lunes, 6 de octubre de 2014

Las jugadas de Arzú


Publicado en el Diario de Centro América el 3 de octubre de 2014


Imagen tomada de Google


Arzú ha conformado el mundo político a su sabor y antojo. Quienes lo odian, le temen; quienes no admiran, lo quieren.


Álvaro Arzú es sin duda, uno de los políticos más hábiles que tiene Guatemala. Varias veces alcalde de la ciudad Capital, ex presidente de la República, incursionó en el mundo diplomático como canciller. Fundador del Partido de Avanzada Nacional y del Partido Unionista, dos bastiones desde los cuales ha librado innumerables batallas.

Arzú ha conformado el mundo político a su sabor y antojo. Ha enfrentado desde los grandes retos que significó firmar un documento que puso fin al enfrentamiento armado, y donde ambos bandos le confirieron un significativo margen de maniobra política y reconocimiento nacional e internacional, hasta bautizar los pasos a desnivel con el nombre de sus figuras públicas preferidas.

Quienes lo odian, le temen; quienes no admiran, lo quieren. Es un político que raya en los linderos de lo mítico, mitad realidad, mitad simbolismo. A él se le atribuyen muchas anécdotas y frases que se han quedado en el inconsciente colectivo como aquella “al periodista se le pega o se le paga”. Pragmático como es, Arzú tiene sin lugar a dudas, uno de los mejores equipos de comunicación que complementan la estrategia de “estar siempre visible, sin estar presente”. Todos sus funcionarios de alto nivel municipal son portavoces de “las órdenes del alcalde Arzú” ya sea plantando árboles, arreglando calles, pintando aceras, colocando luminarias hasta los proyectos de gran infraestructura como los pasos a desnivel.

El Alcalde está en todo. Canta, ejecuta guitarra, habla de historias urbanas, la hace de casamentero, se come el tamal con los vecinos económicamente desfavorecidos en cada Navidad, supervisa obras municipales, se pelea con la prensa escrita y sobresale en todas las encuestas. Alguien dijo que cuando Arzú asiste a un velorio él quiere ser el muerto.

Pero hay algo por lo cual el alcalde Álvaro Arzú Irigoyen es un verdadero as; la manera como arregla sus jugadas políticas. Cito dos casos recientes: En las pasadas elecciones Roberto González Díaz Durán casi le arrebata la alcaldía por un margen muy estrecho de votos. El Alcalde quizá se preocupó y en una jugada genial logra una coalición entre el PU y CREO para lanzar a “Canela” a competir por la presidencia, en tanto Arzú participaría una vez más por la alcaldía de la Ciudad. Él sabe que el joven candidato en las elecciones del 2015 no alcanzará su sueño presidencial, pero en cambio, el viejo lobo de mar, se asegurará cuatro años más en el Palacio de la Loba.


Recientemente el Partido Patriota celebró una presentación pública en el parque central, frente al Palacio Nacional. Los asistentes al acto dejaron una enorme cantidad de basura, la cual deslucía los espacios públicos aun el lunes a medio día. Como cosa rara, los trenes de limpieza municipal no hicieron a cabalidad su trabajo el domingo por la noche, como acostumbran hacerlo. Ese lunes, muchas personas criticaban al PP por la cantidad de basura que habían dejado. ¿Qué lectura podemos hacer de esto? 

viernes, 26 de septiembre de 2014

Las vacaciones escolares (II)

Publicado en el Diario de Centro América, el 26 de septiembre de 2014

Imagen de Google


El esquema de las mini jornadas quedó grabado en el cerebro de algunos maestros.

Cuando era niño asistía a una escuela donde estaban establecidas dos jornadas de estudio para un mismo grupo. Por la mañana recibíamos las cuatro materias básicas con dos recreos de media hora cada uno. Estos recreos eran la mejor oportunidad para socializar y cultivar amistades imperecederas. La escuela cumplía la función socializadora por excelencia.
Por las tardes nuestros maestros nos impartían las clases prácticas y artísticas. Teníamos 3 maestros: nuestro maestro principal, llamado "de grado", nuestro maestro de educación física y nuestro maestro de música, popularmente llamado "maestro de canto". Algunas veces nuestro maestro principal dedicaba las tardes para "repasar" contenidos de las principales asignaturas. Eran los tiempos en que los exámenes llegaban del Ministerio de Educación y los examinadores eran profesores que provenían de otros planteles.

En ese ritual de educación crecimos, y la verdad ¡nos encantaba! Las jornadas eran de 7:30 a 12:30 y de 14:00 a 17:00. Nuestros maestros nos recibían con un gesto de dulzura y amabilidad, no obstante, aquella sofocante ola de calor de la tarde. Era la mística del educador de entonces. Hoy se dice que el maestro es un trabajador de la educación, y eso es cierto, pero es un trabajador que moldea lo más hermoso y promisorio de un país: la niñez y la juventud. Dónde comenzó la crisis de la educación en el sector público es un asunto que tiene varias etapas. El fenómeno migratorio hacia las ciudades en busca de mejores condiciones de vida, especialmente hacia la capital, es un factor que no debe obviarse. Cada vez en las principales ciudades del país, sobre todo aquellas del área metropolitana y la capital misma, se asentó una considerable cantidad de población que demandaba los servicios necesarios para su mínimo vital: agua potable, energía eléctrica, salud, educación, entre otros. La población guatemalteca ha crecido de manera significativa en los últimos 50 años y la infraestructura escolar y la metodología educativa no han evolucionado al mismo ritmo.

Sin embargo, considero que el punto álgido que marcó un abrumador deterioro del sistema educativo fue el terremoto de 1976. Mucha infraestructura escolar quedó inhabilitada y el gobierno de turno tuvo que albergar en los pocos edificios en buen estado a toda la población estudiantil. Se crearon las llamadas minijornadas, dos por la mañana, una por la tarde y una por la noche. Cuatro distintos grupos de estudiantes ocupaban un mismo edificio, sin aplicar una metodología que tuviera en cuenta esa crisis.

La práctica crea costumbre. Hoy el magisterio del sector público escasamente cubre cuatro horas diarias de trabajo. El esquema de las mini jornadas quedó grabado en su cerebro como una práctica insana que ha perjudicado enormemente el nivel educativo del país. En muchos colegios privados también persiste esta visión educativa. Muy pocos han dado el salto hacia nuevos modelos educativos.

Después de estas reflexiones ¡Felices vacaciones!

domingo, 21 de septiembre de 2014

Las vacaciones escolares (I)

Publicado el 19 de septiembre en el Diario de Centro América


Imagen tomada de Google
Y cuando nos falla la palabra, entonces recurrimos al generalizado hábito de las lecturas dirigidas.
Estamos a pocas semanas de finalizar el ciclo lectivo. Pasada la celebración del 15 de septiembre, el magisterio se sumerge en una especie de carrera contrarreloj para finalizar los contenidos programáticos de cada asignatura. Cuentan con los dedos los pocos días que les quedan de clase; algunos sin haber llegado a 180 días contemplados en las metas educativas para el nivel primario.
Vaya usted a saber de dónde sacaron este número mágico que todo mundo repite como loro. En una lógica numérica nos preocupa cumplir con esa meta y poco nos ocupa propiciar una educación de calidad que ayude a los estudiantes a tomar conciencia de su situación como sujeto histórico y responsable de su propio desarrollo. Es un modelo educativo centrado en la cantidad, mas no en la calidad.

Dentro de este modelo educativo algunos maestros desempeñamos el papel de actores que hemos aprendido de memoria y magistralmente nuestros roles académicos. De esta manera, se conceptúa como buen profesor, aquel que es capaz de repetir de memoria kilométricos discursos en torno a temáticas muchas veces vagas y sin vinculación alguna con nuestra realidad nacional. 

En efecto, el papel del educador en nuestro modelo no está destinado a enseñar a pensar (y menos aún, a actuar), sino a coleccionar datos, números, fechas, anécdotas, acontecimientos, máximas, fórmulas de extraña comprobación, pero sin ninguna vinculación con su entorno vital. Duele decirlo, pero cuántas veces hemos asistido a clases cuyos maestros, representan el papel de comediantes o teóricos de biblioteca.

Y cuando nos falla la palabra, entonces recurrimos al generalizado hábito de las lecturas dirigidas, que no consisten sino en repetir en forma mecánica y sin análisis los contenidos escritos en los textos, sin preocuparnos siquiera sobre la veracidad de lo afirmado o del valor de uso que puedan tener los mensajes.  Y así finaliza el curso, sin pena ni gloria, con un 0 o un 100, dependiendo del grado de habilidad del estudiante, ya sea para mentir o para repetir de memoria “al pie de la letra”, lo “aprendido” en el mismo.

