viernes, 17 de octubre de 2014

Las políticas culturales

Publicado en el Diario de Centro América, el 17 de octubre de 2014


Pintura del maestro Roberto Cabrera, copiada de Google



Agitar la vida cultural del país para construir una sociedad con democracia y participación que alcance la paz.
El Ministerio de Cultura y Deportes se crea durante el gobierno de Vinicio Cerezo Arévalo mediante el Decreto Ley 25-86. La nueva institución que sustituiría a la Dirección General de Cultura y Bellas Artes tendría bajo su cargo la formulación, ejecución y administración descentralizada de la política cultural y artística de la nación guatemalteca. También se le asignaba la función de preservar y mantener el patrimonio cultural y la difusión de valores culturales y cívicos de la Nación, así como impulsar la recreación y el deporte no federado y no escolar. Toda una hazaña para un ministerio que nunca ha tenido los recursos financieros necesarios para cumplir con tamaña función.

Durante los primeros días del gobierno de Ramiro de León Carpio me solicitaron que presentara al despacho presidencial una propuesta de políticas culturales para Guatemala. En un afán de contribuir con la vida cultural de Guatemala, elaboré un documento con algunas políticas en este sentido, entre las cuales destacaron las siguientes: investigación, protección, difusión y prácticas culturales.

No obtuve ninguna respuesta al documento enviado. En este se detallaba la propuesta de crear una línea de investigación cultural cuyo propósito sería desentrañar los secretos de la creación cultural de los guatemaltecos, tanto de las llamadas culturas populares, ancestrales, como de las obras de alta creación. En esta línea de investigación estaban incluidas todas las expresiones: el arte, la literatura, la música, la danza, la pintura, hasta las prácticas culinarias y los más vistosos atributos de la vida cotidiana.

En la línea de protección cultural se enumeraba una serie de acciones que, según mi entender, debían desarrollarse para proteger la cultura. Entre estas medidas estaba una consistente actividad de búsqueda y repatriación de bienes culturales, hasta acciones para proteger y estimular los derechos de autor, así como la protección de patrimonio de la Nación en todas sus expresiones.

En la difusión se proponían acciones concretas que permitieran la difusión de la diversidad cultural del país por todos los medios necesarios. Entre ellas se recomendaban alianzas estratégicas entre Gobierno y medios de comunicación, así como el fomento y desarrollo de los medios oficiales alineados en la difusión multicultural del país.

En cuanto a las prácticas culturales se proponía una serie de eventos que, de manera descentralizada, se pudiesen realizar en todo el territorio. Recuerdo que en esta política era central el papel de las casas de la cultura de todo el país, organizando festivales de toda índole, certámenes, eventos musicales, concursos, etcétera. Agitar la vida cultural del país para construir una sociedad con democracia y participación que alcance la paz.

En el año 2000 llegó a mí un diagnóstico realizado por un experto argentino respecto a la política cultural del país. En el anexo de ese documento me sorprendió encontrar mi propuesta como la política vigente hasta ese momento. Cosas de la vida.

sábado, 11 de octubre de 2014

El Ministerio de Cultura

Publicado en el Diario de Centro América el 10 de octubre de 2014


Las mal llamadas bellas artes no son atendidas en su justa dimensión. el arte popular también es bello.

Hace poco hubo cambio de ministro en la cartera de Cultura. Algunos columnistas vertieron comentarios negativos respecto al nuevo funcionario. Que es un futbolista, no sabía quién diseñó el Teatro Nacional, cuestiones irrelevantes si se trata de evaluar el perfil que debe tener un funcionario en el ámbito  cultural.
A mi manera de ver las cosas, existen otros asuntos más importantes a la hora de emitir opinión respecto al Ministerio de Cultura y Deportes, con una función doble que nadie entiende. En honor a la verdad, también existen otros ministerios como el MAGA. Imagínese usted, un funcionario cuya especialización sea la agricultura, la alimentación y la ganadería en un solo combo profesional; resulta muy complicado diseñar políticas para el MAGA, dadas sus funciones tan variadas. Sin embargo, han pasado por ahí, agrónomos, economistas, administradores y hasta personas sin título alguno.
En el caso del Ministerio de Cultura creo que debiera crearse el Ministerio de Deportes, asignándole al primero todo lo concerniente a la investigación, difusión, preservación y la práctica cultural en todas sus manifestaciones; al segundo, todo lo relacionado con el deporte no federado en la totalidad de sus expresiones. El Ministerio de Cultura tiene asignado uno de los presupuestos más bajos de todos los ministerios, lo cual evidencia un desinterés desde las más altas esferas de planificación estatal. Un altísimo porcentaje se destina al pago de salarios y muy poco a la atención de las necesidades inherentes a la naturaleza de su función. Muchos de estos recursos se invierten en medio conservar el monumental legado de nuestros antepasados. Las mal llamadas bellas artes no son atendidas en su justa dimensión; a decir verdad, tampoco lo son las artes populares.
Como contraste, resulta muy visible que cada año se destine una considerable cantidad de dinero a la compra de pelotas y otros utensilios deportivos. Al menos esto es lo que divulgan los medios de comunicación como mercancía informativa y sobre lo cual descargan enormes cantidades de tinta.
El caso es que el Ministerio de Cultura tampoco hace un excelente trabajo en el área del deporte. Y esto es preocupante porque no queda bien con Dios ni con el diablo. Existe una extensa gama de actividades que debieran realizarse para cumplir con el deporte no federado y fortalecer las habilidades deportivas de niños y adolescentes para generar un semillero sistemático de valores deportivos. Para realizar esto, por supuesto, hace falta dinero, recurso del cual carece la institución.
Y de la cultura, ni hablar. Exigir a una institución que cumpla con sus funciones con un presupuesto que apenas alcanza para cubrir salarios de sus trabajadores es como pedir peras al olmo. Por muy creativos que sean los ministros no se pueden hacer grandes obras con cascaritas de huevo “huero”. Resulta urgente revisar la estructura de dicho ministerio y asignarle un presupuesto que le permita cumplir con sus atribuciones. Crear el Ministerio de Deportes no es una mala idea.

lunes, 6 de octubre de 2014

Las jugadas de Arzú


Publicado en el Diario de Centro América el 3 de octubre de 2014


Imagen tomada de Google


Arzú ha conformado el mundo político a su sabor y antojo. Quienes lo odian, le temen; quienes no admiran, lo quieren.


Álvaro Arzú es sin duda, uno de los políticos más hábiles que tiene Guatemala. Varias veces alcalde de la ciudad Capital, ex presidente de la República, incursionó en el mundo diplomático como canciller. Fundador del Partido de Avanzada Nacional y del Partido Unionista, dos bastiones desde los cuales ha librado innumerables batallas.

Arzú ha conformado el mundo político a su sabor y antojo. Ha enfrentado desde los grandes retos que significó firmar un documento que puso fin al enfrentamiento armado, y donde ambos bandos le confirieron un significativo margen de maniobra política y reconocimiento nacional e internacional, hasta bautizar los pasos a desnivel con el nombre de sus figuras públicas preferidas.

Quienes lo odian, le temen; quienes no admiran, lo quieren. Es un político que raya en los linderos de lo mítico, mitad realidad, mitad simbolismo. A él se le atribuyen muchas anécdotas y frases que se han quedado en el inconsciente colectivo como aquella “al periodista se le pega o se le paga”. Pragmático como es, Arzú tiene sin lugar a dudas, uno de los mejores equipos de comunicación que complementan la estrategia de “estar siempre visible, sin estar presente”. Todos sus funcionarios de alto nivel municipal son portavoces de “las órdenes del alcalde Arzú” ya sea plantando árboles, arreglando calles, pintando aceras, colocando luminarias hasta los proyectos de gran infraestructura como los pasos a desnivel.

El Alcalde está en todo. Canta, ejecuta guitarra, habla de historias urbanas, la hace de casamentero, se come el tamal con los vecinos económicamente desfavorecidos en cada Navidad, supervisa obras municipales, se pelea con la prensa escrita y sobresale en todas las encuestas. Alguien dijo que cuando Arzú asiste a un velorio él quiere ser el muerto.

Pero hay algo por lo cual el alcalde Álvaro Arzú Irigoyen es un verdadero as; la manera como arregla sus jugadas políticas. Cito dos casos recientes: En las pasadas elecciones Roberto González Díaz Durán casi le arrebata la alcaldía por un margen muy estrecho de votos. El Alcalde quizá se preocupó y en una jugada genial logra una coalición entre el PU y CREO para lanzar a “Canela” a competir por la presidencia, en tanto Arzú participaría una vez más por la alcaldía de la Ciudad. Él sabe que el joven candidato en las elecciones del 2015 no alcanzará su sueño presidencial, pero en cambio, el viejo lobo de mar, se asegurará cuatro años más en el Palacio de la Loba.


Recientemente el Partido Patriota celebró una presentación pública en el parque central, frente al Palacio Nacional. Los asistentes al acto dejaron una enorme cantidad de basura, la cual deslucía los espacios públicos aun el lunes a medio día. Como cosa rara, los trenes de limpieza municipal no hicieron a cabalidad su trabajo el domingo por la noche, como acostumbran hacerlo. Ese lunes, muchas personas criticaban al PP por la cantidad de basura que habían dejado. ¿Qué lectura podemos hacer de esto? 

viernes, 26 de septiembre de 2014

Las vacaciones escolares (II)

Publicado en el Diario de Centro América, el 26 de septiembre de 2014

Imagen de Google


El esquema de las mini jornadas quedó grabado en el cerebro de algunos maestros.

Cuando era niño asistía a una escuela donde estaban establecidas dos jornadas de estudio para un mismo grupo. Por la mañana recibíamos las cuatro materias básicas con dos recreos de media hora cada uno. Estos recreos eran la mejor oportunidad para socializar y cultivar amistades imperecederas. La escuela cumplía la función socializadora por excelencia.
Por las tardes nuestros maestros nos impartían las clases prácticas y artísticas. Teníamos 3 maestros: nuestro maestro principal, llamado "de grado", nuestro maestro de educación física y nuestro maestro de música, popularmente llamado "maestro de canto". Algunas veces nuestro maestro principal dedicaba las tardes para "repasar" contenidos de las principales asignaturas. Eran los tiempos en que los exámenes llegaban del Ministerio de Educación y los examinadores eran profesores que provenían de otros planteles.

En ese ritual de educación crecimos, y la verdad ¡nos encantaba! Las jornadas eran de 7:30 a 12:30 y de 14:00 a 17:00. Nuestros maestros nos recibían con un gesto de dulzura y amabilidad, no obstante, aquella sofocante ola de calor de la tarde. Era la mística del educador de entonces. Hoy se dice que el maestro es un trabajador de la educación, y eso es cierto, pero es un trabajador que moldea lo más hermoso y promisorio de un país: la niñez y la juventud. Dónde comenzó la crisis de la educación en el sector público es un asunto que tiene varias etapas. El fenómeno migratorio hacia las ciudades en busca de mejores condiciones de vida, especialmente hacia la capital, es un factor que no debe obviarse. Cada vez en las principales ciudades del país, sobre todo aquellas del área metropolitana y la capital misma, se asentó una considerable cantidad de población que demandaba los servicios necesarios para su mínimo vital: agua potable, energía eléctrica, salud, educación, entre otros. La población guatemalteca ha crecido de manera significativa en los últimos 50 años y la infraestructura escolar y la metodología educativa no han evolucionado al mismo ritmo.

Sin embargo, considero que el punto álgido que marcó un abrumador deterioro del sistema educativo fue el terremoto de 1976. Mucha infraestructura escolar quedó inhabilitada y el gobierno de turno tuvo que albergar en los pocos edificios en buen estado a toda la población estudiantil. Se crearon las llamadas minijornadas, dos por la mañana, una por la tarde y una por la noche. Cuatro distintos grupos de estudiantes ocupaban un mismo edificio, sin aplicar una metodología que tuviera en cuenta esa crisis.

La práctica crea costumbre. Hoy el magisterio del sector público escasamente cubre cuatro horas diarias de trabajo. El esquema de las mini jornadas quedó grabado en su cerebro como una práctica insana que ha perjudicado enormemente el nivel educativo del país. En muchos colegios privados también persiste esta visión educativa. Muy pocos han dado el salto hacia nuevos modelos educativos.

Después de estas reflexiones ¡Felices vacaciones!

domingo, 21 de septiembre de 2014

Las vacaciones escolares (I)

Publicado el 19 de septiembre en el Diario de Centro América


Imagen tomada de Google
Y cuando nos falla la palabra, entonces recurrimos al generalizado hábito de las lecturas dirigidas.
Estamos a pocas semanas de finalizar el ciclo lectivo. Pasada la celebración del 15 de septiembre, el magisterio se sumerge en una especie de carrera contrarreloj para finalizar los contenidos programáticos de cada asignatura. Cuentan con los dedos los pocos días que les quedan de clase; algunos sin haber llegado a 180 días contemplados en las metas educativas para el nivel primario.
Vaya usted a saber de dónde sacaron este número mágico que todo mundo repite como loro. En una lógica numérica nos preocupa cumplir con esa meta y poco nos ocupa propiciar una educación de calidad que ayude a los estudiantes a tomar conciencia de su situación como sujeto histórico y responsable de su propio desarrollo. Es un modelo educativo centrado en la cantidad, mas no en la calidad.

Dentro de este modelo educativo algunos maestros desempeñamos el papel de actores que hemos aprendido de memoria y magistralmente nuestros roles académicos. De esta manera, se conceptúa como buen profesor, aquel que es capaz de repetir de memoria kilométricos discursos en torno a temáticas muchas veces vagas y sin vinculación alguna con nuestra realidad nacional. 

En efecto, el papel del educador en nuestro modelo no está destinado a enseñar a pensar (y menos aún, a actuar), sino a coleccionar datos, números, fechas, anécdotas, acontecimientos, máximas, fórmulas de extraña comprobación, pero sin ninguna vinculación con su entorno vital. Duele decirlo, pero cuántas veces hemos asistido a clases cuyos maestros, representan el papel de comediantes o teóricos de biblioteca.

Y cuando nos falla la palabra, entonces recurrimos al generalizado hábito de las lecturas dirigidas, que no consisten sino en repetir en forma mecánica y sin análisis los contenidos escritos en los textos, sin preocuparnos siquiera sobre la veracidad de lo afirmado o del valor de uso que puedan tener los mensajes.  Y así finaliza el curso, sin pena ni gloria, con un 0 o un 100, dependiendo del grado de habilidad del estudiante, ya sea para mentir o para repetir de memoria “al pie de la letra”, lo “aprendido” en el mismo.

De esta suerte, el estudiante mejor calificado numéricamente hablando, es aquel que ha aprendido las reglas del juego de esta maraña que llamamos educación. El fracaso aflora cuando los graduados tienen que enfrentarse a la vida, a un trabajo verdadero, a una situación donde más que el teoricismo practicado en clase, deben estar intelectual y profesionalmente preparados para enfrentar esa lucha. Es aquí donde se derriba el mito de los “grandes docentes”, por el engaño, la inoperancia y muchas veces, lo ficticio de sus contenidos.

Pareciera ser que en nuestro sistema educativo se trata de crear burbujas gigantescas para colocar en ellas a los que asisten a la escuela, de manera que estos nunca puedan tener contacto con la vida. Aun en los cursos donde se exige un contacto directo con la realidad, los profesores se concretan a teorizar (a veces en forma pésima) sobre esta realidad.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Píldoras rosadas

Publicado en el Diario de Centro América, el 12 de septiembre de 2014


Una política de prevención de la salud echaría por tierra el jugoso negocio de las medicinas.
Que yo recuerde, el drama de la salud en Guatemala siempre ha sido el mismo. Puedo asegurarlo porque lo viví en carne propia cuando era niño. Recluido en varios hospitales por periodos de 2 o 3 meses, fue un trauma recurrente de, por lo menos, 4 años; luchando contra la terrible enfermedad de la osteomielitis en mi brazo derecho.
Por aquellos años escuchaba a las enfermeras quejarse del mal estado de los hospitales, de la falta de medicinas, de la demanda excesiva de una población en cuya situación de pobreza extrema se incubaba cualquier germen, cualquier bacteria, cualquier microbio. “Lo único que podemos recomendarles es que compren píldoras rosadas”, repetía una enfermera, mientras me inyectaba penicilina para combatir mi infección.

Muchos años después, y ya con uso de razón suficiente, pude comprobar que aquellas píldoras rosadas eran algo así como un placebo que curaba los 40 mil males del mundo. Siendo dependiente “ad honórem” de una farmacia las despaché muchas veces a macilentos ciudadanos que las compraban como “botonetas”. Nunca pregunté exactamente para curar qué enfermedad las requerían.

Hoy creo que han desaparecido las píldoras rosadas, o quizás hayan mutado a una exótica medicina cada vez más alejada del bolsillo de la mayoría pobre de este país. Cuántas “píldoras” de antaño han desaparecido y regresado, presentadas en sobrias envolturas, con nombres rimbombantes y el precio por las nubes, vaya usted a saber.

En un país como el nuestro, con un alto y lacerante porcentaje de pobreza y pobreza extrema, una simple pastilla es un artículo de lujo, por lo que la población tiene que conformarse con remedios caseros, agüitas de brasas para el susto, pericón cocido para el dolor de estómago, ruda para los desmayos, infusiones de higo para la tos, y por supuesto, caldo de huevos con apazote para aquellas espantosas crudas de padre y señor nuestro.

Nací en los albores de los años cincuenta, y desde esos días no he sabido que en Guatemala exista una política de prevención de las enfermedades. De esa cuenta nos rebasa la estrategia de curación (que ya es decir mucho), por no decir, entretener la nigua con recetas cuya medicina nadie compra, por los elevados precios.

Y es que diseñar y aplicar una política de prevención es una tarea gigantesca que no concierne solo a los gobiernos de turno sino a todos los agentes activos de la sociedad. Pero, sin llamarnos a engaño, una política de prevención de la salud echaría por tierra el jugoso negocio de las medicinas de las compañías nacionales y extranjeras, ya no tendrían enfermos qué curar; en resumen, la quiebra para estas.

Por ello, la intrincada maquinaria del dejar hacer, dejar pasar, sigue dando demoledores retumbos en la agónica situación de salud del país. ¿Quién es el culpable? Yo no, usted tampoco, aquellos, menos. Todos escondemos la mano de la irresponsabilidad, mientras miles de ciudadanos mueren cada día víctimas de una enfermedad que pudo prevenirse. ¡Qué desgracia la nuestra!

domingo, 7 de septiembre de 2014

El estudiante del siglo XXI

Publicado en el Diario de Centro América el 5 de septiembre de 2014


Los procesos productivos han impuesto nuevas maneras y estrategias de estar en el mundo.
Imagen tomada de Google

Hace 5 décadas, los estudiantes de educación primaria llevaban a la escuela 4 cuadernos de 80 hojas, un lápiz, un sacapuntas, un lapicero y si acaso, 1 libro de lectura y 1 de matemáticas. Sus tareas consistían en copiar lo que el maestro escribía sobre el pizarrón (generalmente negro o verde), hacer operaciones matemáticas básicas en sus horas escolares, escribir composiciones en las fechas especiales. En los centros educativos más avanzados se estudiaba inglés y algunas materias adicionales. Las manualidades eran una asignatura infaltable; también lo eran las materias de educación agropecuaria. Se cursaban a lo sumo, 4 materias obligatorias.
Durante ese tiempo, la figura del maestro era central en el proceso educativo. De esa cuenta el gremio magisterial desarrollaba un papel de primer orden como líder comunitario. Estaba presente en las reuniones de vecinos, en actividades sociales, culturales, políticas, deportivas. El estudiante era considerado como el ser humano en formación, sin mayor horizonte que el trazado por el maestro. “Haz aquí, haz allá, pero no te salgas del camino trazado”.

Cincuenta años después, el mundo ha cambiado dramáticamente. La educación es un proceso que permite al niño y niña alcanzar un significativo número de capacidades para convertirse en adulto productivo. La verdad, dada la cada vez más demandante dinámica productiva, el niño aprende desde sus primeros años de educación, muchas habilidades que le ayudan a resolver por sí solo algunos problemas cotidianos.

Imagen tomada de Google

Y aquella dinámica de pasiva contemplación que caracterizaba a quienes asistían a las aulas, se ha transformado hoy en una manera distinta de participar en el proceso educativo. La misma complejidad de los procesos productivos ha impuesto nuevas maneras y estrategias de estar en el mundo. Un mundo cada vez más interconectado, donde un suceso en cualquier comunidad tiene inmediato efecto en el resto de comunidades del orbe.

En efecto, el estudiante de primaria de hoy, hace uso de nuevas y variadas herramientas para gestionar su propio proceso educativo. Investiga, indaga, dialoga, cuestiona y crea. Es un ser activo y partícipe de su propia formación. También es un sujeto que está inmerso en mayores responsabilidades de aprendizaje. Aquellas cuatro materias de hace 50 años se han transformado hoy en 14 o 15 asignaturas, con mayores niveles de conocimiento y exigencias de estudio.

También es un hecho que en aquellos años, lo que un estudiante lograba aprender en su educación primaria hoy ha sido rebasado en al menos 10 veces por un niño del mismo nivel. El mundo ha dado un salto de 180 grados. ¿Los maestros hemos dado ese salto con el mundo? ¿Cuántos maestros han caminado a la par o persiguiéndole los talones a la ciencia y la tecnología del siglo XXI?

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo