 2018

Insurgente


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Había un gorrión de vuelos insurgentes
Había dos gorriones de vuelos insurgentes
Había tres gorriones de vuelos insurgentes
Había muchos gorriones de vuelos insurgentes

De pronto
No había gorriones de vuelos insurgentes

Solo plumajes de gorriones esparcidos por el mundo

Y en el púlpito del pueblo
recuerdos disecados de gorriones insurgentes

En un supermercado vendíanse plumajes
de gorriones insurgentes

Los espejos negros

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