jueves, 2 de mayo de 2013

SOPORTES DEL ANTICONTEXTO



De esta manera, resulta comprensible que los conocimientos que se transmiten correspondan a la visión elitista de quienes poseen el poder, sobre todo, el poder económico y político-legal-institucional.

Determinados entonces, los contenidos de clase del conocimiento, expresados en los programas y planes de estudio a diverso nivel, ya sea por orden expresa como sucede en los niveles pre primario, primario y medio, o por internalización del sistema en el nivel superior, corresponde al docente, consumar el hecho educativo. En este nivel se destacan otros mecanismos que contribuyen eficazmente a consolidar el anti-contexto. Entre estos mecanismos pueden citarse el teoricismo, el verbalismo, la memorización, el pragmatismo exacerbado, el formulismo y formalismo, etc.

Todos estos mecanismos desligan la necesaria relación teoría-práctica y se convierten en elementos deslumbrantes, retóricos, excesivamente teóricos, pero carentes de aplicación en la práctica sin utilidad para resolver problemas concretos. Contribuyen eso sí, a la formación del falso mundo de la intelectualidad libresca, incapaz de aportar soluciones a nuestros ingentes problemas socio-económicos, pero dispuestos a servir como defensores de algo que les ha llegado por ósmosis entre fórmulas preconcebidas y su capacidad de almacenamiento, pero carentes de la parte fundamental que sólo puede proporcionar la experiencia práctica, la vivencia en el contexto real y concreto.

A guisa de ilustración, véanse en el siguiente esquema cómo se estructuran las relaciones de poder (y de saber) entre en la sociedad guatemalteca:




jueves, 14 de febrero de 2013

IDEAS PEDAGÓGICAS

CAPÍTULO I: EDUCACIÓN Y ANTICONTEXTO

EL ANTICONTEXTO EDUCATIVO

He comenzado mi tarea docente del presente año. A propósito del curso que me han asignado, vienen a mi memoria los largos años que he vivido como profesor de educación primaria, secundaria y superior. Vienen también a mi memoria los rostros abigarrados de algunos de mis compañeros profesores por la rutina de tener que desempeñarse como docentes para poder "vivir"; y desde luego, aparecen también los rostros sombríos y aburridos de muchos estudiantes que asisten a la escuela únicamente para "sacar un cartón" o porque sus padres los obligan.

Y con las imágenes de estos recuerdos, hechos un nudo en mi garganta me pregunto: Qué aprenderán este año los estudiantes, cuál será mi función como docente en este proceso, a quién beneficiaré con los contenidos que pretendo motivar a aprehender, realmente tienen aplicación esos contenidos, lograré interesar a los estudiantes con mi programa, o por el contrario, será una rutina más del sistema, me sentiré entusiasmado impartiendo esos conocimientos, o están contra mis personales apreciaciones de la vida, haré una farsa, es lo que necesitan aprender los estudiantes y para qué lo necesitan.

Estas son sólo algunas de las interrogantes que me he planteado al inicio de cada curso y cada ciclo académico, y créame, que muchas veces he puesto en duda mi participación como docente en nuestra sociedad. Me siento como si estuviera arando en el mar; considero que los conocimientos que impartimos (y véase la manera autoritaria del término “impartir” y no “compartir”) los profesores y que hemos impartido (y que desafortunadamente seguiremos impartiendo quién sabe por cuánto tiempo más) son la personificación misma de lo que NO deberíamos hacer, pero que seguimos practicando sin detenernos a reflexionar acerca de ellos.

Y es que no es difícil profundizar en el sistema educativo que tenemos, como no es difícil tampoco establecer que vivimos en una sociedad que está diseñada para hacer fracasar a los seres humanos, una sociedad ferozmente competitiva, donde se nos pone trampas para hacernos fracasar; donde se le pone ruedas a los sueños pero estos al final se consumen en la frustración al no poder realizarlos jamás; una sociedad cuyas instituciones también están diseñadas para lograr que sean muy pocos los que lleguen a la cima mientras una gran mayoría se va quedando marginada en el camino.

Una de esas instituciones es el sistema educativo, portador de un ANTI-CONTEXTO, donde, a pesar de los movimientos en favor de hacer más significativo el proceso de aprendizaje, el único atributo que sobresale es el culto a la memoria, a la cual se le rinde homenaje en grandes concursos, en exámenes, en juegos, en "investigaciones científicas", desde la enseñanza de las primeras letras hasta las más encumbradas esferas de las universidades. Un sistema educativo donde se privilegian las “habilidades duras” que exige una profesión y se dejan de lados las “habilidades suaves” que conducen a la inserción plena del profesional en diferentes entornos sociales. Estas habilidades suaves están dadas en función de valores éticos, aplicación de la inteligencia emocional, desarrollo de la empatía, entre otros.

Poco o nada nos interesan estas “habilidades suaves” y en una concepción maquiladora de la educación construimos y aplicamos sistemas de estandarización educativa, en donde al final, cada profesional deberá manejar un número preciso de competencias (habilidades fuertes), obviando la innegable realidad que cada persona es un ser con un andamiaje individual (aun concebido en su calidad de ser social) en el proceso de aprendizaje.

A propósito, recuerdo una anécdota ejemplar: cursaba el cuarto grado de magisterio y se aproximaban los exámenes parciales (así se les llamaba entonces) de medio año. Yo estudié "a conciencia" todas las asignaturas. Cuando nos dieron los resultados, había reprobado con cuarentaicinco puntos la materia de Física. Me molesté muchísimo y pedí revisión de "test" al señor director. Él me respondió que con mucho gusto me lo podía proporcionar, pero que mejor pensara bien lo que solicitaba porque al profesor de la asignatura no "tan fácil" se le podía ganar y me podía "hacer perder la clase". "Yo me puse brincón cuando fui su alumno y al final perdí la clase", me relató el director. Yo seguí su consejo y al final de año le gané la asignatura, pero esto creó en mí un resentimiento y un rechazo irracional por la física que aún no he podido superar.

Pienso constantemente en cuántos estudiantes no estarán frustrados por el modelo de educación que les imponemos, y que resulta ser el anticontexto de nuestra nación. ¿Y por qué el anticontexto? Desde el punto de vista de la comunicación, denominamos CONTEXTO al medio socio-económico, ecológico y cultural donde se desenvuelven los seres humanos. Pero este contexto no debe ser atemporal ni ahistórico. De tal manera que un sistema educativo debe estar definido en función de las necesidades que plantea un contexto determinado, en una época y situación también determinada. ¿Y cómo es nuestro contexto actual?, ¿Acaso no está saturado de innumerables problemas sociales, como la falta de agua potable, la contaminación, el analfabetismo, la insalubridad, el antagonismo y crisis aún no resuelta entre latifundio y minifundio, la falta de vías de comunicación, la escasez de vivienda, la infertilidad del suelo por tantos años de monocultivos, la injusta distribución de la riqueza, la dolorosa estratificación social, etc.?

¿Enseña nuestro sistema educativo a resolver estos problemas?, ¿Estamos preparados los profesores para contribuir a la solución de los mismos?, ¿Estuvieron a su vez preparados nuestros profesores para proporcionarnos los mecanismos e instrumentos que nos permitiesen su resolución?

A cambio de ello se nos ha "instruido" para "instruir" a su vez a nuestros estudiantes en la conformación de un modelo privilegiado, sin serlo realmente. Se nos educó la memoria pero no la conciencia, se nos instruyó para tener la posibilidad de escalar posiciones económicas y sociales, pero se nos negó los mecanismos reales del ascenso. ¿Cuántos cursos de la educación primaria nos han ayudado a resolver problemas concretos que la vida nos planteaba?; ¿Cuántos cursos de la educación secundaria lo hicieron?; ¿Cuántos cursos de la educación universitaria nos formaron una visión global de nuestra realidad nacional y cuántos de ellos nos han ayudado a resolver estos problemas?

Y ahora, como profesores, nosotros seguimos reproduciendo el sistema. Nos desagrada sobremanera que los estudiantes que están en "nuestras manos" no puedan (o más bien no quieren) "seguir instrucciones". He aquí una cadena interminable que termina en un círculo vicioso, constructor de máquinas humanas, pero destructor de lo más valioso que tenemos como seres humanos: nuestro humanismo que se traduce en la capacidad de pensar, sentir, discernir y actuar para transformar.

Los pensa y los programas de asignaturas están saturados de fórmulas preconcebidas y repetitivas de un modelo que cada día nos aleja de nuestros reales intereses y nuestras ingentes necesidades. Hemos olvidado que la educación no debe ser sino la sistematización de nuestra vida cotidiana y no la falsa concepción mercantilista de mejorar nuestro status social. Por medio de ella debe llegarse a la correcta comprensión y posterior solución de la problemática nacional y no buscarse por su medio la posibilidad de la ingrata explotación del hombre por el hombre. Es un problema de estructura obviamente, pero también es un problema esencialmente humano que puede y debe ser resuelto por seres humanos, pues a la larga, han sido seres humanos los constructores de esta estructura.

lunes, 24 de diciembre de 2012

AQUELLA MANZANA DEL 68


A la memoria de la familia Ibarra Menéndez, un remanso de paz en el largo recorrido de mi vida
.

Era la Navidad de 1968. Yo era un muchacho tímido y sin pocos (por no decir escasos) amigos íntimos. Durante ese año escolar, el primero que cursaba en mi recordado Instituto Normal para Varones de Oriente, ese que ya no formará maestros sino bachilleres pedagógicos, junto a una parbada de compañeros bullangueros de la sección C, habíamos hecho amistad con un pqueño grupo de ellos. Recuerdo con mucho cariño a Ernesto Sagastume,Mario Vásquez, Julio Cerín, Obando Morales, Oscar Mateo, Ricardo y Marcio Ibarra. Los últimos,hijos del profesor Ricardo Ibarra, excelente maestro de matemáticas y piedra fundamental en mis años de Secundaria.

Como una buena nueva recibiría aquella invitación que venía precedida de un cariñoso saludo de Tito Ibarra, en una carta que me acompañaría durante muchísimos años hasta que crueles circunstancias la destruyeran. De esta carta recuerdo una frase que decía: "mi familia y yo nos alegraría tenerlo como invitado en esta Navidad". El corazón me saltaba de alegría al saber que podría estar con mis amigos en Navidad. Era la primera invitación que recibía en mi vida y tenía el doble sentido de provenir de amigos entrañables.

Ese 24 de diciembre a las cuatro de la tarde llegué a su casa. Tito, Marcio y sus hermanos salieron a recibirme llenos de felicidad. Al entrar en la sala un ambiente de ternura y alegría llenaba la estancia. Tímido como era, me sentí un poco apabullado por tanta amabilidad (no creía merecer tanto afecto).

La mamá de mis amigos, doña Consuelo (cariñosamente doña Cony) salió a darme la bienvenda, con una sonrisa que me llenó el alma de amor y paz. Todo era sonrisas, algarabía. Los Brincos de España entonaban una canción que aun resuena en mis oídos.

Al atardecer, yo me asomé a la puerta para ver la línea interminable de piedras que formaban aquella calle (la calle que aun conservo en los confines de mi memoria). Estaba pensativo y cabizbajo (como pollo comparado, diría mi mamá cuando le comenté lo sucedido). Doña Cony, con un gesto maternal que no olvidaré jamás se acercó a mí y me entregó una roja manzana. "Están muy dulces y las trajimos ayer de la Capital", me dijo.

En esa manzana, la más dulce que he comido en mi vida, capté todo el amor que la familia Ibarra Menéndez fue capaz de darme durante los hermosos años que conviví con ellos.

Hoy, 44 años después, aun percibo el calor de aquel hogar, y un hálito de viento me trae aquel aroma de esa hermosa Navidad. Sentado en mi silla favorita oigo las risas de los niños que juegan en la calle; y en lo recóndito de mi memoria asoma desde muy lejos, aquella estampa navideña de 1968.

Bienaventurados los que recuerdan, porque su pasado vivirá por siempre.

martes, 4 de diciembre de 2012

Dos poemas para reflexionar

Tomado de "Raíces al viento" Carlos Interiano

DOGMA


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Te han enseñando
que la vida es blanca
o negra
pero no te han llevado
de la mano
a descubrir
los tonos grises
las verdades a medias
la dicha
sembrada en el dolor
el placer de ser distinto
la heroica aventura
de ser una oveja negra
en un rebaño de ovejas blancas
domesticadas
dóciles al látigo
predestinadas
al sacrificio
arrastrando su mirada y
su dignidad
con la mansedumbre
en las espaldas
y un estoico caminar
por las espinas

LAS HOJAS VIEJAS DEL OTOÑO


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Otoño es
tan solo una
palabra
para decir que
ya no amas
tu existencia

Has renunciado
a la lucha tenaz
por conservar
la vida
y disfrazas
en
el
rincón
de
un
pobre
verso
el miedo
a lo
amargo del
olvido

Has puesto la
palabra otoño
donde debiera
estar
la primavera

jueves, 14 de junio de 2012

SEMIÓTICA: Teoría de los signos


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Actualmente la Semiótica y la Semiología se usan como sinónimos para referirse al estudio de los signos. Atendiendo a situaciones históricas y conceptuales se puede decir que la Semiología (de origen europeo) es el estudio general de los signos en el seno de la vida social (de acuerdo a lo establecido por Saussure, su iniciador). Por su parte la Semiótica se ocupa del sistema de herramientas de análisis de los signos en áreas específicas. De esta manera se puede afirmar que existe una semiótica del cine, semiótica del teatro, semiótica de la vida cotidiana, y así por el estilo.

Ambas ciencias son entonces, complementarias. La primera nos da un panorama general sobre los sistemas de signos; en tanto que la segunda, nos ofrece las herramientas específicas para análisis de productos comunicacionales: cine, arte, medios de comunicación, política, educación, religión, entre otros campos de la actividad humana.

Ambas trabajan con signos. La primera se ocupa del análisis conceptual de los signos en su forma más pura. La segunda diseña y aplica herramientas de análisis de los sistemas de signos (códigos) y sus efectos en los usuarios.

El signo

Es la materia prima de la cual se ocupan la Semiótica y la Semiología. Alrededor de este se tejen los planteamientos teóricos y metodológicos de ambas ciencias. Como sabemos, hay signos naturales y signos artificiales. Los primeros los provee la naturaleza y se convierten en tales cuando el ser humano los “interpreta”, asignándoles un valor de uso en la comunicación. Nube negra, por ejemplo, es “signo” de lluvia. Los signos artificiales son todos aquellos recursos que el ser humano ha diseñado para comunicarse. Los signos lingüísticos y no lingüísticos conforman una interminable gama de posibilidades de comunicación.

En su manera de representar a la realidad, los signos (según Peirce) pueden ser catalogados como índex, ícono y símbolo. Los primeros guardan respecto a la realidad representada, un valor cien. La nube negra, el suelo mojado, la huella reciente, un olor natural, un sabor natural, un sonido ambiental, etc. Los íconos guardan respecto a la realidad representada, un valor de que se encuentra en el rango de más cero a menos cien. Una fotografía, un mapa, un croquis, una pintura, una escultura, etc. Los símbolos no guardan ningún grado de semejanza con la realidad representada. Son por ello, altamente antojadizos, arbitrarios, producto de acuerdos sociales únicamente. El símbolo de la marca Nike, la cruz del cristianismo, el símbolo nazi, etc.

Sin embargo, hay signos que recurren a objetos naturales para representar conceptos, tal es el caso de la paloma con una rama de olivo en el pico, la cual representa la paz; o la corona de espinas que representa el sufrimiento. Ambos son signos elevados a la categoría de símbolo.


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Componentes del signo

Según la tradición semiológica, el signo se compone de dos instancias: un significante y un significado. Esta misma denominación ha seguido la Lingüística. Para Peirce, el signo tiene una función triádica, es decir, posee un significante, un significado y un referente.

Algunos autores niegan la posibilidad que todos los signos tengan un referente, dado que en las propuestas de los autores originales no se desarrolló suficientemente el concepto de referencialidad. Ellos se limitaron a decir que referente es “el objeto real” que representa el signo. Y hay signos, dicen algunos autores, que no representan a objetos de la realidad, como sí podrían ser, por ejemplo, los signos de árboles, de casas, de personas, animales, fenómenos naturales, etc.

Sin embargo, el concepto “objeto” no debe entenderse en su acepción limitada a elementos sensorialmente tangibles de la realidad, como pueden ser las ollas, sillas, piedras, tierra, etc. 

Más bien, los objetos pueden ser tangibles e intangibles. Dentro de los primeros se sitúan todos aquellos que son capaces de ser percibidos a través de nuestros sentidos, por ello les llamamos objetos sensorialmente tangibles. Los objetos intangibles son aquellos que aunque no podamos percibirlos por medio de nuestros sentidos, sí tienen existencia, ya sea a través de mecanismos conceptuales o bien a través de “productos-objetos” elaborados por el ingenio humano.

Los objetos intangibles podemos clasificarlos en dos grupos: los objetos intangibles conceptuales y los objetos intangibles culturales.

Entre los objetos intangibles conceptuales se pueden encontrar por ejemplo, las leyes que gobiernan el universo (la Ley de la Gravedad, la Ley Centrífuga, la Ley Centrípeta, solo para mencionar algunos ejemplos), las fórmulas físicas y químicas, las categorías de pensamiento y tantos otros “objetos científicos” que ha creado y/o descubierto la Humanidad.

Entre los objetos intangibles culturales se puede mencionar toda la creatividad humana en el campo del arte, la religión, la vida cotidiana, la espiritualidad, la medicina alternativa, la hechicería, la brujería, las artes adivinatorias y muchas prácticas sociales que no tienen un referente tangible, que pueda ser percibido por nuestros cinco sentidos.

Por ejemplo, el referente del signo visual “Pegaso” es un concepto cultural de la literatura griega, como puede ser también, “el talón de Aquiles”. El mismo concepto de Dios en las distintas culturas humanas no tiene un referente captable por nuestros cinco sentidos, sin embargo, al momento de tratar de ubicarlo, recurrimos al repertorio de nuestra fe para darle una manifestación corpórea. Piénsese en conceptos como el amor, el odio, la valentía, el rencor, Afrodita, Diógenes, Antígona, Tecún Umán, o la “Ley de rendimientos decrecientes”. Todos ellos objetos intangibles que, sin embargo, tienen un lugar en el conocimiento y la cultura humana.

La Semiótica, como ciencia que estudia los usos de los signos en los grupos sociales, se ocupa de generar herramientas de análisis de estos sistemas de signos, asumiéndolos como códigos sociales que de una u otra forma, transmiten mensajes, ya sea literales o sugeridos.

viernes, 1 de junio de 2012

EL COLAPSO DE LA EDUCACIÓN GUATEMALTECA

Este día recorría la sexta avenida de la zona 1 capitalina y de pronto me detuve al observar movimiento de radio patrullas entre la décima calle y sexta avenida. Al preguntar qué sucedía una persona me informó que no me acercara porque los muchachos del instituto Rafael Aqueche estaban peleándose contra los del Central para Varones. Una de tantas riñas que suceden, sin que las autoridades hagan algo efectivo para impedirlo.


Esta acción de desequilibrio social entre la juventud es apenas una muestra de las enormes falencias que por muchos años han afectado el sistema educativo nacional. Basta ver por las calles a niños y jóvenes sin la menor consideración hacia los ancianos y desvalidos, escupiendo en la vía pública, gritando palabras soeces delante de las damas y el público en general, empujando al prójimo, sin el menor pudor. En fin, todo un cuadro que denota que hace muchos, pero muchos años, se han ausentado de las aulas de la educación preprimaria, primaria y secundaria las materias de moral y urbanidad, el fomento de hábitos higiénicos y de buena conducta social y un compromiso de los docentes por ser maestros más que trabajadores de la educación.


Este último concepto comenzó a ser introducido en el movimiento magisterial a partir de los años ochenta, producto del enfrentamiento social y político de esos años. Seguramente con el mejor de los propósitos los dirigentes de esa época quisieron hacer conciencia entre sus colegas que el maestro también es un ser de carne y hueso sujeto a la satisfacción de necesidades básicas como son el alimento, el vestuario, la salud, la recreación. Y calaron profundo sus enseñanzas, mas no se percataron que estaban sembrando la simiente de un proceso acomodaticio, mercantil y laboralista del sector magisterial. Por supuesto, hay excepciones a la regla. Para ser honestos, hay aun muchos educadores que merecen llamarse maestros.


No nos quejemos entonces, si hoy nuestro sistema educativo está virtualmente colapsado. Es el resultado de lo que hicimos o dejamos de hacer hace treinta años. No nos extrañe que una buena cantidad de docentes muestren las señales de un modelo poco apto para ser imitado por sus estudiantes. Es verdad que hoy día el maestro en términos generales vive en una situación depauperada. Pero también es verdad que sus signos de pobreza generalizada se ven más acentuados por sus signos de depauperación moral, ética y urbana. Basta observar las masas de maestros que se apuestan en el parque central algunas veces, reclamando mejores salarios. Antes, ser maestro (no importaba si de la ciudad o del campo) implicaba ser una persona aseada, rasurada, peinada, con los zapatos limpios, con un manejo del lenguaje apropiado a su situación docente. Hoy vemos todo lo contrario cuando pasamos frente a estos grupos de educadores. Y solo se nos ocurre pensar ¿en manos de estas personas está la formación intelectual, moral, científica de nuestra niñez y juventud?


La riña entre estudiantes de los citados institutos no es una situación aislada. Es más bien un reflejo de algunas asimetrías en el modelo educativo vigente. No nos llamemos a engaño. Es verdad que existe un alto nivel de conflictividad social, especialmente en las áreas marginales de la Capital, pero es preciso recordar que también allí en esas áreas de conflictividad existen maestros, sustitutos de aquellos que otrora educaban con el ejemplo, con la prédica cotidiana del buen comportamiento entre los seres humanos, aquellos que generaban ciudadanía por medio de la palabra y la acción.


Los niños y los jóvenes precisan modelos a imitar. Así ha sido siempre; así se crea cultura, una cultura de paz o una cultura de violencia. Hoy en muchos rincones de la Capital y del interior del país, esos modelos están ausentes. Están ausentes en los padres, en los vecinos, y lo más preocupante, están ausentes en los maestros, quienes eran antes de los años ochenta, el modelo a imitar. Sin esta brújula no esperemos sociedades pacíficas y no añoremos hoy lo que no fuimos capaces, como generación de maestros, de construir un modelo de convivencia para Guatemala. En este problema todos somos responsables, quienes consentimos y quienes nos desviaron el rumbo.

viernes, 27 de enero de 2012

Mi nombre

Cuando nací
me pusieron un estigma
y desde entonces ya no he sido
/sólo mi nombre/
aprendí a caminar
resignadamente
a la sombra de su compañía

a veces pienso que mi nombre
es algo así
como una gruesa corteza de la vida

aunque
viéndolo bien
mi nombre ha sufrido
ha peleado
ha sido víctima y victimario
criticado y maldecido
humillado
/exaltado algunas veces/

sin embargo
mi nombre
en una voz querida
es más que un canto
agradable a mis oídos



Vuelo



De vez en cuando
al caer la tarde
querrán mis manos
esconder algunos años
y llegar hasta ti
/exhuberante primavera/
a palpar la tersa piel
donde revienta la vida




Los mares




Los mares son así
frente a la vida sus aguas
parecen leve escarcha
tenue rocío
fugaz neblina

sin embargo
en su horizonte aparente
subyace el cosmos
se crea la vida
se sumerge la vida

hay mares tormentosos
mares sin esteros
mares remotos de playas ignotas
/piel azul profundo
señorío del silencio/
mares muertos
-sin sentido-
mares estrellas rutilantes en
el firmamento



Fast poetry





El tiempo es tan pobre
que ha perdido hasta el privilegio
de ser pausado
deliciosamente lento

ahora todo es fast

fast la ciencia
fast la justicia
fast el sexo
y las caricias
y los deseos
y el llanto
y la alegría

en fin
fast la poesía




Tiempos mejores





Porque nuestras lágrimas
no se dejaron llorar
a tiempo
hoy es tiempo
del llanto

porque la sonrisa
se ahogó en la garganta adolorida
hoy es tiempo de reír
en abundancia

porque el amor
fue prisionero en las cloacas
de la infamia
hoy es tiempo de amar
a plenitud



Simiente


Fecunda, la tierra se ofreció plena
como una amada.

Hundió sus manos en el surco
y la simiente reposó.

Un manto verde cubrió los campos.

Sonrió entonces, satisfecho como un poeta
sobre el camino verdusco de su tinta.

Vinieron las lluvias, las primeras milpas
ofrecieron al viento el fruto de sus esfuerzos. El espantapájaros
se avergonzaba de sus ropas. El poeta retocaba un verso.

Fue tiempo de cosecha.

El fruto del sudor se transformó en sustento, alegría, esperanza.
Entonces el poeta dobló el verso
y se fue a sembrar los campos. El fruto apetecido debía resurgir
de las entrañas de la tierra.

Polvo y carne, pensó, es lo que somos.
Y sus manos destilaron versos y maíz al mismo tiempo.



Lejana voz

Lejana voz
Sin cuerpo ni estructura
Lejana infancia lejana adolescencia
Lejana iniquidad
Y malicia lejana
Lejana trilogía
verdad justicia llanto
Lejana incertidumbre
Y lejana alegría

Ayer tan solo un lirio desafiaba el horizonte
Se reía del viento de la lluvia de la tarde
Indomable y rebelde con su blancura de nieve
Era un copo de vida con aroma
de muerte

Lejana voz que antaño se reía del mundo
Lejanas las palabras
Lejanas las caricias
Lejanas las tristezas de romances lejanos
Lejanos los amores que se volvieron recuerdos

Lejana la mirada...

Lejana idolatría de diosas incorpóreas
Lejanas las añejas callejuelas del alma
Lejanos los cabellos indomables al viento
Lejanos los jinetes de corceles desbocados
Lejanos los alados sueños de infante

Lejana voz. Lejana la palabra...

Poema: LAS RANAS Y LOS GRILLOS

El periodista Carlos Enrique Morales Monzón produjo esta versión de mi poema Las ranas y los grillos. Se los dejo