viernes, 9 de marzo de 2018

El fenómeno KISS

Ya no tenemos el tiempo de antes, en donde todo era pausado y había momentos de profunda reflexión.

En teoría del diseño, en ventas, entre otros campos del conocimiento,existe un principio denominado Kiss, un acrónimo de la frase en inglés keep it simple, stupid, algo así como “¡Mantenlo sencillo, tonto!”.
Mi madre conocía este principio de manera innata. Con basta experiencia en ventas se resistía siempre a recibir aquellas famosas “clínicas” donde mantenían sentados a los vendedores por varias horas, sometiéndolos a sofisticadas técnicas para atraer la atención de sus potenciales clientes.
Ella decía que eso era perder el tiempo y prefería salir a la calle con su maleta llena de joyas, dispuesta a “enganchar” compradores. Su fórmula, muy sencilla: tocaba la puerta y cuando alguna señora le abría, con un gesto de sofoco, saludaba y le pedía que “por favor” le regalara un vaso con agua. 

Enseguida, cual arañita tejedora, comenzaba a hilvanar su conversación. Que mire ¡qué linda persona es usted, se vería preciosa con una de estas joyas que vendo! Baste decir, que mi madre vendió cientos de joyas, con su estilo muy sencillo y peculiar de atender a la gente para hacer que esta le entendiera. Como recuerdos añorados conservamos algunos de sus trofeos y diplomas, declarándola vendedora estrella.
En el terreno político, el principio Kiss, es de vital importancia. Sobre todo, en sociedades en las que el tiempo es un factor tan preciado como el oro. La gente vive en una vorágine de problemas que solucionar, retos que enfrentar y acciones que tomar en menos de 30 segundos.
Ya no tenemos el tiempo de antes, en el cual todo era pausado y había momentos de profunda reflexión. Los cerebros de hoy día han acelerado el proceso de pensamiento para la toma de decisiones.
Por ello, los procesos de comunicación política requieren cada vez más una estilística sencilla, eficiente y eficaz. Entre menos envoltorios retóricos tenga un mensaje mayor será su efectividad. Recuerdo que hace muchos años, en una campaña presidencial había dos contendientes con discursos diferentes.
El primero, un hombre muy culto, austero en su comportamiento público, con un lenguaje refinado, grabó un spot que decía más o menos así: “A los mercaderes tendremos que sacarlos del templo de la patria”, en franca alusión a las autoridades de turno de la época.
El otro candidato también atacaba al gobernante, pero lo hacía con un estilo muy diferente; entre otras cosas, difundió un spot con la adaptación de la letra a la música de una canción que estaba en el corazón del gusto popular: “Sacaremos a ese buey de la barranca”. El juego de palabras estaba combinado con un hombre joven, barriendo y bailando frente al Palacio Nacional.
La simpleza de ese mensaje, y por supuesto, la sagacidad política de dicho candidato lo hicieron remontar de un modesto cuarto lugar en las encuestas, a la silla presidencial. Que no supo mantenerse en el puesto, es otra historia que nada tiene que ver con lo simple del discurso, sino con acciones políticas equivocadas.

viernes, 2 de marzo de 2018

EL EFECTO BENJAMÍN FRANKLIN

Publicado en el Diario de Centro América el 2 de marzo de 2018

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El factor sorpresa es siempre positivo y produce una revalorización de la imagen del líder por parte de sus oponentes.

Benjamín Franklin fue una de las mentes más brillantes de los Estados Unidos durante el siglo XVIII. Sus dotes de académico, político, inventor, legislador y su infatigable lucha por la independencia de aquel país, son algunos de los méritos que le han valido para ser considerado por la sociedad americana como “The First American”.
La autobiografía de Franklin refiere que, siendo miembro de la Asamblea Legislativa de Pennsylvania, había un opositor que constantemente hablaba en su contra sin causa aparente.
Brillante como era, pero preocupado por la animadversión de su opositor, Franklin ideó un plan para ganarse su confianza. Dicho plan rompía con la lógica común que cualquiera aplicaría, o sea, hacer favores para ganarse la simpatía de los demás. En vez de eso, él visitó a su oponente y le pidió prestado un libro cuya circulación era escasa, pero él sabía que aquel lo poseía. El asunto es que este le prestó el libro, el cual fue devuelto una semana después con una nota de sumo agradecimiento por el gesto.
A partir de ese incidente, los ataques desaparecieron, hubo mucha cooperación en sus asuntos en la Asamblea Legislativa, y ambos entablaron una profunda y duradera amistad. Como resultado de esta experiencia, Franklin acuñaría esta frase: “Es más probable que te haga otro favor alguien que ya te ha hecho uno previo que no uno que te lo debe a ti”. Este fenómeno es conocido hoy como “El efecto Benjamín Franklin”.
La anécdota anterior es una valiosa lección para quienes, en el ámbito político o vida personal, quieren limar asperezas o tender puentes de entendimiento con personas que les son adversas. En política no hay amigos ni enemigos, solo circunstancias. De ahí que resulte muy provechoso que se tiendan puentes entre los más feroces adversarios y se refuercen aquellos con quienes se mantienen buenas relaciones.
En el moderno lenguaje de la negociación se conoce el concepto de operadores políticos. Este rol lo desempeñan personas con mucha experiencia y conocimiento en resolución de conflictos, dado que en una circunstancia de estas hace falta la agudeza, inteligencia emocional y vivacidad del lenguaje para producir distensión en las relaciones. Un buen operador político es aquel que logra disminuir, e incluso anular, el antagonismo de dos actores en pugna.
Sin embargo, nada hay más provechoso que el líder, asumiendo una actitud conciliatoria, se acerque a sus opositores para solicitarles apoyo personal en los proyectos que pretende impulsar. El factor sorpresa es siempre positivo y produce una revalorización de la imagen del líder por parte de sus oponentes. Hacerle un favor a un adversario produce un efecto psicológico denominado consistencia cognitiva, lo cual, en lenguaje sencillo, significa “si yo le hice un favor es porque lo considero digno de ello. En consecuencia, acomodo mi apreciación positiva a su imagen, para no ser incongruente con mis propios valores”. Cosas de la mente humana.

domingo, 25 de febrero de 2018

VISIÓN AL FILO DE LA INFANCIA


Un poema de mi libro inédito "Las horas desnudas" para leer en domingo.

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Un río de luna bañaba sus ojos
Celajes de púrpura sus labios teñían
Y encendían siempre farolas sus pechos
Y eran de alabastro sus cándidas manos

Mas, en mis pesares de sueños de infante
Martillaban crueles, en mi alma, las orlas
y encajes de finas estampas
que le daban forma de princesa y diosa

No supe cuán lejana y sola mi vida quedaba
al marcharme lejos. Rasgaba el silencio
de niño marchito, una perla líquida
en la tierra fértil de triste mejilla.

Los días de infante se habían fugado
persiguiendo sueños de infinitos pasos
quedaban tan solo harapos regados
sueños lisonjeros disueltos al viento

viernes, 23 de febrero de 2018

LOS FUSIBLES

Columna del Diario de Centroamérica 23.2.2018


Los funcionarios son fusibles que pueden ser cambiados en cualquier momento y a cualquier hora.

Un amigo me comentaba sobre los cambios que hacen los presidentes en su equipo de gobierno. Me decía que daba la sensación de que los mandatarios no tienen gente para gobernar. O bien, que los partidos en el poder no se preocuparon por preparar cuadros técnicos para ocupar los cargos más importantes de la administración pública. Es una verdad a medias.
La otra cara es que, en política, no hay nada escrito en piedra. Es un campo de los más dinámicos que existen. Nadie llega a un puesto acariciando cuatro años, sino más bien, pensando que puede acostarse ministro y despertarse como un ciudadano común. Los vientos de la política van y vienen y a su paso a veces dejan una estela devastadora. En algunas ocasiones los cambios se producen sin pena ni gloria. Otras, por el contrario, son precedidos de vientos huracanados.
En la historia política del país han existido gobernantes que, con el nombramiento, exigen al funcionario su carta de renuncia; y la guardan bajo la almohada a la espera del menor descuido para hacerla pública. Así de gruesa es la política, y así de cruda la realidad que viven los funcionarios. Son fusibles que pueden ser cambiados en cualquier momento y a cualquier hora, con el fin de mantener la estabilidad y la salud de la administración pública. A veces, no es culpa del funcionario el hecho de ser cambiado. Puede deberse a intereses más globales, o bien, a medidas estratégicas que buscan mantener a flote al régimen de turno.
Nada de extraño hay en el cambio de funcionarios; al fin y al cabo, los únicos que pueden presumir de estar en el poder por un período completo son el presidente y el vicepresidente. A veces, ni ellos, tal como sucedió en el pasado reciente del país. En otros ámbitos, las reinas de pueblo suelen terminar el período para el que fueron electas.
Generalmente cuando un presidente juramenta a su Gabinete por primera vez, le advierte que no les promete el puesto por todo el período; y dependerá de muchos factores que un funcionario permanezca en su cargo. Sacar mucho la cabeza, como se dice corrientemente, le puede costar a un funcionario que se la corten. No debe olvidarse que, como persona pública, millones de ojos están sobre él y le esculcan el menor de los movimientos y acciones. La vitrina del Estado es de cristal y puede romperse ante cualquier golpe de viento.
El peor espejismo para un funcionario es emborracharse de poder y perder de dimensión que este será siempre efímero, y que tras sus mieles se esconde el más letal de los venenos. Nada es eterno en este mundo, y el poder, menos. Es verdad que el poder eleva el ego de algunos funcionarios, pero también es cierto que, al menor descuido, les da un remezón que los deja viendo estrellas.
Una vez, mi recordado amigo Julio Santos, quien ocupaba un alto cargo en el gobierno de Vinicio Cerezo, al preguntarle si aún permanecía en este, me dijo: estoy agarrado de una ramita, pero ayer cobré mi sueldo. Y sonrió, con esa mueca sarcástica muy propia.

viernes, 16 de febrero de 2018

50 AÑOS

Saludos a todos mis compañeros de promoción Centenario con quienes nos conocimos hace 50 años.


En el ábaco del tiempo, medio siglo es un camino muy largo. 1968 es el parteaguas que le dio a mi vida un antes y un después. Recuerdo aquel día radiante del mes de enero cuando iniciaba mis estudios de secundaria en nuestro recordado Instituto Normal para Varones de Oriente –INVO–. Me habían asignado a la sección “C”, junto a decenas de jóvenes que compartirían conmigo los mejores seis años de mi vida.
Hoy hace 50 años conocí a una pléyade de seres humanos, con el rostro iluminado por la aventura de ser mejores. Los más tímidos, como yo, albergábamos un temor imaginario por un devenir que se nos presentaba incierto, no obstante que estaban conmigo recordados compañeros de la primaria, como Oscar Mateo, Carlos Chang y Elder Samayoa. El resto de condiscípulos sería una aventura por descubrir en la gran piedra filosofal de la amistad.
Ese año, sin lugar a dudas, constituiría el pilar donde se forjaría mi personalidad de adulto, compartiendo banca con estudiantes que serían los amigos entrañables, a quienes, ni el tiempo ni la distancia, han podido borrar. Nombres como Ricardo (Tito) y Marcio Ibarra, Ernesto Sagastume, Ovando Morales, Oscar Mateo, Mario Vásquez, Abel Deras, Oswaldo Suchini, contribuyeron a mi crecimiento emocional e intelectual, por lo cual ocupan un lugar especial en mi memoria y en mi corazón. En esa sección yo era, por cierto, el mayor, con 16 años de edad y Tito Ibarra, el más pequeñito, con tan solo 10 años.
Los tres afluentes que conformamos las secciones de primer grado de aquel año constituirían la brigada estudiantil bautizada en la postrimería de nuestra carrera como promoción Centenario, dado que en 1973 nuestro instituto cumpliría sus primeros 100 años de existencia y una fructífera proyección educativa en el oriente del país y allende nuestras fronteras. En 1971 se sumarían otros compañeros, quienes nos acompañaban en la carrera magisterial.
Aquellos años, pletóricos de dicha, allanarían el camino de una vida profesional en la que, sinceramente, los amigos que fui forjando con el tiempo, se cuentan con los dedos de la mano, con el serio temor de que me sobren dedos. Me convertí en algo así como un lobo solitario, un alma navegando contra marea, sin puertos ni horizontes, pero el recuerdo de aquellos amigos y compañeros me ha dado la fortaleza suficiente para enfrentar los afanes cotidianos.
Los años han transcurrido, y no en balde. Estos cincuenta años nos han pasado factura. Algunos compañeros han emprendido el camino hacia la eternidad; y si las leyes de la física cuántica son inalterables, seguramente estarán acompañando a alguna estrella lejana, o, más cerca de lo que pensamos, en quantums adheridos a nuestra arrugada piel, y vivirán en nosotros, por el tiempo que se nos preste la vida. Amo el recuerdo porque en él los seres que añoramos permanecen químicamente puros, inalterables. Saludos a todos mis compañeros de promoción Centenario con quienes nos conocimos hace 50 años.

viernes, 9 de febrero de 2018

¿La vieja política?

En el ámbito público existen diferentes maneras de ejercicio político, que nada tienen que ver si se trata de vieja o nueva política.
Quizá deberíamos preguntarnos ¿cuál vieja política? En términos generales no existe ni vieja ni nueva política. Hay buenos y malos políticos, políticos honestos y políticos marrulleros. Punto. Para qué darle tantas vueltas al asunto.
La política es concomitante a la historia del ser humano. El hombre, en sí mismo, es un animal político, característica que le ha permitido buscar y ejercer el poder como una manera de realizar cambios en su entorno cultural, social y económico. De esta forma, la política está íntimamente ligada al poder, cualquiera que sea su expresión. Se ejerce política en el poder económico, en lo religioso, deportivo, académico. Incluso, se ejerce política en el núcleo familiar. ¿Acaso usted no ejerce su cuota de poder como padre o madre, o como hijo, nieto, tío, abuelo?
Existen muchas definiciones de política. Algunos indican que es el arte de crear consensos; el arte de gobernar; el arte de tomar, mantener o debilitar el poder. Otros dicen que política es el arte de transigir, de negociar (en el buen sentido del término). También se dice que en política no hay nada escrito, toda vez, que está ligada a las pasiones, aspiraciones, necesidades, intenciones y creencias que los seres humanos tenemos frente a la vida pública y también a nuestro ámbito privado.
En el ámbito público existen diferentes maneras de ejercicio político, que nada tienen que ver si se trata de vieja o nueva política. Alrededor de esta visión surgen los más encarnizados debates, y muchas veces, un sinfín de argumentos sin sentido.
Como puede verse este fenómeno es que, por un lado, existe una clase de políticos que han hecho del poder público su mina de negocios personales, transas ilegales, corruptela desenfrenada, equivocado ejercicio de la cosa pública para su propio beneficio. Si a esto se le llama vieja política me parece que es meter a todo el mundo en un mismo canasto, y eso no es justo. A través de la historia humana, han existido políticos de esta calaña, pero también han florecido hombres y mujeres dignas de respeto y admiración por su conducta recta, sus principios éticos y morales dignos de imitar.
Hablar de vieja y nueva política es abordar el problema en forma simplista; y en este error de generalización se puede caer en un terreno pantanoso que no lleva a identificar los verdaderos problemas de un inadecuado ejercicio del poder público. Nadie puede asegurar que un político nuevo desempeñará sus funciones de manera cristalina y honesta porque esto está en el fuero de cada uno, según sus patrones de crianza, sus principios éticos y morales y su formación ciudadana. 
Me parece que lo que está en evidencia es que vivimos en un mundo decadente, en donde se ha perdido todo sentido ético y compromiso ciudadano en el ejercicio de la cosa pública. Una sociedad individualista en la que prevalece el interés personal por sobre los intereses colectivos; cada uno ve el derecho de su nariz, importándole un bledo los demás.

viernes, 2 de febrero de 2018

La política: arenas movedizas

Por supuesto que no debe tomarse a la política como algo inadecuado y poco recomendable.

En política, no hay nada escrito. La política es una página en blanco, cuya escritura a veces está calzada a sangre y fuego. Y si bien es cierto, se le define como el arte de gobernar, es más bien, el arte de lo imposible. En Guatemala esto es particularmente cierto, sobre todo en los últimos años, en los que “Se ha visto a muertos acarrear basura”, como bien dice el refrán popular.
De todas las actividades humanas, la política es quizá el telón que cada día anuncia una nueva obra, un nuevo espectáculo, un nuevo juego de roles e intereses; al punto que se le compara con arenas movedizas que, si no se sabe caminar sobre ellas, al menor movimiento nos hunde hasta el cuello, e incluso, nos elimina el aliento. Después de un buen remezón de estas arenas, el olvido se cierne como una enorme lápida.
En el escenario que se ha pintado en nuestro país a partir de los acontecimientos políticos que movieron el espectro nacional, ya nada ha sido igual. La vieja política, por cierto, se ha visto penetrada por nuevos modelos de ejercer el poder público, con actores que hasta hace pocos años no eran visibles, o carecían de peso en los diversos espacios de participación. Los viejos políticos, otrora caciques en sus respectivos departamentos, timoneles de estructuras partidarias que movían masas, han ido visitando, uno a uno, el banquillo de los acusados, en una suerte de danza macabra que pone fin a privilegios y desnuda los finos tinglados de influencias personales en el ejercicio de la cosa pública.
No viene al caso citar nombres y apellidos; conviene más bien, centrar nuestra atención en los procesos de persecución, captura, juzgamiento y penalización de aquellos delitos que por muchos años eran un secreto a voces, pero nadie se atrevía a desnudar, por temor a represalias.
La institucionalización de la justicia como bandera de fortalecimiento democrático, sin duda ha dado buenos resultados. Y si bien es cierto, podrían darse algunos casos en los cuales se haya dado algún exceso en el proceso de perseguir, juzgar y castigar a los supuestos infractores de la ley, es indudable que el balance es positivo y hoy se cuenta con mejores herramientas de aplicación de la justicia, aunque no sea ni tan pronta, ni tan cumplida.
Por supuesto que no debe tomarse a la política como algo inadecuado y poco recomendable. Es, en esencia, un espacio de participación ciudadana que, bien administrado y correctamente ejercido, llena de méritos a los políticos y contribuye a formar una sociedad con mayores niveles de intervención en la cosa pública. No se trata de abstenerse de hacer política, por miedo a ser señalado de actos anómalos. Se pretende que, quien la ejerza, anteponga sus intereses personales y económicos a la razón primaria de esta: el bienestar ciudadano.
Si usted es un político justo y honesto seguramente no caerá en arenas movedizas y atravesará el pantano con la blancura de una flor de fango.

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo