viernes, 6 de abril de 2018

GENTE COMO UNO



Cada día salgo a la calle con la frente en alto, a ganarme el jornal.

No pido ser recordado, ni por bueno, ni por malo. Como todo ser humano algún día abandonaré este valle de lágrimas y mi cuerpo sufrirá la natural transformación de la materia, sea que decida la incineración, o bien, despojarme de un poco de egoísmo y permitir ser comida para otros seres de la escala inferior: los gusanos.
No me interesan las estatuas postreras, ni los homenajes, ni reconocimiento alguno. Quizá solo alguna lágrima de un ser querido que bañe el recuerdo hermoso de los días vividos, de las penas compartidas, de las alegrías atesoradas como trofeos del diario vivir en una sociedad cada vez menos estable, menos solidaria, menos dispuesta al perdón, menos comprometida con los grandes intereses nacionales, menos armónica, menos tolerante.
Alguna vez escribí este pequeño poema: He visto pasar la vida/simplemente como el agua/sin detenerme a contemplar/si he sido mar/o he sido río/o quizá tan solo he sido/una gota de rocío/pero he visto pasar la vida/tan clara como he podido. A la altura de mis próximos 67 años, estoy más convencido de aquella valoración de entonces; y no pretendo cambiarla. Cada día salgo a la calle con la frente en alto, a ganarme el jornal, con los peligros que, como cualquier guatemalteco de a pie, debo enfrentar.
¿Por qué habría de cambiar mi hoja de ruta si me ha dado buenos resultados? Es verdad que no he sido un personaje relevante en la política nacional, ni en el mundo empresarial, ni en la high life o el jet set, ese mundillo que aparece en las revistas rosas y en las páginas de los periódicos y que se codea con la flor y nata de la realeza mundial. ¡Ja, ja, ja! A decir verdad, la ropa de casimir me produce alergia. Ustedes dirán que soy un tonto por no aspirar a dichos niveles de vida; y respeto su opinión, aunque no la comparto.
Nunca he pretendido acumular riqueza, quizá por ello, no me quita el sueño no saber con exactitud si comeré mañana; me interesa, eso sí, que mis seres queridos tengan el sustento porque es a través de su bienestar que persigo mi propio punto de equilibrio. ¿Deudas? Las tengo a montones y variadas: económicas, emocionales, sociales, y un largo etcétera; pero tampoco me quitan el sueño, porque sé que en la medida de mis posibilidades las solventaré, o cuando muera, los demás se olvidarán de ellas. Habré saldado cuentas con la vida.
He vivido con el espíritu de un alma libre; he sido un alma libre. Nadie ha podido encarcelar mi corazón ni mucho menos mi conciencia. Como todo ser humano he cometido errores, y muchos, mas no me doy golpes de pecho por ello, sino he tratado de aprender de estos, para no tropezar dos veces con la misma piedra. No tengo vocación de mártir.
Me encanta la poesía de Amado Nervo, especialmente aquel poema que refleja a gente como uno: porque veo al final de mi rudo camino/que yo fui el arquitecto de mi propio destino. El poema termina así: Amé, fui amado, el sol acarició mi faz/¡Vida, nada me debes!/¡Vida, estamos en paz!

viernes, 30 de marzo de 2018

4 POEMAS PARA EL DESCANSO

Del poemario "Del diluvio y la calma" Carlos Interiano (2000)

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LAS PALABRAS

En un punto las palabras
se entrecruzan
dialogan
se abrazan
vociferan
se distancian
enmudecen a veces
cuando el abismo de la sintaxis
quebranta su fe de ser hermanas
en el dolor y la alegría. Sólo entonces
las palabras pierden vida
Sólo entonces las palabras son cadáveres
andantes en la piel
amarillenta de los libros


MIMESTISMO

En la amargura las palabras
cohabitan silenciosas
En la alegría saltan sonríen
se abrazan

En el dolor
se retuercen como alfabetos
esquilmados

En la paz
se deslizan lentamente
como tinta indeleble
de un lejano verso

Las palabras son así
¡Quién las entiende!


CUANDO MUEREN LAS PALABRAS

A veces las palabras
envejecen
descalcifican su acento
Enmudecen
Arrastran su voluntad
de ser hermosas

Se debilitan

Mueren

Al sepelio de una palabra
solo acude la voz dolida
de un poeta


CANCIÓN DE OTOÑO

En otoño las palabras
caen
desfallecen
las arrastra el viento

De sus cansadas letras
se van desgajando los años

Un punto y aparte
las separa de sus virginales días

¡Cuánto vigor encierra
una palabra joven!

¡Cuánta nostalgia vierte
la arrugada voz de una anciana
palabra!

viernes, 23 de marzo de 2018

Matheus Kar: Voz de poeta

Publicado en el Diario de Centro América el 23 de marzo de 2018



                                           Foto original: Manuel José Arce (editada)

Quizá un nuevo Premio Nobel de Literatura nos aguarde a los guatemaltecos. Quién sabe.

La generación de poetas de postguerra está en constante desarrollo, buscando formas estéticas para decir su verdad, frente a la agonía social que no resolvieron los Acuerdos de Paz. Los poetas de postguerra son seres inconformes que no vivieron el conflicto armado interno; sin embargo, lo presienten en los engranajes oxidados del sistema. Algunos poetas jóvenes retratan su propia existencia usando un lenguaje coloquial, no persiguen el sentido figurado y prefieren lo llano y rutinario.

Matheus Kar es diferente. A sus escasos 24 años de edad tiene legítima voz de poeta maduro. Con un considerable recorrido por la literatura, especialmente la poesía, posee una propuesta estética muy destilada, depurada y perfectamente acorde a las tendencias de la literatura actual. No es el poeta denotativo que le canta a la naturaleza o a las cosas simples con un lenguaje literal. Sus palabras, engarzadas en versos cuidadosamente trabajados, están siempre cargadas de un sentido retórico, poético, a veces con recursos estilísticos que rompen con la lógica del pensamiento común.

Veamos este fragmento lleno de dolorosa realidad sobre la infancia desvalida: Un niño reza:/pide que no te acabes la hamburguesa/y la eches, como siempre lo haces/en el bote de reciclaje;/y así esperar doce horas/hasta que saquen la basura/y al fin poder tomar su desayuno/.

Matheus Kar convierte un asunto rutinario en una obra poética, tal como se refleja en el siguiente fragmento: Mi gato es mueble,/valija silenciosa/de travesuras que tropiezan./Mi gato, que en realidad es gata, no tiene género./Pues ayer cumplió dos años muerta./Pero, entre todo lo muerto,/su recuerdo es lo más vivo en esta casa/.

De su próximo libro de poesía, su poema Diario, inicia con los hermosos versos: la juventud me cincela/no sé en qué orilla en qué naufragio/pero en toda mi consciencia.

Este espacio, en realidad es muy corto para bosquejar siquiera, la enorme calidad poética de este joven escritor. Inquieto, como es, Kar es colaborador en algunos blogs y otros ámbitos de expresión artística. Y aunque, como él mismo afirma, “su muerte sigue sin definirse”, estamos seguros que dentro de diez, veinte, treinta o cuarenta años, estará, sin lugar a dudas, en el parnaso de los más connotados poetas mundiales. Quizás un nuevo Premio Nobel de Literatura nos aguarde a los guatemaltecos. Quién sabe. Así comenzó Asturias en la generación del 20.


Entre los méritos que hoy conforman su carta de presentación, Kar obtuvo mención honorífica en el certamen Mi ciudad en 100 palabras (2014). Fue ganador del II Certamen Nacional de Narrativa y Poesía “Canto de Golondrinas” (2015). Obtuvo mención honorífica en el certamen Cantos de Trova (2015), organizado en Antigua Guatemala. Primer premio en poesía, Editorial Universitaria “Manuel José Arce” (2016). La Universidad de San Carlos publicó su poemario Asubhã (2016). En abril próximo estará presentando su nuevo libro de poesía: Alturas de Wall Street. ¡Éxitos asegurados, Matheus Kar!

jueves, 22 de marzo de 2018

LAS CIUDADES (vídeo)





Con el puñal afilado de sus rótulos luminosos
las ciudades te hunden en las entrañas
los anuncios de exóticos productos
Te cambian la vida
Te vacían los bolsillos
Te sumergen en la espiral del consumismo
sin que puedas respirar serenamente

Las ciudades agotan tus defensas
Se tragan tus sueños
Engullen a bocado lento tus planes de una serena vida
Te inyectan en las venas el elíxir de la locura
Le ponen el cerrojo a tu determinación de ser persona
y te vuelves objeto
mueble viejo
guijarro
polvo
espina

Las ciudades son abrevaderos de ponzoña
ilusiones rotas
secuestrada esperanza
canción bohemia para no morir de hastío
Las ciudades son luciérnagas artificiales que camelan
los sentidos

En una ciudad cabe todo el odio del mundo
En una ciudad la envidia, la mezquindad y la inquina
se convierten en el pan de cada día

Las ciudades te encaminan
por desolados destinos
roban tu libre albedrío
cercenan la razón
te estrujan el alma
la dicha
la vida

Las ciudades te hipotecan la alegría
Enajenan la dicha de ser hombre
de ser mujer
gato
perro
campo
serranía
niño dormido en el regazo

Las ciudades te fusilan el encanto
de acostarte niño y despertarte anciano

Finalmente
las ciudades
se tragan la poesía

viernes, 16 de marzo de 2018

La procesión de la poderosa vulva



Vivimos en una era donde se practica la doble moral, por no decir, morales múltiples.

Esta semana las redes sociales cimbraron con las pancartas donde se exhibía el “Conjunto de las partes que rodean la abertura externa de la vagina” (Diccionario de la Real Academia Española). Eran varias pinturas que presentaban imágenes explícitas de las partes mimadas del cuerpo femenino. 

Aclaro que, según mi apreciación, el movimiento feminista y las mujeres en general, no tienen necesidad de recurrir a estas estrategias para hacer valer sus derechos y deberes ciudadanos. Es verdad también, que, en Guatemala, las mujeres han permanecido invisibilizadas, y si bien es cierto, se reconoce la igualdad de género, en la práctica sigue siendo un secreto a voces las frases con las que se inician las diferentes ofensas a su calidad femenina: tenías que ser mujer…
El acto en sí no puede ser calificado ni de vulgar, ni de incorrecto, a la luz de los cánones ajenos a la moral impuesta desde hace muchos años. Aunque, bajo la lupa de los valores cristianos que han gobernado la conducta humana desde hace dos milenios, y especialmente la religión católica, esta manifestación constituyó una afrenta a la religión que durante muchas centurias se ha arrogado el derecho de ser la única receta para ser virtuoso.
A decir verdad, aparte de lo exagerado de las imágenes que adquieren relieves de hipérbole, mostrar una parte oculta del cuerpo nada tiene de raro. La publicidad está plagada de imágenes mucho más “calientes” que los simples dibujos que, por cierto, no incitan en lo más mínimo, al morbo. 

En algunos países menos conservadores, las manifestaciones de hombres y mujeres se hacen en pelota, y allí la gente se aglomera como hormigas, a echar un taco de ojo, por pura curiosidad o malicia concupiscente. Otras expresiones de protesta, como el movimiento lésbico, el gay, los trans, los supertrans, o como se hagan llamar, y alguno que otro metrosexual, de esos que se pulen y pintan las uñas, se esmeran en su arreglo personal, se someten a costosas cirugías plásticas, no despiertan tanto enfado porque ellos sí se tapan “sus partes”.
Vivimos en una era en la cual se practica la doble moral, por no decir, morales múltiples. He sabido de “terapias de grupo” en las que el Kamasutra palidece frente al desenfreno y capacidad imaginativa de sus miembros. Por supuesto, los domingos van a misa, y se confiesan y sacan su lengua aguardentosa para recibir la sagrada hostia.
Repito, esas pancartas me parecieron burdas, pero no por motivos religiosos. Simplemente porque considero que mostraban detalles que toda mujer sabe que tiene y todo hombre en edad adulta los conoce hasta la saciedad. Un plantón frente al Congreso u otra institución con decisión política hubiera sido más efectivo para reivindicar su situación de inequidad frente al sistema. Lo exagerado del tamaño de tales signos me hizo recordar, sin quererlo, aquellos anuncios sobre hamburguesas que llenan la pantalla del televisor, pero cuando uno acude a un restaurante se desilusiona ante el tamaño real, que cabe en la palma de la mano.

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo