viernes, 11 de abril de 2014

Calidad y educación superior III

Publicado en Diario de Centro América el 11 de abril de 2014

El mundo de hoy es una vorágine de virtualidad.


Esta semana se lleva a cabo en el campus central de la Universidad Panamericana la Séptima Conferencia Internacional Guide, bajo el título general de Cultura en la modernización global: El papel de la educación a distancia. 

La Asociación Guide aglutina a muchas universidades que tienen programas de educación virtual en el mundo. Su sede central está en Italia. Guatemala es la sede de tan magno evento que, sin lugar a dudas, aportará a mejorar la calidad de la educación virtual de las universidades nacionales, porque les ampliará las fronteras del conocimiento de esta revolución tecnológica sin precedentes.

Es muy meritorio que Guatemala haya sido seleccionada como sede de este magno evento que involucra la participación de decenas de universidades del mundo, en el cual se están discutiendo asuntos de enorme trascendencia para el futuro de la educación superior, específicamente aquellas que tienen programas virtuales, una modalidad de formación del talento humano que cambia por completo el viejo paradigma medieval de la educación enclaustrada.  

Dar el salto hacia la virtualidad es cosa de tiempo. Y la verdad, si las universidades se quedan solo con el modelo enclaustrado, estarán perdiendo la oportunidad de saltar al mundo y seguirán dando vueltas en círculos concéntricos, haciendo más de lo mismo. La temática que se plantea en la Séptima Conferencia es variada, aunque toda gira alrededor de la  formación virtual. 

Va desde las precisiones tecnológicas en el manejo de programas virtuales hasta las consecuencias éticas de estos nuevos modelos educativos. 

El mundo de hoy es una vorágine de virtualidad. La empresa, la producción, la ciencia, la tecnología, las relaciones sociales, las prácticas culturales, e incluso los chismes de salón, pasan por la mediación virtual. ¡Y pensar que muchas universidades aún no han tomado la decisión de incursionar en esta nueva realidad educativa! ¡Lástima de veras que inviertan su tiempo rondando en los viejos y amarillentos libros de antaño! ¡Imagínese usted que un profesor de una universidad afirme que él aún usa su vieja máquina de escribir porque las computadoras un día cercano pasarán de moda!

Esta vez la Universidad Panamericana se lleva las palmas, por convertirse en la gestora y anfitriona de este magno evento, único en la historia nacional: reunir a decenas de universidades con un objetivo común: proponer, analizar y discutir los asuntos inherentes a los nuevos modelos educativos que nos ofrece (y exige) un mundo globalizado, tecnológicamente evolucionado y éticamente cuestionado por los varios peligros que encierra, sin que esto se convierta en obstáculo para su voraz expansión.

domingo, 6 de abril de 2014

Calidad y Educación Superior (II)

La práctica sin la teoría es ciega, y que la teoría sin la práctica es inoperante.

Las universidades del mundo que han logrado remontar los parámetros de calidad que exigen los organismos internacionales, son aquellas que han incorporado a su estructura curricular los componentes que con eficacia las convierten en centros de educación científica y tecnológica.

Uno de estos componentes es la investigación como eje central del proceso de formación y no como complemento a este. La competencia investigativa se desarrolla desde los primeros años de enseñanza. Se aprende investigando, probando, reproduciendo y aplicando modelos, observando de manera sistemática, conectando los estudios con los grandes centros de producción que mueven el mundo. De allí que no es extraño que muchas empresas, sobre todo aquellas de talla internacional, tengan sus centros de investigación y que estos a su vez, estén conectados con las más prestigiosas universidades del mundo.

Guardando las distancias científicas y tecnológicas, por nuestros ancestrales rezagos, en Guatemala podría fomentarse una política de investigación que haga de la enseñanza un campo fértil para producir conocimiento, sin tener que esperar que un estudiante se enfrente a un trabajo de tesis para realizar un mínimo esfuerzo en este campo. Todas, o por lo menos la mayoría de asignaturas debieran impartirse como proyectos de investigación. Esto permitiría a los estudiantes entrar en contacto directo con la ciencia y la tecnología, sin pasar por el proceso a veces lento y tedioso del acumulamiento teórico.

Para nadie es un secreto que la mayoría de profesores que imparten los cursos de investigación no provienen precisamente de este campo; esto les obliga a buscar textos que muchas veces han remontado décadas de su publicación, con propuestas muy alejadas de lo que se viven en el terreno. Una buena visión teórica por supuesto es necesaria; pero una mala práctica por falta de textos actualizados es desastrosa.

He repetido en muchas ocasiones que la práctica sin la teoría es ciega, y que la teoría sin la práctica es inoperante. Esto es verdad, sin embargo, la teoría que antecede a la práctica debe convertirse en un asidero efectivo para que el ejercicio académico de los estudiantes no sea un accionar sin dirección ni consistencia científica.


Una universidad que no investiga es tan solo un centro educativo pero no puede conceptuarse como una institución científica. Y cualquiera que sea la orientación epistemológica que se aplique en la investigación, si se hace con responsabilidad y precisión, dará los resultados necesarios para entender un problema en toda su complejidad. Las universidades están llamadas a convertirse en centros científicos y tecnológicos antes que ser solo depositarios de cultura.

Calidad y Educación Superior (I)

No podemos medir el potencial de un Lamborgini con el de un carrito “Micky Mouse”

El tema de la calidad está inmerso en todos los ámbitos de la vida humana. Se habla de calidad de vida, en la producción, en el deporte, en el arte, y por supuesto, en la educación.

En la educación superior la calidad se liga al perfil profesional que deben formar las universidades de acuerdo a estándares marcados generalmente por organismos internacionales, tomando como panacea el tipo de profesional que producen los centros de educación superior del primer mundo.

Con ejemplos como Finlandia, Corea del Norte, Dinamarca, se inundan los debates en relación al deber ser de las universidades nacionales. No está mal, por supuesto, aspirar a los cánones educativos que marcan estos países. Lo que no debemos pasar desapercibido es que estas universidades son el resultado de un conjunto de factores que han contribuido a su alto nivel científico y tecnológico. Entre estos factores, es crucial la satisfacción plena de necesidades básicas de la población: alimentación, salud, educación primaria y secundaria, transporte, empleo, etc. Es decir, la educación superior en esas latitudes es más bien el resultado y no la causa, del nivel de desarrollo integral de dichas naciones. Por supuesto, dado el resortaje con que cuentan, estos centros de educación superior actúan como catalizadores científicos y tecnológicos de las políticas nacionales, sirviendo además, como reservorios de grandes corrientes de pensamiento en las diferentes áreas del desarrollo.

En Guatemala, los universitarios estamos inmersos en el debate de la calidad educativa. Y este debate está bien, siempre y cuando tengamos los pies puestos sobre la tierra para saber muy bien cuáles son nuestras posibilidades reales de lograr mejores estándares educativos con los insumos que tenemos. Esto es vital porque no podemos medir el potencial de un Lamborgini de modelo reciente, con el de un carrito “Micky Mouse” de los años ochenta.

He aquí algunas ideas que debemos tomar en cuenta si queremos de verdad mejorar la calidad académica de los centros de educación universitaria: actualización científica y tecnológica de la planta docente; capacitación para la docencia superior; mejorar los salarios docentes para que resulten atractivos las dos anteriores ideas; repensar la visión curricular de las carreras y adecuar los pensa a las necesidades del mercado actual (ya no es posible vivir de reminiscencias del pasado); mejorar, actualizar y ampliar los centros de información (bibliotecas, centros de documentación, ampliación del ancho de banda para que los estudiantes puedan usar internet desde las aulas y otros espacios de las universidades) y otras ideas que propondremos en un próximo artículo.

viernes, 21 de marzo de 2014

De los columnistas

Publicado en Diario de Centro América, el 20 de marzo de 2014

De todo hay en la viña del Señor.


El inicio de la prensa escrita demandó toda una organización social dedicada a este nuevo oficio: informar a la ciudadanía sobre el acontecer nacional y mundial. 


En esta organización social han desempeñado un papel clave las personas entrenadas para recopilar, procesar y difundir las noticias. Surge de esta manera un nuevo oficio, una nueva profesión: el periodista. El nombre genérico de periodista se emplea hoy día para aquellos profesionales que trabajan en cualquier medio, prensa, radio, televisión y el extenso mundo de Internet. 


Esta última herramienta ha venido a provocar redefiniciones en el oficio de los hombres y mujeres de prensa. ¿Qué es lo que define a un periodista?


Hay muchas características que marcan la profesión, por ejemplo, que trabajen con la materia prima que es la información. Esto conlleva, por supuesto, un compromiso con la verdad, la objetividad (en el más extenso sentido del término) y la responsabilidad social.


Un periodista debe ceñirse a los cánones que le marca la ética de su profesión y estar consciente de que no es un constructor de estados de opinión pública sino un enlace entre los sucesos y la ciudadanía. Durante muchos años algunos periodistas se consideran a sí mismos como líderes de opinión, pero la verdad, su papel no debe ser confundido. No se forman en el arte de la persuasión sino en el arte de la información, dos asuntos totalmente diferentes. 
Quien afirme lo contrario debe revisar los fundamentos epistemológicos que sustentan la profesión periodística.

Otra cosa es, por supuesto, que algunos hombres y mujeres de prensa hayan traspasado las barreras del periodismo y hayan incursionado en la política (algunos con buen éxito, otros, con un sonado fracaso). El periodista, ya sea de prensa escrita, radio, televisión u otro formato, debe estar consciente de que su papel no es agitar masas sino informar a la población de la manera más veraz y responsable posible. 


Y aunque no existe ningún mandato legal que circunscriba su función a ser un agente informativo, sí existe un consenso en que, funcionalmente, ese debe ser su papel. Por ejemplo, no podemos exigirle a un médico que construya casas porque su función es prevenir y curar enfermedades.  


La función del periodista, insisto, es informar. Por supuesto que en el amplio espectro de la actividad periodística, existen ámbitos, enfoques, situaciones diversas que están conectadas con esta. Una empresa periodística tiene, como cualquier organización productiva, departamentos que desempeñan su papel en función de la mercancía que venden: la información. Pero dentro de este extenso engranaje, los periodistas son pieza clave en el proceso productivo.

domingo, 16 de marzo de 2014

De los periodistas

Dentro del engranaje informativo, los periodistas son pieza clave.


El inicio de la prensa escrita demandó toda una organización social dedicada a este nuevo oficio: informar a la ciudadanía sobre el acontecer nacional y mundial. 


En esta organización social han desempeñado un papel clave las personas entrenadas para recopilar, procesar y difundir las noticias. Surge de esta manera un nuevo oficio, una nueva profesión: el periodista. El nombre genérico de periodista se emplea hoy día para aquellos profesionales que trabajan en cualquier medio, prensa, radio, televisión y el extenso mundo de Internet. 


Esta última herramienta ha venido a provocar redefiniciones en el oficio de los hombres y mujeres de prensa. ¿Qué es lo que define a un periodista? Hay muchas características que marcan la profesión, por ejemplo, que trabajen con la materia prima que es la información.  Esto conlleva, por supuesto, un compromiso con la verdad, la objetividad (en el más extenso sentido del término) y la responsabilidad social.


Un periodista debe ceñirse a los cánones que le marca la ética de su profesión y estar consciente de que no es un constructor de estados de opinión pública sino un enlace entre los sucesos y la ciudadanía. Durante muchos años algunos periodistas se consideran a sí mismos como líderes de opinión, pero la verdad, su papel no debe ser confundido. No se forman en el arte de la persuasión sino en el arte de la información, dos asuntos totalmente diferentes. 


Quien afirme lo contrario debe revisar los fundamentos epistemológicos que sustentan la profesión periodística. 

Otra cosa es, por supuesto, que algunos hombres y mujeres de prensa hayan traspasado las barreras del periodismo y hayan incursionado en la política (algunos con buen éxito, otros, con un sonado fracaso). El periodista, ya sea de prensa escrita, radio, televisión u otro formato, debe estar consciente de que su papel no es agitar masas sino informar a la población de la manera más veraz y responsable posible. 


Y aunque no existe ningún mandato legal que circunscriba su función a ser un agente informativo, sí existe un consenso en que, funcionalmente, ese debe ser su papel. Por ejemplo, no podemos exigirle a un médico que construya casas porque su función es prevenir y curar enfermedades.  


La función del periodista, insisto, es informar. Por supuesto que en el amplio espectro de la actividad periodística, existen ámbitos, enfoques, situaciones diversas que están conectadas con esta. Una empresa periodística tiene, como cualquier organización productiva, departamentos que desempeñan su papel en función de la mercancía que venden: la información. Pero dentro de este extenso engranaje, los periodistas son pieza clave en el proceso productivo.

domingo, 9 de marzo de 2014

Mal con ellos, peor sin ellos

Publicado en el Diario de Centro América, el 6 de marzo de 2014


La información ha sido siempre un bien esencial. Eso no cabe duda. Durante la historia humana los hombres y mujeres han inventado un sinnúmero de herramientas para establecer relaciones e intercambio de mensajes de diversa índole.



Cada herramienta de información, en verdad, ha sido el reflejo del estadio de procesos productivos y de relaciones sociales de producción. A medida que la sociedad mundial ha ido evolucionando se han desarrollado también sus medios de información. 

Puede decirse que el desarrollo económico, científico y tecnológico ha sido la catapulta para que los medios masivos de información hayan logrado sus más altos estándares de desarrollo.

En esta dinámica social, los medios masivos constituyen organizaciones que se dedican al negocio de la información, con el mismo propósito que existen las tiendas de barrio y cualquier otra empresa. Todas tienen un lugar en la sociedad cuyos servicios son demandados por la ciudadanía. 

Por supuesto que aquí debe tomarse en cuenta la diferencia en el nivel de competitividad entre una tienda y un medio de comunicación. En el primer caso, existen cientos de tiendas donde el consumidor puede elegir la que más satisfaga sus necesidades. En el caso de los medios, la oferta es estrecha. Ello supone para éstos una holgada ventaja de no competitividad frente a los demás. Es decir, pocos medios compitiendo entre sí y a veces hasta agrupados en cadenas informativas. 

Como sabemos, en la lógica del consumo, poca oferta provoca baja en la calidad de los servicios que se ofrecen. Este es el caso de los medios cuyas estrategias informativas y otros aspectos del proceso de la producción informativa no han sido sometidos a un balance de calidad del servicio informativo a la ciudadanía, salvo, claro está, los cambios impulsados desde la tecnología misma. Es una tónica generalizada en varios países. Por ejemplo, el único cambio más visible es que, en el caso de los medios escritos, han ido creando una versión virtual o bien, se han acoplado al concepto de multimedia. 

En el caso de la radio y la televisión, fueron los primeros en acomodarse en la virtualidad. Pero si hablamos de mejorar la calidad de la información, francamente tienen un rezago en este aspecto. Simplemente la agenda ciudadana no se ve reflejada en sus emisiones, a no ser que sea una noticia trágica o roja. 

Sin embargo, a falta de pan, buena es la tortilla, reza un refrán. Y quizá los medios no sean negocios que satisfagan los gustos más exigentes en materia informativa, pero no podemos pensar nuestro mundo actual sin esa rara mezcla de interés comercial con la necesidad de informar e informarse.

viernes, 28 de febrero de 2014

Su majestad, la publicidad

Es una barricada donde no pasa nada que no tenga su bendición.


Según el sitio web Central-America Data, el gasto anual sobrepasa los $900 millones al año: 70 por ciento  en televisión, 15 por ciento en medios escritos, 2 por ciento en radio, y el resto en otros medios que incluyen Internet. En tiempos de campaña electoral este monto tiende a subir considerablemente.
En ese mismo sitio se citan las declaraciones de Rodrigo Cordón, presidente de la Asociación de Anunciantes de Guatemala en el sentido que “el consumidor va a tener más y mejores productos, jugamos un papel importante para los medios de comunicación. Las empresas que pagamos la publicidad hacemos que los medios subsistan, sin nosotros sería difícil que sigan funcionando como lo hacen”. 
Las reveladoras palabras de Cordón ponen de manifiesto una verdad que se ha venido repitiendo una y otra vez: la publicidad es la dueña y señora de la agenda que los medios de comunicación impulsan para influir en la opinión pública. Nada se mueve si no están en sintonía con los intereses de las empresas que pautan en los medios. En otras palabras, el que paga, manda.


Hablamos, claro está, de los grandes medios: la prensa masiva, la televisión y la radio. Los micromedios (revistas locales, periódicos mensuales u ocasionales, las radios comunitarias, etcétera), ni siquiera figuran significativamente en la pauta publicitaria de las grandes empresas. Los anuncios que llegan a sus páginas o emisiones entran por la vía de “colaboración altruista” de algún relacionista que se conduele de su situación, o bien, por lazos de amistad entre este y el dueño del micromedio.

Existe un alto grado de especialización en el manejo de la pauta publicitaria: fórmulas de asignación de pauta, según el tiraje o el índice de penetración de los medios, porcentajes de ganancia, estrategias de pauta y otra serie de argucias técnicas que la hacen imprescindible para los medios masivos. Sin esta inyección permanente de recursos financieros, sencillamente su vida sería de corto aliento. Muchos medios han sucumbido por asfixia publicitaria, o bien, han sido condicionados a impulsar agendas informativas que interesan a las grandes compañías.
¿Ha leído usted alguna noticia que ponga en riesgo el prestigio de una compañía? ¿Sabe por qué no? Existe en Guatemala como en cualquier país del mundo una especie de club privado donde se conectan los intereses de las compañías y grandes empresas. Esta entidad vela porque no se vulneren los intereses empresariales con publicaciones periodísticas aunque estas develen problemas que pueden afectar la salud, la seguridad, el medio ambiente o simplemente, el ornato de las ciudades. Esta entidad conforma una especie de barricada donde no pasa nada que no tenga su bendición.

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo