lunes, 26 de mayo de 2014

COMUNICACIÓN Y PODER II


Publicado en el Diario de Centro América, el 23 de mayo de 2014


El poder aquí se define como un sistema de pesos y contrapesos.

Citaremos la manifestación de poder por lo menos en cuatro espacios bien demarcados: En lo político, jurídico, simbólico y comunicacional.

Lo político. En el espacio político es quizá donde más se pueden detectar las relaciones de poder, ya que, todo lo que realizan los ciudadanos en este espacio está marcado por la simbología del poder, aun cuando los individuos actúen en su esfera familiar o con grupos de amigos cercanos.

Por supuesto que en las sociedades existen instituciones donde el poder es el factor que articula todas las demás relaciones. Piénsese por ejemplo, la dinámica que se establece en el Congreso de la República, donde todos sus miembros (aun quienes conforman el staff administrativo) enmarcan su actividad en la lógica del poder. El poder aquí se define como un sistema de pesos y contrapesos.

Lo jurídico. En el andamiaje jurídico se articulan las relaciones de poder en categorías que bañan a todos los miembros de un conglomerado social. El poder aquí se encuentra estructurado con apego a normas establecidas de observancia general. Sus relaciones afectan a toda la sociedad.

Lo simbólico. El poder también se manifiesta en símbolos. Llamaremos símbolo a todo elemento senso-perceptivo capaz de sintetizar una visión ideológica y/o política. Piénsese por ejemplo, en símbolo que utiliza el actual gobierno de la República. Existen símbolos que concentran poder, tales como la cruz suástica, utilizada por los nazis en Alemania, o la cruz normal usada por el cristianismo.

Lo comunicacional. El poder también comunica y se comunica. Como conjunto de símbolos, el poder atrae la atención de la ciudadanía, ya sea en forma positiva, negativa o neutra. Por supuesto que no sólo se comunica el poder a través de símbolos previamente fabricados; su influencia va más allá. Comunican poder los edificios, los uniformes, los artículos identitarios y hasta suntuarios (anillos, báculo, capas, corona, etc.), posiciones corporales, ademanes, colores, formas de diseño, espacios, etc. La cantidad y variedad de elementos que comunican poder es enorme y son usados en función de las expresiones culturales de los pueblos.

El poder es el eje transversal que atraviesa la matriz cultural de todos los grupos humanos. No tiene principio ni tendrá fin. Donde se establezcan relaciones humanas, aun en la intimidad amorosa, estas estarán articuladas por expresiones de poder. Quizá la diferencia sea cómo y con qué propósito se ejerce.

Todos los regímenes políticos conocidos hasta hoy ejercen el poder. De diferente manera quizá, según los modelos políticos de organización social de cada comunidad, el poder, como factor de dominación/dominado está presente.

domingo, 18 de mayo de 2014

COMUNICACIÓN Y PODER (I)

Publicado en el Diario de Centro América el 16 de mayo de 2014


En todas las culturas, el poder constituye una extraña relación de amor y odio.

Reflexionar en torno al poder es fascinante. Hasta donde la Humanidad ha caminado, todas sus relaciones sociales son susceptibles de ser interpretadas como relaciones de poder, en donde unos ejercen el control sobre otros, aplicando para ello diversas estrategias, técnicas, tácticas e instrumentos.

Hasta hoy, la Humanidad toda gravita en torno al poder. Su concepción ideológica, política, jurídica, económica y cultural conforman categorías simbólicas y comunicacionales que reflejan de alguna manera cómo se interrelacionan los diferentes grupos sociales, naciones, comunidades, pueblos y culturas.

Según Grondona (citado por Press), el origen de este término es indoeuropeo. Deviene de Poti, que significa jefe de grupo. Michelle Foucault (1988:15) indica que poder es el conjunto de relevos e instancias que están ligadas a los conceptos de jerarquía, control, vigilancia, prohibiciones y coacciones.

En todas las culturas, el poder constituye una extraña relación de amor y odio que se establece entre los individuos que conforman los grupos sociales. Este se manifiesta en cualquier espacio (aun en el deporte y el arte) donde haya intereses de por medio. El poder media entre las relaciones sociales y las determina, aun en las relaciones más íntimas entre dos personas.

Por supuesto que en el ejercicio del poder, se manifiestan de una u otra manera, la concepción del mundo y la escala de valores de los individuos. Así, por ejemplo, un individuo con una visión totalitaria del mundo y una escala de valores construida a partir de esa visión, ejercerá sus relaciones de poder de manera autoritaria. En tanto que una persona con una visión democrática del mundo, aplicará una escala de valores acorde a este referente general.

