sábado, 9 de abril de 2016

La década perdida

Publicado en el Diario de Centro América el 8 de abril de 2016



En los primeros años de los ochenta se cambió la política de seguridad nacional por la estabilidad nacional.

Estamos acostumbrados a criticar a las personas en lo individual por hechos cometidos en la vida pública, sin tomar en cuenta que alrededor de ellos existe siempre una red de personas que tejen y manejan los oscuros tinglados del poder. Acaso el funcionario público sea la cabeza visible de los hechos que se juzgan, pero no es el único responsable.  De ahí que en mi columna anterior sugiriera que debemos asumir responsabilidades como generación (y no solo la del cincuenta sino todas las generaciones que hemos tenido participación en la vida pública y las cosas del estado). Tanto peca el que hace como el que deja hacer.

En la historia del país han existido épocas muy tormentosas y de mucha trascendencia para los años futuros. Una de estas épocas es la década de los ochenta. Algunos sociólogos la han llamado la “década perdida”.  En el contexto internacional esta estuvo marcada por la agudización de las tensiones entre Estados Unidos y la antigua Unión Soviética. Se planteaba la posibilidad de una guerra nuclear. Para alivio de la Humanidad los sucesos no pasaron a más y comenzó el proceso de acercamiento entre ambas potencias, la segunda bajo la autoridad de Gorbachov.

Estos hechos a nivel mundial incidieron en el ámbito nacional. En los primeros años de los ochenta se cambió la política de seguridad nacional por la estabilidad nacional, programa surgido en el seno del ejército para facilitar el control del conflicto armado interno cuya lucha estaba ganando en el terreno militar pero estaba perdiendo en lo político. Los Estados Unidos congelaron la ayuda militar a Guatemala, la cual hoy día aun persiste.

En el plano económico, impactan en Guatemala las medidas tomadas por Ronald Reagan, las que se conocen como Reaganomics y sientan las bases para el enseñoramiento de la economía neoliberal. Los órganos de préstamo internacional hicieron eco de dichas medidas y propusieron sus famosas medidas de reajuste estructural. El fondo de estas era condicionar a los países a realizar ajustes drásticos en su estructura administrativa y económica bajo la condición que, de no hacerlo, se les cerrarían las ventanas de préstamo internacional.

De rodillas ante esta imposición de estos organismos, Guatemala realizó drásticas medidas de ajuste que impactaron inmediatamente en la canasta básica y demás servicios esenciales de la población.  Se produjo un estancamiento económico cuyo impacto aun se siente en pleno siglo 21. Los programas sociales se vinieron a pique. El conflicto armado interno alcanzaba la cresta máxima de su desarrollo. En la primera mitad de la década hubo miles de muertos, desaparecidos y exiliados.


En la segunda mitad de los ochenta el país inició su proceso de vuelta a la democracia, eligiendo a un equipo de gobierno cuyos ciudadanos habían nacido entre los años 30 y 40. Lleno de tensiones y contradicciones internas, el nuevo gobierno civil iniciaba los primeros encuentros de reconciliación nacional cuyo objetivo, a casi veinte años de haberse firmado la paz, aun no se consolida totalmente.

viernes, 1 de abril de 2016

¿Mea culpa?

Publicado en el Diario de Centro América el 1 de abril de 2016



En lo que va de los años dos mil, los nacidos en la década de los cincuenta se lamentan de no haber actuado a tiempo.

La generación nacida en los años cincuenta asistía a la educación primaria. Jugaba en las calles de los barrios con suma tranquilidad. Durante la década de los sesenta terminaba la primaria y comenzaba la secundaria. Eran niños y jóvenes alegres, juguetones, algunas veces se enfrascaban en peleas pero nada serio. Las niñas eran más recatadas y menos violentas. Al final de los sesenta la mayoría eran jóvenes que asistían a sus primeras clases de baile, hacían deporte. Algunos habían adoptado la moda del pelo largo.

En los años setenta, esa generación de los cincuenta oscilaba entre 20 y 30 años. Iniciaba su edad productiva y reproductiva. Algunos aún continuaban con su estilo de vida hippie. Otros se habían “cuadrado” y comenzaban a vestir trajes formales para ir al trabajo. La mayoría de muchachas se había casado. Algunos asistían a la universidad. Los centros urbanos aun eran lugares bastante tranquilos. En esa década sucedió el terremoto que dejó miles de muertos y familias sin techo.

Como consecuencia de esta catástrofe comenzó la primera gran oleada de migrantes hacia la ciudad Capital. Se expandieron los asentamientos y cinturones de pobreza. Surge una nueva clase social: el lumpen proletario, con oficios y trabajos de subsistencia, desprotegidos de todo régimen de seguridad social. Inician las primeras pandillas juveniles. Algunos jóvenes nacidos en los años cincuenta se sumaron a estos grupos antisociales. Otros ocuparon espacios políticos para alcanzar el poder del estado. Algunos se incorporaron a las esferas del ámbito público. En esa época hubo quienes iniciaron sus proyectos empresariales que hoy constituyen florecientes empresas.

En los años ochenta, los nacidos en la década del cincuenta eran ya adultos que ocupaban espacios de poder público y privado. Sin embargo, vivían en un clima de violencia político-militar que literalmente estancó al país. No se generaron políticas de desarrollo social; por si esto fuera poco, los órganos de préstamo internacional condicionaron su financiamiento a que el país aplicara las políticas de ajuste estructural. La llamaron la década perdida. Los nacidos en los cincuenta fueron parte protagónica de estos sucesos que comenzaron a resquebrajar al país.

En los años noventa, los nacidos en la década de los cincuenta eran ya cuarentones y cincuentones, interesados más en fortalecer su fortuna personal, sin preocuparse por las políticas públicas de desarrollo social. La guerra interna terminaba pero surgía una nueva ola de sórdida violencia, esta vez propiciada por los sectores antisociales: maras, bandas de secuestradores, matones a sueldo, extorsionadores, narcos, etc.


En lo que va de los años dos mil, los nacidos en la década de los cincuenta se lamentan de no haber actuado a tiempo, no en lo individual, sino de manera colectiva, como una fuerza social vigorosa para echar los cimientos de un país fuerte, socialmente responsable y económicamente viable. Yo nací en los años cincuenta. ¿Somos los únicos responsables? ¿Mea culpa?

sábado, 19 de marzo de 2016

La otra cara

Publicado en el Diario de Centro América el 18 de marzo de 2016

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En este marco no caben las desviaciones ideológicas, ni los actos mercantilistas de vender sexo en las aulas universitarias.

Respecto a mi columna de la semana pasada un querido amigo me escribió en Facebook lo siguiente: “Todo tiene un momento y un lugar. El evento de marras se pasó de la raya, y esa pasada no tiene nada que ver con la doble moral o algo parecido”. Tiene toda la razón: todo tiene un momento y lugar. Sin embargo, el tal “Bikini Open” es una actividad que, según me he enterado recientemente, se practica en las facultades desde hace muchos años. Lo hacían a puerta cerrada, convirtiendo en vulgar burdel los sagrados recintos de la Usac. Al parecer, esta vez hasta se permitieron el lujo de anunciarlo y cobrar por el evento.

Esto último le da un giro al análisis y pasa de lo meramente moral a un hecho que pone en evidencia la pérdida de contenido político de las actividades huelgueras en la Tricentenaria. Hace muchos años, aun en el calor del conflicto armado publiqué una columna donde criticaba el uso de las capuchas, bajo el argumento que estas incitan a posible impunidad. Hoy lo ratifico. También he criticado en varias ocasiones el uso de uniformes de colegialas en el desfile bufo porque considero que atenta contra la dignidad de las mujeres.

Para no pecar de moralista, el acto sodomista, lo que pone de manifiesto es una total ausencia de rumbo político-ideológico de lo que por muchos años se consideró una legítima protesta del movimiento estudiantil respecto a los diferentes problemas nacionales. Esto forma parte de la completa desvalorización que vive el país, donde los actos violentos, secuestros, asesinatos, asaltos, y otros vejámenes a la dignidad humana se producen a diario. El país ha perdido referentes éticos.

A esta problemática no escapa el movimiento estudiantil en la Usac, sin ideales que perseguir, sin hoja de ruta que cumplir, se debate hoy en una especie de nihilismo político y social, donde los valores tradicionales no encajan, o simplemente se burlan de ellos. Parece un contrasentido que el cese del conflicto armado trajo consigo un proceso de implosión de aquella bandera que había recogido el movimiento estudiantil (y por supuesto, la Huelga de Dolores) de denunciar los problemas estructurales y los desmanes de los actores de poder en Guatemala.

Creo que la Usac debe hacer un sereno acto de reflexión ante estos hechos y comprometer a todos los sectores que la integran en un proceso de fortalecimiento ético de su actuar. No es un secreto que, por ejemplo, en la enseñanza, algunos profesores dan gato por liebre, y algunos estudiantes devuelven gato por liebre. Otros, ni gato, ni liebre.


Es urgente que en nuestra Alma Mater exista un centro de formación política que contribuya a reorientar esa energía de rebeldía y protesta en un caudal de legítima defensa de los intereses ciudadanos. Y en este marco no caben las desviaciones ideológicas, ni los actos mercantilistas de vender sexo en las aulas universitarias. En otras palabras, ir más allá de un simple acto de porquería instintiva y pasar a los umbrales de la civilidad.

viernes, 11 de marzo de 2016

Bikini Open

Publicado en el Diario de Centro América el 11 de marzo de 2016

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Lo que supuestamente sucedió en la Alma Mater no es nuevo en una sociedad donde la moral puritana y la mundana se funden en una sola.

En la antigua Roma se celebraban festividades para rendir honor al dios Baco, una alegoría que representa a un personaje mítico cuya principal función era fabricar vino y distribuirlo a sus invitados. Aquellos, a cambio, llevaban sus mejores doncellas y allí se armaba la molotera con borracheras, orgías y escándalos incluidos. A estas actividades se les denominaba “bacanales”, en honor a este generoso dios que se encargaba de alivianar las penas de los mortales. En la antigua Grecia había existido una alma gemela, Dionisio, dios del vino y de la vegetación.

Los mayas también tenían sus días de gloria. ¿Recuerda usted que 5 días del año lo dedicaban nuestros nobles antepasados a darle duro al pachangón, incluidas bebidas espirituosas y otras yerbas?

Fiel a estas costumbres de deleite del cuerpo y del espíritu, nuestro premio nobel, Miguel Ángel Asturias fue captado fotográficamente en gran festejo con una dama, dándole vuelo a la hilacha, al calor sin duda, de aquellas bebidas embriagantes que solo los estudiantes de la Usac puede preparar. Cuando yo era estudiante nunca las probé, por cierto, pero dicen las malas lenguas que al producto etílico le agregan condimentos poco ortodoxos.

Recientemente algunos medios (que no tienen mejor cosa que informar) se dedicaron a denunciar que en la Universidad de San Carlos, y para ser más precisos, en la Escuela de Ciencias de la Comunicación, se había efectuado un acto denominado con el lenguaje publicitario de hoy como “Bikini Open”. Ignorante yo, de lo que se trataba, pregunté a un versado en la materia y me dio una amplia ilustración sobre el particular.

Mientras el experto se encargaba de darme una lección de vida moderna, mi mente se remontaba a los jolgorios griegos y romanos y pensé (para mis adentros) que este evento en la Usac debía ser una mala caricatura de aquellos gloriosos acontecimientos del vino, el sexo y la parranda.

Lo que supuestamente sucedió en la Alma Mater no es nuevo en una sociedad donde la moral puritana y la mundana se funden en una sola: la doble moral. En otras palabras, muchos lo practican pero en la vida pública se visten de niños de primera comunión. Al fin y al cabo en el amor, el sexo y la política cada quien se arregla como puede.


Sinceramente hay muchas cosas más importantes que opinar sobre la Usac, esa institución del estado responsable de la educación superior, donde cada día asisten cerca de doscientos mil estudiantes a cultivar su mente, su inteligencia y su carácter para hacerle frente a un país que se deshace a pedazos. Con un presupuesto deficitario que apenas alcanza para cubrir los sueldos de docentes y personal administrativo y muy poco dinero para desarrollar la investigación, la extensión y el servicio. 

En un marco de mayores preocupaciones, esos serían los problemas que debieran ocupar nuestra mente y no un acto que, por otro lado, es una manifestación aislada del verdadero espíritu que encierra la tradicional Huelga de Dolores. 

viernes, 4 de marzo de 2016

Políticos de tusa

Publicado en el Diario de Centro América el 4 de marzo de 2016


¡Qué lejos está la verdadera política de arroparlos en su corpiño de nobles ideales!

La política es la ciencia que estudia las relaciones de poder y las estrategias para acceder a este. La política tiene que ver con las actuaciones públicas de los ciudadanos en el ejercicio del poder y también con aquellos que tratan de acceder al mismo usando los mecanismos que la ley, la ética y la economía les permiten.

En esencia todos los ciudadanos somos seres políticos; el ser humano lo es por naturaleza ya que toda su vida está impregnada por decisiones que tienen que ver con el poder en sí mismo. Nada escapa a este principio. En el hogar se ejerce una forma de poder; en la escuela existen manifestaciones de poder; en la iglesia, en los clubes, en las plazas públicas, en la publicidad. Las relaciones que establecen los seres humanos son esencialmente relaciones de poder.

Ahora bien, existe un conglomerado de personas que se dedican y viven del ejercicio del poder, ya sea ostentándolo o persiguiéndolo, negociándolo e incluso, vendiéndolo. Este grupo es llamado comúnmente como “casta política”.

En Guatemala, la casta política no es precisamente un dechado de virtudes. Al contrario, la mayoría de políticos actúa precisamente en contra de los principios de la política, aquella que conjuga la ley con la ética y hace un uso mesurado de la economía. Decir que alguien es político es sinónimo de llamarlo ladrón, poco ético, mentiroso, marrullero, alcahuete, sinvergüenza, aunque, por supuesto, haya quienes escapan a esta calificación.

Existen políticos valiosos cuya honorabilidad es a todas luces, su mejor carta de recomendación y el linaje prestigioso que heredarán a sus descendientes. ¡Qué orgullo para un nieto, por ejemplo, tener un abuelo de esta estirpe! Son quizá muy pocos, pero los hay. De estos no hablaré en esta columna. Me referiré a aquellos que no se tientan el alma para enajenar al país, aunque esta sea la tierra donde nacieron sus padres, sus hermanos y sus hijos. Estos políticos abundan, desgraciadamente. Están presentes en los tres poderes del estado, en las instituciones autónomas, en el sector empresarial y hasta en las iglesias ¿qué le parece?


Son personas de la peor calaña que exudan traición y bajos instintos ¡apártese de ellos porque usted puede contaminarse! Generalmente se presentan con vestidos de primera comunión, como querubines recién bajados del cielo pero tienen el alma color carbón. Siniestros y vengativos, socarrones y embusteros no se tientan el alma para hacer daño a los demás. Viven en un macabro juego de diatriba y ponzoña. ¡Qué lejos está la verdadera política de arroparlos en su corpiño de nobles ideales! Son politiqueros que valen menos que una tusa donde se envuelven los tamalitos de chipilín.  Su corazón es una oquedad donde falta la solidaridad humana y el amor a la patria. 

viernes, 26 de febrero de 2016

UMBERTO ECO

Publicado en el Diario de Centro América el 26 de febrero de 2016

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“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas” fue una de las frases más famosas acuñadas por Eco en la era digital.

La semana pasada falleció en Italia, el pensador Umberto Eco. El mundo intelectual resiente su muerte, dado que, a sus 84 años era una de las mentes más brillantes en las ciencias sociales, especialmente en la literatura y la comunicación. El maestro de maestros se ha ido al infinito.

Mi acercamiento con Eco fue a través de sus libros, aquellos voluminosos textos que en primera lectura nadie comprendía por la sencilla razón que, como universidades tercermundistas, carecíamos de las herramientas básicas de lectura y comprensión, así como de un código técnico derivado de la comunicación y muy especialmente de la semiología, ciencia esta que en los años setenta sentaba sus reales en Europa. El boom de la comunicación en aquel continente se vivía y analizaba a través del cristal semiológico.

Pierre Guiraud, Georges Monin, Julia Kristeva, Roland Barthes, entre otros, formaban parte del entorno científico de Eco, a quienes aludía en sus textos para rebatir, reafirmar o ampliar sus conjeturas científicas. Los primeros libros del autor italiano “La Estructura Ausente” y “Tratado de Semiótica General” llegarían a mis manos en las postrimerías de los años setenta y donde partiría mi pasión por leerlo, estudiarlo y enseñarlo en las universidades. En el ámbito literario me sumergí en su novela “El nombre de la rosa”, llevada al cine y disfrutada también en la pantalla grande. En el campo de la investigación tuve acceso a su libro “Cómo se hace una tesis” el cual contiene fundamentos que hoy día poseen enorme vigencia.

Eco fue además, un crítico social de altos quilates en el campo de la comunicación. Siempre estuvo atento a los acontecimientos tecnológicos y científicos que acaecían en el mundo y sobre los cuales emitía su fundamentada opinión, a tal punto de generar en algunas corrientes de pensamiento una especie de “dogma científico”; si lo dice Eco, es cierto. Este es, por cierto, el riesgo que corre todo pensador: o convences por la fuerza del argumento sólido, o por el efecto fascinación y provocador que pueden producir tus ideas. Respecto al uso de las redes sociales, acuñaría aquella frase lapidaria que muchos recuerdan: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”. ¡Uf, en esto tenía toda la razón del mundo”.


El gran Umberto Eco se ha ido, pero nos ha dejado su legado intelectual: una veintena de libros entre los que destacan la novela, crítica literaria, análisis social, semiótica, arte en general y comunicación de masas. Como intelectual de primer nivel, tiene un lugar asegurado en la historia del pensamiento universal y un espacio muy especial en el corazón de quienes tuvimos acceso a algunos de sus libros y aprender de su agudo pensamiento y reflexión, los principios de la que hoy suele llamarse, con derecho a existir, la comunicología.

viernes, 12 de febrero de 2016

CAMBIOS EN LA USAC

Publicado en el Diario de Centro América el 12 de febrero de 2016








El clima de estudio en la ECC está cambiando y quizá sea una constante en el resto de facultades y escuelas que conforman la USAC.

Hace algunos días me invitaron a impartir una lección de inicio de ciclo en la Escuela de Ciencias de la Comunicación, Universidad de San Carlos de Guatemala. Fue una hermosa oportunidad para recordar intensos momentos que viví hace más de quince años, cuando ejercía el cargo de director de esa dependencia académica.

El auditorio estaba abarrotado de estudiantes y profesores que asistieron a escuchar la charla. Me llamó poderosamente la atención el alto nivel de atención del público asistente. Podría afirmar que en el ambiente no se escuchaba siquiera el zumbido de una avispa. Silencio total. También me percaté de la nueva dinámica de los estudiantes, quienes anotaban los argumentos del tema y al mismo tiempo tomaban fotografías. Horas después me daría cuenta que estas habían sido subidas a las redes sociales con comentarios muy significativos sobre la conferencia.

Recordé aquellos años en nuestra querida escuela, donde continuamente escuchaba quejas de los profesores sobre el comportamiento de los estudiantes en clase. Se quejaban del ruido, del intercambio de avioncitos, de los gritos de algunos, del cuchicheo de otros. En fin, un ambiente festivo a plena hora de clase. A decir verdad, como docente no recuerdo que me haya sucedido algo similar. Siempre tuve el agradable respeto y atención de los alumnos.

Sin embargo, esta vez percibí un interés y atención. Esto me hace pensar que el clima de estudio en la ECC está cambiando y quizá sea una constante en el resto de facultades y escuelas que conforman la USAC. Si esto es así en todas las unidades académicas quiere decir que los estudiantes están asumiendo una actitud proclive hacia el estudio y desarrollando un amor por la ciencia.

Un pelo en la sopa. Por razones académicas, he tenido la oportunidad de asistir a reuniones en el edificio de Bienestar Estudiantil. Me he llevado una muy desagradable sorpresa de ver aquel hermoso edificio hoy convertido en un verdadero mercado. Alrededor de este se han situado vendedores de diversos productos, desde libros hasta ropa interior, baratijas, comida, y un sinfín de artículos que no tienen nada que ver con la academia. Algunas personas rumoran que incluso es un lugar de distribución de droga. ¡Qué calamidad que se haya cambiado la naturaleza académica por un simple mercadito! Esto no solo contradice el espíritu de la USAC sino es el reflejo del poco interés que sus autoridades han demostrado en garantizar el ornato de su recinto como una de las responsabilidades de conservar el medio ambiente y el entorno saludable de aprendizaje.


Es verdad que las personas tienen legítimo derecho de buscar la fuente de ingresos, pero cada cosa en su lugar. El campus universitario no es un lugar para establecer mercados. Bien haría el honorable Consejo Superior Universitario o las autoridades administrativas de menor rango, en realizar un esfuerzo serio por sanear estos edificios, hoy por hoy contaminados, visual, auditiva y sanitariamente por las ventas callejeras.

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo