viernes, 27 de noviembre de 2015

El acoso callejero

Publicado en el Diario de Centro América el 27 de noviembre de 2015


Imagen de Google

La expresión de la cultura machista desemboca muchas veces en ataques literales contra la dignidad y la persona física de las féminas.

Como parte de las actividades del día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, el 25 de noviembre se oficializó la existencia del Observatorio contra el Acoso Callejero Guatemala, Ocacgt, cuyo objetivo es realizar monitoreo para evidenciar el acoso callejero como una forma de violencia contra las féminas y otros grupos vulnerados. Ocacgt trabaja voluntariamente y no persigue fines de lucro.  

La iniciativa de Ocacgt surge en momentos en que la violencia contra la mujer se ha incrementado considerablemente en estos últimos años. Las cifras dan cuenta de una escalada de casos de agresiones contra mujeres desprotegidas que a diario buscan sobrevivir en una sociedad que cada día rinde culto al machismo.

Al respecto, existe diversidad de casos de violencia, desde la física, la psicológica, la económica, la cultural, la política, entre otros. La más visible es la violencia física que muchas veces desemboca en la muerte de las féminas. La agresión psicológica se produce  en el seno del hogar, en los establecimientos educativos y otras instituciones, desvalorizando o ridiculizando las capacidades femeninas y atribuyéndole a estas las características más negativas: llorás como mujer, manejás como mujer, y tantas otras.

La violencia económica no se queda atrás. Es bien sabido que muchos trabajos marcan una diferencia de salario si son ejercidos por mujeres. Aun en las altas esferas de la empresa y la vida pública, muchas veces el salario es inferior si es desempeñado por una fémina. 

En la vida cultural cotidiana, la mujer está sujeta al acoso callejero. Albañiles, lustradores, ayudantes de camionetas, entre otros, se ensañan contra la mujer bajo artilugios que se disfrazan en piropos de mal gusto. La expresión de la cultura machista desemboca muchas veces en ataques literales contra la dignidad y la persona física de las féminas. Fotos, videos, documentos y denuncias dan cuenta de esta conducta enfermiza de los atacantes.

La calle se ha vuelto un lugar peligroso para mujeres de cualquier edad. Principalmente aquellas que inician su adolescencia o están en plena juventud son asediadas por sujetos que buscan ratificar su hombría a costa de agredirlas, a veces de manera violenta y otras, de manera solapada, bajo el disfraz de un piropo.

En el plano político, la situación no es diferente. Para comenzar los puestos públicos son ocupados mayoritariamente por hombres. En el Congreso, existe un escaso número de mujeres participando como diputadas. Cuando una mujer ocupa un puesto público se le busca cualquier debilidad para atacarla. Se es permisivo con los pecados del hombre, pero se es muy intolerante con los deslices de una mujer.


Por ello se debe aplaudir que surja Ocacgt, una organización que estará vigilante ante los casos de acoso callejero. Ojalá y tenga larga vida y ojalá su voz sea escuchada en el concierto de las instituciones que buscan proteger y dignificar a la mujer.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Pájaro errante



                       Imagen de Google


VI


Pájaro errante soy.
Del litoral de mis recuerdos solo conservo
mis ligeras letras, mortaja ingrata que siempre
me acompaña.
Pájaro errante soy.
No tengo casa.
Mi patria es una nube que cubre mi cuerpo hoy
y lo desnudará mañana.
Solo tu voz conforma mi fortuna.
No tengo luz, no tengo verbo. Nada tengo.
Solo tu voz. Aquella voz de inciertas latitudes.
Errante como yo, sin límites, sin amos, de luceros congelados
de estrellas encubiertas, de soles sin sentido.
Pájaro errante que viaja hoy
y viajará mañana.

Y por siempre viajará.

viernes, 20 de noviembre de 2015

ÍNDICE DE MALDAD

Publicado el 20 de noviembre en el Diario de Centro América



Imagen de Google


Ningún delincuente piensa dos veces antes de disparar una bala en contra de la ciudadanía; simplemente actúa impulsado por el andamiaje de antivalores que la misma sociedad ha consentido.

Según estudios sobre la violencia, Guatemala está considerado como uno de los países más violentos en el mundo. Un título que ha sido construido a fuerza de dejar hacer, dejar pasar, en materia de condiciones socioeconómicas de vida.

Nadie ignora que la violencia estructural hunde sus raíces en un panorama generalizado de pobreza extrema; la población que la padece está expuesta a situaciones de discriminación, exclusión, desempleo, desprotección del estado en rubros de salud, educación, precarias condiciones socioambientales, falta de agua entubada, falta de empleo digno, y por supuesto, ausentes políticas de recreación y autorrealización humana.

Este panorama, en su conjunto, ha producido una población marginal en todos los sentidos, cuyos niveles de valoración y autovaloriación por la vida ha decaído a números rojos. Perder la vida, en busca de un bocado se ha convertido en una acción que para el promedio de ciudadanos pasa desapercibida. El sometimiento cotidiano a situaciones de extrema pobreza y vulnerabilidad ha ido conformando una especie de embudo que refleja en su interior un profundo desprecio por la vida propia y la ajena.

Para quien tiene las condiciones mínimas de vida la lucha por la sobrevivencia marca una conducta antisocial;  pero en el contexto de quien padece el flagelo de la marginalidad se convierte en una hoja de ruta. Al fin y al cabo, en la escala evolutiva sobrevive el más fuerte.

El fenómeno de las maras, por ejemplo, es el resultado de una constante ausencia de política de protección social del estado a los sectores más vulnerables. Ese mundo de marginalidad crea el caldo de cultivo de la violencia que, practicada con un sentimiento consciente y deliberado se convierte en maldad.

La maldad, como ya se habrá podido observar, no es un concepto etéreo, metafísico. Es más bien el resultado del descuido del estado por procurar el bienestar individual y colectivo de la ciudadanía, frente a la mirada impávida de quienes producen la riqueza, cuyo efecto en cascada no alcanza a todos.

Cada día aparecen en las calles y barrancos, féminas asesinadas con signos brutales de maldad, hombres generalmente jóvenes con señales de tortura, niños abandonados por sus progenitores, en fin, todo un cuadro de descomposición social, ahora incrementado por la acción de grupos que actúan al margen de la ley, como son los secuestradores, los narcotraficantes, los extorsionistas y toda una red de individuos que tienen la vida humana como mercancía.


Ningún delincuente piensa dos veces antes de disparar una bala en contra de la ciudadanía; simplemente actúa impulsado por el andamiaje de antivalores que la misma sociedad ha consentido y a veces, impulsado. Si pudiéramos establecer el índice de maldad en Guatemala, seguramente nos quedaríamos asombrados al establecer que es muy alto. Mientras tanto, algunos empresarios se devanan los sesos viendo cómo evaden impuestos en detrimento de los más necesitados. Aliviados estamos.

viernes, 13 de noviembre de 2015

JUGANDO AL GATO Y AL RATÓN

Publicado en el Diario de Centro América el 13 de noviembre de 2015


Imagen de Google


Ante las amenazas de un Iván que no se rinde, ahora sí el CACIG prefiere la reforma tributaria.

El jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala –CICIG- Iván Velásquez, dijo recientemente que debiera ponerse un impuesto temporal para financiar la justicia. Ante esta propuesta, el CACIF por medio de su presidente Jorge Briz responde que no es recomendable y que, en cambio, prefieren la reforma tributaria.

Briz afirma que existe una fuga de 20 mil millones de quetzales por concepto de actos de corrupción. En verdad, a nadie sorprende dicha declaración, aunque a decir verdad, causa un poco de novedad que lo afirme el CACIF, debido a que todos sabemos que detrás de un gran corrupto habrá siempre y gran corruptor. No se aclara si en estos abultados millones está la tajada que recibe el funcionario corrupto y la que se queda el empresario corruptor.

Es bien sabido que, durante los últimos cuatro gobiernos se ha tratado de realizar una reforma tributaria para transparentar y equilibrar los ingresos y egresos de la Nación. A esta iniciativa se han opuesto de manera furibunda los señores del sector empresarial organizado, bajo diferentes pretextos, algunos atendibles, otros, no.

Es el momento de tomar la palabra al CACIF. El nuevo gobierno debe aprovechar la coyuntura para dar los grandes pasos, seguros y transparentes en el camino de la reforma tributaria que se dirija a fortalecer las finanzas del Estado. La ciudadanía y especialmente el sector empresarial exigen servicios públicos de primer nivel, salud y educación gratuita y un sinfín de atenciones que el ejecutivo debe dar a la población en general. Pero en un estado donde existe tal fuga de dinero, ningún presupuesto alcanza.

Quizá sea el momento de ponernos a pensar que solo una reforma tributaria técnicamente hecha, sin la intervención de mañosos en el Congreso, azuzados por algunos empresarios corruptos y por qué no decirlo, algunas liebres que siempre han estado drenando los recursos del erario nacional, podría salvarnos de la mayúscula crisis financiera del gobierno. Crisis que ha desembocado en la virtual paralización de hospitales por falta de medicinas y alimentos para los enfermos, falta de recursos para pagos de salarios y no digamos para cubrir los grandes compromisos adquiridos por Guatemala, dentro y fuera de sus fronteras.


Frente a una potencial reforma tributaria el nuevo gobierno debe armarse de valor y denunciar públicamente a aquellos sectores, gremiales o individuales, que obstaculicen con argucias políticas y legales, la formulación y posterior aplicación de dicha reforma. Sabemos que a la hora de rajar ocote, hasta la misma CC ha bajado la cabeza para decir sí a las demandas del sector empresarial organizado. Un caso reciente, la anulación del incremento al impuesto a la telefonía y al cemento, bajo argumentos que no se traga el más ingenuo de los guatemaltecos.  Ante las amenazas de un Iván que no se rinde, ahora sí el CACIG prefiere la reforma tributaria. No tardarán en defenestrarlo.

viernes, 6 de noviembre de 2015

La política tradicional

Publicado en el Diario de Centro América el 6 de noviembre de 2015

El modelo tradicional de tráfico de influencias al parecer está siendo seriamente cuestionado.

La política tradicional hoy día está en trapos de cucaracha. O más bien, deberíamos decir “los políticos tradicionales” dado que esta noble actividad humana puede ejercerse para bien o para mal. Cabe hacer, respecto a los hombres y mujeres que tradicionalmente han vivido de la política, algunas reflexiones.

En primer lugar,  la manera tradicional de hacer política, es decir, aquella vieja escuela en la que las personas se ejercitaban vendiendo y comprando voluntades como si se tratara de jabones de baño, acaparando el mercado del voto ciudadano repartiendo láminas y cupones de comida, fue puesta en crisis por una manera de hacer política sin ofrecer cosas materiales, más que el compromiso de no ser “ni corrupto, ni ladrón”. Una estrategia que para los más avezados en análisis político rompió con los linderos del molde tradicional y escapa al análisis simplista.

En segundo lugar, las acciones ciudadanas, articuladas sin liderazgo visible y de manera autocontrolada, pusieron en vigencia un modelo autárquico muy al estilo de algunas comunidades mayas, donde se autorregulan los ejes del poder sin intervención de liderazgo visible. En la moderna teoría del poder se le conoce como “autopoiesis” al estilo de Maturana y Varela. Este modelo fue tan eficiente que en un gesto de cultura ciudadana, los participantes a las concentraciones en la Plaza Central recogían su basura y se dispersaban de manera ordenada, tal como se habían concentrado. Los ojos del mundo vieron cómo, una sociedad considerada entre las más violentas del mundo, sin disparar una sola pedrada ni mucho menos una bala, logró un cambio significativo en la dinámica del poder y propició que “sus mandamases” fueran puestos tras las rejas, en un juicio que aún no empieza.

En tercer lugar, el poder evidente que hoy día despliegan las redes sociales agrega un elemento decisivo en el quehacer político. En tiempos electorales por ejemplo, las redes sociales han ocupado un merecido espacio en la fórmula tradicional de campañas de “aire” y de “tierra”. Luego de estas pasadas elecciones, los políticos se han puesto a pensar en serio sobre la necesidad de incorporar a su estrategia política, el elemento virtual.

En cuarto lugar, la oleada de agitación política que constituyeron las jornadas de abril a agosto hicieron poner las “barbas en remojo” de otros actores que había permanecido aletargados. Por un lado, el Congreso, cuya función había sido improductiva, ha activado su agenda, esta vez con iniciativas de aparente interés social. Se volvieron trabajadores los muchachos, me decía un amigo.


Lo mismo sucede con el aparato de justicia, quien entra a sus salas de audiencia generalmente sale amarrado directo a las cárceles. Ya no valen los juegos políticos para evadir la justicia; el modelo tradicional de tráfico de influencias al parecer está siendo seriamente cuestionado. A ver qué sucede en el futuro.

Poesía Carlos Interiano