sábado, 8 de agosto de 2015

¿Refundar el Estado?

Publicado en el Diario de Centro América, el 7 de agosto de 2015


Ya lo dijo una vez Alfonso Portillo: "En época electoral todos mienten", y ¡ay de aquel que sea crea sus mentiras"

En época de elecciones se escuchan muchas propuestas; ofrecimientos que van desde ampliar la cobertura de las bolsas de alimentos, pasando por enseñar a leer y escribir al ciento por ciento de los guatemaltecos. La propuesta que más me ha impacto es aquella relacionada con refundar el Estado. Creo que el candidato que hace esta propuesta no tiene la más peregrina idea de lo que esto significa.

En efecto, refundar significa “volver a fundar”, es decir, un borrón y cuenta nueva de la complicada y profunda gama de factores que conforman un Estado; desde redefinir su territorialidad hasta modificar su aparato económico y productivo, su régimen jurídico y político, amén de su conformación ideológica con toda su gama de estructuras que atraviesan lo educativo, lo científico, lo cultural, lo religioso, lo artístico y un sin fin de etcéteras.

Si tan siquiera nos propusiéramos introducir un cambio estructural en lo económico, tendríamos que hablar de cambiar el modo de producción imperante (formalmente el capitalista, aunque con serias asimetrías); esto se relaciona necesariamente con el régimen de propiedad de los medios de producción, redefinir las relaciones sociales de producción, actualizar la infraestructura productiva, y otra serie de medidas que ningún político, en su sano juicio, se atrevería siquiera a cuestionar. Si para introducirle algunas pírricas reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos se han llevado ya bastante tiempo, entre discusión y elusión, imagínese usted lo que sucedería si se pensara refundar el Estado. Cuba, en todos sus años de revolución, no ha podido aterrizar y profundizar todas las reformas que se habían propuesto al inicio. Pensar que un candidato, ya hecho presidente, pueda refundar el Estado es algo así como soñar con los “coyoles del gallo”, como dice el refrán popular.

Los candidatos en su afán de atrapar electores ofrecen el oro y el moro; corresponde a la ciudadanía cernir con el lente de la crítica objetiva, las propuestas, a cuales mejores, ofrecidas por los políticos. Ya lo dijo una vez Alfonso Portillo: “En época electoral todos mienten”, y ¡ay de aquel que se crea sus mentiras! Lo más que puede alcanzar un presidente en cuatro años de gobierno es realizar algunas reformas o acomodos a situaciones puntuales; es decir, proponer reformas a algunas leyes vigentes, modificar impuestos, cambiar algunas normas en los manuales y procedimientos administrativos, así como construir alguna obra física o inaugurar chorritos.

Los más bien intencionados podrían iniciar y completar una decidida estrategia de combate a la corrupción, iniciada desde los niveles más bajos hasta los más encumbrados oropeles del poder. Esto, si bien es cierto, no es todo, sería un excelente principio para construir y heredar a la Nación, los cimientos de una ética del servidor público.

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