Aunque el poder se manifiesta en cualquier relación humana, incluyendo las relaciones íntimas de pareja, es en la vida pública donde la ciudadanía lo percibe con más visibilidad. Las relaciones institucionales son esencialmente relaciones de poder, tomadas en este artículo como relaciones de dominación/dominante/dominado.

Cuánta cantidad de poder tiene un individuo viene acompañado por tres factores de singular importancia. En primer lugar, la persona que maneja poder debe tener la capacidad para reducir los niveles de incertidumbre en la ciudadanía y de alguna manera, resolver sus problemas. Un segundo factor es la cantidad de información es debe controlar una persona con poder, es decir, a mayor cantidad de información controle, mayor será su capacidad de poder.

Un tercer factor lo constituye la dificultad para ser sustituido en su función. Una persona con poder es difícil sustituirla. Y quien asuma su rol debe ser visiblemente superior a ella.

miércoles, 14 de mayo de 2014

¿Deshonestidad académica? II

Publicado en Diario de Centro América

Quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra.

El término deshonestidad académica es una categoría que involucra a todos los actores en el proceso educativo. Abordaremos, a riesgo que quedarnos cortos, cada uno de éstos. En primer actor es indudablemente el estudiante.

Todos hemos sido estudiantes y en algún momento de nuestra vida hemos participado o presenciado en situaciones que bajo la escrupulosa lupa de la ética, son anómalas. Veamos algunas de estas: copiar en los exámenes, utilizar “chivos” para ganar un examen, “soplar” a compañeros que piden nuestra compasión, presentar tareas ajenas como propias, atribuir a autores supuestos argumentos propios con el propósito de darle mayor peso a los mismos, o bien, transcribir argumentos ajenos y presentarlos como propios.

Estos son solo algunas acciones realizadas por los estudiantes; la lista es larguísima y nos llevaría mucho tiempo hacer un inventario completo.

En un juego de roles y conductas no cabe duda que los estudiantes no son los únicos protagonistas de acciones deshonestas. Algunos docentes por ejemplo, violentan los procesos de planificación, ejercicio y evaluación. En el discurso son virtuosos, mas en la práctica, no tanto.

He conocido casos de profesores que no planifican sus clases, no administran ninguna actividad evaluativa, no entregan un programa como guía del curso, no facilitan lecturas relacionadas, se presentan tarde a sus labores, salen temprano, no se actualizan con nueva literatura relacionada con el curso que imparten; investigar es una tarea pendiente en su formación profesional, también lo es el sano ejercicio de publicar sus trabajos académicos. Sin embargo, óigalos usted: son un dechado de virtudes. Los alumnos son haraganes y tramposos, ellos jamás.

En este campo la academia practica una doble moral. A la vista pública, muchos profesores se rasgan las vestiduras exigiendo a los cuatro vientos a la masa estudiantil, una conducta honesta. Sin embargo, en el círculo privado de su clase,  el panorama es totalmente diferente. Aquella frase de “educar con el ejemplo” simplemente es un razonamiento retórico sin contenido real en el ejercicio docente.

¡Y qué decir de muchas instituciones educativas de cualquier nivel de enseñanza! ¿Ha visto usted cómo exigen virtudes en sus estudiantes que sus autoridades están lejos de practicar? Casos de corrupción administrativa, cobros excesivos, conductas públicas reprochables, vulgaridad en las relaciones humanas y tantas otras cositas que no alcanzaría este espacio para enumerar. En todo caso, como diría Jesucristo, el maestro universal: “Quien esté libre de pecado que lance la primera piedra”.

¿Deshonestidad académica? I

Publicado en el Diario de Centro América

La corrupción académica es un problema que nos compete a todos.

El ámbito académico se caracteriza por un libre flujo de ideas, algunas afines, otras contrapuestas. Algunas ideas surgen como pistas innovadoras que revitalizan el pensamiento; otras en cambio, se alzan en hombros de gigantes y dan un nuevo brillo a viejos conceptos, viejos modelos.

Se dice que no hay nada nuevo bajo el sol, una manera de explicar que las ideas se alimentan de ideas, algunas originales, otras no tanto. La originalidad es un concepto bastante amplio que denota una cualidad de modelo al concepto que se expresa. Sin embargo, esta cualidad de modelo, novedoso, original, no se asienta en el vacío. Es el resultado de un proceso de acumulación de datos, paradigmas, ideas que en el universo de lo simbólico, dan cabida a una nueva versión, es decir, un nuevo enfoque, o bien, una nueva mirada. Este principio de originalidad, se entiende, da marco a presentar al mundo una versión propia de un asunto.

En este maremágnum la academia se plantea cuán originales son los trabajos estudiantiles, la actividad docente, los centros de investigación, el enfoque de cada institución, la dinámica que produce la sistematización de carreras, cursos, clases, control de notas, prescripción de lecturas, sistemas de acreditación y tantas otras situaciones que se suscitan en la vida académica.

¿Qué tan original es lo que hacemos en las instituciones académicas? ¿Qué tanta investigación de laboratorio o de campo se produce que pueda dar un sello de originalidad a lo que se hace? ¿Cuántos profesores publican sus propios libros y dan cuenta pública de sus investigaciones relacionadas con las materias que enseñan? ¿Cuánta legitimidad hay en lo que predican? ¿Cuántas tareas estudiantiles son una copia textual de documentos encontrados en sitios de internet de dudosa reputación? A su vez, ¿Cuántos de estos autores citados produjeron ideas originales? ¿Dónde radica la originalidad?

Hoy día se discute en muchos ámbitos de la vida nacional el tema de la honestidad académica. Y esto es sano, muy sano. Sin embargo, en el contexto de esta discusión los académicos debemos asumir una posición lo más científica y objetiva posible, de manera que no proyectemos en los demás nuestras propias carencias, pues ciertamente no podemos señalar la paja en el ojo ajeno ocultando la viga en el propio.


El tema de la corrupción académica es un problema que nos compete a todos: estudiantes, profesores, autoridades e instituciones educativas y culturales y debe ser analizado de la manera más imparcial posible, sin que haya necesariamente héroes y villanos.

viernes, 11 de abril de 2014

Calidad y educación superior III

Publicado en Diario de Centro América el 11 de abril de 2014

El mundo de hoy es una vorágine de virtualidad.


Esta semana se lleva a cabo en el campus central de la Universidad Panamericana la Séptima Conferencia Internacional Guide, bajo el título general de Cultura en la modernización global: El papel de la educación a distancia. 

La Asociación Guide aglutina a muchas universidades que tienen programas de educación virtual en el mundo. Su sede central está en Italia. Guatemala es la sede de tan magno evento que, sin lugar a dudas, aportará a mejorar la calidad de la educación virtual de las universidades nacionales, porque les ampliará las fronteras del conocimiento de esta revolución tecnológica sin precedentes.

Es muy meritorio que Guatemala haya sido seleccionada como sede de este magno evento que involucra la participación de decenas de universidades del mundo, en el cual se están discutiendo asuntos de enorme trascendencia para el futuro de la educación superior, específicamente aquellas que tienen programas virtuales, una modalidad de formación del talento humano que cambia por completo el viejo paradigma medieval de la educación enclaustrada.  

Dar el salto hacia la virtualidad es cosa de tiempo. Y la verdad, si las universidades se quedan solo con el modelo enclaustrado, estarán perdiendo la oportunidad de saltar al mundo y seguirán dando vueltas en círculos concéntricos, haciendo más de lo mismo. La temática que se plantea en la Séptima Conferencia es variada, aunque toda gira alrededor de la  formación virtual. 

Va desde las precisiones tecnológicas en el manejo de programas virtuales hasta las consecuencias éticas de estos nuevos modelos educativos. 

El mundo de hoy es una vorágine de virtualidad. La empresa, la producción, la ciencia, la tecnología, las relaciones sociales, las prácticas culturales, e incluso los chismes de salón, pasan por la mediación virtual. ¡Y pensar que muchas universidades aún no han tomado la decisión de incursionar en esta nueva realidad educativa! ¡Lástima de veras que inviertan su tiempo rondando en los viejos y amarillentos libros de antaño! ¡Imagínese usted que un profesor de una universidad afirme que él aún usa su vieja máquina de escribir porque las computadoras un día cercano pasarán de moda!

Esta vez la Universidad Panamericana se lleva las palmas, por convertirse en la gestora y anfitriona de este magno evento, único en la historia nacional: reunir a decenas de universidades con un objetivo común: proponer, analizar y discutir los asuntos inherentes a los nuevos modelos educativos que nos ofrece (y exige) un mundo globalizado, tecnológicamente evolucionado y éticamente cuestionado por los varios peligros que encierra, sin que esto se convierta en obstáculo para su voraz expansión.

domingo, 6 de abril de 2014

Calidad y Educación Superior (II)

La práctica sin la teoría es ciega, y que la teoría sin la práctica es inoperante.

Las universidades del mundo que han logrado remontar los parámetros de calidad que exigen los organismos internacionales, son aquellas que han incorporado a su estructura curricular los componentes que con eficacia las convierten en centros de educación científica y tecnológica.

