viernes, 12 de enero de 2018

Gente ayudando a gente

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Generaciones adultas comprometidas con niños y jóvenes, en el ciclo hermoso de la transferencia de saberes.

El gran secreto del desarrollo humano ha sido, sin lugar a duda, su enorme capacidad para trasladar a las siguientes generaciones, no solo su acervo biológico y genético, sino también sus experiencias de vida como seres sociales. En efecto, nuestros hijos son el resultado de la herencia genética de generaciones pasadas, pero al mismo tiempo, reciben todo el bagaje que el padre y la madre han ido incorporando debido a sus actividades habituales, tanto en lo intelectual como en la cultura en general. De allí que cobra mucho sentido aquella frase coloquial que afirma que los hijos salen corregidos y aumentados.

Tal reflexión está motivada por una experiencia reciente en el sistema educativo nacional. Resulta que en días pasados acompañé a mis nietos a comprar sus útiles para el presente ciclo escolar en el colegio donde están inscritos. Mientras la madre de ellos se ocupaba de realizar los trámites para la adquisición de la larga lista de libros, cuadernos y demás enseres que usarán en sus estudios, me puse a observar aquellos rostros compungidos, angustiados, nerviosos, presurosos, pero altamente comprometidos de los padres de familia, quienes, junto a sus retoños, procedían a realizar tales compras.

Los hijos, por su parte, se miraban seguros, entusiasmados y optimistas, tomados de las manos de sus padres, realizando este acto hermoso de transferencia de roles, que, sin duda, les permitirán ocupar una posición en la sociedad como personas de bien. Estoy seguro de que, ellos a su vez, llegado el momento, desarrollarán este mismo rol de padres responsables frente a sus futuros hijos. Y aunque existen muchos casos de progenitores irresponsables que no piensan en el futuro de sus proles, la verdad es que es muy esperanzador observar el nivel de entrega de quienes, a base de privaciones de diversa índole, ahorran hasta el último centavo para sacarlos adelante.

Este fenómeno en términos macrosociales no es más que gente ayudando a gente. Generaciones adultas comprometidas con niños y jóvenes, en el ciclo hermoso de la transferencia de saberes, conductas y comportamientos. Nada más promisorio y elocuente que ver a un padre de familia, contar con sus dedos temblorosos aquellos billetes que van saliendo de sus tímidos bolsillos y los entregan como un acto de amor a cambio de una bolsa de útiles, seguros de que en esta se compromete el desarrollo de sus hijos.


Pienso que, así como algunas aves enseñan a volar a sus crías lanzándolas al abismo, los seres humanos en cambio utilizan un lento y sofisticado proceso de formación de capacidades en sus descendientes. Y si a veces median algunos latigazos y nalgadas por parte de los padres, esto sea quizá como una manera de canalizar la frustración por alguna meta no alcanzada y no por falta de amor. Creo que una buena parte de los seres humanos prefieren no comer por dar a sus hijos los medios más elementales para salir adelante. Muchas gracias gente hermosa.

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