miércoles, 26 de enero de 2011

EL DESARROLLO DE COMPETENCIAS DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO


(Imagen tomada de Google)


ÍNDICE

Introducción
1. Propósito de la educación universitaria
2. La educación por competencias
3. Qué es una competencia
4. Las competencias en la educación superior
5. Competencias del docente para fortalecer las competencias del estudiante universitario
Conclusiones

Introducción
En el mundo globalizado de hoy la educación universitaria tiene un propósito muy claro: preparar la masa crítica de las sociedades, al mismo tiempo que generar en los estudiantes las destrezas, habilidades y conocimientos suficientes en cada ámbito de las profesiones.

En este sentido, no se trata solamente de fabricar profesionistas que técnicamente puedan desarrollar habilidades para servir al sistema productivo que hoy domina en el mundo, y del cual Guatemala no es ajena. La educación universitaria es algo más que eso. Se trata de potenciar las herramientas del pensamiento crítico, creativo y proactivo de la juventud que día a día busca formarse en una carrera del nivel superior.

En este sentido, la educación superior tiene muchos retos. El primer reto es proporcionar a los estudiantes una educación de calidad; esto es, pertinente y suficiente. Pertinente porque debe estar dirigida a resolver carencias y problemas aún no resueltos socialmente. Y suficiente, porque debe proporcionar las herramientas para la gestión del conocimiento necesario para resolver los problemas inherentes a cada profesión.

El segundo reto es aplicar aquellas estrategias de estudio que permitan al estudiante universitario ser tratados como personas adultas, con sus características sociales, psicológicas e ideológicas que constituyen sus sellos personales. En el siglo que nos está correspondiendo vivir ya no es posible concebir un modelo de universidad medieval, en donde el magister dixit es el centro del proceso de aprendizaje y el estudiante, el ente pasivo que llega a las aulas a llenar sus alforjas de conocimiento. Hoy día, las universidades deben ser instituciones que tomen al estudiante como el centro motor del aprendizaje, buscando y aplicando las estrategias que le permitan convertirse en sujeto activo del proceso, como un profesional en ciernes, y muchas veces, como un adulto ya formado que busca nuevos derroteros profesionales.

No cabe duda que en el campo de la educación nacional, esta preocupación está siendo cada vez más visible en las universidades. Y no cabe duda también, que las demandas sociales de diversa índole, están exigiendo cambios de paradigmas educativos, pues como dijera Heráclito, el filósofo del cambio, nadie puede bañarse dos veces en las mismas aguas de un río. El mundo superconectado de hoy ha hecho visibles muchas carencias que en los viejos moldes educativos no eran detectadas; y ha traído como consecuencia también, un mayor cuestionamiento del papel que juegan las universidades en la preparación de la masa crítica de una sociedad, concepto este que se antepone al viejo concepto de élite intelectual, dirigido a visibilizar más estatus social que académico de pequeños grupos sociales.

La cada vez más compleja trama social exige hoy en día, que la educación superior se preocupe –y se ocupe- de formar profesionales con una visión integral: científicamente preparados, técnicamente formados y formados con principios y valores de amplia observancia universal. La nueva dinámica social nos ha demostrado que dichas características exigibles en la educación superior, no riñen, sino más bien, se complementan.

En este nuevo contexto de realidades, surge el modelo de formación por competencias, como una manera diferente y actual de ver el papel de la educación en general, y especialmente la educación superior, de cara a las cada vez más críticas exigencias de cambio y toma de decisiones por parte de los estudiantes y también de una manera práctica, eficiente y eficaz de construir ciudadanía.

1. Propósito de la educación universitaria
La educación universitaria es el nivel supremo que está dedicada a producir conocimiento y formar habilidades y destrezas de alto nivel. En la educación universitaria desemboca una serie de esfuerzos y experiencias que a lo largo de su vida académica han ido construyendo los estudiantes, desde sus primeros pasos en la educación preprimaria hasta la diversificada.

La educación universitaria es entonces, el escenario que posibilita la concreción de un perfil profesiográfico y profesional que acompañará a los futuros egresados de sus aulas. La semilla de cualquier campo profesional, si bien es cierto que algunas veces se incuba en el nivel secundario, se fructifica en las aulas universitarias. He aquí la enorme importancia de la educación superior; y también la visión metodológica con que se desarrolle este proceso educativo.

En la mayoría de universidades aun persiste el enfoque conductista de la educación; a esto se agrega una visión autoritaria en el proceso formativo, en donde prevalece el magister dixit por sobre los intereses y perfiles de aprendizaje de los educandos. El resultado de este proceso es que la sociedad continúa reproduciendo sus esquemas de poder y control social, los cuales se ven plasmados y reciclados en las universidades, produciendo profesionales con una mentalidad que deviene de los esquemas sociales originales.

Algunas universidades han dado pasos gigantescos en la tarea de cambiar estos esquemas, introduciendo en sus aulas, nuevos enfoques metodológicos, con nuevas visiones y paradigmas que reflejan un repensar la tarea universitaria, de cara a una sociedad más democrática, justa e igualitaria.

En una línea de pensamiento democrático y socialmente comprometido con las necesidades nacionales, las universidades están llamadas a conformar tanques de pensamiento capaces de producir cambios cualitativos y cuantitativos en la estructura social. De ahí que su papel no se restrinja sólo a formar técnicos profesionistas, sino pensadores y transformadores de la realidad nacional, de cara a resolver sus problemas estructurales.

En el siglo que nos corresponde vivir, las universidades no sólo preparan mano de obra calificada para satisfacer la insaciable espiral de la demanda; son también, y ante todo, centros de formación y crítica del conocimiento científico en todas las áreas de la acción humana. Son formadoras del talento humano, con todas sus capacidades y potencialidades.

2. La educación por competencias
Entre las nuevas metodologías de enseñanza universitaria se encuentra la formación por competencias. A diferencia de la formación por objetivos, típico del modelo conductual, las competencias constituyen una compleja estructura de atributos y tareas, que le permiten al sujeto que aprende desarrollar varias acciones intencionales y simultáneas tomando en cuenta el contexto (incluyendo los aspectos culturales del lugar donde el individuo se desarrolla).

Los orígenes de esta nueva visión educativa se encuentran en Vigotsky, Bruner, Piaget y el enorme aporte de Celestin Freinet, un autor, por cierto, poco visible en la tradición educativa nacional. Freinet fue el principal impulsor de la llamada Escuela Nueva, una visión diametralmente opuesta a la visión escolástica tradicional. Su obra monumental: La educación por el trabajo. Freinet proponía una visión de aprendizaje que partiera de la práctica a la teoría; desde esta perspectiva, todo individuo tiene algo que aportar en la construcción teórica del conocimiento.

Estas nuevas maneras de entender la educación, y sobre todo, la educación superior, han marcado una línea fundamental que separa los arquetipos de la escuela tradicional, basada en el fomento de la memoria a base de la repetición de conceptos, y las posibilidades que ofrece la escuela nueva, en donde el centro del proceso es el estudiante, como piedra fundamental de la educación.

En este contexto se entiende como competente a un estudiante que es capaz de hacer, capaz de pensar, capaz de sentir. He aquí la trilogía de la educación por competencias: saber hacer, saber pensar, saber sentir. En esto último está comprometida la ética y la moral, en sus atributos profesionales y humanos en general.


3. Qué es una competencia
Una competencia podría entenderse como “el conjunto de elementos socio afectivos, sensoriales, psicomotores y habilidades cognoscitivas que permiten llevar a cabo adecuadamente un papel, una función, una actividad o una tarea” (González, 2010).

En el entorno educativo, una competencia es aquella que produce resultados concretos en varias órbitas de la formación: en el conocimiento, en las actitudes, en las aptitudes, en las opiniones, en el comportamiento, en la esfera psíquica profunda.
Una de las definiciones más claras y concretas es: Aprender haciendo. Esta definición, por supuesto, no involucra sólo aquellas actividades psicomotoras, prácticas. Incluye también las actividades de pensar y razonar. El aprendizaje por competencias es la materialización del llamado aprendizaje activo.
Las competencias, a diferencia del modelo por objetivos, están basadas en el aprendizaje significativo, contextual, aplicativo y formador y reforzador de experiencias.

Las competencias son planificadas desde la acción cooperativa y colaborativa entre estudiantes y tutor/a. Son fruto de consenso, de acuerdos preestablecidos. No responden a una planificación vertical, sino a una planificación horizontal, participativa.

Existen, sin embargo, 3 vertientes para entender las competencias en la educación superior:
a. Desde el modelo conductista
b. Desde el modelo cognoscitivo
c. Desde el modelo holístico

Desde el modelo conductista, las competencias son aquellas capacidades instrumentales que son adquiridas por los estudiantes, en el proceso de su formación universitaria. Es un saber hacer, a secas.

Según el modelo cognoscitivo, las competencias comprenden:
a. Modelos cognitivos básicos (procesos de atención, percepción, memoria y recuperación de la información).
b. Base de información: conocimientos previos, habilidades y destrezas que posee el alumno.
c. Estilos de aprendizaje (aprendizaje superficial y aprendizaje significativo).
d. Procesamiento estratégico (estrategias generadas por el estudiante a partir de su experiencia acumulada en los procesos de aprendizaje)
e. Habilidades metacognitivas (conocimiento desarrollado por el alumno a partir de sus experiencias de aprendizaje y la forma apropiada de usarlo).
Según el modelo holístico, las competencias contemplan, además de las señaladas en el modelo anterior, el aspecto ético y valórico, así como el aspecto circunstancial de la producción de conocimiento.

4. Las competencias en la educación superior
El aprendizaje por competencias no puede realizarse utilizando sólo la clase magistral. En este punto, los profesores universitarios tenemos que cambiar nuestra metodología de enseñanza, para provocar una nueva metodología de aprendizaje en los estudiantes.

Por supuesto que esta nueva forma de mirar la educación superior requiere cambios en todo el sistema educativo, especialmente en tres componentes esenciales:

a. Cambios en el currículo
Repensar los factores que intervienen en la estructura curricular de las carreras, tomando en cuenta las demandas y necesidades sociales y laborales. Cada país, cada comunidad, cada época, demanda un currículum apropiado que dé respuesta a dichas demandas y necesidades.

b. Cambios en lo didáctico
Las estrategias para mediar, discurrir y compartir el conocimiento, así como para producir nuevo conocimiento deben ser activas, innovadoras, generadoras de pensamiento y no solamente recicladoras de conocimiento.

En mercadeo, la forma y el empaque venden. En educación, la forma y el empaque crean condiciones favorables o desfavorables para el proceso de aprendizaje. De allí que un contenido didáctica y adecuadamente mediado puede producir resultados altamente positivos en el proceso de aprendizaje.

El aprendizaje por competencias exige maneras dinámicas y centradas en el valor de uso de los recursos didácticos. Todo aquello que estimule los sentidos será capaz de estimular la mente y predisponer el aprendizaje.

c. Cambios en la evaluación
El aprendizaje por competencias también requiere una manera distinta de concebir la evaluación. En este sentido es necesario apartarnos de la visión escolástica de evaluar resultados y centrar nuestro interés en evaluar procesos. Ni números ni escalas son los mejores indicadores del aprendizaje, ya que ambos parten como premisa, de lo que el maestro sabe y cree que los alumnos deben saber y no de lo que éstos son capaces de hacer a partir del conocimiento buscado y asimilado.

Los estudiantes que hoy día asisten a las universidades son seres humanos expuestos a un cúmulo de información, datos, experiencias, hechos científicos, sucesos tecnológicos, muy, pero muy distintos de quienes asistíamos a estos recintos hace ya algunas décadas. El cerebro de los jóvenes de hoy percibe, atesora y evalúa millones de datos en lapsos cortísimos de tiempo; y están, respecto a nuestra generación, en una situación informativa totalmente ventajosa, con mayores y mejores habilidades para gestionar el conocimiento.

En este contexto de realidades, el docente debe ser, ante todo, un guía, un estimulador de más y mejores datos científicos, pero, posibilitando a los estudiantes ser constructores de su propio camino académico.

De las competencias genéricas:
Grosso modo, el desarrollo de competencias en la educación universitaria debe cubrir, entre otros, los siguientes ámbitos:

De dominio cognoscitivo
Los estudiantes deben ser capaces de aprehender los saberes generales y los específicos de su disciplina. Leyes generales, teorías, conceptos, herramientas, instrumental tecnológico, son sólo algunos de los conocimientos que se deben manejar, de cara a las exigencias científicas y tecnológicas que demanda cada profesión.

 Estilos de aprendizajePero en este proceso de aprehensión de los saberes generales y específicos, los estudiantes aplican sus estilos particulares de aprender y de gestionar la información. En este sentido, los profesores debemos ser lo suficientemente dinámicos para contemplar la gama de estilos de aprendizaje y de esta manera, establecer las estrategias que tiendan a producir conocimiento significativo, procurando la unidad en la diversidad de criterios.

De relación afectiva con el conocimiento

El aprendizaje también pasa por el principio del placer. Este principio no rige sólo el arte, el deporte o las diversiones; es un signo también de la ciencia. ¿Creen ustedes que un científico de laboratorio pasaría largas horas analizando datos, observando comportamientos, manipulando instrumentos, si no sintiese placer en lo que hace?

Este principio de placer debe volcarse a las aulas. El maestro debe conocer las nuevas teorías sobre la inteligencia, especialmente la llamada Inteligencia Emocional, propuesta en 1995 por Daniel Goleman. En esta teoría reside mucho el éxito de líderes políticos, sociales, religiosos y hasta de vendedores ambulantes: el manejo adecuado y acertado de nuestras emociones produce en la relación interpersonal, una mutua empatía, una mutua simpatía.

En el proceso educativo no basta con la aplicación de nuestra inteligencia racional. Esta es sólo una parte en el éxito académico de los estudiantes. Una enorme franja está dada por la inteligencia emocional. Saber cuándo decir, cómo decir y por qué decir, es un valioso complemento del qué decir.

De hecho, aquellos maestros que dejaron en nosotros una profunda huella de gratitud, admiración y respeto; y de quienes aprendimos lo que ellos se propusieron, fueron maestros emocionalmente inteligentes.

Por el contrario, quizá recordemos a maestros a quienes reconocemos amplios dotes intelectuales pero con una pobreza extrema en el manejo de sus emociones y afectos. Laceran el conocimiento, y laceran también la sana armonía entre seres humanos.

En nuestra sociedad actual, marcada por un clima de violencia indiscriminada, es fundamental que los estudiantes universitarios desarrollen competencias para manejar inteligentemente sus emociones, ya que estas serán en mucho, la llave de su éxito profesional, tanto como su amplio dominio técnico y científico de su disciplina.

De aplicación del conocimiento
Las universidades también deben formar competencias para pasar de la teoría a la práctica y también para reflexionar sobre la práctica. Un conocimiento estático no genera cambios; una teoría que no se prueba en la práctica es inoperante por desuso. Corresponde a los estudiantes poner a prueba su capacidad creativa, científica, técnica y ética en la necesaria relación entre la teoría y la práctica. Una competencia entonces, para gestionar, generar y aplicar conocimiento.

A los profesores nos corresponde utilizar todo nuestro ingenio creativo y motivacional para producir en los estudiantes competencias generadas a partir del aprendizaje significativo. Que todo cuanto se enseñe tenga un significado, un porqué y un para qué.

De gestión de información
Uno de los grandes retos que marca la educación contemporánea es la habilidad que puedan adquirir los estudiantes para gestionar su propia información. Gestionar significa búsqueda, sistematización, evaluación y adaptación de la información que le servirá a lo largo de su vida estudiantil y profesional.

En un mundo super informado de hoy, los estudiantes se ven inmersos en un sinfín de datos y hechos que necesitan un orden metodológico para darles un sentido en cada una de las profesiones. Este orden metodológico pasa por 3 factores importantes: La investigación, la tecnología y la comunicación. Estas generan 3 grandes competencias que debe tener un estudiante universitario.

Veamos cada una de ellas:

 Competencias investigativas:
Saber investigar es saber encontrar por sí solo el conocimiento. Están ligadas al aprendizaje autónomo, y por supuesto, al aprendizaje cooperativo y colaborativo, dado que generalmente se produce investigación en equipo.

Para conseguir estas competencias es vital un cambio en la estructura curricular de las carreras. En esta nueva estructura, la investigación debe ser uno de los ejes transversales, a tal punto que se le considere una estrategia de aprendizaje. Todos los cursos debieran tener un componente estratégico de investigación. Todas las carreras debieran tener 3 o más cursos relacionados con distintas metodologías y enfoques investigativos. Y en el proceso de investigación como estrategia de aprendizaje los profesores deberíamos estar inmersos y caminar a la par de los estudiantes, en sus avances, en sus logros y en sus tropiezos.

 Competencias tecnológicas:
Esta es quizá una de las competencias que los estudiantes de las generaciones actuales traen incorporadas como un misterio chip social. Hoy día es muy raro encontrar un estudiante que no tenga el mínimo dominio tecnológico informático. En el mundo de hoy, los estudiantes son capaces de utilizar todos sus sentidos en un ambiente de aprendizaje: escriben en su computadora, hablan por el celular, revisan sus correos, chetean, miran televisión, escuchan radio (con sus audífonos pegados a las orejas) y al mismo tiempo, consumen alimentos.

Pero todo este potencial tecnológico de los estudiantes debe ser canalizado para hacer un uso discriminado de la tecnología de la información. Los profesores debemos estar preparados para seleccionar y orientar lugares de consulta en Internet y llegar antes que ellos, sin pretender aplicar normas punitivas a sus acciones, pero sí orientarlos sobre lo adecuado o inadecuado de un sitio o de una fuente.

Valdría la pena, al inicio de cada curso, elaborar una especie de normativo sobre consultas a Internet relacionadas con los temas de la asignatura, la legitimidad de las fuentes, lo ilegítimo y punible del copy paste, las técnicas de citas, etc.

 Competencias comunicativas:
Es un axioma que todo profesional universitario debe tener un aceptable dominio del idioma en el cual se formó, tanto en el plano escrito como en el plano oral. Además de ello debe estar capacitado para leer e interpretar los lenguajes no verbales que le permiten insertarse exitosamente en sus contextos laborales y sociales.

Las competencias comunicativas se ponen de manifiesto en la elaboración de trabajos académicos de diversa índole, pero también en informes técnicos; asimismo se expresan en actividades relacionales: conferencias, participación en grupos, eventos científicos, académicos, y de diferente índole.

En el mundo interconectado de hoy, es vital aprender, tener capacidad para expresarse. En este sentido, las competencias comunicativas son de vital importancia y además, son inherentes a cualquier profesión universitaria. En consecuencia, los estudiantes deben desarrollar competencias que les permitan manejarlos adecuadamente, dado que, la información es poder. Poder para saber. Poder para cambiar.

De lectura y comprensión

El estudiante universitario también debe desarrollar competencias que le permitan leer y comprender. En este sentido, es requisito indispensable incorporar a los pensa de estudio, talleres de lectura y comprensión. Hoy día, es una norma bastante generalizada que los estudiantes que ingresan a las universidades sólo tienen un nivel de comprensión: el denotativo, literal. Dejan de lado el nivel connotativo de la lectura, la detección de subtextos, de mensajes cifrados, ocultos, poco visibles.

De goce estético

El perfil de un buen profesional, egresado de una carrera universitaria es poseer una cultura general que le permita establecer comunicación con diversos grupos e individuos. Ya sea que se provenga de las ciencias exactas, de las agronómicas, de las ingenierías, o de las humanidades, el profesional debe tener las herramientas básicas de goce estético, en cualquier rama del arte.

Definida la estética como una rama de la filosofía que se ocupa del estudio del arte y la belleza, desde muy temprana edad los seres humanos debemos estar capacitados para el goce estético. No importa en qué rama del arte nos desarrollemos, o qué corriente artística sigamos, o qué autores admiremos. Lo verdaderamente importante es que afinemos nuestra sensibilidad para percibir y entender el arte, y de ser posible, practicarlo. En la educación universitaria esta es por cierto, una de las grandes falencias, salvo las carreras que se dedican a este campo, como las literaturas o las bellas artes en general.

Aprender a desaprender

Aunque técnicamente es imposible borrar de nuestros niveles de registro de memoria, datos, información o modelos de conducta, se pueden desarrollar habilidades que permitan filtrar emociones, estados anímicos, modelos de conducta, prejuicios, hábitos y generar nuevas líneas de comportamiento. A esta capacidad humana la podríamos llamar el proceso de desaprendizaje.

La competencia para desaprender es una cualidad necesaria en la toma de conciencia del estudiante universitario sobre su verdadero papel como ciudadano capaz de transformar su entorno.

Es responsabilidad del profesor universitario utilizar las estrategias adecuadas para provocar en el estudiante el aprendizaje activo. Este aprendizaje que de forma crítica, audaz y consciente, va modificando la conducta del futuro profesional y lo prepara, científica, técnica y éticamente para transformar su quehacer cotidiano, laboral y social.

5. Metodología de trabajo por competencias

No existe una sola metodología de trabajo por competencias. Más bien, existen múltiples recursos que pueden utilizarse. A guisa de ejemplo se ofrecen dos consideraciones que consideramos son fundamentales en el trabajo por competencias:

Tomar en cuenta los estilos de aprendizaje

Todo ser humano tiene una manera muy personal de aprender. Esto significa que el docente debe conocer cómo aprendemos y con qué estilos. La teoría nos ofrece varios estilos de aprendizaje: Observación reflexiva, Experiencia concreta, Conceptualización abstracta y Experimentación activa.

Estos estilos tienen sus propias características, y estas se ven reflejadas en el proceso de gestión y apropiación del conocimiento. Ninguno es mejor que otro. Simplemente son diferentes.

Lo que sucede es que los profesores tenemos la tendencia a enseñar con el estilo que aprendemos; y de esta manera reducimos la posibilidad de generar condiciones de aprendizaje para todos los estudiantes por igual. Por ejemplo, si como docentes, aprendemos por la vía de la Conceptualización abstracta, orientaremos todas las actividades de aprendizaje (y también de evaluación) a los procesos de abstracción (conceptualización teórica de los contenidos) y dejaremos de lado aquellas actividades que estimulen la experiencia concreta, la observación reflexiva y la experimentación.

Tomar en cuenta el perfil del estudiante adulto

Se ha dicho hasta la saciedad que generalmente el estudiante que ingresa a las universidades de Guatemala son trabajadores que estudian, en algunos casos, tienen un trabajo parcial. Son pocas las carreras que tienen estudiantes dedicados al estudio a tiempo completo. Esta primera situación ya nos ubica frente a seres humanos que han asumido responsabilidades laborales y por lo tanto, dedican parte de su atención a atender dichas responsabilidades.

El estudiante adulto también es poseedor de una experiencia previa. Esta experiencia es el resultado de los años de programación, de su exposición al entorno social, familiar, comunitario y educativo. Es poseedor de valores y antivalores, de actitudes y opiniones individuales, de miedo y temores, de esperanzas y anhelos.

Esta gama de situaciones se resumen en que el profesor debe aplicar una visión andragógica de la educación superior. Es decir, tratar a los estudiantes como adultos y no como niños. Propiciar la horizontalidad en los procesos, promover el diálogo y la participación, pero, por sobre todo, demostrar respeto y consideración a la dignidad humana, como canon de respeto y consideración recíprocos.

Acciones para formar competencias en el estudiante universitario

La enseñanza por proyectosA partir de una situación problema se desarrollan procesos de aprendizaje y de construcción de conocimiento, vinculados al mundo exterior, a la cotidianidad y al contexto. La enseñanza y el aprendizaje por proyectos tienen un inmenso valor formativo. Por un lado, se fomenta el espíritu de búsqueda crítica del conocimiento, se fortalece el aprendizaje cooperativo y colaborativo y la responsabilidad ética respecto a los resultados presentados.

Resolución de problemas

Esta metodología permite hacer una activación, promoción y valoración de los procesos cognitivos cuando los problemas y tareas se diseñan creativamente. Los talleres, seminarios y ejercicios de laboratorio son buenos ejemplos. Estas actividades provocan ejercicios de pensamiento que fomentan el espíritu crítico de los estudiantes y forman su capacidad para resolver problemas reales en su futura vida profesional.

Enseñanza para la comprensión

Desde la perspectiva de Perkins, enfocar el proceso de aprendizaje hacia la comprensión implica organizar las imágenes y las representaciones en diferentes niveles para lograr la comprensión por parte de los estudiantes; ellos aprenden a comprender y logran conciencia de este mecanismo de aprendizaje. Ejemplos: elaboración de mapas conceptuales, rutas críticas, bosquejos, diagramas, relatos, etc.

Comprender significa otorgarle un significado a las representaciones (conceptos, datos, anécdotas, etc.). Aquí se produce el aprendizaje significativo. En la aplicación de esta técnica se pueden detectar 5 niveles de comprensión:
Nivel narrativo: cuando se presenta un relato sobre un dato o hecho.
Nivel lógico-cuantitativo: Cuando el estudiante aborda el concepto desde procesos deductivos o numéricos.
Nivel fundacional: se aborda el concepto desde sus orígenes o rasgos epistemológicos o en sus diferentes connotaciones.
Nivel estético: se aborda el concepto desde su vivencia particular.
Nivel experimental: Cuando se generan cambios conceptuales a partir de la manipulación de datos y control de variables.

Estos niveles generan en el estudiante su capacidad propositiva y transformadora.

La didáctica de la investigación

Como ya hemos abordado en este trabajo, la investigación es pieza fundamental en el proceso de formación de competencias del estudiante universitario. Sin embargo, al respecto deben formularse propuestas didácticas que provoquen un aprendizaje significativo, placentero y útil. Para nadie es un secreto que cuando se habla de investigación en las aulas universitarias todo mundo se pone a temblar. Se tiene la idea que esta tarea es para genios o para viejos.

Se debe entonces, romper el mito de que pocos pueden investigar. Se proponen algunas ideas en torno a esta tarea:

No partir de lo general a lo particular. Es decir, no comenzar dando teorías de la investigación. Poner en el tapete de la discusión un caso que esté conectado con la gama de intereses estudiantiles. Este caso abordarlo en su relación de fenómeno a observar o problema a resolver.

Solicitar a los estudiantes posibles explicaciones respecto del comportamiento del fenómeno a observar (más adelante se les explicará que estas explicaciones previas se denominan hipótesis).

Proporcionar a los estudiantes lecturas relacionadas con el comportamiento del fenómeno, o bien, con sus explicaciones previas.

Reunir a los estudiantes para el análisis comparativo entre sus explicaciones previas y lo que indican las lecturas consultadas. Extraer lecciones aprendidas de tal ejercicio.

Dar un esquema de redacción de un informe de investigación, lo más elemental posible para no provocar el pánico académico. Consensuar la metodología de redacción del informe, tomando en cuenta el nivel de capacidad de redacción de los participantes.

Otras técnicas

En realidad son muchísimas las técnicas que se pueden aplicar para la formación por competencias. Lo importante es saber cuál es el propósito que deseamos conseguir con cada una de ellas. Por ejemplo, pueden aplicarse las siguientes:

a. Resumen: establecer la capacidad de síntesis de los textos leídos.
b. Ensayo: establecer la capacidad de análisis y propuesta sobre temas abordados.
c. Glosario: conseguir que el estudiante sistematice su experiencia de lecturas realizadas.
d. Artículo: verificar el nivel de comprensión y sistematización de lecturas respecto a un tema en particular.
e. Laboratorio y/o experimento: verificar la aplicación de conocimientos, destrezas y habilidades.
f. Lista de cotejo: establecer la capacidad para comparar teorías, argumentos, hechos, etc.
g. Texto paralelo: ejercitar en producción individual de conocimiento relacionado con la asignatura.
h. Texto didáctico: aplicar técnicas de mediación de conocimiento.
i. Carpeta viajera: socializar conocimiento entre estudiantes y profesores.
j. Informes de trabajo: verificar el nivel de aplicación de conocimiento y ejercicio académico.
k. Bitácora: verificar los pasos seguidos en un proceso de aprendizaje o investigación.

6. Competencias del docente para fortalecer las competencias del estudiante universitario

Ahora bien, con qué visión académica debemos actuar los profesores, qué competencias debemos poseer para formar a su vez, competencias en el estudiante universitario. Dada la exigencia tecnológica de nuestro tiempo, dado el perfil del estudiante universitario, las nuevas necesidades sociales que plantea la sociedad guatemalteca, así como los recursos con que cuentan las universidades, creemos que el docente universitario debe poseer ciertas capacidades en varios aspectos de la vida académica. Dividámoslos en los siguientes componentes (para mayor información leer la propuesta publicada en el blog: carlosinteriano1.blogspot.com, mes de noviembre del 2009):
a. Desarrollo y enfoque del curso
b. Utilización de recursos didácticos
c. Relaciones interpersonales
d. Cualidades profesionales
e. Cualidades tecnológicas

Conclusiones

Los nuevos escenarios en la educación nacional, planteados a partir de cada vez mayores necesidades sociales demandan la formación de profesionales con capacidades eficientes y suficientes para solucionar la problemática nacional. Frente a estas nuevas realidades se hace exigible un giro en el modelo educativo con que estamos formando el talento humano. Una visión más actual de las estrategias de enseñanza aprendizaje apuntan a la utilización del modelo por competencias. El mismo tiene su asidero en la llamada Escuela Nueva, cuyos primeros pasos comenzaron a darse en la década de los sesenta.

La formación por competencias demanda, como es natural, un cambio de actitud y aptitudes por parte del sector docente. En este sentido, no puede hablarse formación por competencias sin antes pasar la etapa previa de discusión, análisis y adopción de este modelo por parte del sector docente. Un cambio de actitud y aptitud que, por supuesto, no puede darse de la noche a la mañana, ya que es en sí, una manera distinta de ver el proceso educativo, apartándose del modelo conductista y escolástico, profundamente arraigado en muchas aulas.

Sin embargo, el reto es de las propias universidades, quienes tienen que adoptar medidas estratégicas que tiendan a introducir los cambios necesarios en la mentalidad de docentes y estudiantes para la adopción de esta forma diferente de mirar la educación. Cambios necesarios que no están exentos de largos debates académicos, de resistencias pasivas o activas, de críticas y deslegitimaciones, de berrinches y actitudes hostiles. Pero ese es el reto y debe asumirse con la valentía y decisión del caso.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

7. La telaraña emocional


Imagen tomada de la red.

Las emociones están conectadas a la manera no racional como percibimos el mundo. En efecto, los seres humanos calificamos todo cuanto nos rodea, con dos escalas que resultan esenciales para el desempeño normal de nuestras actividades: la escala racional y la escala emocional. Entendemos por escala racional todo cuanto es sometido a juicio crítico, es decir, que pasa por una valoración argumentativa e intelectual del cerebro. Sin embargo, esta es quizá solo una mínima parte en que los seres humanos nos desarrollamos. Un alto porcentaje de nuestros actos está influenciado por un actuar emocional, es decir, no lógico ni crítico.

A decir verdad, la Humanidad toda, sin distingos de raza ni credo, funciona mayoritariamente por los mecanismos ocultos de sus emociones: es el sentir sobre el pensar. Y en esta enigmática amalgama de sentimientos envolvemos muchas veces los mecanismos sabios y concisos de la razón. Somos presas de la telaraña emocional.

En una línea de interpretación, las emociones, es decir, la calificación afectiva de todo cuanto nos sucede, pueden ser positivas o negativas, dependiendo de nuestros estados anímicos y nuestro historial de vida, así como del contexto en el cual nos desenvolvamos.

Me gusta la clasificación que hace Ronald Hubbard respecto a las emociones. El las denomina la Escala Tonal de las Emociones. Ofrece una escala concebida por al menos 15 tonos, iniciando con el más optimista llamado Entusiasmo y descendiendo al tono más bajo denominado Apatía. De este último Hubbard distingue entre apatía de pie y apatía profunda. En el medio ubica otros tonos emocionales, tales como interés, aburrimiento, antagonismo, dolor, enojo, no compasión, hostilidad encubierta, miedo, compasión y aflicción, entre las más importantes.

Lo cierto es que la telaraña emocional ata nuestra razón y obnubila nuestro pensamiento frente a situaciones importantes de nuestra vida, restando nuestra capacidad de producir y alentando a veces sentimientos de culpa frente a nuestras acciones. Se dice que los problemas son la medida de la inteligencia; sin embargo, cuando somos presas de nuestras emociones, la inteligencia deja de ser un punto de referencia para medir nuestros problemas, dando paso a la escala emocional como parámetro.

Medir nuestra problemática con la escala emocional es altamente riesgoso. Puede provocar que si en dado caso somos presas de una escala tonal, digamos, miedo o aflicción, un problema mínimo sea sobredimensionado. Pero si por el contrario, en el momento que surge un problema estamos manejando un tono alto (entusiasmo o interés), un problema grande puede ser visto con una lente distorsionada, restándole la verdadera importancia.

En otra línea de análisis, el mundo emocional es la reserva afectiva que poseemos los seres humanos para enfrentar la vida, sus problemas y sus soluciones. Esta línea de interpretación es una de las más recientes propuestas para explicar la noción de éxito o fracaso de los individuos en sus relaciones laborales, familiares o sociales. Más adelante nos detendremos a puntualizar esta línea de análisis.

lunes, 15 de noviembre de 2010

El stress: causas e implicaciones laborales

Continuación de libro.

Cuando los estados neuróticos o noóticos no son controlados por el individuo, generalmente se produce el stress. Sin entrar en pormenores sobre el stress diremos que este se genera como una respuesta adaptativa del organismo ante los diversos estresores. El stress fue llamado como el “Síndrome de estar enfermo”, por Hans Selye, en 1930.

Se ha definido al stress como una enfermedad de nuestra vida contemporánea; generalmente más aguda y presente en las sociedades industriales, con una dinámica vertiginosa de cambios en todos los órdenes de la vida. A medida que se incrementa la actividad laboral de un individuo, tiende también a incrementarse los niveles de stress. De ahí que comiencen a aparecer síntomas físicos o psicológicos que demandan atención adecuada. Entre estos síntomas se pueden mencionar los siguientes:

a) Depresión o ansiedad
b) Dolores de cabeza
c) Insomnio
d) Indigestión
e) Sarpullidos
f) Disfunción sexual
g) Palpitaciones rápidas
h) Nerviosismo

El stress es manejado por las personas según su estabilidad emocional, y también según el principio de placer o no placer con que realicen sus actividades laborales. A mayor placer, mayor será la posibilidad de controlar los niveles de stress. Cuando una persona siente rechazo por las actividades que realiza, el nivel de stress tiende a incrementarse, a tal punto, que los síntomas se pueden convertir en enfermedades físicas, con las correspondientes implicaciones en la falta de atención de sus actividades relacionadas con su trabajo, e incluso, de su entorno familiar y social.

En este sentido, el ser humano debiera tener como máxima de vida la siguiente: se vive para trabajar, no se trabaja para vivir. La frase anterior encierra cierta dosis de aparente contradicción si se analiza desde el punto laboralista. Sin embargo, si se toma en cuenta que el trabajo mismo resulta ser en la sociedad, un antídoto para el aburrimiento y la anomia, vivir para trabajar encierra algo más que un significado laboral. Es la vida misma la que se involucra en el trabajo; y dentro de ésta, la concepción del ser humano sobre su autorrealización. El trabajo es, en cierta manera, una forma de sentirnos útiles ante el mundo. En un triángulo de necesidades humanas que deben ser satisfechas, la necesidad de saber, la necesidad de querer y la necesidad de hacer, se ve cristalizada la máxima necesidad de poder que tenemos todos los individuos.

El poder, cristalizado en el trabajo, es entonces la posibilidad de tener satisfechas las tres necesidades antes citadas. Pero con una de estas que no esté satisfecha, generará cierto sentido de inconformidad y consecuentemente, se canalizarán energías para su satisfacción. Estas energías deben encontrar un campo fértil para poder ser asimiladas por nosotros; caso contrario, generará ciertas dosis de frustración, y con esta, un campo de inestabilidad que puede provocar stress.

viernes, 17 de septiembre de 2010

5. Neurosis y noosis laboral

Continuación libro.


Imagen tomada de Google.com

Aunque no es propósito aquí profundizar en la definición y características de la neurosis (y a reserva que hoy día tanto psiquiatras como psicólogos prefieren hablar de otra tipología de enfermedades), indicaremos que se trata de un estado general de descompensación de la personalidad, el cual se traduce en estados manifiestos de ansiedad, angustia, insatisfacción, etc., causados a veces por factores externos al ser humano, tales como altas dosis de presión y exigencia laboral, malas relaciones humanas, violación a normas y leyes laborales, sólo para poner algunos ejemplos. Otras veces, los factores pueden ser internos, tales como una mala elección de carrera o centro de trabajo, falta de motivación o placer en las actividades que realiza, una mala planificación de su tiempo, etc.

Entre las manifestaciones más comunes de la neurosis está la depresión, cuyos síntomas merecen la pena enunciar aquí, ya que es un estado emocional muy común en los trabajadores:
a) Estado de ánimo deprimido durante la mayor parte del día, a diario.
b) Notable disminución del placer o interés en todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, generalmente a diario.
c) Aumento o pérdida significativa de peso sin ninguna razón aparente, así como disminución del apetito.
d) Insomnio o hipersomnio generalizado.
e) Agitación o retraso psicomotores casi a diario.
f) Fatiga o pérdida de energía casi a diario.
g) Sentimiento de inutilidad o culpabilidad, casi a diario.
h) Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse.
i) Indecisión ante los actos cotidianos, especialmente laborales.
j) Ideas de muerte recurrentes, ideas o intentos de suicidio.

En términos generales, un individuo con personalidad neurótica no busca las causas de sus males sino busca culpables. Culpa a todo el mundo de lo que le sucede; tiende a sobredimensionar sus problemas y casi nunca está interesado en resolverlos, sino en quejarse por éstos.

Otro de los conceptos que ofrece una de las corrientes psicológicas de mayor prestigio en el mundo es el de noosis. Este concepto fue acuñado por primera vez por Víctor Frankl, considerado el padre de la tercera corriente sicoanalítica de Viena.

Para Frankl, la noosis es un estado de desequilibrio en las cogniciones como resultado de un futuro incierto en todos los órdenes de la vida. Por ejemplo, ante la pérdida de un empleo, o la pérdida de un objeto o un ser querido, el ser humano cae en situaciones noóticas, es decir, no sabe qué hacer.

Por supuesto que este desequilibrio en las cogniciones genera también un desequilibrio en las emociones, con la consabida asunción de conductas neuróticas. Como podemos ver, tanto las neurosis como las noosis generan estados de tensión emocional que, en el caso de los trabajadores, afectan tanto su esfera familiar, como sus relaciones labores y el entorno mismo.

jueves, 5 de agosto de 2010

4. Trabajo y salud mental

(continuación de nuevo libro de Carlos Interiano)

Existe una íntima e innegable relación entre trabajo y salud mental. De esto están convencidos los especialistas en psicología laboral. Y aunque en un estado de perfecta salud mental intervienen diversos factores, tanto internos como externos, en la vida adulta, el trabajo es un factor determinante; en primer lugar, porque mediante el trabajo el ser humano satisface un cúmulo indeterminado de satisfactores, en segundo lugar, porque mediante éste el ser humano se siente realizado cuando le reporta una alta tasa de ganancia no sólo económica sino de diverso tipo.

De ahí que el exceso de trabajo, como la falta de éste, genera un estado de inestabilidad tanto mental, como emocional que puede perjudicar nuestro cuadro general de salud, incluyendo la salud física.

Peter Warr (citado por García, Tomás y Oliver, 2005) propone un modelo de salud mental en el trabajo que está basado en dos principios fundamentales: el placer y la activación. Entendiéndose por este último la capacidad intelectual o física que se emplea en la ejecución laboral. Cuando los grados de la activación no guardan relación con el placer, no se consideran por lo general un indicador del bienestar. Sin embargo, cuando existe relación entre activación y placer, pueden distinguirse cuatro cuadrantes, tal como aparece en el siguiente cuadro:



El modelo de Warr se puede entender de la siguiente mantera:
a) Gran activación y placer generan entusiasmo.
b) Baja activación y placer generan comodidad.
c) Gran activación y desagrado generan ansiedad.
d) Baja activación y desagrado generan un estado de ánimo depresivo.
Como puede verse en el cuadro anterior, la mezcla de una alta dosis de activación y placer genera una considerable dosis de entusiasmo. Esta situación se puede comprobar en aquellas personas que son netamente felices con las labores que realizan y a las cuales les aplican altas dosis de entrega y dedicación.

Por el contrario, una baja activación y escaso placer (desagrado), generan estados depresivos. En estos casos, los trabajadores mantienen una actitud de escasa actividad y casi nula motivación para el trabajo.

Asimismo, se genera ansiedad cuando la activación es alta pero el placer es poco. Este principio se puede comprobar cuando somos presionados a realizar tareas que no nos producen ningún agrado. Tanto en el caso anterior como en el presente, se corre el riesgo de provocar poca productividad y a veces asumir conductas antagónicas hacia nuestra fuente de trabajo (empresas o instituciones).

En el cuarto caso, una baja activación y mucho placer generan un estado de comodidad. En este último caso, las personas hacen lo que les gusta pero en pocas cantidades o con poca demanda por parte de las empresas o instituciones.

La buena salud mental es el resultado no sólo de factores de contexto en el trabajo, sino también de factores derivados de la relación laboral y del proceso de producción mismo. De ahí que la buena salud mental está asociada a un estado de bienestar general; en este sentido, no sólo se trata de armonizar los factores psicológicos, también de crear un balance entre éstos y otros factores tales como el económico, el físico, el fisiológico e incluso, el social.

Decir que alguien goza de buena salud mental es ubicarlo en un estado de sustancial armonía entre su yo interno y su entorno. Tanto el yo interno como el entorno interactúan, influyéndose mutuamente. De ahí que es importante prestar atención a los elementos que conforman el ambiente, tanto como los elementos que tienen que ver con el mundo interior del ser humano.

martes, 27 de julio de 2010

3.El camino de las motivaciones (continuación libro)

Veamos el siguiente esquema que constituye el circuito de la conducta humana:





Las motivaciones son disparadores de las actitudes, opiniones, conductas y comportamientos. Están presentes en cualquier actividad humana. Como parteaguas, las motivaciones tienen un antes y un después. Los elementos que están antes y después conforman el circuito de las conductas humanas. Grosso modo nos referiremos a cada uno de ellos:

Estímulo:

Son todos los elementos capaces de excitar nuestros sentidos; también se consideran estímulos aquellos factores psicosociales que predisponen el complicado andamiaje de nuestros instintos. Ante una conducta instintiva se muestra también factores que los predisponen. También se consideran estímulos aquellos factores que las sociedades han conformado como resultado de la cultura, los valores morales, éticos, estéticos, etc.

El circuito de la conducta humana comienza con los factores estimulantes; estos son los resortes que inician el proceso. En la publicidad, por ejemplo, los estímulos son poderosos elementos que incitan al consumo, predisponen nuestros instintos y moldean nuestros gustos personales. Los publicistas se han ingeniado una complicada gama de trucos publicitarios para excitar nuestros sentidos: vista, oído, olfato, tacto, gusto.

Imágenes poderosas, acompañadas de frases poderosas, hacen un conjunto capaz de hacer efectiva la fórmula que en el lenguaje publicitario se conoce como AIDA: Atención, Interés, Deseo, Acción.

El anuncio que se presenta es un ejemplo de esto:


Fuente: Imagen tomada de Google


Instintos:

Los instintos constituyen fuerzas hereditarias que garantizan nuestro funcionamiento y nuestra relación con el entorno. Los instintos no se aprenden socialmente, aunque pueden condicionarse social y culturalmente. En una sociedad bélica, por ejemplo, el instinto de muerte está exacerbado. En una sociedad consumista, el instinto básico de vida es también exacerbado.

Los seres humanos, a diferencia del resto del mundo animal, poseemos cuatro grupos de instintos:
• Instinto de vida
• Instinto de muerte
• Instinto de conservación
• Instinto de progreso
Alrededor de estos cuatro grupos de instintos gira nuestra vida. Ellos garantizan nuestra existencia, desarrollo y superación.

El instinto de vida se manifiesta en la satisfacción de carencias básicas, tales como comer, beber, dormir, descansar, protegerse del ambiente y de peligros, tanto internos como externos.

El instinto de muerte, por el contrario, se manifiesta en las conductas agresivas, bélicas, destructivas que el ser humano experimenta a lo largo de su vida y en su relación con el ambiente. Algunos investigadores opinan que los instintos de muerte son conductas aprendidas en ambientes violentos. Otros no están de acuerdo con esta visión y opinan que los instintos de muerte son fuerzas genéticas, cuyas características también las posee el resto de la escala animal. En este texto no vamos a entrar a cuestionar quiénes están a favor o en contra. Bástenos con explicarnos que son fuerzas hereditarias que están en nosotros y que potencialmente se activan pro factores internos y externos.

Por su parte, el instinto de conservación nos permite proyectar la especie humana, garantizando su subsistencia por la vía de la reproducción. Las sociedades han construido diferentes instituciones, códigos y ceremoniales para canalizar el instinto de conservación. Desde el simple rapto de una joven por un enamorado muchacho hasta la realización de un complicado y vistoso ceremonial religioso, son manifestaciones sociales del instinto de conservación, muchas veces elevado a la categoría de ritual sagrado. En la mente de los practicantes de los diversos ritos, subyace una idea fundamental: reproducirse.

El instinto de progreso es singular de la especie humana. No lo posee el resto del mundo animal. Gracias a este instinto, el cual algunos estudios consideran únicamente como resultado de la cultura, la Humanidad ha dado saltos cuantitativos y cualitativos en su calidad de vida, pasando de ser los seres nómades y dependientes totalmente de los alimentos y demás satisfactores que les proveía la naturaleza, a ser dueños de una fuerza de progreso que ha logrado construir cultura, ciencia y tecnología para uso del mismo ser humano.

Actualmente podemos decir que de la vida en las cavernas a la vida en los ultramodernos edificios inteligentes que se están construyendo en el mundo actual hay acumulados miles de años de experiencia humana, miles de errores y asertos, miles de fracasos y triunfos. Existe entre estos dos extremos un sueño interminable de ser hoy mejor que ayer y mañana, mejor que hoy. Este es quizá el rasgo fundamental que explica la calidad de ser humano y lo separa del resto de la escala animal.

Necesidades:

Las necesidades se explican como la carencia de satisfactores requeridos por los instintos. Ante la ausencia de comida, por ejemplo, surge la necesidad de alimento (hambre); ante la ausencia de líquido vital, surge la necesidad de beber (sed). Las necesidades forman parte del complicado mecanismo de reloj biológico que nos acompaña desde la gestación hasta nuestra muerte. Por supuesto que estas necesidades están sujetas también a un proceso de mediación social que da como resultado un proceso de adaptación a las condiciones que impone cada grupo, cada cultura, cada oficio, cada profesión, y en general, cada gusto individual. Todos tenemos distintas horas para ingerir alimentos y líquidos, descansar, dormir, etc. Pero todos debemos hacerlo, caso contrario, nuestra salud peligraría.

Ahora bien, a diferencia del resto de la escala animal, el ser humano manifiesta dos jerarquías de necesidades. En primer lugar, están las necesidades primarias: beber, comer, dormir, etc. En segundo lugar, están aquellas que conforman “el modo” de satisfacerlas. Se citan aquí las diversas manifestaciones de comer (tipos de alimentos, rituales culinarios, lugares específicos, cantidades, embalajes, presentaciones, etc.). Este grupo de necesidades las conocemos como necesidades secundarias. En efecto, no importa sólo comer; importa qué comida, dónde, con quién, qué cantidad, a qué hora, sobre qué utensilios, con qué protocolo, etc.

De alguna manera las necesidades secundarias están asociadas a características culturales, sociales y económicas de los diferentes grupos humanos. Es conocida por ejemplo, la marcada cultura culinaria china, japonesa, norteamericana, europea; es indudable que todos ellos consumen alimentos, pero tienen un estilo, un protocolo de consumo, un gusto marcado por la tradición y la cultura, entre otros factores. Así, mientras un asiático puede consumir un plato de arroz, un norteamericano consume una hamburguesa, y un guatemalteco un plato de frijoles fritos. Cuestión de gustos, cuestión de cultura, cuestión de posibilidades económicas.

Motivaciones:

Las motivaciones constituyen los resortes ocultos que nos inducen a las actitudes. Los motivos son el resultado de las necesidades (tanto primarias como secundarias). Lo anterior significa que antes que un motivo existe una necesidad, un vacío en la curva de satisfacciones humanas. Existen diversos motivos. Los hay de carácter fisiológico, de carácter psicológico y de carácter social.

Los motivos de carácter fisiológico son aquellos derivados de las necesidades primarias, es decir, las que manifiestan en el momento de experimentar un vacío de satisfactores biológicos instintivos: hambre, frío, cansancio, etc. El cúmulo de energías que se desplaza en la satisfacción de dichas necesidades constituyen las motivaciones.

Los motivos psicológicos es aquel cúmulo de energía que los seres humanos desplazamos en como resultado de altas dosis de carencias psicológicas. Las motivaciones psicológicas están asociadas a los condicionamientos psicosociales experimentados a lo largo de nuestra vida. En alguna medida son el resultado de las carencias impuestas por el instinto de progreso. Las motivaciones psicológicas están asociadas a la noción de pérdidas y ganancias de carácter emocional y afectivo que los seres humanos experimentamos. Una carencia nos pone en un estado de inconsistencia cognoscitiva, lo cual nos impulsa a llenar esa carencia; por lo tanto, conlleva motivos que buscan la estabilidad o equilibrio emocional.

Los motivos sociales están ligados a las carencias marcadas por la cultura en su más amplia acepción. Cada cultura marca sus propios motivos, sus propias expectativas de vida, sus propios satisfactores.

Actitudes:

Se define una actitud como la predisposición a la acción. Las actitudes son marcadas por las motivaciones. Dependiendo del tipo de motivaciones que tengamos, así serán también nuestras actitudes. Una mala canalización de motivaciones podría generar actitudes negativas; y por el contrario, motivaciones adecuadas generarán actitudes positivas.

Opiniones:

Son actitudes verbalizadas. En el circuito de comunicación intrapersonal, las opiniones son el resultado de la conformación de actitudes. Sin embargo, a veces las opiniones no corresponden a las actitudes, puesto que las primeras pasan por el filtro de la crítica personal de quien las emite. Puede suceder también que una opinión sea el reflejo exacto de una actitud, aun cuando esta sea negativa.

Acciones:

Entendemos una acción como una actitud consumada. Las acciones son el resultado de la toma de decisiones. En un acto de consumo de alimento, provocado por la publicidad, por ejemplo, se asume la actitud de compra. Esta ha sido previamente modelada por las motivaciones, como resultado de un insatisfactor. Si los mensajes estuvieron articulados para despertar (aun en forma superficial) las necesidades de consumo, la actitud formada será de compra.

Por supuesto, una acción no siempre será el resultado de la publicidad; incluso puede suceder que el efecto de esta sea nulo. Ante un cúmulo de precogniciones (actitudes, costumbres, modelajes culturales), no siempre los efectos de la publicidad producen acciones positivas de compra.

Conductas:

Las conductas son el conjunto de acciones dirigidas a satisfacer las necesidades, ya primarias o secundarias. Las conductas generalmente son producidas socialmente, aunque por supuesto no se descartan las conductas biológicamente producidas, ya que estas son el resultado de la programación biológica.

Comportamientos:

El comportamiento es la manera individual y social de realizar las conductas. Los seres humanos asumimos diferentes comportamientos frente a la satisfacción de necesidades de cualquier índole. Cada cultura genera sus propios modelos de comportamiento.

El comportamiento determina y a su vez es determinado por la diversa gama de estímulos que preceden al acto humano. En nuestro mundo actual una fuente de grandes resortes estimulativos es la publicidad y la propaganda. Ante un estímulo visual, por ejemplo, asumimos un determinado comportamiento, el cual es precedido de la larga cadena de factores que lo producen, tal como hemos venido analizando.

jueves, 17 de junio de 2010

DOS POEMAS EN EL DÍA DEL PADRE




EL ABUELO

A don Pablo De León García,
un padre amoroso que conocí en el camino. Le escríbí este poema cuando cumplió sus 90años. Murió a los 95, hace ya varios años.



En su voz el
trueno ha tendido las
alas del silencio
pero en sus ojos
anida temprano
adolescente
un ruiseñor






padre


sin ecos nuestras voces
sin nada que arrancarle
a la memoria

únicamente el vacío

las sombras no tienen huellas
ni hacen historia

alguna vez
un grito
tan sólo una vez
una caricia

sin embargo
papá
¡qué grande eras!

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo