domingo, 1 de febrero de 2015

La era de la generación Z

Publicado en el Diario de Centro América el 31 de enero de 2015


Existe una considerable masa de ciudadanos que subsiste con menos de un dólar diario.

 
Imagen tomada de Google

Dele usted su teléfono a un niño de 3 o 4 años y verá lo que hace con su aparato. Como si se tratara de un viejo conocido comenzará a operarlo y tan pronto como tenga acceso a Internet navegará en la red. No es exagerado lo que digo, si consideramos que hace 50 años, un niño de la misma edad apenas era capaz de reconocer algunos colores, pocas formas geométricas y memorizar el primer nombre de su mamá y su papá.

Hoy día, esa cuantiosa cantidad de información que posee el cerebro de un menor de 5 años es el resultado de una acumulación de experiencias y conocimiento que han generado las tecnologías de la información y comunicación –TIC-. Los niños menores de 15 años manifiestan en este mundo una mayor independencia para gestionar información valiéndose de las diversas herramientas que provee la virtualidad. Los nacidos en el presente siglo son personas con mayores posibilidades de interactuar con el mundo exterior, establecer relaciones a través de las redes sociales con una pasmosa agilidad concentrada en sus dos pulgares. A esta masa de inquietos ciudadanos se les conoce como generación Z, heredera de las habilidades de la generación Y pero agigantada exponencialmente.

Pobres de nosotros, aquellos nacidos en la generación de los baby boomers cuyo horizonte terminaba a la altura de nuestra nariz. Hoy la generación Z es una avasalladora fuerza que se abre camino a brazo partido (perdón, a dedo partido) y se conecta con el mundo, sin pensar a cuántos miles de kilómetros, se encuentre su otro par. ¡Y las cosas que aún faltan por descubrir e inventar!

Respecto a esta nueva realidad que plantea el mundo me pregunto: ¿cómo abordar este gran desafío en materia educativa en el contexto guatemalteco? Dichosos los niños cuyos padres tienen los recursos económicos necesarios para responder a las necesidades de sus pequeños hijos nacidos en la generación Z. Pero cómo abordar desde el Estado esta realidad cuando existe una considerable masa de ciudadanos que subsiste con menos de un dólar diario.


Este enorme rezago en cubrir las necesidades básicas, no digamos necesidades de alto nivel como puede ser la telefonía y el extenso mundo virtual, hace aun más visible las asimetrías sociales que padece Guatemala. A la par de un niño que ha venido a este mundo con el pan bajo el brazo y con un soporte de oportunidades, cuyo cerebro está suficientemente alimentado y entrenado para hacer frente a los retos en materia de alta tecnología y conocimiento científico suficiente para transformar su entorno, existen 3 niños que, si bien les va, hacen un tiempo de comida al día. Del calzado, vestuario, medicinas, diversión, colegio, computadora, tablet, teléfono, etc., mejor ni hablemos.

viernes, 23 de enero de 2015

Distribuir la pobreza

Publicado en el Diario de Centro América el 23 de enero de 2015

Poco les faltó decir: vengan, instalen aquí sus empresas, tenemos trabajadores gratis.

Recientemente se anunció con bombos y platillos que en cuatro municipios del país se establecería el salario mínimo en Q1500, a iniciativa de sus respectivos alcaldes. La medida tiene como propósito atraer inversiones, procurando que en estos lugares se asienten empresas que puedan contratar mano de obra que se encuentra en condición de desempleo.

Si tomamos en cuenta que el costo de la canasta básica a enero de 2015 ronda los Q3500, el salario mínimo establecido en ese convenio alcanzaría para comprar menos de la mitad de dichos alimentos, algo así como desayunar y cenar y pasar de largo el almuerzo.

Es indudable que dichos “acuerdos” se tomaron con una lógica empresarial que no respeta la dignidad humana y en la cual los más necesitados seguirán igual o peor. Bajo la lógica empresarial se procura una mayor rentabilidad del capital invertido, procurando una plusvalía grotesca muchas veces multiplicada por sobre el margen tolerable de ganancia que puede tener una actividad económica. Mire usted lo que está sucediendo con la baja a los combustibles, la cual algunos expertos indicaron que provocaría una disminución en el precio de la canasta básica pero ha sucedido todo lo contrario, esta ha tenido un alza en los últimos días.

La lógica del capital es absurda, obscena, impúdica, torpe y abusiva. Por ejemplo, ni bien se había dispuesto un impuesto a la telefonía y ya las empresas de este servicio subieron los costos en las tarifas; y aunque la Corte de Constitucionalidad dejó sin efecto dicho impuesto, estas no bajarán dichos aumentos. La energía eléctrica es otro ejemplo.

¿Qué sucederá cuando varias empresas se establezcan en estos municipios cuyos magnánimos alcaldes se han puesto de alfombra al gran capital disponiendo salarios que rayan en la vergüenza? Lógicamente las empresas engordarán sus bolsillos a costa de realizar una operación simple: con el salario mínimo de un trabajador contrato dos puestos, lo que equivale ni más ni menos a distribuir la pobreza. Poco les faltó decir: vengan, instalen aquí sus empresas, tenemos trabajadores gratis.


No sería de extrañar que a dichos alcaldes les salga el tiro por la culata y que en vez de estimular a los trabajadores, la medida constituya una espoleta que los expulse fuera, en busca de mejores empleos, produciendo una migración interna y mayor concentración poblacional en el área metropolitana; en algunos casos, quizá esta se incremente fuera del territorio nacional. Guatemala es un país que sigue careciendo de una política social integral que establezca salarios justos a sus trabajadores que al fin y al cabo, constituyen la verdadera fuerza que impulsa a este país. La realidad nacional no debe verse solo desde la óptica de los dueños del capital sino también desde la perspectiva del trabajador que deja los mejores años de su vida en tareas cuya retribución es francamente censurable.

lunes, 19 de enero de 2015

La generación Milenials (II)

Publicado en Diario de Centro América el 16 de enero de 2015


Su necesidad de gestionar información es insaciable, y su nueva nodriza: el Internet.

La generación Milenials (Millennials, en inglés) o generación Y es la heredera del conocimiento de la generación anterior,  llamada generación X. Inicia en la segunda mitad de los años 80 con el surgimiento del Internet y un mayor desarrollo de las computadoras. La clave de la generación Milenials o Y es la gestión del conocimiento. Efectivamente la generación anterior (la X) tuvo la oportunidad de ensanchar su conocimiento con el desarrollo de la radio y la televisión por cable. Sin embargo, para la generación Y el mundo del conocimiento y la información rompió los finitos linderos de los medios tradicionales: el extenso andamiaje de la Internet se ha convertido en la herramienta del mundo actual.

Las características de la generación Y son: mayor interactividad con el medio mundial, procesos de gestión de conocimiento con mayor autonomía y celeridad. Cada niño o joven tiene la potestad de gestionar sus propios procesos de información y conectarse con el mundo con solo pulsar unas cuantas teclas de su dispositivo móvil o su computadora de escritorio.

                                          Imagen tomada de Google

La generación Y, o Milenials está interconectada con su mundo exterior y todo lo piensa y lo ejecuta conforme las posibilidades tecnológicas de última generación. Ponga usted en las manos de un niño pequeño el teléfono más avanzado, y sin haber recibido instrucciones de su uso, en pocos minutos estará interactuando con éste como si lo conociera desde muchos meses atrás. Es la característica de los llamados “nativos tecnológicos”. La gran paradoja de hoy es que se ha roto la lógica de la enseñanza en la familia y la sociedad. Recuerda usted que en nuestro tiempo se decía que los abuelos ensañaban a los nietos; y ese era su gran legado: sentarse a los nietos en sus piernas y transmitirles “enseñanzas”. Hoy, los nietos “enseñan" a los abuelos cosas inimaginables del entorno mundial, amén de todos los “truquines” tecnológicos.

Hoy, los niños no son aquellos angelitos vestidos con traje de marinerito o vestidos color rosa. Son ciudadanos con más información del mundo que un anciano que vivió durante la generación “Baby-boomers” y que creían en los milagros de las once mil vírgenes. Por el contrario, los milenials tienen una estructura de pensamiento lógico desde los primeros años de edad. A toda pregunta solicitan una respuesta que pueda encajar en su pensamiento racional, lógico. Por cierto, sus programas preferidos en la televisión son aquellos que tienen íntima relación con experimentos científicos, aventuras de “héroes” cibernéticos. Sus juegos y pasatiempos son aquellos que tienen relación con posibilidades de vida en otros planetas, con fenómenos científicos y con la supremacía de la ciencia y la tecnología sobre todo cuanto existe. Y claro, nunca debe faltar una buena tablet, una computadora potente o un teléfono de última generación. Su necesidad de gestionar información es insaciable, y su nueva nodriza: el Internet.


viernes, 9 de enero de 2015

La generación Milenials (I)

Publicado en Diario de Centro América el 9 de enero de 2015
Sin embargo, no hacer el intento, es más criticable. Podemos dar, aunque sea arañazos de oso viejo, en busca de su tarro de miel.
Iniciamos el año escolar. En el sector público se inaugura con amenazas de huelga por parte del sector magisterial. ¡Vaya bienvenida a los estudiantes! Escuelas destruidas, falta de maestros, indisciplina en los procesos de inscripción de los estudiantes y muchas denuncias de padres de familia por cobros excesivos en la matrícula, no obstante que, según la legislación nacional, la educación pública es gratuita y obligatoria.
En el sector privado, algunos colegios han iniciado con buen pie: una planificación rigurosa, un cuadro magisterial capacitado, instalaciones remodeladas, equipo tecnológico de última generación y suficientes condiciones para el estudio. Por supuesto, una larga lista de útiles escolares a precios exagerados. Con toda razón, algunos opinan que el costo de la educación preprimaria, primaria y secundaria es mucho más alto que en el nivel superior.

Es cierto que el precio de la educación es alto, pero mire usted lo que cuesta la ignorancia y saque sus cuentas. Por cada ciudadano que asiste a la escuela, pública o privada, se reduce la brecha entre el subdesarrollo y los niveles de desarrollo en todos los órdenes. Y es indudable que en el sector estatal existen enormes falencias en el ámbito educativo, pero también es cierto que los problemas que este tiene que enfrentar son de gran envergadura.

Al inicio del ciclo escolar es preciso que los maestros se detengan a pensar qué tipo de educación proveerán a sus estudiantes, con qué metodología y estrategia educativas y con qué herramientas tecnológicas.

En el mundo de hoy, la niñez y la juventud, está virtualmente dividida en dos mundos. De un lado aquellos con muy escasos conocimientos tecnológicos, a cuyas aulas y hogares aún no asoman las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). De otro lado, una generación de niños y jóvenes que alcanzan y sobrepasan los niveles de destrezas tecnológicas respecto a sus maestros y demás compañeros.

Imagen tomada de Google

Nacidos y crecido en un mundo tecnológico, estos alumnos exigen un nivel más avanzado de mediación del conocimiento, usando las TIC. Y no se trata solo de saber cómo se usa una computadora sino de abordar el vasto mundo de la virtualidad y las ciencias de la información y la comunicación.

La así llamada generación Milenials (o Millennials, en inglés) está conformada por personas nativas tecnológicas cuyo eje de pensamiento y acción atraviesa todo lo relacionado con la tecnología de la información y la comunicación: computadoras, dispositivos móviles, cine, televisión digital, Internet, y tantas otras carajadas que se ha  inventado el mundo de hoy.

Alcanzar los estándares que exige esta generación, sobre todo en el sector público, es una aventura casi inalcanzable a corto plazo. Sin embargo, no hacer el intento, es más criticable. Podemos dar, aunque sea arañazos de oso viejo, en busca de su tarro de miel.

viernes, 26 de diciembre de 2014

La dirigencia económica


Pero no los afecte con más impuestos, porque entonces arde Troya.

La aprobación del presupuesto anual del Estado es un fenómeno donde se dan cita tres fuerzas: la fuerza política, la económica, y el gobierno. La primera es representada por los diputados y sus respectivas organizaciones, así como la fuerza social-laboral, tanto afín como antagónica. La fuerza económica, representada por las cámaras empresariales aglutinadas en el Cacif. El gobierno, como ente administrador del Estado, constituye una fuerza comandada por los políticos de turno.

El resto de la sociedad se sienta, distante, a contemplar el circo. En un relajo de dimes y diretes, el famoso presupuesto es la manzana de la discordia. Con razón o sin ella, la dirigencia política y el gobierno aprueban por mayoría calificada, el monto global y la forma como se distribuye para satisfacer las obligaciones y compromisos adquiridos. Esa es la dinámica que sumerge cada año el penúltimo mes y cuyos efectos aun perturban la algarabía del mes de diciembre.

En el año 2013, el presupuesto para funcionamiento del presente no fue aprobado, de tal manera que el gobierno funcionó con el mismo paquete. Este año, por consenso de las bancadas mayoritarias y el apoyo de otras fuerzas políticas más pequeñas, se aprobó el documento que contiene las partidas de funcionamiento de todas las actividades del país. Algunos sectores interesados han reaccionado ante tal decisión política. Entre éstos destaca la dirigencia económica con pronunciamientos públicos en rechazo de la medida.

Es posible que el presupuesto de 2015 tenga algunas malformaciones; como toda obra humana, es imperfecto. Pero el punto medular que los empresarios han criticado de manera aireada es el incremento al precio del cemento, las líneas telefónicas y las “regalías” de la actividad minera, estas últimas dadas en forma de limosna y no como un impuesto legítimo por su actividad. Y aunque no a todos afecta, aducen que generará un incremento inflacionario generalizado.

Es sabido que Guatemala es uno de los países del continente que menos carga impositiva tiene y donde el sector empresarial es más pudiente y goza de mayores beneficios fiscales. Eso lo retrata como uno de los sectores más conservadores, con una visión capitalista de principios del siglo pasado, y no insertos en la nueva concepción de la economía mundial.


Se oponen a todo; a mejorar los salarios de los trabajadores, a pagar más impuestos, a ser fiscalizados de mejor manera (más bien, se oponen a la fiscalización del estado), a mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores; incluso, muchas empresas son sumamente conservadoras en la elaboración, presentación y distribución de sus productos, bajo la holgada lógica de la hegemonía industrial. Mire usted las inmensas colas que se forman en los bancos, en los supermercados, en cualquier puesto de distribución, por tener una limitadísima cantidad de empleados para atender al público. Con lo mínimo quieren obtener el máximo. Pero no los afecte con más impuestos, porque entonces arde Troya. 

domingo, 14 de diciembre de 2014

El Chavo del 8 (II)

La calidad interpretativa no puede sustituirse.

El genio de la comedia popular mexicana se ha ido, a sus 85 años. Pero ha dejado un legado cultural de entretenimiento que trascendió generaciones enteras, no hemos escapado a la contagiosa alegría de los personajes creados en una corriente de realismo mágico, envolviendo a millones de personas en un clima de “reírnos de nuestras desgracias” en un acto moral de “qué me importa”, si mi mal no tiene remedio, me río de él. Así de duras son las condiciones sociales y económicas en que viven millones de personas en el mundo; y si algo sale mal “fue sin querer queriendo”.

Imagen de Google

Inmersos en la industria de la cultura popular y de entretenimiento, los personajes del programa televisivo “Chavo del 8”, batieron records históricos en las más de cuatro décadas de transmisión. Con un efecto sucedáneo, cada día las personas se acomodaban frente al televisor (aun lo hacen) a sumergirse en los contenidos picarescos, burlescos y la mayoría de veces chabacanos cuya actuación era una personificación de estados socioeconómicos que se viven en el mundo de las vecindades.

Los efectos que el programa y sus personajes causaron en los telespectadores son diversos. En el lenguaje, por ejemplo, pueden acuñarse un sinfín de términos que si bien es cierto no son aceptados por la Real Academia Española, forman parte del universo discursivo de muchos. Es que no me tienen paciencia, se me chispoteó, fue sin querer queriendo, emprésteme, mírala, eh, solo para mencionar algunos. Tampoco se escapa la estructura fonética, sintáctica y pragmática de los diálogos, por demás, bañados con la salsa del humor mexicano.

El programa el “Chavo del 8” provocó una avalancha de imitadores que a lo largo y ancho del continente americano trataron de personificar a cualquiera de sus personajes, aunque, en verdad, como lo dijera Gómez Bolaños, para producir un programa igual que el original, tendrían que volver a nacer los mismos actores, ya que la calidad interpretativa no puede sustituirse. Habrá muchos Chapulines Colorados, muchas Chilindrinas, muchos Chavos del 8, pero ninguno como los originales.

Por cierto, Guatemala fue el primer país donde se divulgaron los primeros programas producidos por el genial comediante, actor y dramaturgo, Roberto Gómez Bolaños. En las barriadas, en los hogares de clase media, a una hora en punto se suspendían las actividades cotidianas para sentarse frente al televisor a reírse con las ocurrencias de los personajes del programa más visto en Latinoamérica. Hoy día, los niños aun disfrutan de la versión en caricatura de este contagioso programa.


Aunque algunos sociólogos y psicólogos han realizado análisis negativos de esta serie, la verdad es que, al final de cuentas, fue un aliciente para aglutinar a la familia, al menos una hora al día. Adiós Chavito, nunca te olvidaremos.

lunes, 8 de diciembre de 2014

El Chavo del 8 (I)




Algunos críticos afirman que el programa provoca un efecto narcótico, inmovilizador de conciencias.

El pasado 28 de noviembre murió el actor, dramaturgo y comediante más importante de Latinoamérica durante los últimos cuarenta años. Gómez Bolaños, conocido en el ambiente artístico como “Chespirito” creó múltiples personajes que encarnaron el drama de las “vecindades”, con una dosis de humor, a veces blanco, otras, una metáfora de la vida miserable que vive la mayoría pobre de México y los países del tercer mundo.


Imagen tomada de Google

En efecto, personajes tales como el “Chavo del 8”, el “Chapulín colorado” son una parodia muy bien lograda de antivalores que promueven por ejemplo “Ricky ricón”, Superman; el primero ostentando una sustracción económica de primer nivel, y el segundo, un súper poder capaz de desviar los ejes de la Tierra. Una lectura ideológica pintaría al Chavo como la expresión más extrema de la pobreza: sin casa, sin padres, sin comida, sin segunda mudada, vilipendiado por sus compañeros de vecindad. Edna Portillo opina que el personaje del Chavo pinta un estado no solidario de parte de sus vecinos al dejarlo desprotegido, viviendo en un barril. El mexicano es precisamente lo contrario, opina ella. Es solidario y buen vecino. Quizá la metáfora habría que buscarla en la necesidad de Bolaños de crear una figura pobre, sin caer en un estado de sórdida miseria, bañada con una buena dosis de humor, desencadenara precisamente “estados de solidaridad”, a la vez que, como es muy recurrente, los latinoamericanos nos “burlamos” de nuestra propia desgracia. Y cuando esta llega, nos tomamos una píldora de “qué nos importa”.

Desde que se difundieran los primeros programas del “Chavo del 8” en los primeros años  setenta, han corrido toneladas de tinta tratando de hacer análisis de diverso tamiz ideológico respecto a los personajes que encarnan actores de primer nivel como María Antonieta de las Nieves, Carlos Villagrán, Florinda Meza, Ramón Valdés, Rubén Aguirre, Angelines Fernández y el propio Roberto Gómez, interpretando a los principales personajes: El Chavo, el Chapulín Colorado y otros de menor importancia. Algunos críticos fueron duros y tajantes al publicar que dichos programas constituyen un entretenimiento pernicioso para la población pues provocan un efecto narcótico, inmovilizador de conciencias. Sin embargo, esas críticas más bien fortalecieron el rating de los programas.

Otros analistas, en cambio, sostuvieron que se trata de una dosis de humor blanco que contribuye a la unidad familiar pues reúne cada día, a cierta hora, a niños y adultos en derredor del televisor. De cualquier manera, a diferencia del Internet, la televisión ha sido el aparato que más poder de convocatoria familiar ha tenido desde sus inicios, allá por los años treinta.

Los últimos datos periodísticos reportan que el programa del Chavo del 8 ha generado 1.7 mil millones de dólares durante los más de 40 años de difusión. Una cantidad nada despreciable si tomamos en cuenta que el pobre niño de la vecindad rara vez tuvo dinero para comprarse una torta.

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo