viernes, 30 de diciembre de 2016

REFLEXIONES DE FIN DE AÑO

Publicado en el Diario de Centro América el 30 de diciembre

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El primero de enero se despierta de este raro efecto de hipnosis colectiva que conlleva el consumo extremo y la satisfacción de necesidades superfluas.

El año se fue como el agua entre los dedos. Tengo la sensación que más temprano que tarde, las hojas del calendario se fueron deshojando como se caen los pétalos de una flor cuando ha cumplido su ciclo vital. Mañana será el último día de 2016 que pone fin a un torbellino de sucesos, unos buenos, otros no tanto, pero que forman parte ya de una historia que se está construyendo y que tarde o temprano conformará la memoria colectiva del guatemalteco.

Es increíble cómo la tradición cristiana ha moldeado el espíritu del ser humano durante dos mil años, al punto que durante estas fiestas lo vuelve más sensible (o sensiblero, deberíamos decir), más comunicativo, más dadivoso y quizá más espiritual. No sé si con otras religiones suceda lo mismo; lo cierto es que los 2,200 millones de seres humanos que actualmente profesan las religiones cristianas, algo así como el 31 por ciento de la población mundial se envuelven en una atmósfera de tradiciones de la época.

Este “recogimiento espiritual” por supuesto no tiene nada de malo, sino todo lo contrario, quizá contribuya a producir más solidaridad humana. Lo que no entiendo es cómo esta misma actitud no se asume durante todo el año.  ¿No estaría mejor la humanidad si así fuese? Por ejemplo, no creo que el sentido de dar a los demás sea un comportamiento solo de las fiestas navideñas; a mi criterio debe ser una acción que se lleve a cabo de manera permanente, “hasta que duela”, como bien lo decía la Madre Teresa.

La publicidad es la enorme maquinaria que exacerba esta “caridad cristiana” en la época navideña. Solo como un ejemplo, vea usted al viejo barrigón de Santa Claus ofreciendo el oro y el moro en los supermercados, centros comerciales, restaurantes, anuncios de grandes marcas a través de los medios masivos, vallas publicitarias y todo el engranaje que conforma la industria publicitaria, cuya ofensiva comienza desde septiembre, con el propósito de predisponer los sentimientos humanos para facilitar el consumo de diversos artículos. Toda una estrategia para hacer llegar a sus bolsillos los escuálidos recursos que entran a los presupuestos familiares vía aguinaldo, sueldo extra y los salarios de noviembre y diciembre.

La industria de los restaurantes, la ropa, el calzado, el entretenimiento, entre otros rubros, son quienes se llevan la mejor tajada. Durante estas fechas, los portadores de tarjetas de crédito quedan endeudados por los próximos 48 meses; y no estoy exagerando. El guatemalteco tiene la tendencia a alargar la deuda, lo que es una forma de alargar también el suplicio. Todo sea por un momento de debilidad o furor colectivo de “regalar” algo en estas fechas.


El primero de enero se despierta de este raro efecto de hipnosis colectiva que conlleva el consumo extremo y la satisfacción de necesidades superfluas. Y no se diga de aquellos que malgastan su dinero en pólvora, guaro y otra sarta de somníferos. La cuesta de enero se encargará de recordarles los pagos de colegio, alimentos, casa, agua, luz y demás gastos para continuar viviendo.

viernes, 23 de diciembre de 2016

DINA BLANCO

Publicado el 23 de diciembre

Era un espectáculo contemplar su figura muy bien formada, su cabello lacio cuidadosamente arreglado que le llegaba a la cintura y su porte esbelto, altivo y sereno.

El pasado 11 de diciembre, durante el homenaje que recibiéramos varios chiquimultecos, me senté junto una dama a quien le entregué un ejemplar de la revista Zanates y Clarineros que editamos varios escritores oriundos de Chiquimula. Ella, cuando vio mi foto me dijo: “Usted se ve mejor en la fotografía”; gracias, le dije, sabiendo que no era un cumplido sino una realidad de la cual no escapamos los humanos.

Durante la conversación, al darse cuenta que a mí “no me caía el cinco” sobre su identidad, me dijo: ¿Usted no sabe quién soy yo, verdad? Soy Dina Blanco. Yo sí lo reconocí desde que lo vi. ¡Ay, Dina, disculpe!, le dije, y le di una palmadita de esas que se le da a los viejos amigos.

Aquella confesión suya abrió de pronto la avenida del recuerdo y me vi, en aquel viejo balcón junto a mis compañeros de habitación, quienes casi a diario nos asomábamos para verla pasar. Era un espectáculo contemplar su figura muy bien formada, su cabello lacio  cuidadosamente arreglado que le llegaba a la cintura y su porte esbelto, altivo y sereno.

Nunca respondió a los piropos ni silbidos que se dejaban escapar del grupo. Hacía caso omiso de todo, salvo aquella vez, cuando el más pequeño de los compañeros de apenas 13 años le dijo: quisiera tener cinco años más para caminar a su lado princesa. Ella volvió el rostro y le compensó con una leve sonrisa.

La casa que habitábamos como pensionistas en aquel lejano 1968 quedaba justo frente a su casa, separada por la calle empedrada que tantas veces recorrimos. Era una de cuatro hermanas, todas dotadas de una belleza singular y por supuesto, cada una con una gracia especial que las hacía dignas representantes de la tierra oriental y por qué no decirlo, con cualidades suficientes para ser las musas de poetas y artistas en general.

Dina Blanco era hermosa de pies a cabeza, y en aquellas cenas prolongadas, acompañadas por la música de la radio Perla de Oriente, era naturalmente, materia de conversación. Por supuesto, sus hermanas no escapaban a este trivio inolvidable: belleza, inteligencia y juventud.

Han transcurrido 48 años, tiempo durante el cual dejé de ver a Dina, aunque su imagen se mantiene viva como un daguerrotipo que se acaricia en el recuerdo. Aquel 11 de diciembre volví a divisarla, a la sazón convertida en una destacada profesional de la locución y la docencia, méritos suficientes para ser homenajeada por varias agrupaciones de la sociedad civil chiquimulteca.


Sin querer recordé aquel poema que una vez escribí y que forma parte del poemario “Canción para una niña” de próxima publicación: A veces subo al monte altivo de mis años mozos/Allí cohabitan, como esperando un retorno, la viril/ adolescencia y la majestad de su inocencia. Los/ surcos ya gastados de aquella primavera, son sólo/ huellas que se resisten a morir en legendarios/ horizontes.  Mientras tanto, un cenzontle entona un/ cántico  y una lágrima rueda por el camino infinito/ de mi callosa ancianidad. Son las doce en punto y/ aún estoy despierto.

viernes, 16 de diciembre de 2016

ENCUENTRO CON LAS RAÍCES

Mi columna del 16 de diciembre 




Regresar a la tierra de nuestros mayores es siempre un motivo para renovar nuestros votos de orientales.

El pasado 10 y 11 de diciembre estuvimos los miembros del colectivo literario Zanates y Clarineros en la ciudad de Chiquimula. Presentaríamos el segundo número de nuestra revista literaria y el domingo los comunicadores y otras organizaciones sociales nos harían, junto a personalidades de la comunicación y la literatura, un reconocimiento especial.

Regresar a la tierra de nuestros mayores es siempre un motivo para renovar nuestros votos de orientales. Después de una larga entrevista que se nos hiciera en un sistema de cable local, emprendimos el viaje a la primera parada obligatoria: la refresquería de Quincho. Allí bebimos un sabroso fresco de pepita y saboreamos un trozo de torta rellena de manjar. Cabe destacar que dicha refresquería ha existido por décadas y ha sido heredada de padres a hijos.

Por la noche caminamos por nuestro viejo parque Ismael Cerna, donde de jóvenes tejimos nuestras primeras ilusiones. El poco cuidado que hoy tiene no fue pretexto para no hacer el consabido rondín. Recorrimos algunas calles, en busca de aquellos recuerdos que nos transportaran a nuestros años juveniles.

El domingo por la mañana, nuestro compañero de grupo Neftalí Aldana nos invitó a comer en su casa, ofreciéndonos un desayuno chiquimulteco de primera línea.  Más tarde tuvimos la experiencia más hermosa que nos llenó de orgullo oriental. Asistimos a un reconocimiento especial que un grupo de vecinos liderados por el columnista de Nuestro Diario y paisano nuestro, ingeniero Saúl Guerra le ofreciera al exalcalde de San Juan Ermita. Cabe indicar que dicho exfuncionario edil tiene el mérito de haber dirigido la comuna allá por los años ochenta cuando no existía ningún aporte estatal a la gestión municipal. Don Juan Antonio Martínez, hoy de 84 años, en vez de servirse del cargo sirvió a su comunidad, al extremo de vender sus propiedades para financiar los gastos del arreglo de las calles. Hoy vive en una situación de pobreza que ha motivado a algunos vecinos, como la familia Guerra y otros altruistas, a sufragar algunos gastos en la manutención del respetable anciano.

La celebración de tan significativo evento se llevó a cabo en la cumbre de la comunidad Los Planes, San Juan Ermita. Un suculento almuerzo y por supuesto, el festín de anécdotas, chistes, elogios, ocurrencias variadas que ponen de manifiesto el humor siempre a flor de labio de los orientales. Fue hermoso ser contagiado por aquella bocanada de oralidad, abrazos sinceros y profundos, y ese acento único, altisonante a veces, del lenguaje oriental.


Por la tarde, el quiosco del parque Ismael Cerna fue el escenario del reconocimiento a chiquimultecos que han destacado en el arte, la comunicación y la literatura. Viejos amigos a quienes no saludaba desde hace décadas. De regreso, la nostalgia se apoderó de nuestra mente e hicimos la promesa de volver pronto al terruño. Entramos a las fauces de la ciudad Capital al filo de la media noche.

sábado, 10 de diciembre de 2016

LAS CIRCUNSTANCIAS DE CASTRO

Publicado en el Diario de Centro América el 9 de diciembre

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Cabe recordar que la revolución cubana sucedió en lo más álgido de la Guerra Fría, la cual mantenía enfrentados a los países capitalistas y socialistas.


Respecto a mi columna sobre Fidel Castro, un querido amigo de la Secundaria me escribió lo siguiente: “Lo que yo he creído es que el costo para los cubanos de los muchos logros de Fidel, fueron la No libertad de expresión y locomoción vivir en unas condiciones que no muchos de nosotros toleraríamos”.

Estas palabras de mi amigo chiquimulteco constituyen precisamente los dos pilares fundamentales sobre los cuales ha descansado la estrategia de propaganda anticastrista, especialmente diseñada desde lo más alto del imperio más poderoso de la tierra. Y por supuesto que nadie niega esta situación ya que desde el principio de la revolución se nacionalizó las empresas productivas, incluyendo los medios de comunicación e imponiendo una sola vía informativa, los medios estatales. También se restringió la libre locomoción.

Estas medidas, por supuesto, no fueron inventadas por el líder cubano, sino más bien, son estrategias usadas en cualquier país donde se establezca un cambio en las esferas del poder público, así sean capitalistas, socialistas o comunistas. Debemos recordar que Castro cambió de tajo el modelo económico de Cuba, especialmente en los siguientes aspectos: propiedad de los medios de producción y cambio en las relaciones sociales de producción.  

Por algo se le denominó revolución. En la imagen pública, por ejemplo, Cuba pasó de ser considerada el burdel de los Estados Unidos, a ser un país socialista, no alineado a los intereses norteamericanos. Por supuesto, en esta ruptura violenta, hubo muchos cubanos cuyos intereses salieron visiblemente afectados, especialmente aquellos que poseían empresas productivas en la Isla. En el exilio, estos montaron la más grande campaña de desprestigio, azuzada por los gobiernos norteamericanos desde 1959.

Cabe recordar que la revolución cubana sucedió en lo más álgido de la Guerra Fría, la cual mantenía enfrentados a los países capitalistas y socialistas. En América Latina, por ejemplo, Estados Unidos había apoyado a gobernantes que como Fulgencio Batista en Cuba y Somoza en Nicaragua, eran piezas clave en su política exterior, no obstante que fueron personajes oscuros, sanguinarios y horriblemente corruptos.

¿Qué hubiera pasado si en lugar de aliarse con la antigua Unión Soviética, Castro se hubiese aliado a los Estados Unidos? Sin duda, habría existido libertad tipo capitalista la cual en lugares y momentos como el nuestro se convierte en libertinaje, donde cada quien hace lo que le pega en gana, aunque con índices alarmantes de analfabetismo, desnutrición, desempleo, insalubridad y un largo etcétera de desgracias.


Por su lado, Cuba mantiene altos estándares de salud, educación, seguridad. En lo científico y tecnológico son elogiosos los adelantos. En lo cultural, Cuba pasó de ser matrona sexual antes de la revolución, a ser considerada un emporio artístico, capaz de aglutinar a lo más granado del arte mundial. ¿Qué no hay libertad de información? Bueno, no al estilo de los medios manipuladores locales, donde cada quien maneja el arte de la mentira a su antojo. No hay sociedad perfecta.

viernes, 2 de diciembre de 2016

FIDEL

Publicado en el Diario de Centro América el 2 de diciembre

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El orador más brillante del siglo veinte, el estratega más sobresaliente que movió, por mucho, el eje geopolítico mundial.

En 1990, cuando estudiaba en Miami, la maestría en Periodismo, fui muchas veces a La Pequeña Habana, un barrio localizado en el centro de la ciudad, poblado en su mayoría, por cubanos, muchos de los cuales habían huido de su país y asilados en los Estados Unidos.

El paisaje de La Pequeña Habana es pintoresco, con diseño y ornamento que recuerda la isla caribeña, quizá una reminiscencia de su patria, aquella que, sin importar la ideología, ocupa siempre un lugar especial en el corazón de los cubanos. Estar en ese sector de Miami es de alguna manera, como estar en Cuba, las conversaciones con tono altisonante y ese dejo característico que los identifica envuelve la atmósfera, acentuada por un pequeño café o un exquisito plato típico de la Isla.

Aprendí de memoria el tema recurrente de conversación en aquellos años: Castro caerá hoy o mañana, pero caerá. En los supermercados y otros lugares públicos se exhibían portadas de periódicos anunciando la muerte de Fidel; publicaban fotos “trucadas” (entonces no existía el Photoshop) que lo hacían ver como un cadáver. Las mesas que lucían el inconfundible juego de ajedrez eran pintadas con los colores de la bandera isleña.

A decir verdad, los cubanos residentes en la Unión Americana, llegaron a ese país en varias oleadas. Hay quienes emigraron antes de la Revolución, otros, pocos años después, y los demás, en aquellas históricas migraciones masivas que salieron de ese país bajo pactos internacionales suscritos con el régimen. Los hay también, descendientes de los exiliados, una nueva generación que no le interesa la memoria histórica de sus padres. En esencia, todos tienen visiones diferentes respecto al régimen y especialmente a Fidel Castro.

Aquella larga espera de los inconformes por fin llegó el viernes 25 de noviembre. Por primera vez las portadas de los diarios de Miami pudieron publicar una noticia real respecto a Fidel. Murió, a la edad de 90 años. No pudieron asesinarlo, no obstante que según algunas fuentes fueron más de 600 maneras para tratar de eliminarlo. Él murió cuando le dio la gana, perdiendo únicamente la batalla contra las leyes naturales del cambio eterno.

Como líder revolucionario libró una larga e intensa batalla contra los países capitalistas del mundo, especialmente los Estados Unidos. Sin duda, la historia lo reconocerá como el forjador de la lucha en favor de los pueblos oprimidos del planeta. El orador más brillante del siglo veinte, el estratega más sobresaliente que movió, por mucho, el eje geopolítico mundial.


Como una ironía de la vida, a Fidel se le ocurrió morir el día ese en que el capitalismo celebra un acto de gula consumista: el Black Friday. A partir de hoy, cada ciudadano deberá reflexionar si esa fecha es para dar rienda suelta al paroxismo del consumo irrefrenable, o una ocasión para recordar al hombre de un país pobre que cambió los esquemas de pensamiento político mundial. Aun después de muerto, Fidel seguirá siendo la piedra en el zapato del capitalismo. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

ÉTICA EMPRESARIAL

Publicado en el Diario de Centro América el 25 de noviembre
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Un altísimo porcentaje de la gráfica del empleo está en manos de la iniciativa privada, vía las empresas productivas y de servicios.

No estoy en contra de la actividad empresarial, cuyo objetivo fundamental es generar ganancia por sus operaciones. En un mundo fundamentalmente capitalista la lógica empresarial es uno de los ejes transversales que guían la dinámica humana. La empresa genera empleo y produce los satisfactores básicos de los ciudadanos: comida, bebida, vestuario, medicina, seguridad, pasatiempo, recreación, vivienda, entre otros.

Los empresarios son la contraparte del gobierno, a partir de quienes se sostiene la vida productiva del país. Estos generan fuentes de empleo para millones de guatemaltecos por la vía del capital privado. El gobierno, por su parte, es el responsable de administrar la cosa pública y garantizar el buen mantenimiento de los servicios básicos, especialmente salud, educación, infraestructura y desarrollo social. No es, dentro de la lógica capitalista, un generador de empleo, aunque para garantizar sus funciones administrativas tenga que recurrir a crear plazas en los distintos renglones que establece la normativa nacional.

Sin embargo, un altísimo porcentaje de la gráfica del empleo está en manos de la iniciativa privada, vía las empresas productivas y de servicios. Nadie discute que si un día, por cualquier motivo, los empresarios decidieran paralizar su maquinaria productiva, la vida económica del país se vendría abajo. Con un día de huelga empresarial se perderían miles de millones de ingresos fiscales y ni imaginarnos lo que provocaría, por ejemplo, la no fabricación de pan, tortillas, embutidos, y un sinfín de alimentos. Cuando los carniceros deciden paralizar la venta de su producto, todo mundo tiembla ante el solo hecho de no consumir carne.

Ahora bien, reconociendo que el empresariado es una pieza importantísima en el ajedrez de la vida nacional, es también importante señalar que toda actividad productiva debe ceñirse por cánones éticos. Como toda actividad humana la actividad empresarial no debe lesionar los intereses ciudadanos, y mucho menos, los intereses de los trabajadores, sin cuyo concurso no sería posible la producción.

Esta ética empresarial se resume en los siguientes aspectos: reconocimiento de las prestaciones de ley, estímulo dinerario por productividad, respeto por los plenos derechos laborales garantizados en las leyes nacionales y en los tratados internacionales, distribución entre los trabajadores de la plusvalía productiva, entendida esta como aquella utilidad adicional que tiene la empresa después de descontar su margen de ganancia.


Existen muchos casos en los cuales las empresas someten a los empleados a excesivos horarios laborales, en condiciones infrahumanas, realizando descuentos en sus salarios o bien, manejando dobles contabilidades con el propósito de no reconocer salarios dignos o bien, para evadir el pago de impuestos al fisco. Obviamente el propósito de tales “economías” es engrosar los bolsillos de los propietarios o altos funcionarios de las empresas. Esto, a todas luces es antiético e inmoral. 

viernes, 18 de noviembre de 2016

NI TRABAJAN, NI ESTUDIAN

Publicado en el Diario de Centro América el 18 de noviembre


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No es fácil levantar un país cuya base social ha sido golpeada por fenómenos naturales y en medio de un clima de violencia extrema.

En Guatemala, ser joven tiene sus inconvenientes. No es tan fácil sobrevivir en un mundo donde escasean las oportunidades de realizarse como persona, tanto en lo laboral como en otros ámbitos de la vida. Quienes llegan a la mayoría de edad de pronto se encuentran en la encrucijada entre estudiar, trabajar o ambas cosas a la vez. Sin embargo, para un millón de jóvenes comprendidos entre los 18 y 30 años no se produce ninguna de las 3 opciones.

Por su situación de no trabajar ni estudiar se les llama NINIS, es decir, ni trabajan, ni estudian. Dicho concepto se comenzó a usar en Guatemala en el 2009, sin embargo, el fenómeno no es nuevo. Es sin duda, el resultado de desacertadas políticas de desarrollo, o la ausencia de estas, que garanticen una vida plena para todos los ciudadanos, especialmente la niñez y juventud. A esto se debe agregar dos hechos trascendentales en la vida nacional. Por un lado, el largo periodo de violencia que provocó el conflicto armado, el cual destruyó los vasos comunicantes entre la sociedad, y por supuesto, las oportunidades de inversión, tanto por capitales nacionales como extranjeros.

Otro hecho de suma importancia fue el terremoto de 1976 que dejó más de 23 mil muertos y una infraestructura literalmente en escombros. No es fácil levantar un país cuya base social ha sido golpeada por fenómenos naturales y en medio de un clima de violencia extrema, propiciada desde las estructuras mismas del poder público.

Estos y otros fenómenos socioeconómicos y políticos, tales como la pobreza y pobreza extrema, un sistema educativo diseñado para fracasar y no para preparar ciudadanos competentes, el escaso desarrollo económico del país, así como una visión del empresariado demasiado conservadora, amén de un prolongado y sostenido proceso de ruptura de las relaciones familiares, han provocado que hoy día esta masa que conforma la población económicamente activa, no tenga un empleo que le permita satisfacer sus necesidades básicas.

¿Si no trabajan, por qué no estudian? La pregunta tiene varias respuestas. Por un lado, el sistema educativo superior ha creado sus propios mecanismos que impiden el libre ingreso a quienes desean continuar sus estudios. Exámenes diseñados para hacer fracasar, quizá como una manera de filtrar a los potenciales estudiantes. Se debe reconocer que existe solo una universidad estatal virtualmente colapsada que no ha encontrado solución práctica al hacinamiento estudiantil. Esto ha generado una nueva categoría sociológica: Los SIN SIN, es decir, sin oportunidad para ingresar a la Usac y sin pisto para estudiar en una universidad privada, donde por cierto, cada vez son más altas las cuotas.


No debe extrañarnos que existan grupos de jóvenes que ante la falta de oportunidades dediquen su tiempo a holgar y a realizar actividades que les sirven de desfogue emocional y social, con la certeza que, de todos modos, sus padres asumirán los costos de su vida. Mientras tanto, observamos pasivamente cómo el país echa a perder lo mejor de su capital: su juventud.

viernes, 11 de noviembre de 2016

TRUMPudo

Publicado en el Diario de Centro América el 11 de noviembre


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Trump capitalizó exitosamente estos antivalores y le produjeron resultados favorables hacia su triunfo. Los votantes, contra todo pronóstico, en forma silenciosa emitieron su voto a favor.

Tal como había anotado en mi columna anterior, en política no hay nada escrito. Las pasadas elecciones en los Estados Unidos dan cuenta de ello. En una síntesis lapidaria podría decirse que Hilary Clinton ganó las encuestas de opinión y Donald Trump, la presidencia.

Los más agudos analistas de este proceso se devanan los sesos tratando de entender qué fue lo que sucedió que hizo que el candidato republicano se hiciera con la silla más importante en el mundo. Al margen de lo que pueda pensarse y cuyos argumentos sin duda tendrán mucho de razón, anotaré algunas ideas que me parecen importantes.

A nivel organizacional, tanto el partido demócrata como el republicano son verdaderas máquinas electorales, con equipos profundamente especializados en perseguir el voto hasta debajo de las piedras. Por tanto, no debe menospreciarse el poder de convocatoria de los partidos políticos. Aunque el candidato se haya peleado con algunos de los líderes republicanos, la estructura estaba funcionando a cabalidad, debidamente aceitada.

El discurso de Trump, a pesar de no tener experiencia política, sí tiene un amplio recorrido en el mundo empresarial, y esa imagen de hombre exitoso encarna los más arraigados valores del sueño americano. Es por tanto, un referente a seguir por millones de ciudadanos que anhelan amasar fortuna.

El discurso simple, franco y directo, sin retórica encubierta, señalando los errores de la actual administración y las debilidades de Hilary Clinton, así como los desaciertos del sistema político norteamericano actual, sin duda, caló profundo. A Clinton se le criticó por su actuar como secretaria de Estado y el manejo de la política exterior, además del sonado caso de los correos difundidos a través de su cuenta personal, caso en el que incluso el FBI ha iniciado una investigación.

El candidato ganador supo conectar su discurso con las actitudes de vida del norteamericano promedio: machismo exacerbado que no tolerarían que una mujer fuese su presidenta, xenofobia exorbitante, especialmente hacia los grupos inmigrantes de diferente nacionalidad, entre ellos, musulmanes y latinos, estos últimos amenazados con construirles un muro de contención en la frontera con México, autoritarismo excesivo evidenciado en la promesa de anular las políticas sociales aplicadas en la administración Obama, y un largo etcétera de antivalores que conforman la doble moral.

Trump capitalizó exitosamente estos antivalores y le produjeron resultados favorables hacia su triunfo. Los votantes, contra todo pronóstico, en forma silenciosa emitieron su voto a favor. Finalmente, el sistema de elección por cuerpos electorales, aunque se dice que es el más adecuado, pudo incidir en que finalmente se haya hecho con la silla presidencial.


En el plano internacional, el candidato triunfador tendrá que realizar enormes esfuerzos diplomáticos para cambiar la imagen gorilesca que le han producido miles de memes, sátiras y críticas que lo hacen ver como el abominable hombre de las nieves, capaz de espantar el sueño a más de un niño malportado.

viernes, 4 de noviembre de 2016

In God we trust

Publicado en el Diario de Centro América el 4 de noviembre

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Aunque algunas encuestas dan por ganadora a Clinton con un margen holgado de 9 puntos a su favor, nadie conoce a profundidad lo que encierra el corazón del norteamericano medio.


El próximo martes 8 de noviembre la vida norteamericana y, por qué no decirlo, la vida del mundo, estará iniciando una nueva ronda en su destino. Se efectuarán las elecciones presidenciales, precedidas de recias batallas campales entre los dos principales contendientes: la exsecretaria de estado Hillary Clinton y el magnate Donald Trump.

Las recientes encuestas adjudican el triunfo a Clinton, mujer fogueada en la política y cuyo protagonismo amortiguó las duras críticas que se le hicieran a su esposo, el entonces presidente Bill Clinton por aquel famoso escándalo con la exbecaria Lewinsky. Algunos, en una pócima de humor chapín lo bautizaron como “el caso Lenwisky”.

Por su parte, Trump, un hombre super experimentado en los negocios cuya fortuna rebasan los números de la imaginación, se presenta con una franca desventaja en el ruedo político. Su línea estratégica estuvo basada en recuperar la visión tradicionalista del norteamericano conservador que ve el comunismo hasta en el corazón de las sandías. Atacó sin misericordia a los migrantes, quienes acumularon una buena dosis de antipatía hacia el candidato y ha sido una de sus principales debilidades en esta contienda.

De los debates presidenciales no se puede decir mucho. Ambos candidatos tuvieron sus altas y bajas. Clinton, fuertemente criticada por su oponente por el caso de los famosos correos transmitidos en su cuenta personal, al punto que el propio FBI ha iniciado una investigación al respecto. Trump, por su parte, atrajo la mirada de altas personalidades de la economía, el arte, la política y los medios de comunicación más poderosos del país del norte por sus ataques sistemáticos al estilo de gobierno de Barak Obama, el tema de migrantes y la vida privada de la ex primera dama de los Estados Unidos.

Una cosa es segura. En política no hay nada escrito. Siempre puede darse un factor sorpresa. Y aunque algunas encuestas dan por ganadora a Clinton con un margen holgado de 9 puntos a su favor, nadie conoce a profundidad lo que encierra el corazón del norteamericano medio, aquel que propugna por la conservación de sus valores tradicionales, quien fue el público preferido a conquistar por Trump.


Sea como fuere, de lo que sí estamos seguros es que las grandes políticas a mediano y largo plazo en materia de seguridad exterior, economía y política no sufrirán grandes cambios, debido a que como sociedad, la norteamericana mantiene el pragmatismo como ruta de vida; y cuando se trata de defender sus propios intereses, tirios y troyanos se ponen de acuerdo. De cualquier manera, seguiremos leyendo en la moneda del país más poderoso de la tierra, aquel lema aprobado por el Congreso y cuya resolución fuera firmada por el presidente Eisenhower  el 30 de julio de 1956: In God we trust.

viernes, 28 de octubre de 2016

YO TAMBIÉN FUI JOVEN

Publicado en el Diario de Centro América el 28 de octubre



La moraleja de esta fábula es: no compitas con los viejos porque tienen muchas mañas. Mejor únete a ellos y aprovecha su experiencia.


En un gallinero había 50 gallinas y un solo gallo viejo que la familia había conservado por ser recuerdo de la abuela. Aquel día, la esposa dispuso comprar un gallo joven, gallardo, de rojo plumaje y espolones largos. A este gallo le voy a sacar raza, pensó, y acto seguido lo soltó en el corral.

El nuevo gallo, con el estilo muy usual de un joven que se quiere comer el mundo, le dijo al viejo plumífero: anciano, es hora de retirarte. De ahora en adelante todas las gallinas me pertenecen, y lanzó su canto de ronquido esplendoroso. El anciano gallo le respondió: ¿sabes qué? ¡Echemos una carrera y el que gane se queda con todas las gallinas. Solo me tienes que dar una leve ventaja de 15 segundos porque, como ves, ya soy anciano! Con aire de supremacía, el joven le respondió: está bien.

El viejo gallo emprendió la carrera lo mejor que pudo. Atrás salió el joven, presuroso y dispuesto a ganarle. Al ver esta escena, el granjero exclamó: ¡Otro animal que se atreve a molestar a mi querido gallo viejo! Y dicho esto: tomó su escopeta y le disparó al joven.

La moraleja de esta fábula es: no compitas con los viejos porque tienen muchas mañas. Mejor únete a ellos y aprovecha su experiencia.

La tercera edad, como eufemísticamente se conoce a quienes han llegado a los 65 años, no es para sentirse viejo, sino experimentado. Es común observar en algunos jóvenes un aire de desprecio por aquellos que han traspasado la barrera del medio siglo. Y lo peor es que algunos viejos se creen fuera de circulación y se resignan a encerrarse en su casa a llevar una vida contemplativa y nada provechosa.

Es verdad que a los 65 años se tiene menos energía física, pero se cuenta con un cuantioso tesoro que es la experiencia, forjada a veces, a base de fracasar y volver a empezar. En efecto, hemos tenido el lujo del ensayo y error como fuente de aprendizaje. En la vida provecta las cosas se ven con una extensa perspectiva que nos permite establecer los pesos y contrapesos, las fortalezas y debilidades, los pros y los contras de los fenómenos.

Creo que los jóvenes deben aprovechar esta experiencia acumulada para aprender de ella y no cometer los mismos errores; aprender que a veces la vida enseña pero también ensaña, sobre todo en aquellos momentos en los cuales no basta el vigor de la fuerza física, ni el ímpetu de la valentía, sino se requiere también el ingrediente de la experiencia. Una alianza estratégica entre jóvenes y viejos sería la fórmula ideal para enfrentar y resolver todo tipo de problemas. Los viejos no somos una peste sino el capital acumulado con que cuenta un país para guiar la fuerza impetuosa de la juventud.


Hace algún tiempo, manejando en la cuesta Villalobos leí en el bómper trasero de un viejo camión cargado de blocks que avanzaba trabajosamente: “Yo también fui joven”. Nunca pensé que esa frase me llegaría en pocos años.

viernes, 21 de octubre de 2016

OCTUBRE REVOLUCIONARIO

Publicada en el Diario de Centro América el 21 de octubre


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El movimiento de octubre del 44, no fue, ni por asomo, un esfuerzo marxista que buscara un cambio estructural para Guatemala.

Hace 72 años la juventud guatemalteca de entonces, junto a los adultos consecuentes, celebraban la gesta revolucionaria que puso fin a la época conservadora de general Jorge Ubico y Ponce Vaides, éste último obligado a renunciar por un movimiento conformado por universitarios, militares jóvenes y sectores populares, cansados de la tiranía del régimen.

Esta gesta da inicio al cambio de época y de época de cambios que marcarían la vida ciudadana, fundando instituciones de larga permanencia y una visión de país más progresista e inserto en el concierto de las naciones civilizadas del mundo. A la cabeza del gobierno revolucionario estaba un hombre probo, académico consumado, forjado en los altos estándares de la educación universitaria argentina, el doctor Juan José Arévalo, cuyo modelo de gestión no ha sido superado hasta la fecha.

Los efectos de aquel octubre revolucionario aun pueden sentirse en la vida nacional. Un sistema de justicia social, una visión progresista de la educación en todos los niveles, un modelo de seguridad social consolidado en la creación del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social que, aun con sus profundas deficiencias provocadas por la cadena de funcionarios corruptos que ha tenido, ha servido como un manto protector para garantizar una modesta pensión a la clase trabajadora.

El movimiento de octubre del 44, no fue, ni por asomo, un esfuerzo revolucionario marxista que buscara un cambio estructural para Guatemala, como algunos mal intencionadamente han querido hacer creer; en su momento, la Embajada diría que se trataba de un movimiento de corte comunista. Nada más alejado de la verdad. Sin embargo, sí fue un proceso de “adelantar el paso” en el proceso de desarrollar las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, las cuales se encontraban aun en el modelo semifeudal, caudillista y conservador. El punto esencial era modernizar al país.

La copiosa cantidad de imágenes de la época retratan los rostros de una ciudadanía fulgurante en cuyos rostros se marcaba la esperanza; floreció la cultura, el arte, las humanidades y sobre todo, se volvió la mirada a las mayorías marginadas hasta entonces; la niñez recibió grandes beneficios educativos. Del genio creativo del propio presidente Arévalo surgió el modelo de Escuelas Tipo Federación, un concepto que hasta ahora no ha sido superado. Se instituyeron los comedores infantiles, dando la oportunidad de sobrevivir a miles de niños cuyos padres eran de escasos recursos.


El coronel Jacobo Árbenz Guzmán continuaría con estos proyectos revolucionarios y profundizaría algunos de ellos, tal el caso del Decreto 900 Ley de Reforma Agraria cuyo propósito fundamental era rediseñar las relaciones de explotación de la tierra y superar el modelo semifeudal que aún prevalecía. Árbenz fue obligado a renunciar y en su lugar asumió el coronel Carlos Castillo Armas, dando por finalizado así los 10 años de primavera iniciada en aquella gesta histórica de grata recordación.

viernes, 14 de octubre de 2016

LA UPANA, MAYOR DE EDAD

Publicado en el Diario de Centro América el 14 de octubre de 2016.

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Carlos Interiano

Aquella tarde del 2 de octubre de 1998, estábamos reunidos los miembros de la Comisión Multisectorial de Reforma Universitaria en el edificio S11, Universidad de San Carlos. El ingeniero Herbert Miranda llegó un poco tarde a la reunión, y saludando a todos, se me acercó y me dijo: “Hoy firmé el acuerdo de autorización de la Universidad Panamericana”.  Esta noticia me alegró muchísimo, y en cuanto pude, se la comuniqué a mi amigo Alfred Kaltschmitt. Ahora tenemos que armar la facultad de Comunicación, mi estimado, me dijo. Con mucho gusto, le respondí.

Durante noviembre y diciembre del 98 le entramos de lleno a diseñar la maestría en Dirección de Medios de Comunicación y una licenciatura; aquella primera maestría que marcaría el inicio de la exuberante vida académica de la Universidad Panamericana. En enero del 1999 iniciamos las clases, los días sábado de 2 a 6 de la tarde.

Desde su inicio, la Universidad Panamericana –UPANA- se concibió como un proyecto educativo innovador, capaz de desarrollar una fuerza académica fundada en valores, respeto por la calidad  y sobre todo, la función social transformada en el deseo de llegar a las regiones más apartadas del país. Recuerdo las palabras, aun frescas, de nuestro querido ex rector, doctor Abel Girón: Donde haya necesidad de formación, allí estaremos. El rector Mynor Herrera, ha continuado con esta línea. Si mal no recuerdo, hoy existen 109 sedes en toda Guatemala.

Un hecho que me ha impresionado siempre es la mística con que las autoridades atienden a todas las sedes, desde reuniones multitudinarias con coordinadores, hasta aquellos memorables actos de graduación donde decenas de nuevos profesionales ven coronados sus sueños. Las máximas autoridades colocan personalmente, a cada graduado las insignias profesionales.

La Universidad Panamericana ha sido desde sus inicios un centro abierto donde cada quien cumple sus sueños a su manera. En mi caso, estos 18 años han sido aprovechados para dar rienda suelta a mis inquietudes de diseñar nuevas carreras y programas.

Me he puesto a reflexionar en cuál es el secreto de esta fuerza imparable que ha llevado a la UPANA a ser grande entre las grandes en tan poco tiempo. Entre las razones puedo mencionar: La institución ha sido dirigida desde sus inicios por personas visionarias y comprometidas con el desarrollo del país; en sus aulas se respira un ambiente académico de total libertad, nunca mis ideas han encontrado diques. Otra de las razones es que ha habido un esfuerzo sostenido por mejorar la calidad, a la par de la expansión.

Detrás de un gran proyecto hay grandes cabezas. Como ejemplo puedo mencionar algunas: don Abel Girón, doña Alba de González, don Mynor Herrera, don Alfred Kaltschmitt, don César Custodio, entre otros. Atrás viene un relevo generacional con jóvenes entusiastas que darán nuevos brillos a la institución.


La UPANA ha adquirido su DPI, que la acredita como una institución adulta en el concierto universitario nacional; sin duda, un hecho trascendental que debe llenar de orgullo y satisfacción a toda la comunidad upanista. ¡Feliz cumpleaños!

viernes, 7 de octubre de 2016

LA PAZ EN COLOMBIA

Publicado en el Diario de Centro América el 7 de octubre

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La excesiva confianza en la dinámica de la firma de la paz dejó al descubierto la falta de una clara ruta de comunicación política que impusiera el sí en las urnas.


Hace pocos días se llevó en Colombia la consulta popular para ratificar o no el tratado de paz firmado entre el gobierno y la guerrilla de ese país. Dicho evento se celebró con bombos y platillos, al cual asistieron mandatarios de otros países, cuerpo diplomático, personalidades propias y extranjeras, ciudadanos comunes, y por supuesto, miembros del alto mando y combatientes de la insurgencia.

El rostro del presidente Juan Manuel Santos rebosaba de alegría. En los discursos del comandante general del movimiento guerrillero Fuerzas Armadas de Colombia y del propio mandatario se destacó el prolongado conflicto interno, el cual sobrepasa el medio siglo, y la importancia de poner fin enfrentamiento y la imperiosa necesidad de conseguir la paz. Todo mundo aplaudió los buenos deseos expresados por los dirigentes colombianos.

Sólo había un escollo que resolver. La firma de la paz debía pasar por el referendo popular, quien, con un simple sí o no, legitimaría las largas y engorrosas jornadas de negociación entre el gobierno y la insurgencia. Y aquí es donde surge un factor que al parecer no había sido contemplado por los asesores de ambos bandos: la figura del expresidente Álvaro Uribe.

Durante los dos periodos (2002-2010) en que Uribe  ejerció la presidencia las relaciones del gobierno con la guerrilla fueron de un antagonismo extremo. El presidente sustentaba la teoría de la no negociación sino de la rendición por parte del movimiento revolucionario. En ese sentido realizó sus mejores esfuerzos. Por supuesto, las FARC no se quedó de brazos cruzados y reaccionó. Debe recordarse que en junio de 1983, el padre del expresidente fue asesinado por la guerrilla. Sin duda, ese es el origen de la lucha sostenida por el político en contra de la insurgencia.

En la coyuntura del referendo popular el carismático político abanderó la campaña a favor del no, articulando una ingeniosa y efectiva frase de combate: ¡Paz sí, pero no así! ¡No + Santos! Resistencia Civil. Esta había comenzado incluso, antes de la firma final de los acuerdos. Por su parte, el gobierno, al parecer, no supo reaccionar ante lo agresivo de dicha estrategia y llegó a las urnas sin una clara táctica para ganar. La excesiva confianza en la dinámica de la firma de la paz dejó al descubierto la falta de una clara ruta de comunicación política que impusiera el sí en las urnas. Por supuesto, habrá más causas que dieron el triunfo al no.


Una cosa es segura: el expresidente Uribe sigue gozando de amplio respaldo popular, alimentado por una postura antiguerrillera muy clara. Y a pesar que los resultados entre el sí y el no mostraron niveles casi similares, deja como lección que, en política, nadie puede dormirse en sus laureles. Ahora le queda al gobierno colombiano sentarse agregar una silla más en la mesa de negociaciones ya que al parecer, no será un diálogo entre dos sino entre tres. El tiempo dirá qué sucede.

viernes, 23 de septiembre de 2016

HOLA DESCONOCIDA

Publicado en el Diario de Centro América el 23 de septiembre

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Un rayo no cae dos veces en el mismo lugar; y estadísticamente es imposible que una persona se gane el premio mayor de la lotería dos veces seguidas.


Hace muchísimos años, cuando estaba en la flor de mi juventud me ocurrió algo muy particular. Era un día domingo de un mes veraniego. Había salido de mañana a comprar el periódico y a caminar un poco como solía hacerlo en esos días de descanso. Vivía en la zona 1 capitalina.

A la altura de la novena avenida y 17 calle de la zona 1, una muchacha joven se me acercó para saludarme. Tendría unos 25 años a lo sumo. Qué tal, me dijo. Hola, le respondí. ¿Puedo invitarlo a desayunar?, me dijo. Como habrá de suponerse, aquella extraña pregunta que provenía de una desconocida, joven, bonita, sola, me despertó un sentimiento de esos que enervan el celo del macho, y me dije para mis adentros: aquí hay oportunidad de pasar un domingo placentero.

Acepté de muy buena gana la invitación y entramos a la cafetería La Perla que teníamos enfrente. Nos sentamos, uno frente al otro pera vernos mejor. Escrutar la mirada de otra persona ayuda mucho a entender sus intenciones. Cómo te llamas, le pregunté. Ella me respondió, no importa mi nombre; tampoco preguntaré el tuyo.

Quiero aprovechar este momento para contarte mis penas, si no te molesta. Para nada, le dije; cuéntame. Con la mirada perdida en un punto de la mesa cuyo mantel rojo reposaba, adornado de flores multicolores, inició, entre sollozos, su relato. A medida que iba ahondando en el monólogo desolador de su existencia, yo solo alcanzaba a decirle, tranquila, tranquila.

El desayuno fue una especie de ritual de confesión que yo escuché con paciencia franciscana, en tanto aquel furor de macho iba desapareciendo y era desplazado por consejos y palabras de aliento. Ella, como pudo terminó su desayuno. Yo, como pude, terminé el mío. Pedimos la cuenta; al momento de pagar me llevé la mano a la bolsa trasera de mi pantalón para sacar mi billetera, y ella me dijo: disculpa, yo te invité, yo pago. Dejé que lo hiciera, no sin antes emitir mi protesta. Gracias por escucharme, joven desconocido, me dijo. Me dio la mano y nos despedimos amablemente.

Dicen que un rayo no cae dos veces en el mismo lugar; y que es estadísticamente imposible que una persona se gane el premio mayor de la lotería dos veces seguidas. Sin embargo, hace pocos días tuve una experiencia similar a esta que acabo de narrar.


Estaba tomando un café en un restaurante de un centro comercial, cuando se me acercó una señora de unos 50 años y me preguntó si podía acompañarme. Le respondí que con mucho gusto. Esta vez los celos de macho estuvieron reprimidos y tranquilos. La dama, entre llanto me comentó sus penas. Acaba de divorciarse y su esposo había ganado la custodia de sus hijos de 14 y 15 años. La tranquilicé dándole mis puntos de vista. Ellos ya están grandes, y seguramente después de algún tiempo, la buscarán, le consolé. Con aquella experiencia previa, no le pregunté su nombre y ella tampoco me preguntó el mío. Aclaro que esta vez yo pagué los capuchinos.

viernes, 9 de septiembre de 2016

HASTA QUE DUELA

Publicado el 9 de septiembre de 2016

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Si damos la mitad del pan que nos comemos, eso es solidaridad, pero si damos el bocado que nos sobra después de haber saciado nuestra hambre, eso es limosna.


Hace pocos días, el Papa Francisco elevó a la categoría de santa a la Madre Teresa de Calcuta. Como se sabe, en la tradición cristiana católica este acto se realiza después de examinar un expediente que comprueba varios milagros realizados por esta singular mujer que dedicó su vida a atender a los más necesitados de su país, la India.

No he sido religioso, ni mucho menos, y por lo tanto, no tengo autoridad para analizar este evento reciente que sin duda, constituye para los católicos un suceso significativo. Sin embargo, al margen de las creencias religiosas, veo en la figura de la Madre Teresa, la síntesis de lo que debe constituir un ser humano: sencillez, vocación de servicio, entrega a la causa de los más necesitados, búsqueda incansable de la paz como fórmula de convivencia social.

La ahora santa, una mujer menuda, de hablar sereno y con su atuendo de religiosa, hacía crecer su figura gigante sobre su decidida y recia voluntad de abogar por los más pobres. Fundadora de una orden religiosa a la cual logró transmitirle la vocación de servicio y amor al prójimo se constituye hoy en el centro de atención de quienes están a favor de su causa y por supuesto, quienes la adversan.

Teresa de Calcuta viajó por el mundo, se entrevistó con diversas personalidades y donde quiera que fuera, siempre anteponía su humildad, sinceridad y don de cristiana. Al recibir el Premio Nobel de la Paz en 1979, en su discurso de aceptación expresaría una de sus frases más famosas: “el más grande destructor de la paz hoy es el llanto del inocente niño no nacido”. Con esta frase sentaría su posición en contra del aborto.

En uno de tantos viajes al extranjero, una vez se le acercó un hombre de negocios, quien había asistido a una reunión donde ella promovía su mensaje de caridad para los más necesitados del planeta. Madre Teresa, ¿hasta dónde debemos dar?, le preguntó aquel. Y ella respondió con firmeza: Hasta que duela. Esta frase dio la vuelta al mundo y constituye uno de los pilares del pensamiento de la santa. Como se sabe, muchas personas se conforman y tranquilizan su conciencia dando limosna a los necesitados; pero la convicción de dar no se restringe a repartir lo que nos sobra. La verdadera acción de dar es un acto de sacrificio personal a favor de los demás.

Si damos lo que ya no queremos, o aquello a lo que le hemos perdido el aprecio, en realidad estamos cayendo en punto muerto. No hemos dado nada. Pero si compartimos algo de lo que nos sirve para sobrevivir, habremos dado vida a otro ser humano a costa de nuestra propia vida o de nuestro bienestar personal. Precisamente la solidaridad consiste en compartir. Si damos la mitad del pan que nos comemos, eso es solidaridad, pero si damos el bocado que nos sobra después de haber saciado nuestra hambre, eso es limosna; y la limosna denigra la esencia del ser humano. Demos hasta que nos duela, seguros de que ese dolor se transformará a la larga en una satisfacción de vida y en un triunfo sobre la mezquindad del mundo.


viernes, 2 de septiembre de 2016

INFANCIA ROBADA

Publicado en el Diario de Centro América el 2 de septiembre de 2016

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Muchas veces son actos delictivos cometidos por los propios padres o parientes cercanos, incluso bajo el silencio cómplice de la madre de la menor.


La niñez es el periodo donde se le da rienda suelta a la imaginación. Los niños y las niñas construyen un mundo imaginario donde todo es posible: piedras que hablan, árboles que sueñan, animales que sostienen conversaciones con humanos y toda una gama de construcciones simbólicas que acaso los prepare para enfrentar una vida adulta llena de realidades amargas y desesperantes. La niñez es el periodo donde todo es color de rosa, y por muchas vicisitudes que se enfrenten la existencia esta sigue, con su trajinar de hadas y de duendes.

Hay, sin embargo, hechos traumáticos que puede alterar los sueños infantiles, causando en su mente un impacto difícilmente superable: una violación y un posterior embarazo en el caso de las niñas. Esto altera diametralmente el destino de las menores y las hace enfrentar situaciones que nunca pasaron por sus mentes, causando heridas no solo en su cuerpo físico, sino en su ámbito emocional, afectivo e incluso, intelectual.

El adulto que irresponsablemente comete un acto deleznable de violación a una niña, no solo ultraja su dignidad sino que mancilla su psique y provoca heridas en el alma, las que le acompañarán por el resto de su vida.

Continuamente se publican en la televisión noticias sobre niñas embarazadas a muy temprana edad, quienes, al dar a luz, si es que lo logran, se constituirán en niñas cuidando niñas o niños, según sea el caso. En otras palabras, cambiar las muñecas por un bebé de carne y hueso. Es desgarrador ver esas imágenes que no solo denigran a la niñez sino también causan una herida profunda en la dignidad nacional que, como país, debemos preservar.

El extremo de esos casos es que muchas veces son actos delictivos cometidos por los propios padres o parientes cercanos, incluso bajo el silencio cómplice de la madre de la menor.  Estos individuos deberían ser juzgados por partida doble, pues no sólo han cometido el delito del incesto sino han faltado a su responsabilidad de ser protectores de la vida, la seguridad y el bienestar de sus hijas.

Hace muchos años conocí el caso de una familia de la cual se decía que el padre había procreado hijos con su propia hija, y no uno, sino tres. El silencio cómplice de la madre había permitido tal canallada. Los tres niños padecían problemas físicos y mentales, pues como es de suponerse, la genética es sabia y no acepta estos cruces. Lo más probable es que los niños que resulten de estos actos incestuosos, padezcan de cualquier anormalidad.


Si usted sabe de un caso de estos, no se quede callado, denúncielo a las autoridades. No permita que se robe la infancia de las pequeñas, quienes tienen todo el derecho de vivir en un mundo que les provea seguridad, amor y preparación adecuada para su vida futura.

Los olores que nos nombran

Esta gama de olores conforma, en su conjunto, el bagaje cultural que es capaz de identificarnos en nuestra individualidad. Cuando era...