viernes, 19 de octubre de 2018

La voz del migrante

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Se dice que detrás de este movimiento hay mano peluda; que tiene que haber un cerebro que orqueste y dirija sus acciones. 

La voz del imperio ha vuelto a rugir; y tal como sucedía en aquellos tiempos de la “Pax romana”, Trump, cual César imperial, ha lanzado contra el empobrecido paisito centroamericano su enjundiosa sentencia: o controla a sus ciudadanos que amenazan con llegar en masa hacia el país donde “mana leche y miel”, o, con el garrote del dinero, le cierra toda ayuda económica.

Al parecer, es el único lenguaje que este empresario convertido en presidente, sabe hablar. Su única moneda de intercambio es el ahogamiento económico; una actitud imperial que deja fuera los más mínimos cánones diplomáticos y mucho menos, humanitarios. La ley del garrote. La paz americana, émulo de mal gusto de la estrategia de sometimiento que usaron los antiguos romanos.

Pero la columna de más de seis mil hondureños es la fotografía más elocuente del profundo clima de desesperación que sufren los países del tercer mundo, especialmente aquellos que se ubican en Latinoamérica. Hoy es Honduras quien se levanta y se atreve a desafiar la cuantiosa organización militar, el anti latinoamericanismo de quienes hoy ocupan la Casa Blanca, bajo la mirada consentidora o amodorrada de otras naciones del mundo.

En la columna hondureña viajan niños, jóvenes, adultos y ancianos, en condiciones paupérrimas. Se dice que detrás de este movimiento hay mano peluda; que tiene que haber un cerebro que orqueste y dirija sus acciones. Y en su encuadramiento de pobre análisis político quisieran revivir el fantasma del comunismo para, con un afán facilista, endilgarles la culpa. Pero resulta que hoy no existe ni comunismo, ni socialismo, ni nada que se le parezca para tener un chivo expiatorio.

Sencilla y llanamente, es el hambre provocada por las alarmantes tasas de desempleo que el feroz sistema económico impulsado por los mismos gringos y sus adláteres institucionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, han impuesto en las naciones menos privilegiadas: el neoliberalismo. Esta desgracia humana no sólo ha provocado desempleo sino las secuelas naturales de no tener satisfechas las más ingentes necesidades y una espiral de violencia incontrolable, masa de personas que asumen conductas delincuenciales, lumperización de la clase trabajadora, empobrecimiento de la clase media; y como un efecto contrario: un feroz enriquecimiento del empresariado en general.

Con este cuadro dantesco, la columna de seis mil ciudadanos hondureños será apenas el inicio de todo un movimiento continental que se organice para reclamar mejores condiciones laborales, trato justo para el mercado de sus productos, políticas transnacionales de desarrollo integral de las masas más necesitadas que provoquen un verdadero derrame del modelo neoliberal, si es que algo bueno tiene este engendro del mal. Por de pronto, la voz del migrante se ha hecho sentir, y su rugido ha sido tan fuerte, que ha molestado los oídos del ogro del hegemón del Norte.

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