De esta suerte, el estudiante mejor calificado numéricamente hablando, es aquel que ha aprendido las reglas del juego de esta maraña que llamamos educación. El fracaso aflora cuando los graduados tienen que enfrentarse a la vida, a un trabajo verdadero, a una situación donde más que el teoricismo practicado en clase, deben estar intelectual y profesionalmente preparados para enfrentar esa lucha. Es aquí donde se derriba el mito de los “grandes docentes”, por el engaño, la inoperancia y muchas veces, lo ficticio de sus contenidos.

Pareciera ser que en nuestro sistema educativo se trata de crear burbujas gigantescas para colocar en ellas a los que asisten a la escuela, de manera que estos nunca puedan tener contacto con la vida. Aun en los cursos donde se exige un contacto directo con la realidad, los profesores se concretan a teorizar (a veces en forma pésima) sobre esta realidad.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Píldoras rosadas

Publicado en el Diario de Centro América, el 12 de septiembre de 2014


Una política de prevención de la salud echaría por tierra el jugoso negocio de las medicinas.
Que yo recuerde, el drama de la salud en Guatemala siempre ha sido el mismo. Puedo asegurarlo porque lo viví en carne propia cuando era niño. Recluido en varios hospitales por periodos de 2 o 3 meses, fue un trauma recurrente de, por lo menos, 4 años; luchando contra la terrible enfermedad de la osteomielitis en mi brazo derecho.
Por aquellos años escuchaba a las enfermeras quejarse del mal estado de los hospitales, de la falta de medicinas, de la demanda excesiva de una población en cuya situación de pobreza extrema se incubaba cualquier germen, cualquier bacteria, cualquier microbio. “Lo único que podemos recomendarles es que compren píldoras rosadas”, repetía una enfermera, mientras me inyectaba penicilina para combatir mi infección.

Muchos años después, y ya con uso de razón suficiente, pude comprobar que aquellas píldoras rosadas eran algo así como un placebo que curaba los 40 mil males del mundo. Siendo dependiente “ad honórem” de una farmacia las despaché muchas veces a macilentos ciudadanos que las compraban como “botonetas”. Nunca pregunté exactamente para curar qué enfermedad las requerían.

Hoy creo que han desaparecido las píldoras rosadas, o quizás hayan mutado a una exótica medicina cada vez más alejada del bolsillo de la mayoría pobre de este país. Cuántas “píldoras” de antaño han desaparecido y regresado, presentadas en sobrias envolturas, con nombres rimbombantes y el precio por las nubes, vaya usted a saber.

En un país como el nuestro, con un alto y lacerante porcentaje de pobreza y pobreza extrema, una simple pastilla es un artículo de lujo, por lo que la población tiene que conformarse con remedios caseros, agüitas de brasas para el susto, pericón cocido para el dolor de estómago, ruda para los desmayos, infusiones de higo para la tos, y por supuesto, caldo de huevos con apazote para aquellas espantosas crudas de padre y señor nuestro.

Nací en los albores de los años cincuenta, y desde esos días no he sabido que en Guatemala exista una política de prevención de las enfermedades. De esa cuenta nos rebasa la estrategia de curación (que ya es decir mucho), por no decir, entretener la nigua con recetas cuya medicina nadie compra, por los elevados precios.

Y es que diseñar y aplicar una política de prevención es una tarea gigantesca que no concierne solo a los gobiernos de turno sino a todos los agentes activos de la sociedad. Pero, sin llamarnos a engaño, una política de prevención de la salud echaría por tierra el jugoso negocio de las medicinas de las compañías nacionales y extranjeras, ya no tendrían enfermos qué curar; en resumen, la quiebra para estas.

Por ello, la intrincada maquinaria del dejar hacer, dejar pasar, sigue dando demoledores retumbos en la agónica situación de salud del país. ¿Quién es el culpable? Yo no, usted tampoco, aquellos, menos. Todos escondemos la mano de la irresponsabilidad, mientras miles de ciudadanos mueren cada día víctimas de una enfermedad que pudo prevenirse. ¡Qué desgracia la nuestra!

domingo, 7 de septiembre de 2014

El estudiante del siglo XXI

Publicado en el Diario de Centro América el 5 de septiembre de 2014


Los procesos productivos han impuesto nuevas maneras y estrategias de estar en el mundo.
Imagen tomada de Google

Hace 5 décadas, los estudiantes de educación primaria llevaban a la escuela 4 cuadernos de 80 hojas, un lápiz, un sacapuntas, un lapicero y si acaso, 1 libro de lectura y 1 de matemáticas. Sus tareas consistían en copiar lo que el maestro escribía sobre el pizarrón (generalmente negro o verde), hacer operaciones matemáticas básicas en sus horas escolares, escribir composiciones en las fechas especiales. En los centros educativos más avanzados se estudiaba inglés y algunas materias adicionales. Las manualidades eran una asignatura infaltable; también lo eran las materias de educación agropecuaria. Se cursaban a lo sumo, 4 materias obligatorias.
Durante ese tiempo, la figura del maestro era central en el proceso educativo. De esa cuenta el gremio magisterial desarrollaba un papel de primer orden como líder comunitario. Estaba presente en las reuniones de vecinos, en actividades sociales, culturales, políticas, deportivas. El estudiante era considerado como el ser humano en formación, sin mayor horizonte que el trazado por el maestro. “Haz aquí, haz allá, pero no te salgas del camino trazado”.

Cincuenta años después, el mundo ha cambiado dramáticamente. La educación es un proceso que permite al niño y niña alcanzar un significativo número de capacidades para convertirse en adulto productivo. La verdad, dada la cada vez más demandante dinámica productiva, el niño aprende desde sus primeros años de educación, muchas habilidades que le ayudan a resolver por sí solo algunos problemas cotidianos.

Imagen tomada de Google

Y aquella dinámica de pasiva contemplación que caracterizaba a quienes asistían a las aulas, se ha transformado hoy en una manera distinta de participar en el proceso educativo. La misma complejidad de los procesos productivos ha impuesto nuevas maneras y estrategias de estar en el mundo. Un mundo cada vez más interconectado, donde un suceso en cualquier comunidad tiene inmediato efecto en el resto de comunidades del orbe.

En efecto, el estudiante de primaria de hoy, hace uso de nuevas y variadas herramientas para gestionar su propio proceso educativo. Investiga, indaga, dialoga, cuestiona y crea. Es un ser activo y partícipe de su propia formación. También es un sujeto que está inmerso en mayores responsabilidades de aprendizaje. Aquellas cuatro materias de hace 50 años se han transformado hoy en 14 o 15 asignaturas, con mayores niveles de conocimiento y exigencias de estudio.

También es un hecho que en aquellos años, lo que un estudiante lograba aprender en su educación primaria hoy ha sido rebasado en al menos 10 veces por un niño del mismo nivel. El mundo ha dado un salto de 180 grados. ¿Los maestros hemos dado ese salto con el mundo? ¿Cuántos maestros han caminado a la par o persiguiéndole los talones a la ciencia y la tecnología del siglo XXI?

viernes, 29 de agosto de 2014

Ni las semillas nos pertenecen

Publicado en Diario de Centro América, el 29 de agosto de 2014

Nos imponen la siembra de sus experimentos que minan nuestra salud y nuestra dignidad.
La reciente Ley para la Protección de Obtenciones Vegetales, aprobada por el Congreso de la República es la tapa que cubre el pomo de una serie de acciones que, desde muchas décadas atrás, se han venido imponiendo en detrimento de la soberanía nacional.
Dicha ley no es una acción aislada. Apremiados por el contenido de los tratados de libre comercio, especialmente el firmado con los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá, los diputados aprobaron de manera sorpresiva y sin consenso ciudadano,  esta disposición legal (mas no legítima) que terminará siendo una camisa de fuerza para los sectores campesinos en la libre selección de sus semillas para sus siembras y cosechas.

¿Qué pasará cuando un campesino, sin mayor conocimiento de la biogenética, las insondables reglas de la biotecnología y las leyes que rigen los derechos de autor, plante en su parcela de tierra una semilla que ha sido manipulada genéticamente? ¿Podrá ser acusado de violar los derechos de autor de las grandes compañías que se dedican a la investigación genética? 
En otro orden de ideas, cabe preguntarnos dónde quedó la soberanía nacional. La nueva geopolítica mundial nos tiene hundidos en un mar de incertidumbre. La telaraña invisible del poder hegemónico que ejercen en todo el mundo las compañías transnacionales, nos asfixia cada vez más y compromete el futuro de las nuevas generaciones.

Desde los años de la Guerra Fría comenzamos a perder nuestra soberanía. Primero el largo brazo de las instituciones de crédito internacional, comenzaron a inundar de préstamos a largo plazo a los gobiernos de turno, en una dinámica que cada vez nos ata a sus designios. Somos presas de la gran red financiera mundial; eso ni duda cabe. Ahora somos presas de los tratados de libre comercio, envueltos en la ironía que de “libres” solo reflejan el viejo refrán popular: “Lo mío es mío, y lo tuyo también es mío”. Libre comercio para los países hegemónicos pero totalmente desventajosos para los países periféricos.

Tal como se ven las cosas, hemos hipotecado o cedido sin mayor discusión, la soberanía nacional y el derecho de los ciudadanos a una mejor calidad de vida. Nos echan a patadas de su territorio, tal es el caso de las masivas deportaciones, pero nosotros, a cambio, en una actitud mansa y sin respingo alguno, les entregamos el poder legal de disponer de nuestros recursos naturales y regir incluso, nuestro régimen alimentario. Todo un drama donde los poderes fácticos mundiales toman posesión libremente de estos “paisitos” que no anteponen su dignidad nacional ante las pérfidas acciones de quienes se sienten los dueños del mundo. Mientras tanto, la enorme maquinaria de las empresas transnacionales trituran los granos de maíz y de frijol criollo, y nos imponen la siembra obligada de sus experimentos genéticos que no solo minan nuestra salud sino también nuestra dignidad.

viernes, 22 de agosto de 2014

El nuevo orden informativo (II)

Publicado el 22 de agosto de 2014 en el Diario de Centro América

No todos los ciudadanos en función de comunicadores, pueden considerarse periodistas.
En la pasada entrega aludíamos al orden informativo que imperaba en los años previos al mundo de Internet, dominado por las grandes agencias de información internacional cuya hegemonía fue languideciendo a medida que la comunicación virtual se fue extendiendo.
El nuevo orden informativo al que aludíamos plantea, sin embargo, varios retos que aún no se han superado. En primer lugar, se debe distinguir qué es y qué no es periodismo, dado que la gran herramienta de comunicación que es la web no discrimina, por sí sola,  formato, intención ni propósito de los mensajes. Simplemente los canaliza al gran público.

En segundo lugar, no todos los ciudadanos en función de comunicadores, pueden considerarse periodistas, dado que no tienen formación para este oficio, lo cual no quiere decir que carezcan del poder y el derecho a expresarse, pero la construcción de los mensajes solo sigue el orden y calidad que cada ciudadano le imprima, dada su formación educativa, su dominio del idioma y su dinámica social cotidiana.

El periodismo, como oficio, tiene características específicas que lo hacen un espacio especializado dentro del amplio espectro de la comunicación, tal como son también la publicidad y las relaciones públicas. Y es este carácter específico la principal fortaleza que aprovecharon los grandes medios impresos para migrar a la web.

Sin embargo, encontraron en la telaraña un sinfín de comunicadores que iniciaban sus propios proyectos periodísticos, aplicando las técnicas de esta rama de la comunicación pero adaptando otras que le imprimen una dinámica propia a este periodismo virtual. En efecto, los nuevos medios periodísticos “online” aprovechan las novedades de la comunicación digital y las han incorporado a sus proyectos. 


Por ejemplo, en el ciberespacio, el periodista es un “comunicador integral”, reportea, toma fotografías o videos, redacta las notas con la menor cantidad de palabras que le garanticen un mensaje fluido, actual y conciso. Sabe que más que el periódico impreso, las noticias que se transmiten en la red son dramáticamente fugaces, dado el inmenso volumen informativo que puede encontrarse en el ciberespacio. La nota producida hace una hora ya es vieja.
Los grandes medios impresos no se quedaron atrás de esta dinámica informativa. Y si en un primer momento emigraron a la red con todos sus bártulos (informativamente hablando), han tenido que hacer adaptaciones muy rápidas para incorporar aquellas herramientas que les garanticen un buen impacto en la red. En este sentido vemos cómo periódicos de mucha tradición en el mundo tienen una edición digital que es distinta a la impresa. Esa capacidad camaleónica les ha eliminado el temor a desaparecer, y por el contrario, lanzarse a la caza de nuevos lectores: la generación de los nativos tecnológicos. Nada mal para una prensa cuyo final se vislumbraba hacia las primeras décadas del presente siglo.

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo