viernes, 2 de diciembre de 2016

FIDEL

Publicado en el Diario de Centro América el 2 de diciembre

Resultado de imagen para fidel castro
Imagen de Google


El orador más brillante del siglo veinte, el estratega más sobresaliente que movió, por mucho, el eje geopolítico mundial.

En 1990, cuando estudiaba en Miami, la maestría en Periodismo, fui muchas veces a La Pequeña Habana, un barrio localizado en el centro de la ciudad, poblado en su mayoría, por cubanos, muchos de los cuales habían huido de su país y asilados en los Estados Unidos.

El paisaje de La Pequeña Habana es pintoresco, con diseño y ornamento que recuerda la isla caribeña, quizá una reminiscencia de su patria, aquella que, sin importar la ideología, ocupa siempre un lugar especial en el corazón de los cubanos. Estar en ese sector de Miami es de alguna manera, como estar en Cuba, las conversaciones con tono altisonante y ese dejo característico que los identifica envuelve la atmósfera, acentuada por un pequeño café o un exquisito plato típico de la Isla.

Aprendí de memoria el tema recurrente de conversación en aquellos años: Castro caerá hoy o mañana, pero caerá. En los supermercados y otros lugares públicos se exhibían portadas de periódicos anunciando la muerte de Fidel; publicaban fotos “trucadas” (entonces no existía el Photoshop) que lo hacían ver como un cadáver. Las mesas que lucían el inconfundible juego de ajedrez eran pintadas con los colores de la bandera isleña.

A decir verdad, los cubanos residentes en la Unión Americana, llegaron a ese país en varias oleadas. Hay quienes emigraron antes de la Revolución, otros, pocos años después, y los demás, en aquellas históricas migraciones masivas que salieron de ese país bajo pactos internacionales suscritos con el régimen. Los hay también, descendientes de los exiliados, una nueva generación que no le interesa la memoria histórica de sus padres. En esencia, todos tienen visiones diferentes respecto al régimen y especialmente a Fidel Castro.

Aquella larga espera de los inconformes por fin llegó el viernes 25 de noviembre. Por primera vez las portadas de los diarios de Miami pudieron publicar una noticia real respecto a Fidel. Murió, a la edad de 90 años. No pudieron asesinarlo, no obstante que según algunas fuentes fueron más de 600 maneras para tratar de eliminarlo. Él murió cuando le dio la gana, perdiendo únicamente la batalla contra las leyes naturales del cambio eterno.

Como líder revolucionario libró una larga e intensa batalla contra los países capitalistas del mundo, especialmente los Estados Unidos. Sin duda, la historia lo reconocerá como el forjador de la lucha en favor de los pueblos oprimidos del planeta. El orador más brillante del siglo veinte, el estratega más sobresaliente que movió, por mucho, el eje geopolítico mundial.


Como una ironía de la vida, a Fidel se le ocurrió morir el día ese en que el capitalismo celebra un acto de gula consumista: el Black Friday. A partir de hoy, cada ciudadano deberá reflexionar si esa fecha es para dar rienda suelta al paroxismo del consumo irrefrenable, o una ocasión para recordar al hombre de un país pobre que cambió los esquemas de pensamiento político mundial. Aun después de muerto, Fidel seguirá siendo la piedra en el zapato del capitalismo. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

ÉTICA EMPRESARIAL

Publicado en el Diario de Centro América el 25 de noviembre
Resultado de imagen para usura
Imagen de Google


Un altísimo porcentaje de la gráfica del empleo está en manos de la iniciativa privada, vía las empresas productivas y de servicios.

No estoy en contra de la actividad empresarial, cuyo objetivo fundamental es generar ganancia por sus operaciones. En un mundo fundamentalmente capitalista la lógica empresarial es uno de los ejes transversales que guían la dinámica humana. La empresa genera empleo y produce los satisfactores básicos de los ciudadanos: comida, bebida, vestuario, medicina, seguridad, pasatiempo, recreación, vivienda, entre otros.

Los empresarios son la contraparte del gobierno, a partir de quienes se sostiene la vida productiva del país. Estos generan fuentes de empleo para millones de guatemaltecos por la vía del capital privado. El gobierno, por su parte, es el responsable de administrar la cosa pública y garantizar el buen mantenimiento de los servicios básicos, especialmente salud, educación, infraestructura y desarrollo social. No es, dentro de la lógica capitalista, un generador de empleo, aunque para garantizar sus funciones administrativas tenga que recurrir a crear plazas en los distintos renglones que establece la normativa nacional.

Sin embargo, un altísimo porcentaje de la gráfica del empleo está en manos de la iniciativa privada, vía las empresas productivas y de servicios. Nadie discute que si un día, por cualquier motivo, los empresarios decidieran paralizar su maquinaria productiva, la vida económica del país se vendría abajo. Con un día de huelga empresarial se perderían miles de millones de ingresos fiscales y ni imaginarnos lo que provocaría, por ejemplo, la no fabricación de pan, tortillas, embutidos, y un sinfín de alimentos. Cuando los carniceros deciden paralizar la venta de su producto, todo mundo tiembla ante el solo hecho de no consumir carne.

Ahora bien, reconociendo que el empresariado es una pieza importantísima en el ajedrez de la vida nacional, es también importante señalar que toda actividad productiva debe ceñirse por cánones éticos. Como toda actividad humana la actividad empresarial no debe lesionar los intereses ciudadanos, y mucho menos, los intereses de los trabajadores, sin cuyo concurso no sería posible la producción.

Esta ética empresarial se resume en los siguientes aspectos: reconocimiento de las prestaciones de ley, estímulo dinerario por productividad, respeto por los plenos derechos laborales garantizados en las leyes nacionales y en los tratados internacionales, distribución entre los trabajadores de la plusvalía productiva, entendida esta como aquella utilidad adicional que tiene la empresa después de descontar su margen de ganancia.


Existen muchos casos en los cuales las empresas someten a los empleados a excesivos horarios laborales, en condiciones infrahumanas, realizando descuentos en sus salarios o bien, manejando dobles contabilidades con el propósito de no reconocer salarios dignos o bien, para evadir el pago de impuestos al fisco. Obviamente el propósito de tales “economías” es engrosar los bolsillos de los propietarios o altos funcionarios de las empresas. Esto, a todas luces es antiético e inmoral.