Uno de estos componentes es la investigación como eje central del proceso de formación y no como complemento a este. La competencia investigativa se desarrolla desde los primeros años de enseñanza. Se aprende investigando, probando, reproduciendo y aplicando modelos, observando de manera sistemática, conectando los estudios con los grandes centros de producción que mueven el mundo. De allí que no es extraño que muchas empresas, sobre todo aquellas de talla internacional, tengan sus centros de investigación y que estos a su vez, estén conectados con las más prestigiosas universidades del mundo.

Guardando las distancias científicas y tecnológicas, por nuestros ancestrales rezagos, en Guatemala podría fomentarse una política de investigación que haga de la enseñanza un campo fértil para producir conocimiento, sin tener que esperar que un estudiante se enfrente a un trabajo de tesis para realizar un mínimo esfuerzo en este campo. Todas, o por lo menos la mayoría de asignaturas debieran impartirse como proyectos de investigación. Esto permitiría a los estudiantes entrar en contacto directo con la ciencia y la tecnología, sin pasar por el proceso a veces lento y tedioso del acumulamiento teórico.

Para nadie es un secreto que la mayoría de profesores que imparten los cursos de investigación no provienen precisamente de este campo; esto les obliga a buscar textos que muchas veces han remontado décadas de su publicación, con propuestas muy alejadas de lo que se viven en el terreno. Una buena visión teórica por supuesto es necesaria; pero una mala práctica por falta de textos actualizados es desastrosa.

He repetido en muchas ocasiones que la práctica sin la teoría es ciega, y que la teoría sin la práctica es inoperante. Esto es verdad, sin embargo, la teoría que antecede a la práctica debe convertirse en un asidero efectivo para que el ejercicio académico de los estudiantes no sea un accionar sin dirección ni consistencia científica.


Una universidad que no investiga es tan solo un centro educativo pero no puede conceptuarse como una institución científica. Y cualquiera que sea la orientación epistemológica que se aplique en la investigación, si se hace con responsabilidad y precisión, dará los resultados necesarios para entender un problema en toda su complejidad. Las universidades están llamadas a convertirse en centros científicos y tecnológicos antes que ser solo depositarios de cultura.

Calidad y Educación Superior (I)

No podemos medir el potencial de un Lamborgini con el de un carrito “Micky Mouse”

El tema de la calidad está inmerso en todos los ámbitos de la vida humana. Se habla de calidad de vida, en la producción, en el deporte, en el arte, y por supuesto, en la educación.

En la educación superior la calidad se liga al perfil profesional que deben formar las universidades de acuerdo a estándares marcados generalmente por organismos internacionales, tomando como panacea el tipo de profesional que producen los centros de educación superior del primer mundo.

Con ejemplos como Finlandia, Corea del Norte, Dinamarca, se inundan los debates en relación al deber ser de las universidades nacionales. No está mal, por supuesto, aspirar a los cánones educativos que marcan estos países. Lo que no debemos pasar desapercibido es que estas universidades son el resultado de un conjunto de factores que han contribuido a su alto nivel científico y tecnológico. Entre estos factores, es crucial la satisfacción plena de necesidades básicas de la población: alimentación, salud, educación primaria y secundaria, transporte, empleo, etc. Es decir, la educación superior en esas latitudes es más bien el resultado y no la causa, del nivel de desarrollo integral de dichas naciones. Por supuesto, dado el resortaje con que cuentan, estos centros de educación superior actúan como catalizadores científicos y tecnológicos de las políticas nacionales, sirviendo además, como reservorios de grandes corrientes de pensamiento en las diferentes áreas del desarrollo.

En Guatemala, los universitarios estamos inmersos en el debate de la calidad educativa. Y este debate está bien, siempre y cuando tengamos los pies puestos sobre la tierra para saber muy bien cuáles son nuestras posibilidades reales de lograr mejores estándares educativos con los insumos que tenemos. Esto es vital porque no podemos medir el potencial de un Lamborgini de modelo reciente, con el de un carrito “Micky Mouse” de los años ochenta.

He aquí algunas ideas que debemos tomar en cuenta si queremos de verdad mejorar la calidad académica de los centros de educación universitaria: actualización científica y tecnológica de la planta docente; capacitación para la docencia superior; mejorar los salarios docentes para que resulten atractivos las dos anteriores ideas; repensar la visión curricular de las carreras y adecuar los pensa a las necesidades del mercado actual (ya no es posible vivir de reminiscencias del pasado); mejorar, actualizar y ampliar los centros de información (bibliotecas, centros de documentación, ampliación del ancho de banda para que los estudiantes puedan usar internet desde las aulas y otros espacios de las universidades) y otras ideas que propondremos en un próximo artículo.

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo