lunes, 15 de noviembre de 2010

El stress: causas e implicaciones laborales

Continuación de libro.

Cuando los estados neuróticos o noóticos no son controlados por el individuo, generalmente se produce el stress. Sin entrar en pormenores sobre el stress diremos que este se genera como una respuesta adaptativa del organismo ante los diversos estresores. El stress fue llamado como el “Síndrome de estar enfermo”, por Hans Selye, en 1930.

Se ha definido al stress como una enfermedad de nuestra vida contemporánea; generalmente más aguda y presente en las sociedades industriales, con una dinámica vertiginosa de cambios en todos los órdenes de la vida. A medida que se incrementa la actividad laboral de un individuo, tiende también a incrementarse los niveles de stress. De ahí que comiencen a aparecer síntomas físicos o psicológicos que demandan atención adecuada. Entre estos síntomas se pueden mencionar los siguientes:

a) Depresión o ansiedad
b) Dolores de cabeza
c) Insomnio
d) Indigestión
e) Sarpullidos
f) Disfunción sexual
g) Palpitaciones rápidas
h) Nerviosismo

El stress es manejado por las personas según su estabilidad emocional, y también según el principio de placer o no placer con que realicen sus actividades laborales. A mayor placer, mayor será la posibilidad de controlar los niveles de stress. Cuando una persona siente rechazo por las actividades que realiza, el nivel de stress tiende a incrementarse, a tal punto, que los síntomas se pueden convertir en enfermedades físicas, con las correspondientes implicaciones en la falta de atención de sus actividades relacionadas con su trabajo, e incluso, de su entorno familiar y social.

En este sentido, el ser humano debiera tener como máxima de vida la siguiente: se vive para trabajar, no se trabaja para vivir. La frase anterior encierra cierta dosis de aparente contradicción si se analiza desde el punto laboralista. Sin embargo, si se toma en cuenta que el trabajo mismo resulta ser en la sociedad, un antídoto para el aburrimiento y la anomia, vivir para trabajar encierra algo más que un significado laboral. Es la vida misma la que se involucra en el trabajo; y dentro de ésta, la concepción del ser humano sobre su autorrealización. El trabajo es, en cierta manera, una forma de sentirnos útiles ante el mundo. En un triángulo de necesidades humanas que deben ser satisfechas, la necesidad de saber, la necesidad de querer y la necesidad de hacer, se ve cristalizada la máxima necesidad de poder que tenemos todos los individuos.

El poder, cristalizado en el trabajo, es entonces la posibilidad de tener satisfechas las tres necesidades antes citadas. Pero con una de estas que no esté satisfecha, generará cierto sentido de inconformidad y consecuentemente, se canalizarán energías para su satisfacción. Estas energías deben encontrar un campo fértil para poder ser asimiladas por nosotros; caso contrario, generará ciertas dosis de frustración, y con esta, un campo de inestabilidad que puede provocar stress.

viernes, 17 de septiembre de 2010

5. Neurosis y noosis laboral

Continuación libro.


Imagen tomada de Google.com

Aunque no es propósito aquí profundizar en la definición y características de la neurosis (y a reserva que hoy día tanto psiquiatras como psicólogos prefieren hablar de otra tipología de enfermedades), indicaremos que se trata de un estado general de descompensación de la personalidad, el cual se traduce en estados manifiestos de ansiedad, angustia, insatisfacción, etc., causados a veces por factores externos al ser humano, tales como altas dosis de presión y exigencia laboral, malas relaciones humanas, violación a normas y leyes laborales, sólo para poner algunos ejemplos. Otras veces, los factores pueden ser internos, tales como una mala elección de carrera o centro de trabajo, falta de motivación o placer en las actividades que realiza, una mala planificación de su tiempo, etc.

Entre las manifestaciones más comunes de la neurosis está la depresión, cuyos síntomas merecen la pena enunciar aquí, ya que es un estado emocional muy común en los trabajadores:
a) Estado de ánimo deprimido durante la mayor parte del día, a diario.
b) Notable disminución del placer o interés en todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, generalmente a diario.
c) Aumento o pérdida significativa de peso sin ninguna razón aparente, así como disminución del apetito.
d) Insomnio o hipersomnio generalizado.
e) Agitación o retraso psicomotores casi a diario.
f) Fatiga o pérdida de energía casi a diario.
g) Sentimiento de inutilidad o culpabilidad, casi a diario.
h) Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse.
i) Indecisión ante los actos cotidianos, especialmente laborales.
j) Ideas de muerte recurrentes, ideas o intentos de suicidio.

En términos generales, un individuo con personalidad neurótica no busca las causas de sus males sino busca culpables. Culpa a todo el mundo de lo que le sucede; tiende a sobredimensionar sus problemas y casi nunca está interesado en resolverlos, sino en quejarse por éstos.

Otro de los conceptos que ofrece una de las corrientes psicológicas de mayor prestigio en el mundo es el de noosis. Este concepto fue acuñado por primera vez por Víctor Frankl, considerado el padre de la tercera corriente sicoanalítica de Viena.

Para Frankl, la noosis es un estado de desequilibrio en las cogniciones como resultado de un futuro incierto en todos los órdenes de la vida. Por ejemplo, ante la pérdida de un empleo, o la pérdida de un objeto o un ser querido, el ser humano cae en situaciones noóticas, es decir, no sabe qué hacer.

Por supuesto que este desequilibrio en las cogniciones genera también un desequilibrio en las emociones, con la consabida asunción de conductas neuróticas. Como podemos ver, tanto las neurosis como las noosis generan estados de tensión emocional que, en el caso de los trabajadores, afectan tanto su esfera familiar, como sus relaciones labores y el entorno mismo.

jueves, 5 de agosto de 2010

4. Trabajo y salud mental

(continuación de nuevo libro de Carlos Interiano)

Existe una íntima e innegable relación entre trabajo y salud mental. De esto están convencidos los especialistas en psicología laboral. Y aunque en un estado de perfecta salud mental intervienen diversos factores, tanto internos como externos, en la vida adulta, el trabajo es un factor determinante; en primer lugar, porque mediante el trabajo el ser humano satisface un cúmulo indeterminado de satisfactores, en segundo lugar, porque mediante éste el ser humano se siente realizado cuando le reporta una alta tasa de ganancia no sólo económica sino de diverso tipo.

De ahí que el exceso de trabajo, como la falta de éste, genera un estado de inestabilidad tanto mental, como emocional que puede perjudicar nuestro cuadro general de salud, incluyendo la salud física.

Peter Warr (citado por García, Tomás y Oliver, 2005) propone un modelo de salud mental en el trabajo que está basado en dos principios fundamentales: el placer y la activación. Entendiéndose por este último la capacidad intelectual o física que se emplea en la ejecución laboral. Cuando los grados de la activación no guardan relación con el placer, no se consideran por lo general un indicador del bienestar. Sin embargo, cuando existe relación entre activación y placer, pueden distinguirse cuatro cuadrantes, tal como aparece en el siguiente cuadro:



El modelo de Warr se puede entender de la siguiente mantera:
a) Gran activación y placer generan entusiasmo.
b) Baja activación y placer generan comodidad.
c) Gran activación y desagrado generan ansiedad.
d) Baja activación y desagrado generan un estado de ánimo depresivo.
Como puede verse en el cuadro anterior, la mezcla de una alta dosis de activación y placer genera una considerable dosis de entusiasmo. Esta situación se puede comprobar en aquellas personas que son netamente felices con las labores que realizan y a las cuales les aplican altas dosis de entrega y dedicación.

Por el contrario, una baja activación y escaso placer (desagrado), generan estados depresivos. En estos casos, los trabajadores mantienen una actitud de escasa actividad y casi nula motivación para el trabajo.

Asimismo, se genera ansiedad cuando la activación es alta pero el placer es poco. Este principio se puede comprobar cuando somos presionados a realizar tareas que no nos producen ningún agrado. Tanto en el caso anterior como en el presente, se corre el riesgo de provocar poca productividad y a veces asumir conductas antagónicas hacia nuestra fuente de trabajo (empresas o instituciones).

En el cuarto caso, una baja activación y mucho placer generan un estado de comodidad. En este último caso, las personas hacen lo que les gusta pero en pocas cantidades o con poca demanda por parte de las empresas o instituciones.

La buena salud mental es el resultado no sólo de factores de contexto en el trabajo, sino también de factores derivados de la relación laboral y del proceso de producción mismo. De ahí que la buena salud mental está asociada a un estado de bienestar general; en este sentido, no sólo se trata de armonizar los factores psicológicos, también de crear un balance entre éstos y otros factores tales como el económico, el físico, el fisiológico e incluso, el social.

Decir que alguien goza de buena salud mental es ubicarlo en un estado de sustancial armonía entre su yo interno y su entorno. Tanto el yo interno como el entorno interactúan, influyéndose mutuamente. De ahí que es importante prestar atención a los elementos que conforman el ambiente, tanto como los elementos que tienen que ver con el mundo interior del ser humano.

martes, 27 de julio de 2010

3.El camino de las motivaciones (continuación libro)

Veamos el siguiente esquema que constituye el circuito de la conducta humana:





Las motivaciones son disparadores de las actitudes, opiniones, conductas y comportamientos. Están presentes en cualquier actividad humana. Como parteaguas, las motivaciones tienen un antes y un después. Los elementos que están antes y después conforman el circuito de las conductas humanas. Grosso modo nos referiremos a cada uno de ellos:

Estímulo:

Son todos los elementos capaces de excitar nuestros sentidos; también se consideran estímulos aquellos factores psicosociales que predisponen el complicado andamiaje de nuestros instintos. Ante una conducta instintiva se muestra también factores que los predisponen. También se consideran estímulos aquellos factores que las sociedades han conformado como resultado de la cultura, los valores morales, éticos, estéticos, etc.

El circuito de la conducta humana comienza con los factores estimulantes; estos son los resortes que inician el proceso. En la publicidad, por ejemplo, los estímulos son poderosos elementos que incitan al consumo, predisponen nuestros instintos y moldean nuestros gustos personales. Los publicistas se han ingeniado una complicada gama de trucos publicitarios para excitar nuestros sentidos: vista, oído, olfato, tacto, gusto.

Imágenes poderosas, acompañadas de frases poderosas, hacen un conjunto capaz de hacer efectiva la fórmula que en el lenguaje publicitario se conoce como AIDA: Atención, Interés, Deseo, Acción.

El anuncio que se presenta es un ejemplo de esto:


Fuente: Imagen tomada de Google


Instintos:

Los instintos constituyen fuerzas hereditarias que garantizan nuestro funcionamiento y nuestra relación con el entorno. Los instintos no se aprenden socialmente, aunque pueden condicionarse social y culturalmente. En una sociedad bélica, por ejemplo, el instinto de muerte está exacerbado. En una sociedad consumista, el instinto básico de vida es también exacerbado.

Los seres humanos, a diferencia del resto del mundo animal, poseemos cuatro grupos de instintos:
• Instinto de vida
• Instinto de muerte
• Instinto de conservación
• Instinto de progreso
Alrededor de estos cuatro grupos de instintos gira nuestra vida. Ellos garantizan nuestra existencia, desarrollo y superación.

El instinto de vida se manifiesta en la satisfacción de carencias básicas, tales como comer, beber, dormir, descansar, protegerse del ambiente y de peligros, tanto internos como externos.

El instinto de muerte, por el contrario, se manifiesta en las conductas agresivas, bélicas, destructivas que el ser humano experimenta a lo largo de su vida y en su relación con el ambiente. Algunos investigadores opinan que los instintos de muerte son conductas aprendidas en ambientes violentos. Otros no están de acuerdo con esta visión y opinan que los instintos de muerte son fuerzas genéticas, cuyas características también las posee el resto de la escala animal. En este texto no vamos a entrar a cuestionar quiénes están a favor o en contra. Bástenos con explicarnos que son fuerzas hereditarias que están en nosotros y que potencialmente se activan pro factores internos y externos.

Por su parte, el instinto de conservación nos permite proyectar la especie humana, garantizando su subsistencia por la vía de la reproducción. Las sociedades han construido diferentes instituciones, códigos y ceremoniales para canalizar el instinto de conservación. Desde el simple rapto de una joven por un enamorado muchacho hasta la realización de un complicado y vistoso ceremonial religioso, son manifestaciones sociales del instinto de conservación, muchas veces elevado a la categoría de ritual sagrado. En la mente de los practicantes de los diversos ritos, subyace una idea fundamental: reproducirse.

El instinto de progreso es singular de la especie humana. No lo posee el resto del mundo animal. Gracias a este instinto, el cual algunos estudios consideran únicamente como resultado de la cultura, la Humanidad ha dado saltos cuantitativos y cualitativos en su calidad de vida, pasando de ser los seres nómades y dependientes totalmente de los alimentos y demás satisfactores que les proveía la naturaleza, a ser dueños de una fuerza de progreso que ha logrado construir cultura, ciencia y tecnología para uso del mismo ser humano.

Actualmente podemos decir que de la vida en las cavernas a la vida en los ultramodernos edificios inteligentes que se están construyendo en el mundo actual hay acumulados miles de años de experiencia humana, miles de errores y asertos, miles de fracasos y triunfos. Existe entre estos dos extremos un sueño interminable de ser hoy mejor que ayer y mañana, mejor que hoy. Este es quizá el rasgo fundamental que explica la calidad de ser humano y lo separa del resto de la escala animal.

Necesidades:

Las necesidades se explican como la carencia de satisfactores requeridos por los instintos. Ante la ausencia de comida, por ejemplo, surge la necesidad de alimento (hambre); ante la ausencia de líquido vital, surge la necesidad de beber (sed). Las necesidades forman parte del complicado mecanismo de reloj biológico que nos acompaña desde la gestación hasta nuestra muerte. Por supuesto que estas necesidades están sujetas también a un proceso de mediación social que da como resultado un proceso de adaptación a las condiciones que impone cada grupo, cada cultura, cada oficio, cada profesión, y en general, cada gusto individual. Todos tenemos distintas horas para ingerir alimentos y líquidos, descansar, dormir, etc. Pero todos debemos hacerlo, caso contrario, nuestra salud peligraría.

Ahora bien, a diferencia del resto de la escala animal, el ser humano manifiesta dos jerarquías de necesidades. En primer lugar, están las necesidades primarias: beber, comer, dormir, etc. En segundo lugar, están aquellas que conforman “el modo” de satisfacerlas. Se citan aquí las diversas manifestaciones de comer (tipos de alimentos, rituales culinarios, lugares específicos, cantidades, embalajes, presentaciones, etc.). Este grupo de necesidades las conocemos como necesidades secundarias. En efecto, no importa sólo comer; importa qué comida, dónde, con quién, qué cantidad, a qué hora, sobre qué utensilios, con qué protocolo, etc.

De alguna manera las necesidades secundarias están asociadas a características culturales, sociales y económicas de los diferentes grupos humanos. Es conocida por ejemplo, la marcada cultura culinaria china, japonesa, norteamericana, europea; es indudable que todos ellos consumen alimentos, pero tienen un estilo, un protocolo de consumo, un gusto marcado por la tradición y la cultura, entre otros factores. Así, mientras un asiático puede consumir un plato de arroz, un norteamericano consume una hamburguesa, y un guatemalteco un plato de frijoles fritos. Cuestión de gustos, cuestión de cultura, cuestión de posibilidades económicas.

Motivaciones:

Las motivaciones constituyen los resortes ocultos que nos inducen a las actitudes. Los motivos son el resultado de las necesidades (tanto primarias como secundarias). Lo anterior significa que antes que un motivo existe una necesidad, un vacío en la curva de satisfacciones humanas. Existen diversos motivos. Los hay de carácter fisiológico, de carácter psicológico y de carácter social.

Los motivos de carácter fisiológico son aquellos derivados de las necesidades primarias, es decir, las que manifiestan en el momento de experimentar un vacío de satisfactores biológicos instintivos: hambre, frío, cansancio, etc. El cúmulo de energías que se desplaza en la satisfacción de dichas necesidades constituyen las motivaciones.

Los motivos psicológicos es aquel cúmulo de energía que los seres humanos desplazamos en como resultado de altas dosis de carencias psicológicas. Las motivaciones psicológicas están asociadas a los condicionamientos psicosociales experimentados a lo largo de nuestra vida. En alguna medida son el resultado de las carencias impuestas por el instinto de progreso. Las motivaciones psicológicas están asociadas a la noción de pérdidas y ganancias de carácter emocional y afectivo que los seres humanos experimentamos. Una carencia nos pone en un estado de inconsistencia cognoscitiva, lo cual nos impulsa a llenar esa carencia; por lo tanto, conlleva motivos que buscan la estabilidad o equilibrio emocional.

Los motivos sociales están ligados a las carencias marcadas por la cultura en su más amplia acepción. Cada cultura marca sus propios motivos, sus propias expectativas de vida, sus propios satisfactores.

Actitudes:

Se define una actitud como la predisposición a la acción. Las actitudes son marcadas por las motivaciones. Dependiendo del tipo de motivaciones que tengamos, así serán también nuestras actitudes. Una mala canalización de motivaciones podría generar actitudes negativas; y por el contrario, motivaciones adecuadas generarán actitudes positivas.

Opiniones:

Son actitudes verbalizadas. En el circuito de comunicación intrapersonal, las opiniones son el resultado de la conformación de actitudes. Sin embargo, a veces las opiniones no corresponden a las actitudes, puesto que las primeras pasan por el filtro de la crítica personal de quien las emite. Puede suceder también que una opinión sea el reflejo exacto de una actitud, aun cuando esta sea negativa.

Acciones:

Entendemos una acción como una actitud consumada. Las acciones son el resultado de la toma de decisiones. En un acto de consumo de alimento, provocado por la publicidad, por ejemplo, se asume la actitud de compra. Esta ha sido previamente modelada por las motivaciones, como resultado de un insatisfactor. Si los mensajes estuvieron articulados para despertar (aun en forma superficial) las necesidades de consumo, la actitud formada será de compra.

Por supuesto, una acción no siempre será el resultado de la publicidad; incluso puede suceder que el efecto de esta sea nulo. Ante un cúmulo de precogniciones (actitudes, costumbres, modelajes culturales), no siempre los efectos de la publicidad producen acciones positivas de compra.

Conductas:

Las conductas son el conjunto de acciones dirigidas a satisfacer las necesidades, ya primarias o secundarias. Las conductas generalmente son producidas socialmente, aunque por supuesto no se descartan las conductas biológicamente producidas, ya que estas son el resultado de la programación biológica.

Comportamientos:

El comportamiento es la manera individual y social de realizar las conductas. Los seres humanos asumimos diferentes comportamientos frente a la satisfacción de necesidades de cualquier índole. Cada cultura genera sus propios modelos de comportamiento.

El comportamiento determina y a su vez es determinado por la diversa gama de estímulos que preceden al acto humano. En nuestro mundo actual una fuente de grandes resortes estimulativos es la publicidad y la propaganda. Ante un estímulo visual, por ejemplo, asumimos un determinado comportamiento, el cual es precedido de la larga cadena de factores que lo producen, tal como hemos venido analizando.

jueves, 17 de junio de 2010

DOS POEMAS EN EL DÍA DEL PADRE




EL ABUELO

A don Pablo De León García,
un padre amoroso que conocí en el camino. Le escríbí este poema cuando cumplió sus 90años. Murió a los 95, hace ya varios años.



En su voz el
trueno ha tendido las
alas del silencio
pero en sus ojos
anida temprano
adolescente
un ruiseñor






padre


sin ecos nuestras voces
sin nada que arrancarle
a la memoria

únicamente el vacío

las sombras no tienen huellas
ni hacen historia

alguna vez
un grito
tan sólo una vez
una caricia

sin embargo
papá
¡qué grande eras!

viernes, 21 de mayo de 2010

dicotomía

Les comparto un poema de mi poemario "Para hilvanar el tiempo"


Imagen tomada de Google.com

mi cuerpo es una casa
donde pernoctan diletantes
el amor y el odio
/festín de dioses/
se nutren se sacian se amalgaman
reposan se sumergen incursionan
y después se alejan/calladamente
como llegaron

y mi cuerpo/mi casa/
vuelve a ser
una bóveda sin cruces
ni guirnaldas

viernes, 7 de mayo de 2010

CAPÍTULO II: Libro en preparación

1. Psicología del trabajo

La señora Martínez es nueva en la empresa. Ocupa un cargo similar al de su antiguo puesto de trabajo. No obstante sus largos años de experiencia profesional ella muestra un cierto nerviosismo cuando tiene que enfrentarse a su nuevo jefe. Por la demanda de sus funciones apenas ha tenido tiempo de establecer relaciones con sus compañeros. Cumple a cabalidad con el horario establecido y desempeña su papel con un impecable sentido de responsabilidad.

En su nuevo puesto, la señora Martínez ascendió salarialmente en un 25 por ciento respecto a su antiguo cargo en otra empresa. Tiene además, prestaciones laborales que hacen atractiva su plaza. Podría decirse que, en este sentido, ella ha logrado un viejo sueño: ser reconocida como una profesional capaz, dinámica y experimentada. Pero la verdad, lo que más le atrae es el reto de iniciar una nueva red de relaciones laborales, resolver casos empresariales y, en cierto sentido, convertirse en una pieza fundamental dentro de la empresa.

El caso de la señora Martínez es típico en muchas personas, quienes no sólo van en busca de mejores salarios sino de mejores niveles de reconocimiento profesional. Y es que en la trama de las relaciones laborales se ve involucrada la perspectiva psicológica del ser humano. El trabajo llena parte de la existencia humana y se llega a la satisfacción mediante un dominio de destrezas y herramientas en cualquiera de las ramas de la producción.

Claro está que, a diferencia de los animales y de las plantas, el ser humano, la mayoría de veces, persigue un estipendio económico por las actividades que realiza. Aunque a decir verdad, existen personas que no se complacen mediante las actividades laborales que realizan. Un amigo decía que “el trabajo es tan feo que hasta pagan por hacerlo”. Lo cierto es que una persona que conozca su campo de trabajo y que haya llegado a este mediante una motivación personal, realizará las más difíciles y complicadas tareas con un grado extremo de satisfacción. Y claro, si lo que hace le gusta y además le pagan por hacerlo, se sentirá doblemente recompensada.

En la psicología laboral interviene una complicada gama de motivaciones, como veremos más adelante. No son sólo, obvio está, motivaciones económicas. El trabajo atraviesa justamente los principios del placer y del deber, dos grandes resortes que mueven la personalidad humana y que han permitido que la Humanidad haya escalado indiscutibles niveles de desarrollo. Los más eminentes científicos y filósofos, por ejemplo, no miden el nivel de su producción a través del dinero que ganan, sino a través de lo que les produce placer por el conocimiento; y en muchos casos, por el deber hacia la sociedad.

El trabajo constituye, para el género humano, un estímulo de vida y de progreso, no es sólo un medio de subsistencia, como sucede en los animales de la escala inferior. El trabajo está íntimamente ligado al concepto de autoestima que cada individuo tiene. Cuánto varía la autoestima de una persona desempleada, a una con un trabajo de medio término a una de pleno empleo, es una de las tareas que la psicología del trabajo debe averiguar.
En este punto habremos advertido ya que la psicología del trabajo tiene como materia de estudio fundamental los cambios de conducta individual entre hombres y mujeres que trabajan respecto a la masa desempleada. Dado que la psicología es definida, en su sentido más laxo, como la ciencia que estudia la conducta humana, son materia de su análisis las conductas y comportamientos de los seres humanos en su rol de trabajadores, sistematizando, describiendo, explicando y prediciendo estados emocionales y congitivos de la gran masa laboral.

Sin embargo, son muchas corrientes y enfoques de la psicología del trabajo que abordan esta área del quehacer humano. Pongamos por caso, el enfoque motivacional del trabajo, los aportes de la llamada psicología industrial, la cual ha sentado sus reales como una disciplina que aconseja cómo elevar los niveles de productividad de los trabajadores. Esta corriente psicológica del trabajo rescata los viejos conceptos vertidos por Taylor en relación a la productividad humana, centrada sobre todo en los grandes centros de producción industrial como son las fábricas.

Los nuevos enfoques de la psicología del trabajo, centran su atención en el ser humano en cuanto al reconocimiento de factores tales como:

• Reconocer la importancia del saber y la inteligencia que el trabajador aplica y moviliza en su puesto de trabajo.
• Reconocer la importancia de las relaciones que el individuo establece con otras personas en el lugar de trabajo.
• Reconocer y valorar las interacciones entre personas y los múltiples equipos que facilitan el quehacer laboral.
• Reconocer la importancia de la capacitación y todo tipo de acciones educativas dirigidas a los trabajadores para convertirlos en cuadros calificados.
• Reconocimiento de la necesidad de estimular las capacidades y desempeño laboral, más allá de incentivos económicos.


Estos nuevos enfoques de la psicología del trabajo devienen de un minucioso trabajo de observación en las conductas y comportamientos que asumen los trabajadores en sus lugares de trabajo y apuntan, por supuesto, a elevar la productividad del ser humano en cualquier campo en que éste se desempeñe.

Así las cosas, la psicología del trabajo se desempeña hoy día, en los siguientes grandes campos de acción:

• Selección y colocación de personal. En este sentido, se han afinado las técnicas e instrumentos más sofisticados para seleccionar y colocar personal para las más diversas empresas, perfilando aquellas personas para los puestos, de acuerdo a sus habilidades y conocimientos.

• Capacitación y desarrollo de personal. La psicología de trabajo ha diseñado programas de capacitación para el trabajo, detectando las necesidades y debilidades de los empleados y proponiendo programas de formación continua de su personal. Esta actividad la desarrollan con la participación de instituciones que se dedican a fortalecer las habilidades y capacidades de los trabajadores en cualquier campo del quehacer humano, desde la formación de destrezas manuales hasta la formación de destrezas intelectuales.

• Evaluación del desempeño. En este campo la psicología del trabajo ha elaborado sofisticados sistemas para evaluar el desempeño de los trabajadores que van, desde test de desempeño, hasta programas para detectar debilidades y fortalezas y proponer áreas de oportunidad para que un empleado pueda ser más rentable a la empresa donde se desempeña. En este campo se toma muy en cuenta el desempeño del trabajador de manera individual y su capacidad para trabajar en equipo.

• Desarrollo de la organización. La psicología del trabajo ha aportado indudables elementos para analizar las organizaciones productivas en su totalidad, sobre todo en sus aspectos de niveles de satisfacción y eficacia de las personas que las integran. De esta manera se ha constituido en fundamental aliada de la administración y gerencia empresarial, aportando, desde su perspectiva científica, los elementos que contribuyen a que una organización eleve su productividad por la vía de la motivación del personal.

• Calidad de vida laboral. En este campo, la psicología del trabajo ha contribuido a crear conciencia en las empresas sobre la necesidad que los trabajadores posean un clima saludable en sus relaciones sociales y condiciones técnicas y físicas de la producción. Bajo la premisa que un ambiente laboral de alta calidad redundará en altos niveles de productividad por parte del trabajador, la psicología del trabajo ofrece programas de capacitación a gerentes, directores y demás personal de alto rango que tiene capacidad ejecutiva para implementar mejores niveles de vida laboral en sus respectivas organizaciones.

• Ergonomía. Gracias a la psicología del trabajo, cada día se ofrece a los trabajadores más y mejores herramientas de producción que se adaptan a sus necesidades fisiológicas e intelectuales. En este sentido, esta ciencia ha apoyado a otras disciplinas científicas tales como la ingeniería industrial, la medicina industrial, la electrónica, la cibernética, etc., en la creación de máquinas, equipos, instrumentos y herramientas compatibles con las capacidades humanas para operarlos eficientemente.

La perspectiva psicológica del trabajo nos da una idea de lo que sucede en el interior de cada trabajador, de cada persona en función de un rol laboral; y aunque sus conclusiones no están talladas en piedra ni son de ninguna manera universales e infalibles, constituyen en buen referente para entender el porqué una persona actúa en una u otra dirección y qué acciones se deben tomar para corregir el rumbo de sus conductas o comportamiento. En este capítulo haremos una revisión de algunos conceptos básicos que deben tomarse en cuenta para enfocar la perspectiva psicológica del trabajo.

2. Las necesidades humanas (Pirámide de Maslow)

El trabajo, como ya apuntábamos, constituye una de las grandes necesidades que el ser humano debe resolver, con el propósito de establecer un equilibrio emocional y cognoscitivo. La carencia de un empleo le da a la mayoría de personas un sentimiento de frustración y falta de realización personal, a tal grado que en algunas ocasiones puede llegar a constituir una delicada patología.

A decir de Abraham Maslow, el ser humano está sujeto a la satisfacción de una serie de necesidades que si no la consigue le pueden provocar desajustes en su personalidad. Este científico caracterizó una jerarquía de necesidades, dividiéndolas en grupos.

Al primer grupo de necesidades les llamó Necesidades Fisiológicas, tal es el caso de la necesidad de comer, beber, dormir, copular, respirar, etc. Estas necesidades impelen al ser humano a buscar comida, bebida, lugares de descanso, sexo, etc.

El segundo grupo de necesidades son de Seguridad. Estas necesidades provocan que el ser humano busque los mecanismos de protección para él y su familia. El empleo es un mecanismo para satisfacer económicamente estas necesidades. Sin embargo, aquí cabe aclarar que no sólo se trata de seguridad física sino también de otro tipo como la seguridad social e individual, moral, familiar, en fin, de cualquier índole. Una vez satisfechas sus necesidades fisiológicas, el ser humano busca satisfacer sus necesidades de seguridad.

Un tercer grupo de necesidades lo constituyen las Necesidades de Afiliación. En este sentido, el ser humano busca relacionarse con otros seres humanos. La amistad, el afecto, las relaciones grupales de diversa índole, son una manifestación de las necesidades de afiliación. Son muy pocos los casos que se conocen de personas que puedan vivir en forma aislada. La mayoría necesita relacionarse con otras para poder satisfacer su exigencia de vivir en sociedad. Por ello es una regla aceptada que el ser humano es un ser gregario por naturaleza.

En una de las esferas más altas de su pirámide, Maslow ubica la Necesidad de Reconocimiento. Mediante esta necesidad, el ser humano se ve compelido a buscar el respeto, la aprobación social de sus actos, el prestigio, la confianza y el éxito. Obviamente, el trabajo es un medio para satisfacer la necesidad de reconocimiento de cualquier persona, aunque por supuesto, no es el único.

En la esfera superior de la pirámide, este autor ubica la Necesidad de Autorrealización. Mediante la manifestación de esta necesidad, el ser humano busca satisfacer sus más profundos deseos de realizarse como persona. Para ello busca el arte, la educación sistemática, la actualización profesional, etc. En esta esfera superior, el ser humano dedica parte de su vida diaria a satisfacer el principio del placer, realizando todas aquellas actividades que llenen este principio.

Pero también, en la búsqueda de satisfacer toda esta pirámide de necesidades, desde las más primarias hasta las de alto jerarquía, el ser humano pasa por una serie de estados anímicos que de alguna manera influyen en su comportamiento diario y en su vida laboral o en sus roles sociales y familiares. Todo tiene secuelas, aunque en algunos casos, estas no sean percibidas directamente.

Esquema 2: Pirámide de Necesidades de Maslow


Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Piramide_de_Maslow.svg


El valor de la propuesta de Maslow es que la no satisfacción de estas necesidades genera un sentimiento de frustración acumulada que, tarde o temprano, influirá en las relaciones familiares, sociales y laborales. Pero también, no puede llegarse, con plenitud, a la satisfacción de necesidades de alto nivel, tal es el caso de las necesidades reconocimiento y autorrealización si antes no se han satisfecho las necesidades primarias. La satisfacción de las necesidades fisiológicas, de seguridad y afiliación son un punto clave para que el ser humano alcance su plena satisfacción como tal, mediante la resolución de sus necesidades de reconocimiento y autorrealización.

Continuará……

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo