jueves, 14 de junio de 2012

SEMIÓTICA: Teoría de los signos


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Actualmente la Semiótica y la Semiología se usan como sinónimos para referirse al estudio de los signos. Atendiendo a situaciones históricas y conceptuales se puede decir que la Semiología (de origen europeo) es el estudio general de los signos en el seno de la vida social (de acuerdo a lo establecido por Saussure, su iniciador). Por su parte la Semiótica se ocupa del sistema de herramientas de análisis de los signos en áreas específicas. De esta manera se puede afirmar que existe una semiótica del cine, semiótica del teatro, semiótica de la vida cotidiana, y así por el estilo.

Ambas ciencias son entonces, complementarias. La primera nos da un panorama general sobre los sistemas de signos; en tanto que la segunda, nos ofrece las herramientas específicas para análisis de productos comunicacionales: cine, arte, medios de comunicación, política, educación, religión, entre otros campos de la actividad humana.

Ambas trabajan con signos. La primera se ocupa del análisis conceptual de los signos en su forma más pura. La segunda diseña y aplica herramientas de análisis de los sistemas de signos (códigos) y sus efectos en los usuarios.

El signo

Es la materia prima de la cual se ocupan la Semiótica y la Semiología. Alrededor de este se tejen los planteamientos teóricos y metodológicos de ambas ciencias. Como sabemos, hay signos naturales y signos artificiales. Los primeros los provee la naturaleza y se convierten en tales cuando el ser humano los “interpreta”, asignándoles un valor de uso en la comunicación. Nube negra, por ejemplo, es “signo” de lluvia. Los signos artificiales son todos aquellos recursos que el ser humano ha diseñado para comunicarse. Los signos lingüísticos y no lingüísticos conforman una interminable gama de posibilidades de comunicación.

En su manera de representar a la realidad, los signos (según Peirce) pueden ser catalogados como índex, ícono y símbolo. Los primeros guardan respecto a la realidad representada, un valor cien. La nube negra, el suelo mojado, la huella reciente, un olor natural, un sabor natural, un sonido ambiental, etc. Los íconos guardan respecto a la realidad representada, un valor de que se encuentra en el rango de más cero a menos cien. Una fotografía, un mapa, un croquis, una pintura, una escultura, etc. Los símbolos no guardan ningún grado de semejanza con la realidad representada. Son por ello, altamente antojadizos, arbitrarios, producto de acuerdos sociales únicamente. El símbolo de la marca Nike, la cruz del cristianismo, el símbolo nazi, etc.

Sin embargo, hay signos que recurren a objetos naturales para representar conceptos, tal es el caso de la paloma con una rama de olivo en el pico, la cual representa la paz; o la corona de espinas que representa el sufrimiento. Ambos son signos elevados a la categoría de símbolo.


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Componentes del signo

Según la tradición semiológica, el signo se compone de dos instancias: un significante y un significado. Esta misma denominación ha seguido la Lingüística. Para Peirce, el signo tiene una función triádica, es decir, posee un significante, un significado y un referente.

Algunos autores niegan la posibilidad que todos los signos tengan un referente, dado que en las propuestas de los autores originales no se desarrolló suficientemente el concepto de referencialidad. Ellos se limitaron a decir que referente es “el objeto real” que representa el signo. Y hay signos, dicen algunos autores, que no representan a objetos de la realidad, como sí podrían ser, por ejemplo, los signos de árboles, de casas, de personas, animales, fenómenos naturales, etc.

Sin embargo, el concepto “objeto” no debe entenderse en su acepción limitada a elementos sensorialmente tangibles de la realidad, como pueden ser las ollas, sillas, piedras, tierra, etc. 

Más bien, los objetos pueden ser tangibles e intangibles. Dentro de los primeros se sitúan todos aquellos que son capaces de ser percibidos a través de nuestros sentidos, por ello les llamamos objetos sensorialmente tangibles. Los objetos intangibles son aquellos que aunque no podamos percibirlos por medio de nuestros sentidos, sí tienen existencia, ya sea a través de mecanismos conceptuales o bien a través de “productos-objetos” elaborados por el ingenio humano.

Los objetos intangibles podemos clasificarlos en dos grupos: los objetos intangibles conceptuales y los objetos intangibles culturales.

Entre los objetos intangibles conceptuales se pueden encontrar por ejemplo, las leyes que gobiernan el universo (la Ley de la Gravedad, la Ley Centrífuga, la Ley Centrípeta, solo para mencionar algunos ejemplos), las fórmulas físicas y químicas, las categorías de pensamiento y tantos otros “objetos científicos” que ha creado y/o descubierto la Humanidad.

Entre los objetos intangibles culturales se puede mencionar toda la creatividad humana en el campo del arte, la religión, la vida cotidiana, la espiritualidad, la medicina alternativa, la hechicería, la brujería, las artes adivinatorias y muchas prácticas sociales que no tienen un referente tangible, que pueda ser percibido por nuestros cinco sentidos.

Por ejemplo, el referente del signo visual “Pegaso” es un concepto cultural de la literatura griega, como puede ser también, “el talón de Aquiles”. El mismo concepto de Dios en las distintas culturas humanas no tiene un referente captable por nuestros cinco sentidos, sin embargo, al momento de tratar de ubicarlo, recurrimos al repertorio de nuestra fe para darle una manifestación corpórea. Piénsese en conceptos como el amor, el odio, la valentía, el rencor, Afrodita, Diógenes, Antígona, Tecún Umán, o la “Ley de rendimientos decrecientes”. Todos ellos objetos intangibles que, sin embargo, tienen un lugar en el conocimiento y la cultura humana.

La Semiótica, como ciencia que estudia los usos de los signos en los grupos sociales, se ocupa de generar herramientas de análisis de estos sistemas de signos, asumiéndolos como códigos sociales que de una u otra forma, transmiten mensajes, ya sea literales o sugeridos.

viernes, 1 de junio de 2012

EL COLAPSO DE LA EDUCACIÓN GUATEMALTECA

Este día recorría la sexta avenida de la zona 1 capitalina y de pronto me detuve al observar movimiento de radio patrullas entre la décima calle y sexta avenida. Al preguntar qué sucedía una persona me informó que no me acercara porque los muchachos del instituto Rafael Aqueche estaban peleándose contra los del Central para Varones. Una de tantas riñas que suceden, sin que las autoridades hagan algo efectivo para impedirlo.


Esta acción de desequilibrio social entre la juventud es apenas una muestra de las enormes falencias que por muchos años han afectado el sistema educativo nacional. Basta ver por las calles a niños y jóvenes sin la menor consideración hacia los ancianos y desvalidos, escupiendo en la vía pública, gritando palabras soeces delante de las damas y el público en general, empujando al prójimo, sin el menor pudor. En fin, todo un cuadro que denota que hace muchos, pero muchos años, se han ausentado de las aulas de la educación preprimaria, primaria y secundaria las materias de moral y urbanidad, el fomento de hábitos higiénicos y de buena conducta social y un compromiso de los docentes por ser maestros más que trabajadores de la educación.


Este último concepto comenzó a ser introducido en el movimiento magisterial a partir de los años ochenta, producto del enfrentamiento social y político de esos años. Seguramente con el mejor de los propósitos los dirigentes de esa época quisieron hacer conciencia entre sus colegas que el maestro también es un ser de carne y hueso sujeto a la satisfacción de necesidades básicas como son el alimento, el vestuario, la salud, la recreación. Y calaron profundo sus enseñanzas, mas no se percataron que estaban sembrando la simiente de un proceso acomodaticio, mercantil y laboralista del sector magisterial. Por supuesto, hay excepciones a la regla. Para ser honestos, hay aun muchos educadores que merecen llamarse maestros.


No nos quejemos entonces, si hoy nuestro sistema educativo está virtualmente colapsado. Es el resultado de lo que hicimos o dejamos de hacer hace treinta años. No nos extrañe que una buena cantidad de docentes muestren las señales de un modelo poco apto para ser imitado por sus estudiantes. Es verdad que hoy día el maestro en términos generales vive en una situación depauperada. Pero también es verdad que sus signos de pobreza generalizada se ven más acentuados por sus signos de depauperación moral, ética y urbana. Basta observar las masas de maestros que se apuestan en el parque central algunas veces, reclamando mejores salarios. Antes, ser maestro (no importaba si de la ciudad o del campo) implicaba ser una persona aseada, rasurada, peinada, con los zapatos limpios, con un manejo del lenguaje apropiado a su situación docente. Hoy vemos todo lo contrario cuando pasamos frente a estos grupos de educadores. Y solo se nos ocurre pensar ¿en manos de estas personas está la formación intelectual, moral, científica de nuestra niñez y juventud?


La riña entre estudiantes de los citados institutos no es una situación aislada. Es más bien un reflejo de algunas asimetrías en el modelo educativo vigente. No nos llamemos a engaño. Es verdad que existe un alto nivel de conflictividad social, especialmente en las áreas marginales de la Capital, pero es preciso recordar que también allí en esas áreas de conflictividad existen maestros, sustitutos de aquellos que otrora educaban con el ejemplo, con la prédica cotidiana del buen comportamiento entre los seres humanos, aquellos que generaban ciudadanía por medio de la palabra y la acción.


Los niños y los jóvenes precisan modelos a imitar. Así ha sido siempre; así se crea cultura, una cultura de paz o una cultura de violencia. Hoy en muchos rincones de la Capital y del interior del país, esos modelos están ausentes. Están ausentes en los padres, en los vecinos, y lo más preocupante, están ausentes en los maestros, quienes eran antes de los años ochenta, el modelo a imitar. Sin esta brújula no esperemos sociedades pacíficas y no añoremos hoy lo que no fuimos capaces, como generación de maestros, de construir un modelo de convivencia para Guatemala. En este problema todos somos responsables, quienes consentimos y quienes nos desviaron el rumbo.

viernes, 27 de enero de 2012

Mi nombre

Cuando nací
me pusieron un estigma
y desde entonces ya no he sido
/sólo mi nombre/
aprendí a caminar
resignadamente
a la sombra de su compañía

a veces pienso que mi nombre
es algo así
como una gruesa corteza de la vida

aunque
viéndolo bien
mi nombre ha sufrido
ha peleado
ha sido víctima y victimario
criticado y maldecido
humillado
/exaltado algunas veces/

sin embargo
mi nombre
en una voz querida
es más que un canto
agradable a mis oídos



Vuelo



De vez en cuando
al caer la tarde
querrán mis manos
esconder algunos años
y llegar hasta ti
/exhuberante primavera/
a palpar la tersa piel
donde revienta la vida




Los mares




Los mares son así
frente a la vida sus aguas
parecen leve escarcha
tenue rocío
fugaz neblina

sin embargo
en su horizonte aparente
subyace el cosmos
se crea la vida
se sumerge la vida

hay mares tormentosos
mares sin esteros
mares remotos de playas ignotas
/piel azul profundo
señorío del silencio/
mares muertos
-sin sentido-
mares estrellas rutilantes en
el firmamento



Fast poetry





El tiempo es tan pobre
que ha perdido hasta el privilegio
de ser pausado
deliciosamente lento

ahora todo es fast

fast la ciencia
fast la justicia
fast el sexo
y las caricias
y los deseos
y el llanto
y la alegría

en fin
fast la poesía




Tiempos mejores





Porque nuestras lágrimas
no se dejaron llorar
a tiempo
hoy es tiempo
del llanto

porque la sonrisa
se ahogó en la garganta adolorida
hoy es tiempo de reír
en abundancia

porque el amor
fue prisionero en las cloacas
de la infamia
hoy es tiempo de amar
a plenitud



Simiente


Fecunda, la tierra se ofreció plena
como una amada.

Hundió sus manos en el surco
y la simiente reposó.

Un manto verde cubrió los campos.

Sonrió entonces, satisfecho como un poeta
sobre el camino verdusco de su tinta.

Vinieron las lluvias, las primeras milpas
ofrecieron al viento el fruto de sus esfuerzos. El espantapájaros
se avergonzaba de sus ropas. El poeta retocaba un verso.

Fue tiempo de cosecha.

El fruto del sudor se transformó en sustento, alegría, esperanza.
Entonces el poeta dobló el verso
y se fue a sembrar los campos. El fruto apetecido debía resurgir
de las entrañas de la tierra.

Polvo y carne, pensó, es lo que somos.
Y sus manos destilaron versos y maíz al mismo tiempo.



Lejana voz

Lejana voz
Sin cuerpo ni estructura
Lejana infancia lejana adolescencia
Lejana iniquidad
Y malicia lejana
Lejana trilogía
verdad justicia llanto
Lejana incertidumbre
Y lejana alegría

Ayer tan solo un lirio desafiaba el horizonte
Se reía del viento de la lluvia de la tarde
Indomable y rebelde con su blancura de nieve
Era un copo de vida con aroma
de muerte

Lejana voz que antaño se reía del mundo
Lejanas las palabras
Lejanas las caricias
Lejanas las tristezas de romances lejanos
Lejanos los amores que se volvieron recuerdos

Lejana la mirada...

Lejana idolatría de diosas incorpóreas
Lejanas las añejas callejuelas del alma
Lejanos los cabellos indomables al viento
Lejanos los jinetes de corceles desbocados
Lejanos los alados sueños de infante

Lejana voz. Lejana la palabra...

miércoles, 28 de septiembre de 2011

POBREZA Y SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Resumen

Existe una íntima relación de antagonismo entre la pobreza y la sociedad del conocimiento, la era en que el mundo está experimentando sus más variadas formas de interacción social.

El presente artículo aborda dos temas fundamentales que debieran formar parte de la discusión académica en las universidades y centros educativos como son la pobreza y la sociedad del conocimiento: sus características, implicaciones y resultados. En este ejercicio académico se ofrecen datos estadísticos tomados de los principales informes socioeconómicos que se producen en el país y aderezados con categorías de análisis que han sido abordadas por teóricos experimentados en la materia.

Palabras clave: Pobreza. Conocimiento. Educación. Cibersociedad.

Introducción

No cabe duda que el mundo ha cambiado dramáticamente en los últimos 30 años. Estos cambios han impactado en todos los ámbitos de la vida humana. En las primeras 6 décadas del siglo XX se hablaba con toda propiedad de la era industrial. Luego, pasada la mitad de ese mismo siglo se comenzó a hablar de la era de la información, dado el acelerado avance de los medios masivos de la información: la radio, la televisión, los satélites y las redes telemáticas. Todos estos acontecimientos dieron vida a lo que hoy se denomina como sociedad del conocimiento.

La sociedad del conocimiento, llamada por algunos teóricos como Cibersociedad se funda a partir de la expansión de la comunicación virtual y la posibilidad de que los seres humanos produzcamos bienes y servicios sin importar las distancias. Sin embargo, el impacto de la sociedad del conocimiento no se queda solo en esta característica. Abarca más que el mero proceso de producción. Es más, rebasa esta posibilidad, en el sentido que hoy día los seres humanos requerimos conocimiento como un bien en sí mismo, capaz de ser vendido y adquirido en el libre mercado pero que nos es indispensable para poder insertarnos en las cadenas de producción de distinta índole.

De esta cuenta, los centros educativos de distinto nivel están enfocando sus intenciones de rediseño curricular para crear y fortalecer aquellas competencias destinadas a conseguir que los educandos sean gestores de su propio conocimiento, aplicando para ello diversas metodologías educativas y dotándoles de mayores capacidades de manejo en tecnologías de información y comunicación –TIC-.

Los retos son grandes para un país como Guatemala, que aun no logra resolver sus problemas estructurales de pobreza y rezago educativo y tecnológico. Sin embargo, esto no significa que debamos quedarnos de brazos cruzados. Al contrario, debemos acelerar el paso para acercarnos lo más posible al ritmo que marchan los países donde la sociedad del conocimiento es el nuevo escenario de la convivencia y la interacción.

Sociedad y conocimiento

El desarrollo de la Humanidad ha estado ligado indefectiblemente a la manera como los diferentes grupos humanos gestionan y aplican el conocimiento. Entiéndase por este todo el acervo cultural, científico, tecnológico y humanístico que el ser humano ha ido acumulando a lo largo de su historia. No está demás indicar que existen diferentes expresiones del conocimiento que van, desde el conocimiento empírico y cotidiano hasta el conocimiento científico. En el medio encontramos otros tipos de conocimiento tales como el religioso, el político, el conocimiento intuitivo, hasta el conocimiento común u ordinario.

Ha sido basta la producción del conocimiento que la Humanidad ha acumulado desde que comenzó a dejar huella de su paso por la Tierra. Sería un esfuerzo descomunal tratar de sistematizarlo en todas las áreas de la actividad. Basta girar la mirada por lo más inmediato que nos rodea para darnos cuenta que nos envuelve una cultura nacional y mundial en la cual cada ser humano ha impreso, en todas las épocas, el sello de su particularidad y también de su sentir como ser colectivo.

Hoy día se habla de sociedad del conocimiento, en un intento por hacer una distinción entre la sociedad del siglo XX, llamada sociedad industrial, cuya característica más visible fue quizá la producción en serie de los bienes y servicios de consumo humano. En ese siglo dio inicio la informática y la telemática, como dos grandes herramientas que servirían a la Humanidad para acortar procesos y distancias y que provocarían un repensar en los procesos de producción de conocimiento, dado el apoyo sin precedentes de la tecnología de la información y la comunicación. En la segunda etapa de la sociedad industrial se acuñó un nuevo término: la sociedad de la información, dado el acelerado y cuantioso avance los medios masivos de comunicación. Esta denominación persistiría hasta finales del siglo XX.

El mundo de finales de esa época vio comprimirse la sociedad mundial (comunicacionalmente hablando) con el surgimiento del internet, un proyecto que inició con los primeros experimentos en los laboratorios militares de mitad de ese siglo, en el pleno fragor de la Guerra Fría, cuya denominación se conoció como sociedad industrial.

Ya a finales del siglo XX el mundo académico usó un nuevo cuño para la época que estábamos viviendo. Nace así, la llamada sociedad del conocimiento, cuyo principal soporte es la comunicación virtual, dando origen así a otro término bastante inquietante: la cibersociedad. Este nuevo enfoque ha traído consecuencias inmediatas en la cotidianidad, replanteando desde las relaciones familiares hasta las relaciones comerciales, empresariales e industriales. Una nueva manera de hacer ha impactado en una distinta manera de ser y de autodefinirse: el ser cibersocial.

El impacto de las transformaciones del ser social en cibersocial se ha dejado sentir en muchos campos, desde la familia y la vida comunitaria, hasta la tecnología, la ciencia, la educación y la cultura en general; al mismo tiempo que ha modificado las relaciones sociales de producción y en muchos casos, los mismos medios de producción. Los esquemas de producción industrial se han vuelto obsoletos y el principal producto que hoy adquiere un valor sin precedentes en la historia humana es el conocimiento.

Los grandes centros científicos del mundo, las universidades, los institutos de investigación se afanan hoy más que nunca por valorar y producir conocimiento más que objetos mercantiles. El conocimiento se ha vuelto en sí mismo una mercancía de alto valor.

Los indicadores de la pobreza en Guatemala

De alguna manera Guatemala está ya inserta en la lógica de la sociedad del conocimiento, ampliando cada vez más su base tecnológica. Al respecto, Meir Finkel señala que “El conocimiento, en forma de información y datos, circula y circulará libremente en la red; el espacio de redes es un contexto tangible, compuesto por cables, fibras ópticas, dispositivos y equipos, entre otras tecnologías. La esfera de la gestión del conocimiento es más difícil de imaginar por su característica intangible. Se trata de un espacio "extenso e inmediato" donde el hombre interactúa usando la red; en un mundo en que las máquinas –sólo aparentemente– serán más útiles que los hombres; para comprender esto se puede imaginar un escenario carente de conocimiento y otro escenario donde fluye el conocimiento”. (Tesis doctoral, octubre 2009).

Finkel señala además que “Sin pretender dar predicción alguna, se podría pensar que en el 2012, Guatemala presentará una red de comunicación y tecnología que servirá de soporte a la inclusión de la sociedad guatemalteca a la nueva estructura cibersocial que presenta la sociedad global de redes. El especialista Manuel Castells se refiere a la transformación de la red social hacia un nuevo paradigma: la sociedad red (Castells, 1995:36-41). Se puede pensar que la transformación tecnológica incidirá en la transformación social, y este cambio social se reflejará en el cambio en el pensamiento, consecuentemente la transformación educativa hacia el año 2012 será irreversible y se apoyará en las TIC’s” (2009).

De acuerdo a los razonamientos anteriores, podría decirse que el mundo guatemalteco ha quedado partido en dos. Por un lado, la avalancha tecnológica (sobre todo en TIC) se nos ha venido encima. En el 2011 cerca de dos millones de usuarios están conectados a la web, ya sea en su hogar, en su oficina o bien, acudiendo a cafés internet. Los jóvenes y adultos tempranos son quienes más usan internet y las redes sociales. Se calcula que un millón de personas usan Facebook y Twitter.
Por otro, los indicadores de pobreza nos ubican como uno de los países más rezagados en el mundo. Somos el país con mayor nivel de desnutrición infantil en Latinoamérica. Visualmente la radiografía de la desnutrición en Guatemala es la siguiente:



Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI 2006, publicada durante en agosto de 2007 el 51% de los guatemaltecos vive en condición de pobreza, lo cual equivale a 6 millones 625 mil 892 habitantes de un total de 12 millones 987 mil 829 calculado para ese año. El 15.2% vive en condiciones de extrema pobreza (1 millón 976 mil 604 personas), mientras el 35.8% en pobreza no extrema (4 millones 649 mil 287 de personas). La ENCOVI determina que la línea de pobreza extrema tiene un valor anual per cápita de Q3,206 equivalentes a Q264 al mes, la cual incluye únicamente el costo de consumo mínimo en alimentos por persona al año, mientras la línea general tiene un valor de Q6,574 que incluye el costo de consumo mínimo en alimentos más un consumo mínimo en bienes y servicios complementarios por persona al año con un monto de Q540 al mes por persona.

En algunos departamentos el nivel de pobreza ha ido en aumento. Según dicha encuesta, departamentos como Zacapa, Izabal, Chiquimula, Chimaltenango e incluso Guatemala, ha incrementado sus niveles de pobreza. Al menos esto revela el siguiente cuadro:



Según los datos de la encuesta en mención, son alrededor de 16 departamentos los que superan el promedio nacional de pobreza del 51%. En Quiché alcanza al 81% de la población, en Alta Verapaz el 78% de todas las personas son pobres. Sololá no dista mucho de este panorama pues alcanza el 74%; el 71% en Totonicapán y Huehuetenango; el 70% en Baja Verapaz, el 65% en San Marcos y el 60% en Jalapa y Chimaltenango, entre los más afectados.

Los departamentos con mayor concentración indígena son los más afectados por el flagelo de la pobreza. Por ejemplo, aquellas comunidades con población Kaqchikel tienen un 62.6 de pobreza. En el pueblo Kiché llega a 64.4. Por su parte, el pueblo Qeqchi presenta el 83.5 de pobreza. El pueblo Mam es el más perjudicado, ya que alcanza el 90 por ciento de pobreza y un 34 por ciento de pobreza extrema.

Este cuadro de inequidad en la distribución de la riqueza impacta directamente en las condiciones generales de bienestar social y económico y fundamentalmente se ve reflejada en los niveles de escolaridad que alcanza la mayoría de la población. En este retrato de problemas sociales es la población concentrada en el área rural la más relegada; y dentro de esta, la población indígena.

En el ámbito educativo las cosas no están mejor. Según el Informe de Desarrollo Humano 2009-10 Guatemala es el país centroamericano que menos invierte en la educación. El presupuesto nacional solo le dedicó en el año 2010, el 2.1 por ciento del PIB, en tanto que en los otros países de Centroamérica invierten alrededor del 5 por ciento del PIB. Como datos ilustrativos veamos los siguientes indicadores:
• En el nivel pre-primario, la tasa neta de escolaridad es del orden de 49.0 por ciento.
• En el nivel primario, la tasa neta es de 95.1 por ciento, pero solo la mitad de quienes tienen acceso al nivel primario alcanzan el sexto grado.
• En el ciclo básico la tasa neta es de de 37.2 y en el ciclo diversificado, de 20.1.
• La tasa de analfabetismo es del orden de 69.1. Esto último a pesar de las campañas de alfabetización emprendidas por los gobiernos desde el presidente Alfonso Portillo a la fecha.
• Solo el 2 por ciento de graduados en el nivel medio tiene acceso a la educación superior universitaria.

El siglo XXI y la sociedad del conocimiento

La sociedad del conocimiento está íntimamente ligada al desarrollo educativo de cada país. Existe entre estos dos conceptos una relación de causa y efecto. Es decir, a medida que se incrementa el nivel educativo también se incrementa el potencial de convivir en este nuevo orden social.

Hasta finales de los ochenta del siglo pasado, se hablaba de una sociedad industrial y posteriormente de sociedad de la información. Esta característica de la producción de bienes y servicios marcó el siglo XX y la segunda mitad del siglo XIX. Fue la época de oro de la maquinaria impulsada por la electricidad, del surgimiento y desarrollo de los medios electrónicos de comunicación y de los viajes del Hombre al espacio, aunque también marcó el uso de tecnología para sostener dos insensatas guerras mundiales.

Sin embargo, en la última década del pasado siglo, el mundo comenzó a experimentar una nueva forma de producir bienes y servicios, ayudado esta vez por los más avanzados sistemas de comunicación satelital y el cada vez más dinámico y atrevido mundo de la computación. Internet se desarrolla a pasos agigantados y con esta nueva herramienta de convivencia mundial se crean nuevas formas de interactuar en la ciencia, la tecnología, la economía, la vida cotidiana y la cultura en general. A tal grado que en el mundo académico comenzó a hablarse de una nueva era. Comienza a tomar auge el concepto de Sociedad de la Información o Cibersociedad y con éste, la era del conocimiento o Sociedad del Conocimiento, como le llaman los teóricos más entusiastas.

Mucho se ha dicho ya de esta era; abundan los autores que han aportado interesantes y profundos trabajos analizando los pros y los contras de esta nueva forma de gestionar el conocimiento. De tal manera que no nos detendremos en este trabajo a caracterizarla.

Lo que sí nos interesa es destacar la brecha que existe entre la sociedad informada de nuestro siglo y aquellos sectores sociales marginados por décadas que hoy constituyen una inmensa mayoría, muchos de ellos subsistiendo con un dólar promedio diario. Esto hace que Guatemala sea un país dicotómico, económica, social y educativamente, en donde los beneficios de una producción derivada de la sociedad del conocimiento aun no se dejen sentir.

A pesar que herramientas de comunicación como el teléfono móvil sean hoy día instrumentos que han pasado a formar parte de la canasta básica del guatemalteco (según algunos cálculos estaría llegando a 14 millones de aparatos telefónicos en Guatemala) el uso de Internet alcanza apenas a dos millones de habitantes, algo así como el 14 por ciento de la población total. Esta realidad se hace más evidente si tomamos en cuenta que alrededor del 30 por ciento de la población no sabe leer ni escribir y vive todavía en condiciones de extrema pobreza.

Por supuesto que en este mundo dicotómico entre pobreza y riqueza, existe una considerable capa de población que tiene acceso a los medios de comunicación de última generación, lo cual les permite vivir, convivir y producir en un mundo cada vez más interconectado, haciendo uso de las herramientas que han generado las tecnologías de la información y la comunicación. Pero singuen siendo parte de ese porcentaje que no es representativo de la mayoría de población. La llamada clase media tiene acceso a estas formas avanzadas de comunicación, generalmente concentradas en colegios privados de alto nivel, universidades privadas, empresas, y los menos afortunados, en cafés internet.

Vale recordar que el vínculo entre la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento es tenue; y en Guatemala está siendo representado por los sectores de clase media y media alta, cuyos jóvenes y adultos que oscilan entre los doce y cuarenta años tienen un dominio generalizado de las nuevas formas de comunicación que provee internet. Los sectores populares urbanos tienen la opción de asistir a cafés internet. En los sectores rurales existe mucha limitación para tener acceso a estos servicios no obstante que las grandes compañías de telecomunicaciones extienden cada vez su cobertura a todo el territorio nacional. Producir y transmitir conocimiento por la red es en todo caso, una posibilidad que cada vez se extiende en todo el país, no obstante las limitaciones socioeconómicas antes señaladas.

Por supuesto que para lograr una mejor inserción en la sociedad del conocimiento deben crearse condiciones tanto materiales como culturales. En cuanto a condiciones materiales es preciso poner en vigencia de una política nacional sobre nuevas tecnologías de la información y la comunicación como herramientas que posibilitan el acceso a esta nueva era. También es necesario adecuar el currículum educativo a las exigencias que plantea la sociedad del conocimiento, dotando a estudiantes y profesores las herramientas necesarias para acceder a este nuevo mundo. Estas condiciones crearán a mediano y largo plazo cambios significativos de carácter cultural que en un país como Guatemala, no estarán exentos de críticas y señalamientos por sectores interesados.

Conclusiones

El mundo interconectado de hoy exige a las sociedades entrar en la nueva era del conocimiento, en donde cada ciudadano debe ser responsable de gestionar información para formarse competencias para la vida. Una de las características de la sociedad del conocimiento es que prepara a los ciudadanos para hacer uso de las tecnologías de la información y la comunicación que les permiten resolver problemas sin importar distancias ni barreras idiomáticas o culturales. El mundo de hoy acerca a los seres humanos a través de la red y los hace producir bienes y servicios sin que las distancias sean un obstáculo.

La sociedad del conocimiento se ha ido desarrollando a medida que las tecnologías de la información y la comunicación se desarrollan. Son dos sucesos paralelos, indisolubles pero al mismo tiempo complementarios. No obstante que en Guatemala cerca de dos millones de personas hacen uso de internet, la brecha aun es grande para alcanzar la sociedad del conocimiento. A esto se agrega que tenemos un significativo índice de analfabetismo en lecto-escritura y también un importante índice de analfabetismo informático.

A pesar de los esfuerzos que se han realizado en Guatemala en materia educativa en los años de la era democrática, aun persisten considerables asimetrías. Por un lado, una enorme masa magisterial sin las condiciones materiales para desarrollar su labor y en muchos casos, con rezagos científicos y tecnológicos. Cada vez el sector magisterial es más grande, pero también es cierto que cada vez está más depauperado, con salarios que apenas llegan a un promedio de 400 dólares mensuales. Los niños y niñas son ciudadanos que en su gran mayoría forman parte del sector en pobreza y pobreza extrema, lo que hace aun más difícil la labor educativa de los maestros.
No obstante los grandes problemas estructurales que se deben enfrentar, ingresar en la era de la sociedad del conocimiento es una ruta a seguir para estar a tono con el mundo interconectado de hoy.

Referencias

Castels, Manuel (1998). La era de la información. Madrid: Alianza Editorial.
De la Cruz Escoto, Jesús (2003). Sociedad del conocimiento: Retos, oportunidades y estrategias para Guatemala a principios del Siglo XXI. Madrid: Universidad Pontificia de Salamanca. Tesis doctoral.
Finkel, Meir (2009). SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO GUATEMALA: El desarrollo histórico del actual modelo cibersocial apoyado en innovación tecnológica. Guatemala: Universidad Panamericana. Tesis doctoral.
Instituto Nacional de Estadística –INE- (2007) .Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI 2006. Guatemala: versión digital.
Joyanes, Luis (1997). Cibersociedad: Los retos sociales ante el nuevo mundo digital. Madrid: McGraw-Hill.
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD- (2010). Informe Nacional de Desarrollo Humano 2009-2010. Guatemala: Magna Terra Editores.

martes, 21 de junio de 2011

25 DE JUNIO, DÍA DEL MAESTRO




En Guatemala se celebra cada 25 de junio el Día del Maestro. Para quienes escogimos esta carrera es una fecha muy especial, llena de múltiples significados asociados a la profesión docente: fe de servicio, responsabilidad, respeto, sentido de investigación, cumplimiento del deber, liderazgo positivo, construcción de ciudadanía, y tantos otros que por el momento se me escapan.

Yo tuve la dicha de haber escogido desde mis años más tempranos, esta línea de vida: ser maestro. A esta tarea me didico desde aquel lejano 1973, cuando hacíamos nuestras prácticas docentes en una pintorezca aldea de Chiquimula, la siempre bien recordada "Perla de Oriente".

Eran tiempos de muchos sueños; realizados algunos, otros, simplemente postergados por los años de los años. Sin embargo, de algo estoy seguro: no haberme equivocado en elegir mi carrera de nivel medio, Maestro de Educación Primaria Urbana, estudiada en aquel excelso Instituto Normal para Varones de Oriente -INVO-.

De mis primeros años de maestro recuerdo con mucho cariño a cientos de niños y niñas que tuve en las aulas, a quienes tuve la gran satisfacción de enseñar las primeras letras, los primeros números, las primeras reglas de convivencia social, las primeras reglas de higiene personal...Eran tiempos donde la Tecnología de la Información y la Comunicación aun constituían una utopía. Nuestra cajita tecnológica se reducía a cartulinas, marcadores y láminas impresas (compradas por nosotros los maestros), yeso, almohadilla pizarrón negro. Pero éramos felices y estoy seguro que nuestros niños y niñas también lo eran. Lo que había en abundancia eran sonrisas, abrazos, consejos, respeto a más no poder, entrega total a nuestra labor magisterial.

Aun llevábamos sobre nuestros hombros la gratificante aunque pesada carga que encierra la frase de José Martí: "Y me hice maestro, que es hacerme creador". Y en las aulas poníamos lo mejor de nuestra imaginación para recrear en la mente de los niños y niñas un mundo paralelo de fórmulas, frases, datos, anécdotas, historias, consejos, que más tarde habría de servirles para abrirse campo en la vida.

Hoy los años han pasado. Se cuentan por décadas. Aun ejerezo docencia en las universidades. Sigo siendo (y consintiendo ser) maestro. Es una profesión que me gustaría ejercer en la otra vida, porque en esta, no creo dejarla por mucho tiempo.

Y aunque la tecnología se ha constituido en una avasalladora limitante para muchos maestros, hago el mejor de mis esfuerzos para aprehenderla y usarla en lo posible. No sé (esta palabra tampoco se tilda hoy día pero yo lo sigo haciendo) si estoy en lo correcto, y la verdad, ya no me interesa averiguarlo. Simplemente sería una pérdida de tiempo centrar mi atención en establecer si la tecnología nos ha hecho menos o más sensibles.

Simplemente me interesaría saber que los maestros de hoy usamos la tecnología para dar lo mejor de nosotros para los otros.

A todos los maestros, hombres y mujeres, que aun tienen y gozan el privilegio de proyectar su pensamiento en la raza humana, mis mejores deseos porque este 25 de junio la pasen de lo mejor.

martes, 22 de febrero de 2011

INTERNET: Recuperación del diálogo social



Imagen tomada de la red

Nota: Este artículo fue publicado por Carlos Interiano en la revista Comunicología, Escuela de Ciencias de la Comunicación, Universidad de San Carlos de Guatemala (2009).


RESUMEN

En el presente ensayo se ofrecen algunos elementos de discusión en torno al uso de Internet como herramienta que ha contribuido a recuperar el diálogo social. Además se presenta un esbozo de lo que ha sido el imperio de la televisión durante 70 años, es decir, de la década de los años treinta al dos mil.

Durante el tiempo que la televisión acaparó la atención de millones de ciudadanos en todo el mundo, se presupone que se produjo un proceso de resquebrajamiento del diálogo social, ya que este medio provocó un proceso de enclaustramiento ciudadano, en donde lo que prevalecía era una relación ser humano-caja mágica, con el consiguiente deterioro de las relaciones familiares, sociales y comunitarias.

PALABRAS CLAVE: Televisión, Internet, diálogo social, cibernautas, comunicación masiva.

INTRODUCCIÓN

Eran las postrimerías de los años veinte, en Inglaterra, cuando la BBC de Londres emitiría las primeras señales de televisión. Algo similar sucedería en Estados Unidos en 1930. Ya para mediados de esa década la televisión se había enseñoreado en varios países del mundo. En Guatemala no sería sino hasta inicios de los años cincuenta cuando haría su ingreso triunfal.

De esa fecha, hasta 2000, la televisión se había adueñados de la mayoría de hogares del mundo. En un hecho sin precedentes en la historia de la Humanidad, este medio de comunicación fue capaz de redefinir las relaciones sociales, quebrar el diálogo como herramienta de interacción humana y sustituirlo por acciones cada vez más aisladas, sobre todo en las áreas urbanas de la mayoría de países. Sólo la vida rural escaparía, al menos en Guatemala, a esta nueva praxis comunicativa.

Hoy día, y a partir de la década de los noventa del siglo pasado, se replantean las relaciones sociales, motivadas por un nuevo medio de comunicación: el Internet. Y si bien es cierto que es un medio que demanda presencia, postura y la atención de vista y oídos, es una herramienta que está contribuyendo a devolver la capacidad de diálogo a los seres humanos, redefiniendo de esta manera, las relaciones sociales que antaño fueron cautivas por la televisión.

EL DIÁLOGO COMO HERRAMIENTA PARA LA COMUNICACIÓN EFECTIVA

Cuando dos personas se miran a la cara y expresan lo que contiene su corazón o su razón, se produce un proceso de producción de signos que termina por crear un clima de empatía y consecuentemente, de mutua simpatía. El diálogo es una herramienta efectiva que contribuye a la armonía humana, familiar o social.

Mediante el diálogo, la Humanidad entera ha dado innegables pasos en la búsqueda de su desarrollo integral; también es cierto que cuando este se rompe, se recurre a otros mecanismos, entre ellos la fuerza de cualquier naturaleza. De allí que dialogar significa “hacer de mutuo conocimiento” estados anímicos, afectivos y cognoscitivos. Gracias a esta capacidad humana se conciben grupos humanos armónicos, ya sea familiares, o comunitarios.

Por milenios, los diferentes grupos que conforman la Humanidad utilizaron el diálogo, no sólo como herramienta política sino también como medio de vida. Mediante este recurso de comunicación, los grupos se reunían alrededor de su líder para intercambiar experiencias de la más variada especie. También ha servido como efectiva herramienta de interacción familiar. Piénsese por ejemplo, en el diálogo que se establece durante la cena, o en cualquier reunión de familia o amigos.

En el diálogo se experimentan una mezcla de fuerzas de carácter psico-social que constituyen los lazos invisibles de la interacción: las llamadas fuerzas propulsoras e inducidas, las que, bien mezcladas producen el milagro de la interacción positiva en los seres humanos. Sin embargo, mal usadas, contribuyen a resquebrajar estas relaciones. Estas fuerzas son inherentes al ser humano, y le han servido como dispositivos naturales para provocar la interacción social.

Y desde antes que se comenzara a utilizar el lenguaje articulado, los seres humanos tuvieron que usar mecanismos de comunicación dialógica, tales como las reuniones en grupo, las danzas y otros ritos que le daban vitalidad a su existencia. El lenguaje articulado vendría después, y con él las más sofisticadas herramientas de comunicación.

Dentro del amplio espectro de comunicación dialógica podemos ubicar a la comunicación familiar. Esta se establece, en un primer vínculo, entre la madre y el recién nacido (incluso, en el vientre materno) y se va ampliando con la relación del niño/a y otros miembros de la familia. La comunicación familiar estimula el concepto de autoestima en el niño/a y sienta las bases para su seguridad emocional futura. De esta manera, los niños que crecen en un ambiente de diálogo, serán personas seguras de sí mismas en su adolescencia y en su vida adulta.

LOS MEDIOS MASIVOS Y LA INTERRUPCIÓN DEL DIÁLOGO

Es un hecho incuestionable que el inicio y desarrollo de los grandes medios masivos de comunicación, especialmente la televisión, redujeron los espacios de diálogo social, arrinconando esta potente capacidad humana a un lugar secundario en el tejido social. Precisamente el término masa vino a sustituir los términos familia, vecino, amigo. Se obligó a los seres humanos a enclaustrarse en un mundo simbólico que les fue preparado previamente y en el cual poco o nada tenían de participación.

En esta lógica discursiva, los seres humanos, de seres dinámicos se volvieron personas estáticas, acríticas, conformistas y muchas veces, desidiosas. Los medios masivos pensaban y actuaban por ellos. De estos tres medios masivos (y masificantes) ha sido la televisión la que más críticas ha recibido, dada su capacidad para acaparar todo el entorno del espectador, ya que, como es sabido, se necesita del ojo, del oído y de la postura para poder absorber los mensajes que difunde. No sucede lo mismo con la radio, la cual no necesita de mayores recursos de atención más que el oído dispuesto a escuchar.

Durante los 70 años que la televisión fue dueña y señora del espacio vital de los ciudadanos, sobre todo, los ciudadanos de las ciudades, el diálogo como instrumento de comunicación social sufrió una ruptura que acabó con los espacios de discusión familiar, la amena charla entre amigos y vecinos y terminó por crear nuevas pautas de comportamiento social, en donde las conductas aisladas fueron las más notorias.

De hecho, quienes crecimos en la era de la televisión tenemos mucho de mutismo, individualismo y una visión estática de la realidad, a tal grado, que nos conformábamos con observar los acontecimientos en diferido. Esto debido al desarrollo de la industria cultural con dos de sus más grandes herramientas: el cine y la televisión.

Con la herramienta del diálogo quebrado, los grandes medios se ocuparon de llenar este vacío existencial, a lo que Lazarsfeld llamaría en su momento, el tiempo de ocio, para denominar a aquel espacio que los seres humanos no dedicamos a las actividades productivas.

La convivencia familiar, los eventos sociales entre vecinos y amigos, la asistencia a los lugares públicos, se transformó en esos años del imperio televisivo en espacios cerrados, tan sólo para los individuos, en su esfera individual, en sus creencias y gustos personales.

En Guatemala, este fenómeno mediático y masificante por supuesto, no se vivió en los sectores rurales; o al menos, no se vivió con la misma fuerza que en las áreas urbanas, en donde, casi literalmente, el aparato de televisión sustituyó la presencia de la madre u otra persona adulta encargada de atender las actividades lúdicas de niñas y niños. Fue la caja mágica quien se encargaría durante esos largos setenta años en preparar generaciones y generaciones de seres humanos dispuestos al consumo, a la inacción y sobre todo, a la producción de un nuevo discurso social: el mediático, en donde la voz de lo colectivo sucumbe ante la voz del individualismo.

LA NUEVA HERRAMIENTA DEL DIÁLOGO

Con la nueva herramienta tecnológica, el Internet, existe una tendencia a recuperar el diálogo. Hoy día, es común comprobar que a través de este nuevo medio de comunicación, millones de personas en todo el mundo, intercambian conocimientos, ideas, emociones, juegos, entretenimientos, recetas, ideologías, y todo, cuanto sea posible enviar y recibir en tiempo real. Se han instaurado las nuevas comunidades virtuales y las redes sociales. Entre estas son significativas a nivel mundial Facebook, Hi5 y Twiter, entre otras.

Hoy día, las redes sociales en Internet, son formas de interacción dinámica entre personas, grupos e instituciones en contextos de complejidad, cuya característica básica es tener un sistema abierto y en construcción permanente que involucra a personas con similares problemas, intereses y necesidades.

Esta nueva dinámica de producir diálogo, sin embargo, ha propiciado también nuevas formas de interactuar. Y a la verdadera identidad de la persona se agrega una doble identidad, el pseudónimo. Utilizando pseudónimos de la más variada especie, los cibernautas se agregan a las grandes redes sociales; y aunque algunos salen del anonimato, incluyendo sus datos personales reales e incluso fotografías, en realidad no es garantía que se esté estableciendo comunicación dialógica con una persona en particular.

Otra característica de esta nueva manera de producir diálogo son los mensajes cortos. De varias pulsaciones, los cibernautas se comunican. Lo mismo sucede con los famosos mensajitos que se transmiten vía teléfonos móviles.

Pero también existen posibilidades de incorporar la cámara web (Webcam) y los audífonos en conversaciones interpersonales o en interacción entre miembros de pequeños grupos, además del chat y por supuesto, los blogs y el correo electrónico; ente último, una herramienta de comunicación en diferido.

No escapa a ningún ser humano, con elementales conocimientos de computación, la posibilidad de ponerse en contacto con cualquier persona en el mundo, a través de cualquier dispositivo electrónico o mediante plataformas virtuales de la más variada gama y posibilidades.

El mundo se ha vuelto un pañuelo. Pero en ese pañuelo de incontables dobleces, cabe la voluntad de comunicación del ser humano, así como su incuestionable capacidad para encontrar siempre nuevas formas de interactuar, crear y construir.

Por supuesto, la vida cotidiana de la aldea ya no es hoy lo que era hace algunas décadas. El diálogo social se construye aplicando las más modernas herramientas de la tecnología que ofrecen las TIC. Es verdad que ya no es un diálogo de cuerpo y sangre, pero sí es un diálogo con cuerpo digital, satelital e inalámbrico. Estamos allí, viéndonos, “tanteándonos”, aunque no podamos palparnos en carne y hueso. Al menos, todavía no.

CONCLUSIONES

Cada vez Internet marca la pauta sobre las nuevas formas de producir diálogo social. Lo sintético de los mensajes que se intercambian, se ve compensado con la cantidad de usuarios que pueden abarcar, ya que, en el ciberespacio, no existen restricciones de tiempo ni distancias.

Esta nueva era en las comunicaciones sociales está provocando cambios fundamentales en las conductas de los individuos. Si bien es cierto, el carácter sedentario de la televisión se ha trasladado al mundo del Internet, sus modos de operar son abiertamente contrarios. Al carácter unidireccional de aquella, se opone el carácter interactivo de ésta.

Los jóvenes de hoy, sobre todo, los que provienen de las áreas urbanas, se mueven en la frontera de dos mundos informativos: el masivo, apuntalado por la radio, la televisión y la prensa escrita, y el virtual, con la incorporación cada vez más ágil de estos tres medios masivos al ciberespacio, donde, esperan, podrán encontrar audiencias aun vírgenes y por supuesto, nichos de mercado aun por explorar.

viernes, 18 de febrero de 2011

335 ANIVERSARIO DE FUNDACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS DE GUATEMALA




Nuestra gloriosa Universidad de San Carlos de Guatemala nace en la cintura de la Edad Moderna, un 31 de enero de 1676, por real cédula del Rey Carlos II de España. Para entonces, quien daría vida a una de las instituciones de mayor trascendencia en la vida académica, política y social de Guatemala, contaba tan sólo con catorce años de edad.

La historia registra la azarosa vida del Rey Carlos II, quien heredaría el Trono cuanto contaba con tan sólo cuatro años de edad. Sin embargo, en los anales de la historia quedó grabado aquel memorable día que su Alteza diera vida a la tercera universidad en América Latina, la que a partir de entonces, iniciaría una fructífera vida académica y trascendería a todas las latitudes con ilustres y tesoneros talentos guatemaltecos.

A decir verdad, el obispo Francisco Marroquín ya la había gestionado desde 1548 y cuyas acciones duraron varios años, exponiendo el beneficio que obtendría el Reino de Guatemala, si se le concedía una universidad como la de San Marcos en Lima, o la de México, ambas fundadas en 1551.

En el estudio sobre el origen de nuestra gloriosa Alma Mater se puede constatar que el capitán Pedro Crespo Suárez, correo mayor del Reino había dejado un legado de 20,000 pesos de oro para la fundación de la universidad. Sin embargo, dichos esfuerzos tampoco fueron atendidos por la Corona Española.

Siglo y medio después, el obispo Fray Payo Enríquez de Rivera reiniciaría las gestiones para la fundación de nuestra universidad. Corría el año 1660. 16 años después dichas gestiones obtienen por fin, sus frutos anhelados. La Real Universidad de San Carlos había sido creada. Según dicha cédula real, tenía una jurisdicción local. Fue el romano Pontífice Inocencio XI quien la elevará, diez años después, a la categoría de Pontificia, con facultad de enseñar en cualquier parte del mundo.

335 años han pasado desde aquella memorable fecha. Durante este transcurrir la Universidad de San Carlos ha pasado por diferentes momentos históricos, tanto a nivel mundial como nacional. Sus aulas han sido el recinto de discusión y análisis de los diferentes problemas que han afectado al mundo; también han sido la caja de resonancia de las ideas generadas en el mundo, tanto en el plano intelectual como político y social, y en innumerables ocasiones han sido el centro del debate nacional, abordando diferentes temáticas.

El pasado de nuestra querida casa de estudios ha sido un continuum de hechos relevantes de donde es necesario obtener lecciones aprendidas. Quien no aprende del pasado está condenado a repetir los mismos errores, a sufrir los mismos problemas y a caminar en círculos perniciosos, sin salidas victoriosas. Es imperioso estudiar el pasado para no quedarnos en el pasado. Pero al mismo tiempo es necesario fijar nuestra mirada en el horizonte del futuro, pues es el devenir que debemos construir con nuestra experiencia, nuestro conocimiento y nuestra vocación de universitarios.

Estos 335 años nos deben servir para reflexionar sobre lo que hemos hecho, pero fijar nuestra atención en lo que nos falta por hacer, en los caminos no recorridos, en las exigencias que nos impone nuestra realidad actual, de cara a participar en la solución de los diversos e ingentes problemas nacionales, que por mandato constitucional le corresponde a la USAC.

De tal modo que dejaremos de lado la historia para reflexionar sobre lo que debe ser nuestra Alma Mater, de cara al futuro y forjar nuestro pensamiento con las mejores ideas que surjan desde los colectivos sociales que la integramos: profesores, estudiantes, trabajadores y egresados. La sociedad guatemalteca agradecería profundamente que tomáramos acuerdos sobre vías de solución conjunta a los diferentes problemas que nos aquejan, tanto al interior de la institución como en el orden de la vida nacional.

En este orden de ideas, los retos de la Universidad de San Carlos son muchos.
En lo financiero, se tiene que mantener una actitud vigilante y proactiva para que se respete el aporte constitucional que por ley nos corresponde. Actualmente, a la Universidad se le adeuda varios millones de quetzales, provenientes de la asignación de años anteriores, sin que hasta el momento se hayan ingresado a las arcas universitarias.

En el orden administrativo, se debe hacer más eficiente y eficaz la intervención humana, generando procedimientos que tiendan a resolver, sin retardo ni contratiempos, los diferentes procesos que se tramitan en la institución. Cabe recordar que una buena administración es aquella que está al servicio del ser humano y no contra éste. En este sentido, todos los trabajadores tienen que empeñar lo mejor de su esfuerzo, capacidad y dedicación para facilitar procesos y procedimientos, acordados en ley, con el propósito de dinamizar la vida académica y productiva de la Universidad de San Carlos. En esta dinámica de trabajo deben insertarse todos: desde las más altas esferas de la administración hasta los niveles operativos y de servicio. Una administración positiva es aquella ejecutada en forma eficiente, eficaz y amablemente servida.

En estos nuevos retos que debemos asumir como universidad, la formación del talento humano es el punto medular de nuestra existencia. Hemos superado los primeros diez años de un siglo que plantea para la Humanidad impensables retos y problemas que resolver. Como universitarios, no somos ajenos al deterioro ambiental, al crecimiento descontrolado de la población humana y a la disminución de los recursos naturales para su sostenimiento. Tampoco somos ajenos a los cambios geopolíticos que se marcan en el plano internacional, a las luchas intestinas entre poderes y contrapoderes (legítimos e ilegítimos), al fortalecimiento de grupos que actúan al margen de la ley. Como institución de educación superior no debemos ignorar los nuevos acontecimientos científicos y tecnológicos, los movimientos políticos, los cambios en las corrientes de pensamiento, las nuevas direcciones en lo estético, la demanda de patrones éticos en las grandes decisiones nacionales y mundiales.

Todos estos factores demandan nuevas miradas hacia las metodologías y estrategias que estamos aplicando para la formación del talento humano. De sus aulas debe egresar aquella fuerza profesional, con capacidad, conocimiento y competencia para insertarse en la problemática nacional e internacional, y desde allí, impulsar las acciones necesarias para resolverla.

Debemos reconocer que en esta ruta se han dado pasos significativos. Sin embargo, es necesario acelerar el paso en algunos aspectos. Es urgente repensar algunos procesos y estilos de formación académica con los que se está formando a los profesionales de mañana.

Esta discusión de fondo debe ocupar la mente de los universitarios de hoy, incorporando aquellas medidas necesarias en el proceso de formación del estudiantado. El proceso de reforma universitaria es un espacio apropiado para llevar a cabo estos procesos de discusión y análisis pero también debe llevarse la discusión al seno mismo de las aulas, donde se encuentra lo mejor de la masa gris universitaria: los jóvenes y sus profesores. La Universidad de San Carlos será en el futuro cercano, el resultado de nuestras acciones y de las decisiones que tomemos en el presente; y aquí nos incluimos los egresados de sus aulas.

Mucho se ha dicho que nuestra Universidad de San Carlos es grande entre las grandes del mundo. Y es verdad. Pero esta grandeza es un reto que debemos asumir con responsabilidad, armonía y decisión, para hacerla crecer y trascender, en el plano nacional y en el concierto de universidades del orbe. Y no podemos competir si no es con calidad y pertinencia. Esto nos obliga a repensar el modelo educativo con que se está desarrollando la masa crítica universitaria. En este sentido es preciso desarraigarnos de los atavismos que nos impiden ver más allá de lo nuestro; y buscar en los cuatro puntos cardinales del mundo las experiencias, las lecciones aprendidas de otros colectivos académicos para tomar ejemplo, para imitar sus fortalezas y enmendar nuestras debilidades.

No hay nada más pernicioso en la vida de un académico que el prejuicio y la aversión a lo desconocido. Esta reflexión nos impone el reto de abrir nuestra mente a nuevas posibilidades de hacer ciencia, de construir academia, de formar profesionales. No podemos, ni debemos, quedarnos en el pasado. Nuestro mandato, como institución de educación pública superior es caminar sobre hombros de gigantes y avanzar, con la preocupación puesta en lo que nos falta por recorrer, más que por el camino recorrido.

Tenemos la tarea de repensar la educación superior en función de las competencias profesionales que demanda la sociedad de nuestro tiempo y de los problemas que tendrán que resolver en el futuro quienes egresen de sus aulas. Y cada vez estas competencias están más centradas en ámbitos científicos, tecnológicos, sociales y ambientales que eran soslayados por las generaciones pasadas, pero que no deben ser ignorados por las generaciones actuales, pues de su conocimiento y dominio dependerá encararlos técnica y científicamente por nuestros profesionales graduados.

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo